Un viaje al país de las escuelas cerradas

María Eugenia VidalHace un par de semanas nada más, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, cerró ocho escuelas  en el Delta paranaense. Lo hizo por decisión propia, sin más argumento que la baja matrícula de alumnos, obviando el constitucional derecho de cualquier niño a tener cerca una escuela, aun cuando el número de docentes sea superior al de alumnos.

 

Facundo Riera

 

Según Vidal no quedarán sin clases, sino que estos jóvenes deberán trasladarse a otros establecimientos que por ahora, y siempre por ahora, no cierran.

Nuestro escritor y periodista local José S. Álvarez, más conocido como Fray Mocho, en su libro Un viaje al país de los Matreros (1897), luego de una extensa recorrida por el Delta entrerriano-bonaerense, describe un vasto territorio (de allí que en su título se utilice la palabra “país”) donde el famoso progreso de la civilización, que los unitarios tanto se jactaron, no había llegado allí. Ya que sus habitantes, los matreros, como contrapunto de su libre albedrío y comunión con la naturaleza, vivían al margen de la salud pública y de la alfabetización, pero sobre todo a la vera de las leyes que en la capital ya servían para la toma de conciencia sobre determinados hechos, como por ejemplo el valor de la vida.

Esta obra genuinamente entrerriana fue destacada por literatos de renombre en cuanto a su faceta de conservación de nuestra cultura y tradición, ya que son muchos sus pasajes donde se puede ver claramente escenas de nuestro hombre de campo y su entorno. Pero no fue elevada a la categoría literaria que se merecía debido a su otra faceta, la de denuncia. Claro que una denuncia  encubierta que la misma tenía y todavía tiene. En aquel entonces, como ahora, los gobiernos pertenecientes a la oligarquía habían permitido con sus omisiones que aquel territorio se formara al margen de la ley. Porque solo así encontrarían refugio hombres rústicos y, a veces, perseguidos por la justicia; porque era necesario que haya hombres sin más oportunidad que vivir como matreros. Hombres que exploten los recursos naturales como los cueros y las maderas para la oligarquía nacional y foránea, que se llevarían estas materias primas para que luego importemos botas y muebles terminados.

Entonces los encargados de decidir qué era literatura y qué no, cual custodios del reservorio cultural, como Ricardo Rojas y Miguel Cané entre algunos de los niños mimados del poder, al tener cargos funcionales de esos mismos gobiernos, tenían el deber de llevar al limbo del olvido a todas aquellas obras que pongan en jaque a los regímenes conservadores que, desde Mitre hasta el primer mandato de Irigoyen (1862-1916), habían gobernado la Argentina, haciendo la vista gorda, o ayudando sin hacer, a aquel paradigmático suceso. Es por esto que Un viaje al país de los matreros no tiene hoy el reconocimiento que debería.

Hoy es Maria Eugenia Vidal a quien le toca continuar ese legado de atraso regional. Hoy ya no está Fray Mocho, pero nos queda su obra, y para aquellos que dudaron de su calidad literaria hay un dato irrefutable, su obra no solo es literatura sino además ha logrado ser un clásico, porque su temática (o denuncia) no caduca en el tiempo, ya que 120 años después, otro gobierno representante de la misma ideología de entonces decide continuar con la misma la tala cultural y regional.

 

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