Una herramienta para derrumbar prejuicios

Por qué los intercambios estudiantiles pueden ser uno de los mejores aliados para luchar contra la xenofobia; la experiencia de una decena de chicos italianos en la Argentina.

Un recurso ideal para derribar prejuicios, revalorizar el papel de los inmigrantes en tiempos en lo que priman la intolerancia y la xenofobia, y para entender, definitivamente, la riqueza que reside en la diversidad.

No se trata de un mega programa al que se destinan jugosas partidas presupuestarias ni de un plan político urdido en las altas esferas es, simplemente, un intercambio estudiantil. Sí, eso, la posibilidad de que, en este caso, un grupo de chicos italianos de entre 15 y 17 años convivan con familias argentinas.

Lorenzo Ballerini (15), el único varón de la delegación que completaban 9 chicas, lo explica con sencillez.

¿Qué conocía de la Argentina antes de este viaje? ¡La Bombonera!, responde entusiasmado el fanático futbolero, hincha de la Juventus en su país, pero admirador de dos jugadores de Boca: “Carlitos” Tévez y Gago.

“Venía con la idea de que Buenos Aires era una ciudad peligrosa. Me di cuenta de que no es así. Es una ciudad espectacular en la que hay que prestar atención, estar atento, y en la que hay ciertos lugares más complicados, como en casi todas las grandes ciudades del mundo. Me fascinó la diversidad de la ciudad, esa mezcla entre lo moderno y lo antiguo, la cultura de la amistad que tienen los argentinos, cómo te reciben y te tratan cálidamente aún sin conocerte… y las empanadas y el dulce de leche, claro”, agrega riendo.

Lorenzo se va convencido de que este tipo de iniciativas son “experiencias fantásticas”, “herramientas ideales para promover la integración” -más allá de aprender más y practicar la lengua que estudian (el español)- y especialmente para hacer amigos. “Es un lugar al que quiero volver con mi familia. Me encantaría traer a todos, a mis padres, a mis abuelos. Poder conocer algunos de los lugares naturales maravillosos que tiene la Argentina, como las Cataratas del Iguazú”, dice.

“Creo que esta experiencia de vida no se la olvidan nunca más: hay un antes y un después de Argentina.” Pamela Francescato termina la frase con la voz quebrada por la emoción.

“La profe” argentina, que enseña “español” en el Liceo Frezzi, un secundario de la ciudad italiana de Foligno, fue junto con Roberto Fornetti (profesor de Historia y Filosofía, y además, su esposo) la coordinadora del grupo de 10 estudiantes que viajó a Buenos Aires para participar del programa de intercambio con chicos de la escuela ítalo-argentina Cristóforo Colombo.

Pamela se mudó a Italia hace 10 años, cuando su marido, que era profesor en la Colombo, cumplió con el período de servicio estipulado por el Estado italiano (envía docentes para que cumplan su tarea en establecimientos en el exterior).

Como titular de una de las cátedras de Español en el Liceo Frezzi, Francescato fue uno de los motores de la iniciativa que tras dos años de intentos, finalmente se concretó entre el 7 de abril y hoy (seguramente cuando estés leyendo este artículo, la delegación estará volando de regreso a su país).

Revalorizar la inmigración

¿Por qué Argentina? “Por la afinidad que hay entre los dos países, por la historia común que compartimos, por el peso de la inmigración italiana aquí, porque en los programas didácticos que abordamos hay mucho de inmigración y eso es un hilo muy especial que nos une hace más de un siglo a los dos países. Para ver en vivo y en directo lo que leen. Son chicos que estudian literatura e historia en español. Porque es muy importante asomarse, cambiar eso de mirar el mundo desde lo europeo y conocer cómo se vive en otro país. El tema de la inmigración es algo que genera muchos prejuicios en Europa y creo que es importante que vean cómo la Argentina se construyó con inmigrantes que fueron muy bien recibidos”, responde la profesora.

Luego describe el sitio desde el que llegaron los visitantes.

Foligno está a 15 km de Asís. Tiene 60.000 habitantes y forma parte de la región Umbria, que está en el centro del país y por eso se la llama el corazón verde de Italia. “Es una ciudad con mucha historia, nace en la época pre-romana y después se convierte en colonia romana. Tiene su auge en el medioevo y después en el Renacimiento. Es conocida porque allí se imprimió la primera copia de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, en 1472. Está justo a mitad de camino entre Roma (a 170km) y Florencia (a 180km)”, relata.

A diferencia de la educación argentina, en Italia la escuela dura un año más. Se cursan 5 años de “Elementare” –nuestra Primaria- y luego siguen dos fases equivalentes a  nuestro secundario: Escuela Media (dura 3 años) y Liceo (5 años).

En la segunda etapa del secundario hay diferentes orientaciones. Francescato explica que por un lado están los denominados “Institutos” -pueden ser Técnico o Profesional-, donde la capacitación apunta a que los egresados puedan insertarse en el mercado laboral apenas concluyan la escuela. Y por otro lado el Liceo en el que hay diferentes ramas: Clásico (basado en el latín y griego); Científico (más ligado a la matemática y la física), y Lingüístico (donde el eje está puesto claramente en los idiomas).

El Frezzi es un Liceo Lingüístico.

