Van a Estados Unidos como embajadores culturales

“Cuidatronic”, gestado en el Club de Ciencias de la Escuela de Educación Técnica Nº 2 “Presbítero José María Colombo”, es uno de los seis proyectos que representarán al país en la Feria Internacional que se desarrollará estos días en Pittsburgh, Estados Unidos. El Día dialogó con los alumnos Francisco David Rodríguez y Oleg Nicolás Tamansky, y el profesor Mario Ignacio Rivas, miembros del equipo embajador, antes de su partida al país norteño.

Por Marcelo Lorenzo

La Feria Internacional, Intel-Isef, es el certamen pre-universitario de ciencias e ingeniería más grande del mundo. Allí se reúnen alrededor de 1.500 jóvenes provenientes de más de 50 países, a competir por becas y premios.

El encuentro de este año se realizará en Pittsburgh, Pennsylvania, del 13 al 18 de mayo. Los alumnos de Gualeguaychú integran la delegación argentina, la cual está conformada por seis grupos de adolescentes de distintas ciudades y provincias, que realizaron diferentes proyectos investigativos.

Todos esos trabajos debieron sortear varias instancias de competencia en el territorio nacional. Primero ganaron en las ferias departamentales, luego en las provinciales y finalmente la instancia nacional, que ahora los habilita a compulsar a nivel internacional.

Francisco Rodríguez y Nicolás Tamansky, recién egresados como técnicos electromecánicos, son las “joyas” del Club de Ciencias “Jorge Cergneux”, que funciona en el EET N°2, cuyo alma mater es el profesor Mario Rivas, docente de la casa vinculado a ese espacio de investigación (y a quién recientemente le llegó el beneficio de la jubilación).

Esos jóvenes se diría que vivirán en pocas horas más un momento extraordinario en sus vidas -junto a su tutor y asesor-, cuando tengan que representar a su escuela y a otros estudiantes del país en una exposición científica internacional a la que llegan muy pocos.

En el ámbito del Club de Ciencias –un espacio extraescolar optativo, pensado para la aplicación de los saberes que se aprenden en el colegio, y para desarrollar el espíritu científico de los estudiantes- esos jóvenes de Gualeguaychú llegaron a innovar.

Cuidatronic, en efecto, es un sistema electrónico orientado a colaborar con las personas encargadas del cuidado de enfermos y ancianos. Es un auxiliar para que el enfermero o cuidador pueda proporcionar medicación en forma reiterada en cantidad, dosis y horarios, sin cometer errores u olvidos.

Por esta novedad tecnológica los alumnos locales recibieron en la instancia nacional el premio a la excelencia en computación, otorgado por Intel Internacional. Y ahora en Estados Unidos volverán a mostrarla, en un certamen que evalúa proyectos de otros países.

De qué se trata

La innovación nació de una necesidad vital percibida por los jóvenes investigadores. Según contaron a este diario, se inspiró en el problema que tenían sus abuelos a la hora de acordarse si habían tomado o no su medicación.

“Mi abuela está enferma –contó Tamansky- Se vive olvidando las cosas. No puede medicarse sola. No se acuerda de los remedios que tiene que tomar. Ni siquiera dónde los deja”.

Por otro lado, los cuidadores suelen manifestar estrés “no sólo por tener que recordar horarios y dosis correspondientes a cada remedio, sino también porque un error de medicación complicaría la salud de la persona a su cuidado”.

Rodríguez, por su lado, comentó que el aparato que idearon viene a cubrir un déficit que hoy se detecta en centros hospitalarios y en los geriátricos, donde el método que se utiliza es el de tarjetas o los clásicos pastilleros (especie de bandejas de medicación).

“En el hospital local, por ejemplo, se usan tarjetas. Es decir, se anota el paciente, el medicamento, y a qué hora hay que suministrarlo. Cada tantas horas tienen turnos para darles a todos en general. Sacan la tarjeta, la ponen arriba de la mesa y colocan el medicamento arriba de la tarjeta”, relató.

Tamasky señaló que en el mercado existen pastilleros personales, que facilitan la automedicación. Pero no existe un sistema –como el ideado por ellos- que ayude al enfermero a suministrar mediación a varios pacientes a la vez.

“Nosotros no encontramos ningún sistema que permita que el enfermero tenga en una sala común un control de los medicamentos de 10, 15 o 20 camas”, afirmó.

Justamente Cuidatronic es un aparato electrónico que permite al cuidador, desde un panel, seleccionar cama (la persona enferma), dosis y frecuencia de ingesta del medicamento mediante un protocolo de simple acceso.

