Una lectura sobre el éxito en el tenis

descarga¿Qué significado colectivo tiene la conquista de la copa Davis por parte de un grupo de tenistas argentinos? ¿Reflejan caracteres de la sociedad argentina o son en cambio su contracara?

Cabría postular como ley sociológica general que los éxitos obtenidos por los ciudadanos de un país en determinados campos, en este caso deportivo, expresan de algún modo las condiciones de éste.

Esto es cierto en un punto: hay un evidente logro del tenis argentino, un deporte que se practica de forma masiva en el país desde 1960, y que ha dado jugadores destacados como Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, Gastón Gaudio, David Nalbandian, entre otros.

¿Cómo llegó a la Argentina el tenis, un deporte inventado por los escoceses? Como otros juegos (el fútbol o el rugby) lo trajeron los ingleses. En 1892 se creó, así, el Buenos Aires Lawn Tennis Club, alrededor del cual se organizó este deporte.

Eso significa que el tenis argentino tiene arraigo social e histórico y en este sentido el triunfo obtenido por el equipo nacional, liderado por Juan Martín Del Potro, se apoyo en credenciales sociológicas.

Por otro lado, el mensaje que bajó a sus deportistas el capital Daniel Orsanic, “Un equipo. Un país. Un sueño”, insinúa que lo que triunfó fue una idea colectiva, por encima de los egos personales.

Un grupo compacto, que saca fuerza de la adversidad, que prioriza el compañerismo en la cancha, que postula el principio de que el talento individual debe estar puesto al servicio de una causa común.

“Es un éxito de todos. La Davis no la ganó sólo este equipo, la ganamos entre todos”, remarcó Orsanic subrayando la idea de que las metas se alcanzan cuando empujan todos  para el mismo lado, y dando cada uno lo mejor de sí mismo.

¿Pero reflejan los éxitos deportivos como éste la idiosincrasia del país? Se habla de las grandes hazañas del deporte nacional, en las distintas disciplinas (fútbol, hockey, rugby, voleibol, polo y demás) como si se pudiese inferir que lo conquistado en este plano expresase el verdadero desempeño de la sociedad argentina.

¿Acaso el sentido de pertenencia que exhibieron los tenistas argentinos es el que existe en la sociedad nativa? ¿Refleja exactamente el carácter de sus habitantes? Aquí se instala la controversia.

En efecto, se diría que hay una disonancia entre el desempeño de los equipos argentinos y la actuación de la Argentina como país. Mientras en el primer caso cada tanto se consiguen logros importantes, la sociedad argentina, colectivamente considerada, es una decepción.

En el pelotón de las naciones, en materia de desarrollo económico, tecnológico y cultural, el país no está a la altura de sus posibilidades. Cuando se habla de la excepcionalidad argentina, justamente, se marca su fracaso.

Otra paradoja: no hay correspondencia entre este pobre desempeño colectivo y las grandes individualidades argentinas en el campo de la ciencia, el arte, la literatura y el pensamiento.

¿Es que acaso los argentinos somos buenos sólo individualmente, mientras fracasamos fatalmente a la hora de asociarnos?

¿Por qué esa energía creadora no ha logrado cuajar en una construcción colectiva, en el plano científico, educativo y de desarrollo económico-social? Este tópico, en realidad, suele ser muy debatido públicamente y en la sobremesa de los hogares nativos.

Hay quienes ven aquí, en esta diferencia neta entre los talentos individuales y la configuración colectiva, la gran paradoja de un país que encima ha sido bendecido con magníficos recursos naturales de todo tipo.

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