Clarissa Azzi (17 años), una de las integrantes del grupo de visitantes (que se alojó en casas de las familias de la escuela argentina) cuenta que además de los tres idiomas obligatorios que deben estudiar (inglés, español y francés), por las tardes y de modo optativo también pueden aprender alemán y japonés.

“Antes de venir, lo que conocía de la Argentina era al Papa Francisco, a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la historia de los desaparecidos… Nunca imaginé que Buenos Aires fuera una ciudad tan grande. Me fascinó todo, desde los parques y las plantas, a los diferentes paisajes de la ciudad, las características de cada barrio, las cuadras (el diseño en cuadrícula), y de modo muy especial la disponibilidad y amabilidad de la gente. ¡Ah! y el dulce de leche y los alfajores”, comenta.

Por la currícula, la escuela italiana estipula viajes de estudios a Francia, España y el Reino Unido, pero por lo que cuenta Clarissa ninguno de los países (y su gente) despertó el entusiasmo que experimentó en Buenos Aires.

Vivir la cotidianeidad

Salvatore Tavella (siciliano), vicerrector de la Cristóforo Colombo, contó que para la escuela que en 2017 cumplió 65 años fue la primera experiencia de este tipo.

Explicó que la rectora, Lucia Dalla Monta, fue una de las principales impulsoras de la iniciativa que se pensó como un complemento del viaje de estudios que hacen los alumnos cuando están en el anteúltimo año del secundario. Entonces, y durante casi un mes (en julio), recorren varias ciudades desde el norte al sur de Italia para conocer lugares artísticos y culturales que estudiaron a lo largo de su escolaridad.

“Este año, por caso, visitarán la Agencia Espacial Europea. Además tienen encuentros en universidades y visitan organismos públicos pero lo que faltaba era el contacto con la vida cotidiana familiar italiana, por eso la idea no es sólo sostener este programa sino ampliarlo a escuelas de otras ciudades italianas”, dijo.

Para Giulia Cocciarelli (15) y Sara Ricci (15), la visita a la Argentina fue su primer viaje fuera de Italia. Algunas de las cosas que más llamaron su atención fue la cantidad de comida parecida, que las personas se saluden con un beso aún si se ven por primera vez, y que la gente sea tan amigable y abierta. “Apenas compartimos 5 días de clase y me sentí muy bien y cómoda. Me encantaría poder volver con mi familia de vacaciones, más tranquila y poder recorrer el país”, dijo Giulia.

Contaron que el proceso de selección para participar del programa tuvo en cuenta las calificaciones en Español y en comportamiento, y también el promedio general.

A Angelica Mariani (15) la sorprendió el poco respeto por el peatón: “No te dan paso por la calle”, dijo la chica que, como muchas italianas de su edad, fue una fanática seguidora de Violetta (la serie de Tini Stoessel que en Italia fue un verdadero éxito televisivo). “Soñaba con conocer la ciudad de Violetta”, contó apenas llegada.

Tomás Bouche (16), alumno de la Colombo y anfitrión de Lorenzo, fue enfático: “La actividad está buenísima. La convivencia en casa estuvo buena pero hicimos lo mismo que hacemos cuando viene un amigo. Lo que más me gustó fueron las actividades que compartimos en grupo (desde salidas a museos y reuniones con las Madres de Plaza de Mayo, hasta mateadas –algunos de los visitantes no sólo probó el mate sino que le gustó-). Somos todos pibes a los que nos gustan las mismas cosas, aunque es cierto que hay algunas cosas que pasan acá que les llaman la atención, como cuando les contamos que algunos chicos que aún no tienen 18 usan el DNI de otro para poder ir a bailar a algún boliche. Ahí nos miraban mal”, dijo.

Para Mariel y Mariano Senesi, padres de Clara (15), fue la primera experiencia como anfitriones de visitantes extranjeros.

Mariel destacó la posibilidad de identificación que este tipo de proyectos ofrece a gente que vive lejos y que teóricamente tiene diferencias más allá de las distancias geográficas. Mariano coincidió en la oportunidad y capacidad de encontrarse y compartir más allá de los orígenes y costumbres diferentes. “Son espacios de enriquecimiento mutuo. Fue una semana intensísima, de mucha euforia. Tal vez sería bueno un período un poco más largo para que baje la idealización típica de los primeros momentos y se comparta la normalidad de la vida”, evaluó.

“Definitivamente, conocer al otro derriba prejuicios”, concluyó Senesi.

“Creo que no se imaginaban una experiencia así, tan grande, tan rica. Definitivamente superó sus expectativas desde todo punto de vista, pero especialmente desde lo humano: todos hacen mucho hincapié en la calidez de los argentinos”, comenta Francescato. “Están conmovidos y emocionados… Va a ser fuerte y difícil la vuelta”, agrega.

Maeva Falchi, Elena Mattoli, Matilde Nardi, Iaria Pizzoni y Asia Renzini completan el grupo de chicos italianos que desde ahora sentirán no sólo que la Argentina está más cerca de ellos de lo que indica el mapa, sino que podrán oficiar de “voceros derriba prejuicios”.

Muchos pensarán que se trata de un pensamiento ingenuo, pero cuánto mejor sería el mundo si tuviéramos -y muchas veces nos diéramos- la oportunidad de conocer y valorar “lo diferente”.

Este paso, muy chiquito, que dieron dos escuelas parece un buen comienzo y también una buena idea para replicar.

 

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