Mediante una alarma audiovisual, el encargado toma en cuenta que es tiempo de medicar a la persona, observando en una pantalla LCD la dosis que había seleccionado.

Según los entrevistados, la innovación no quedó sólo en la forma de suministrar medicamentos. El dispositivo contiene un software, un programa de computadora, también original. “Nosotros no nos bajamos ningún programa de Internet para hacer andar el aparato”, explicaron.

“También innovamos en un protocolo de intercambio de información entre la impresora y microcontroladores. Cambiamos ahí un par de cosas”, remarcó Tamansky.

El profesor Mario Rivas, en tanto, explicó que al premiarse Cuidatronic no sólo se tuvo en cuenta lo novedoso del aparato en sí, sino su utilidad. “La clave es que sea viable. Eso es lo que realmente importa”, dijo al resaltar que en ciencia y tecnología la mejor idea es la que se puede llevar a la práctica.

“Yo como jurado de tecnología primero miro que sea viable. Porque tampoco puedo hacer una maqueta y decir que va a andar, cuando no sé si eso es posible. A mí la maqueta no me interesa, a mí me interesan los aparatos que operen en la realidad, cumplan una función en la vida y sean fáciles de manejar”, destacó.

Mérito del colegio

Los entrevistados destacaron que esta premiación es un mérito también de la EET Nº 2, que viene apostando a integrar equipos de investigación a través del Club de Ciencias. “Hemos recibido un claro respaldo, en todo este tiempo, de nuestra escuela”, resaltaron.

De hecho el colegio local viene participando con éxito en las distintas ferias de ciencias, acumulando prestigio y trayectoria en estas actividades. En el 2009, por ejemplo, se llegó a una instancia nacional, que tuvo lugar en Santiago del Estero, con un proyecto de semáforo led. Al año siguiente, en tanto, se participó con una baliza solar para señalizar los lomos de burro.

Al comentar su experiencia en este espacio, adonde ingresó en 2008, Rodríguez señaló: “Fuimos reclutados para el Club de Ciencias por el profesor Mario. Aparte de ir a clases y taller, empezamos a trabajar allí. La idea es detectar una situación problemática para desarrollar proyectos”.

“Al principio concurrimos al espacio una o dos veces a la semana, cuando estamos recién arrancando el año. Pero cerca de la feria vamos todos los días. Podemos trabajar en la escuela los sábados y domingos, y hasta algún feriado. A veces en vacaciones de invierno”, relató.

Tamansky, que ingresó al Club de Ciencias en 2009, contó cómo le cambió su percepción de las cosas la experiencia de hacer un semáforo led. “A nivel provincial tuvimos puntaje perfecto; a nivel nacional quedamos en cuarto lugar. Fue algo emocionante”.

Luego agregó: “Cuando nos enteramos que había una competencia internacional, aumentó el anhelo de participar. Es lo que uno quiere. El premio por Cuidatronic llega justo en el año en que nosotros terminamos nuestros estudios, en que dejamos el colegio. Y en momentos en que el profesor Mario se jubila”.

Mientras Tamansky (19) evalúa estudiar ingeniería electrónica –siguiendo, según comentó, la orientación técnica de su padre- Rodríguez (19) ya está en el primer año de la carrera de ingeniería electromecánica que se dicta en la ciudad de Concepción del Uruguay.

El equipo

El profesor Mario Rivas explicó que el Club de Ciencias es un espacio donde se trabaja en equipo, y en esta virtud radica, dijo, el hecho que se consigan logros en el plano de la investigación.

“Cuando uno va a hacer pan necesita agua, harina y sal. En nuestro caso es lo mismo. Nicolás puede ser el agua, Francisco puede ser la harina y yo puedo ser la sal. Yo sin ellos dos no puedo hacer el pan. Y lo mismo le pasa a ellos. Cualquier elemento que falte, malogra el objetivo. Entonces, esto funciona aunando las capacidades distintas de cada uno. No es algo producto de la individualidad. Todos nos necesitamos. Para llegar a algo, hay que ser un buen equipo”, reflexionó.

El profesor resaltó las cualidades de sus dos alumnos. “No sólo es una cuestión de inteligencia, que la tienen. Sino de ganas, de ansia de querer más, de curiosidad intelectual”, subrayó

Trascartón Nicolás Tamansky comentó que antes no se llevaba tan bien como ahora con Francisco Rodríguez. “Cuando fuimos a Santiago del Estero –recordó- no éramos harina y agua, sino aceite y agua. Hicimos toda la carrera del primer año y no podíamos estar más de dos horas uno al lado del otro. Nos llevábamos mal. Y ahora creo que porque somos diferentes. Pero una vez que aprendimos a superar algunas cosas, nos dimos cuentas que en la diferencia estaba la riqueza. Aprendimos a usarla, y empezamos a complementarnos bien”.

