Vuelta al colegio y adaptación al cambio 

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El comienzo de las clases implica un cambio en el ritmo de vida que se venía llevando durante las vacaciones. Se trata, en suma, de incorporar las nuevas obligaciones inherentes el ciclo escolar.

La vuelta al colegio puede resultar, en efecto, una causa de estrés para padres e hijos. Es un cambio de rutina de la dinámica familiar que obliga frecuentemente a la adaptación.

Entre otros hábitos, la familia debe acomodarse nuevamente a acostarse y levantarse temprano, preparar la mochila y el uniforme el día anterior y comenzar también con las actividades extra escolares.

La nueva agenda incluye certificados médicos, inscripciones, compra de útiles e indumentaria, ajuste en los horarios, citas para reuniones de padres, actos de inicio del ciclo escolar.

En el caso de los alumnos la ruptura es lógica. De la despreocupación, la pereza y la flexibilidad, se pasa a la adopción de un régimen de vida que debería estar caracterizado por el trabajo y la disciplina.

El inicio de clases suele activar en ellos diferentes emociones. Desde alegría por reencontrarse con sus compañeros y maestros, pasando por la tristeza porque se acabaron las vacaciones y todo el tiempo libre, o el enojo por volver a acostarse y despertarse temprano, hasta ansiedad por empezar un nuevo desafío educativo.

Las motivaciones, según las edades, cambian. Los más chicos suelen estar entusiasmados por las situaciones nuevas que vienen asociadas a la escuela.

En el caso del ingreso a la guardería o el jardín de infantes, los más pequeños deben dejar algunas horas su hogar, sus juguetes y las rutinas conocidas para enfrentar una nueva situación en la que todo es nuevo para ellos.

Los expertos recomiendan para estos chicos, llevarlos al principio sólo por pocas horas y aumentarlas a medida que se familiaricen con la nueva realidad.

Los que empiezan el secundario ahora tiene que adecuarse a otro tipo de educación, caracterizada por la mayor cantidad de docentes y de materias. Todo esto acompañado con grandes cambios en lo personal, tanto físico como emocional.

Uno de los límites que deben establecer los padres tiene que ver con el descanso necesario para estar concentrados con vistas al buen funcionamiento del aprendizaje durante el día.

La falta de sueño puede tener un efecto bastante significativo sobre la concentración, la memoria y el estado de ánimo, según cree Deby Goldberd, licenciada en psicología y psicopedagogía, para quien los niños necesitan por lo menos nueve horas de sueño continuo para estar listos para el aprendizaje

“El sueño es un proceso que debe llevarse a cabo con las etapas correspondientes. Cada uno de ellos está conformado por etapas que, si no son cursados debidamente, el rendimiento diurno no será el mismo”, explica.

“Los estímulos de la casa (TV, música, computadora) deben ir disminuyendo de moto tal que el proceso comience a desarrollarse normalmente –agrega-. El no cumplimento de estas etapas trae aparejado consecuencias dañinas ya que, si se reduce el sueño en forma abrupta, es probable que las personas sufran irritabilidad, ineficiencia intelectual e intensa necesidad de dormir”.

Los padres, por otro lado, son los responsables de preparar la canasta escolar.

Algunos comerciantes se quejan de que muchos de ellos llegan a último momento a comprar elementos escolares, desde los zapatos y uniformes hasta los útiles y libros que exige la escuela.

Otras familias, más previsoras, ya en enero comenzaron a proveerse de todo lo que conforma una canasta escolar, cuyo costo, como es habitual, es mayor que el del año anterior.

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