Que siga el recreo

Casi en ninguna provincia se cumplen los 180 días de clases, estipulados por ley. Entre paros, retenciones de servicio, ausencia de los profesores y demás, el sistema escolar argentino parece privilegiar el recreo a la actividad áulica.


Entre Ríos es de esas provincias en donde el ritmo pedagógico lo marca el ocio. Con menos días y horas de clases, nuestros niños y jóvenes viven una especie de jauja, en un recreo permanente.

Acá la novedad no es el parate sino que haya clase. Si se computan los feriados, se podría decir que hay un clima de receso permanente. ¿Hay clase?, ésa es la pregunta que hacen los alumnos y padres todo el tiempo.

A ese punto hemos llegado, mientras los responsables directos de esta situación –el gobierno y el gremio docente- hace tiempo se tiran el fardo entre ellos. Esto en medio del fracaso escolar más apabullante.

Porque los alumnos cada vez aprenden menos, porque en la escuela cada vez se respira menos clima de estudio, porque conocer importa poco, porque hay una nueva generación que desprecia el valor de la inteligencia.

“Hay un ritmo en la educación, de tener clases todos los días y de que las clases sean tantas horas, que no se recupera ‘toqueteando’ los contenidos. El rendimiento escolar está directamente asociado a la exposición escolar”.

Eso dice el ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, al admitir la dificultad en cumplir con los 180 días de clase, por los paros. A lo que se suman las “horas libres”, sobre todo en el secundario, porque los profesores faltan.

En realidad, se ha instalado la idea en la sociedad de que los docentes faltan indiscriminadamente y que hacen abuso de un estatuto permisivo. Hay, además, un jubileo de licencias que se refleja en el incremento de horas vacantes y suplencias.

Las autoridades escolares distritales admiten el mismo problema: aumentan las horas de clases perdidas. Y no se necesita ser un experto para darse cuenta que la discontinuidad en el proceso pedagógico atenta contra la educación.

“El aumento de las horas libres es un hecho. Y a los efectos de los aprendizajes y de la organización de la escuela es un problema serio”, aseguró la Subsecretaria de Equidad y Calidad Educativa del ministerio nacional, María Inés Vollmar.

Los docentes, por su parte, se defienden atacando a la organización. “Las horas libres son un problema de falta de previsión del sistema, del que el sistema no se hace cargo”, señaló la coordinadora del Instituto de Investigaciones Pedagógicas de CTER, Silvia Vázquez.

Y agregó: “Hay muchas situaciones por las que un docente no puede estar en clase: desde enfermedades provocadas por las condiciones en las que trabaja hasta reuniones convocadas por las autoridades, salidas didácticas o el derecho a la formación en servicio”.

Como se ve, unos y otros, gobierno y gremio, se sacan la responsabilidad de encima, echándose mutuamente la culpa. Mientras tanto la educación cae en picada.

En junio de 2008, se divulgaron los resultados de una evaluación internacional de la Unesco sobre lectura, matemática y ciencias naturales a chicos de tercero y sexto grado, de 16 países de la región, y la Argentina quedó superada por Cuba, Uruguay, Costa Rica, Chile y México.

El desempeño argentino profundiza la tendencia negativa registrada en las mediciones internacionales de la calidad educativa. Es decir, el país cae en el ranking regional.

Hace tiempo dejó de ser el faro cultural de América Latina y una de las naciones más cultas del planeta. Su sistema escolar, otrora envidiado por otras naciones, luce hoy deshilachado.
Que siga el recreo.

Recuperar el sentido de patria

En un día como hoy, en el que se recuerda el legado de la gesta de Mayo, momento en que la Argentina empezó a dar sus primeros pasos, la pregunta sobre la patria emerge acuciante.

¿Acaso no estamos en presencia de un sentimiento o convicción a contrapelo de la homologación planetaria? ¿No es una entidad perimida –o una rémora- en un contexto donde prevalecen los “ciudadanos del mundo”?

El llamado “posmodernismo”, un concepto con el cual se ha definido nuestra condición cultural, no sólo ha declarado la muerte de las ideologías. Lo más inquietante es que postula la eliminación de los particularismos y la amnesia sobre el pasado.

Y la patria, se sabe, es la tierra del padre. Es por tanto un hogar simbólico en el que confluyen tradiciones, valores, culturas y afectos compartidos. Ser patriota es honrar esta pertenencia.

Es natural, entonces, que recurramos a la historia, como hoy, para afianzar esta identidad. Es que allí, en el pasado, están las personalidades y circunstancias admirables cuyo conocimiento y exaltación sirven como modelos de identificación.

Pero esta riqueza es barrida por la “conciencia cero” del posmodernismo planetario. La llamada cultura mediática -la transmisión en tiempo real de la informática y la TV- postula la obsolescencia de las identidades mediante la técnica de la amnesia.

Romper los lazos que nos unen con la herencia cultural, con aquello que nos vincula raigalmente con “la tierra del padre”, sólo es posible si se opera un exterminio de la noción de pasado.