Un club con tradición

El profesor Rivas fue el mentor del Club de Ciencias de la EET Nº 2, “Presbítero José María Colombo”. Según su relato, inspirado por un modelo que se desarrollaba en otras instituciones, como la Escuela Normal local (ENOVA).

Aquí su historia: “En el año 1998 yo tenía mis hijas estudiando allí. Una de ellas desarrollaba inquietudes científicas, en el mundo de las ciencias sociales, con la profesora Estela López. Yo me involucraba en esta experiencia y un día me pregunté: ¿por qué estoy en la feria de ciencias por la ENOVA trabajando yo en la escuela técnica? En aquella época nuestro colegio se llamaba ENET. Mi razonamiento fue: yo puedo ayudar a la ENOVA, pero resulta que mi escuela no tiene ni club de ciencias ni participa de ninguna feria. Entonces planteé la cuestión ante las autoridades del colegio. Andrés Skubij era el director, y Guillermo Farabello el vicedirector. Tras aceptar la idea, me propusieron que armara entonces un proyecto ante la departamental de escuelas. Y es lo que hice (…) Junté a algunos alumnos. Y en el primer año ganamos la feria departamental, la provincial y nos fuimos a la nacional”.

Rivas contó que luego al espacio se le puso el nombre de “Jorge Cergneux” porque ese profesor, hoy desaparecido, en el pasado había hecho un primer intento de formar un club de ciencias en la escuela técnica. “Vimos en su figura a un inspirador. Lo nombramos en vida. Recuerdo que él no quería ser. En una reunión con los alumnos le dijimos: ‘le pedimos permiso a usted si podemos ponerle su nombre al club’ (…) Además Cergneux fue desde la Cooperativa Eléctrica un gran colaborador nuestro, alguien que estimuló siempre nuestras actividades”.

El interés científico está presente en los más chicos

El país no tiene tantos inventores y los adolescentes argentinos no son muy afectos a las ciencias. ¿Por qué cree que esto es así?, inquirió este diario al profesor. Y aquí su respuesta:

Mario Rivas:- Estamos desaprovechando el semillero. Y el semillero acá es la escuela primaria. Por eso ya empecé a participar en las reuniones de la feria de este año. Los coordinadores departamentales de esta iniciativa, Cristian Sánchez y Martín de la Torre, están tratando de incorporar a las escuelas primarias para que se interesen justamente en el tema feria. Como muestra o como competencia.

- ¿Y por qué la primaria?

- Ahí está presente el espíritu inquieto del chico. Cuando a la maestra le pregunta por qué el cielo es celeste, por qué existen los colores, por qué algunas hormigas salen cuando va a llover. El problema es que cuando esas preguntan no encuentran una respuesta satisfactoria, el chico ya no pregunta más. Pierde el interés. A lo sumo recurre a la computadora para que,  apretando un botón, aparezca la solución. Por eso creo que la escuela primaria es fundamental. Es allí donde hay que captar el interés y potenciar la curiosidad científica. No es un problema de inteligencia. Todos somos inteligentes. El hombre prehistórico también era inteligente, usaba herramientas. Lo primordial es cultivar y aprovechar las ansias de conocimiento que tienen esos chicos.

- ¿Cree que el sistema escolar podría estar matando en lugar de potenciar talentos?

- En el nivel primario, gracias a Dios, todavía hay maestras que saben despertar y cultivar la curiosidad de los chicos. Ante cada inquietud, si ellas no saben, exploran distintas herramientas para, juntos, descubrir la respuesta. Es ahí donde hay que apuntar en las escuelas primarias: evitar que el chico se canse de ver la nuca del compañero que está adelante. La idea es que sean activos, que se levanten, que busquen en Internet, que vayan a la biblioteca, que traigan los libros, que busquen a ver qué bicho fue el que los picó.

- ¿Hay que seguir apostando a la escuela técnica?

- Sin ellas nos quedamos sin obreros, sin operarios especializados: torneros, carpinteros, electricistas y demás. ¿Qué hacemos sin estas capacidades? Está bien que existan médicos y abogados. Pero tiene que haber técnicos e ingenieros. Sobre todo en un mundo global en el que la ciencia y la técnica definen la situación de los países.

- Para no quedar condenados a producir soja…

- Pero aun la soja tiene tecnología incorporada. En todo caso, habría que mejorar su producción. En eso consiste la tecnología. Ojalá pudiéramos hacer algo, desde la técnica, para minimizar el daño ecológico que se está haciendo con esa producción.

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