De Vido, el espejo en el que podría mirarse Cristina en el Senado

Julio De Vido

Julio De Vido bien podría ser el futuro de Cristina si es que esta semana prospera su expulsión. Para eso serán necesarios los dos tercios de los presentes en Diputados de la Nacion, algo que todavía no está asegurado. Cambiemos apuesta todo, en su nueva faceta de dureza, acorde a los tiempos electorales.

Por Jorge Barroetaveña

Es que el caso de Julio De Vido es emblemático. El, cómo nadie, encarnó los años del kirchnersmo en el poder, no sólo en la Nación, sino desde la lejana Santa Cruz. El superministro de Néstor, que quedó opacado cuando él murió y mantuvo una relación fría y distante con Cristina, es el hombre que guarda los mayores secretos de la familia Kirchner, de la construcción de su fortuna y del sistema de poder montado para dirigir el estado.

La historia  dirá  algún día si aquella renuncia que De Vido le revoleo a Cristina, en medio de la tragedia de Once fue cierta, tanto como la respuesta de la mandataria, ‘de acá no te vas y te quedás hasta el final’. La relación nunca fue igual, peor que la que tenían. De gente como De Vido siempre se encargaba Néstor. Cristina estaba para otras cosas y no para mezclarse en el barro bien politiquero, ese en el que el ex presidente se sentía a gusto y se movía como un pez.

Claro que la situación de De Vido se ha vuelto emblemática por algo más que lo que conoce. Se ha vuelto emblemática también por los años que ha demorado la justicia en investigarlo, para condenarlo o para sobreseerlo, quién lo sabe. Fue de los primeros ex funcionarios denunciados y sus causas han desfilado por todos los tribunales. Nuestros jueces, morosos insufribles, acomodaticios eternos o cómplices de quien sabe qué, hicieron poco y nada. Empezaron a moverse a partir del 2015, cuando los vientos políticos cambiaron y la ola se los podía llevar puestos.

Así se llega a las más de 100 denuncias que ha tenido, a la treintena de causas abiertas que tiene y a los procesamientos que pesan sobre él, algunos pesados como el de Once, causa por la cual está condenado y preso el ex secretario de Transporte Jaime. Como apostilla casi, su otro secretario, el de Obras Públicas, el insólito José López, es el que agarraron revoleando los bolsos con millones de dólares en un convento de monjas. Que también está preso por supuesto y va derecho al juicio oral y público. Los dos hombres que eran los ojos y las manos del antiguo superministro están presos. ¿Si nunca se enteró de nada e hicieron todo a sus espaldas, habrá sido un inútil?

Convocado la semana que paso para confirmar o rechazar una publicación periodística sobre una supuesta amenaza que habría lanzado en un ‘oscuro’ pasillo del Congreso, sobre la revelación de conductas poco claras que incluirían al propio Presidente de la Nación, dijo esta boca no es mía. Nadie esperaba que dijera algo por supuesto pero no es necesario abundar que sus conocimientos de los negocios, no sólo son los públicos. También los privados. No es posible montar el sistema que se aplicó sin la complicidad del sector privado. Teléfono para los empresarios claro está.

Más allá de su situación, De Vido le hace un favor al gobierno: no deja que se instale en agenda otro tema que no sea el de la corrupción. Es que los dislates que cometió el kirchnerismo en este tema desfilarán todos los santos días desde acá al final de la campaña.

Será una pelea titánica, y ya lo es, entre los que quieren instalar la ola de transparencia y honestidad y los que quieren hablar de los números de la economía y su impacto en la vida real, ahí donde Cambiemos no se siente tan cómodo.

El gobierno de Macri lleva sus errores a cuestas. Que pesan cada vez más por el inexorable paso del tiempo. En sentido inverso, va el nivel de apoyo al famoso ‘cambio’ que buena parte de la sociedad votó en el 2015. Con un detalle. A veces el análisis de los hechos lleva a una conclusión equivocada y este parece ser el caso. Macri gano la segunda vuelta de hace dos años por un margen escaso, pese a lo que decían las encuestas. Tampoco consiguió, ni conseguirá, mayoría en el Parlamento. La gran sorpresa es que su origen no es ni peronista ni radical y se edificó desde afuera de la política (el fútbol) y sobre las cenizas de los partidos tradicionales, después de la crisis del 2001. Todas las variables conocidas hasta ahora, es probable que sirvan poco y nada para analizar el fenómeno. Si hasta la forma de hacer política buscan cambiar: el jueves Carrió, Larreta y Vidal contestaron delante de una compu las preguntas de miles de internautas, desde una oficina en Buenos Aires. Algo extraño para los que piensan que la política se hace caminando la calle y hablando cara a cara con la gente.

Esta irrupción de las nuevas formas y hasta dónde llegarán  aún está por verse. Rápida, Cristina ya copió los papelitos, el escenario central rodeado de gente, la tirria a los periodistas (en esto no cambio nada) y los testimonios directos.

Solo hay algo cierto: por ahora Duran Barba, con su ‘librito’, hace escuela. Si a lo mejor, hasta cambiándose el color del pelo, termina por convencer a ‘Lilita’. En política todo es posible y con esta, también.

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