Vivir por fuera de la civilización técnica

El estilo de vida occidental, de tipo capitalista y altamente tecnologizado, se extiende por todo el planeta. Aunque hay unos pocos grupos humanos que viven alejados de él, adoptando una forma de vida radicalmente distinta.

Los enemigos de la civilización actual –anarquistas, ecologistas radicales, extremistas de izquierda, entre otros- se llenan la boca criticándola, pero no dejan de disfrutar de sus beneficios.
“Haz lo que digo, pero no lo que hago” parecen decir al despotricar verbalmente contra el dinero, el consumismo, la tecnología, pero a la vez estar aferrados existencialmente a la cuenta bancaria, la electricidad, el auto, el shopping y la computadora.Esta gente practica el doble estándar, actitud consistente en criticar el sistema pero al mismo tiempo vivir bajo sus términos. Es conocido, al respecto, el caso del burgués que no reconoce serlo.
Es decir, aquel que no renuncia a su vida cómoda, pese a que dichas comodidades materiales que tanto aprecia vienen de su principal enemigo: el sistema tecno-capitalista.
Su condición de “revolucionario” no le alcanza para vivir, de forma voluntaria, al margen del sistema, de suerte que pudiera ajustar su ideología contestataria con su vida, siendo así coherente con su propuesta.
Sin embargo, hay grupos humanos que sin alardear su condición antisistema, sin hacer política contestataria, viven no obstante un estilo de vida totalmente alejado de la civilización técnica.
Es el caso de los “amish” –denominados también menonitas- un grupo etnorreligioso protestante anabaptista, caracterizado por su estilo de vida sencillo y su resistencia a adoptar comodidades y tecnologías modernas.
Los amish surgieron en Europa del Norte, en el siglo XVI, como uno de los múltiples movimientos generados en el marco de la Reforma protestante, y conservan la forma de vida y cultura de aquel momento fundacional.
Este grupo vive en asentamientos apartados de las metrópolis, retirados del mundo exterior, sin tecnología ni otros progresos modernos, se dedican a la labranza de la tierra y despiertan curiosidad porque visten al estilo del siglo XVI.
Los antropólogos reconocen que hay otras comunidades que viven alejadas de la civilización occidental. Se menciona a los yanomami, una etnia indígena americana que ocupa parte del territorio del Amazonas.
Los yanomami rechazan la relación con el mundo civilizado por todos los desencuentros en el pasado, como las invasiones y la continua destrucción de la selva, que es su hogar.
Otro grupo es el “masái”, que ocupa parte de Kenia y Tanzania, en África. Se trata de un pueblo de pastores cuyos miembros recorren largas distancias en busca de pastos verdes y agua para el ganado.
Por otro lado están los “mosuo”, una comunidad china que vive al margen de la civilización actual y habita las provincias de Yunnan y Sichuan. Este grupo no ha adoptado los patrones de la civilización, tampoco fueron forzados a ello ya que viven en zonas remotas.
La principal característica de esta comunidad es que es una sociedad  matrilineal, es decir, las mujeres, en especial las madres, son las que tienen un rol de líder político, controlan la propiedad y la autoridad moral así como la custodia de los hijos.
Después están los “asmat”, un grupo étnico que habita en Papúa (Indonesia). Al día de hoy siguen estando bastante aislados de la civilización aunque la interacción ha ido en aumento.

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