Historiadores contemporáneos de la talla de Eric Hobsbawn han advertido ya sobre este inquietante fenómeno: “La destrucción del pasado es uno de los fenómenos más característicos y chocantes del fin del siglo veinte”, revela en el libro ‘La Edad de los Extremos’.

“La mayoría de los jóvenes crece en una especie de presente continuo, sin relación orgánica con el pasado público de los tiempos que viven”, refiere el historiador.

En un punto, la globalización y su ideología planetaria nos ha tomado a los argentinos sin un punto fijo donde afirmarnos. La “argentinidad” tambalea a caballo del desprecio hacia la tradición (que etimológicamente significa continuidad, traspaso, transmisión).

Pero ningún país que se precie de tal puede subsistir en la corriente de la historia,  ninguno puede ser protagonista en el concierto mundial, sin orgullo nacional, sin un sentimiento patriótico elemental.

Amar a la patria, por tanto, en pensamiento y en acción, hacerla mejor cada día, desde el lugar que a uno le toque actuar, es un presupuesto básico en la construcción del país.

Pertenecer a la “tierra del padre” es signo de unión nacional. Porque entonces los argentinos ya no son extraños entre sí, son los “hijos del mismo padre”, es decir, hermanos.

Frente a la amnesia del pasado, la desaparición de la identidad y la amenaza divisionista, y ante una nueva celebración del 25 de mayo, reafirmamos la realidad de la patria. 

No se trata de despreciar lo exterior, eso sería chauvinismo, una patología que ha hecho mucho daño a la humanidad. Se trata de hacerse cargo de un legado, de una herencia, y de comprometerse con las cosas del país.

Y de hacer carne aquellos dichos del poeta, cuando escribió:

“Nadie es la patria, pero todos debemos ser dignos del antiguo juramento (…) Nuestro deber es la gloriosa carga que a nuestra sombra legan esas sombras

que debemos salvar (…) Nadie es la patria, pero todos lo somos. Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante, ese límpido fuego misterioso”.

 

 

Ocurrencia vacuna y el modelo criollo

El humor o el chiste suelen ser un vehículo para pensar. Una frase ingeniosa no sólo tiene el poder de dibujar una sonrisa. También es un mensaje estimulante para la inteligencia.


Por ejemplo, hay una crítica impiadosa a la TV en esta risueña ocurrencia del comediante Groucho Marx: “Yo encuentro a la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro”.

La arrogancia argentina, en tanto, ha sido ridiculizada de muchos modos. “Los argentinos son uruguayos con complejo de superioridad”, decía un graffiti pintado en Buenos Aires en 2001.

En una pagina web chilena se podía leer el encono trasandino en breves palabras: “¿En qué se diferencia un argentino de un terrorista?. En que el terrorista tiene simpatizantes”.

Dentro de este estilo entre gracioso y serio, anda circulando por Internet una “explicación de las teorías económicas con vacas”, de autor anónimo. Es una re-actualización de pensamientos ingeniosos sobre la mentada excepcionalidad del modelo argentino.

El relato gira en torno a qué hacen los distintos sistemas, ideologías o países con dos vacas. En el comunismo, por ejemplo, “el Estado te quita las dos y te regala un poco de leche”.

En una corporación china, “tenés 300 personas ordeñándolas”; en la alemana, “mediante un proceso de reingeniería las hacés vivir 100 años, comer una vez al mes y ordeñarse solas”.

En la India “tenés dos vacas… a las que adorás”. En Irak “todos piensan que tenés muchas vacas. Les decís que no tenés ninguna. Nadie te cree; así que te bombardean e invaden. Igual seguís sin tener una vaca, pero por lo menos ahora sos parte de una democracia”.

Tener dos vacas en Japón significa que: “Las rediseñás para que tengan una décima parte de su tamaño natural, y para que produzcan veinte veces más leche que una vaca normal. Luego lanzás una campaña de mercadeo mundial con un dibujo animado ingeniosísimo que se llama el ‘VacaMón’”.

Por otra parte en las Burocracias, “el Estado te quita las dos, mata una, ordeña a la otra y tira toda la leche”.

Ahora bien, ¿qué hace un argentino en 2009 con dos vacas? Aquí la humorada, cargada de crítica social y política: “No son un buen negocio, pero las mantenés porque lo venís haciendo desde antes. Haces lo posible para que no se mueran con la sequía, pero no tienen que comer”.

“Una se muere. Te queda una vaca. Decidís exportar, pero el Estado decide cerrar las exportaciones. Haces un piquete, el Estado abre las exportaciones, pero decide aplicar retenciones. Media vaca es del Estado y la otra media es tuya. Haces otro piquete, el Estado anula las retenciones ya no es media vaca de ellos, si no un cuarto”.

“Decidís no exportar. Elegís ordeñar la vaca. Contratás mano de obra. La mano de obra pretende un aumento antes de empezar a trabajar, hacen una huelga y no ordeñan. Decidís echarlos. El Estado te amenaza con mandar a la AFIP si echas a algún empleado”.

“El negocio ya no es rentable, ordeñar la vaca solo y pagar a los empleados que no trabajan hacen que debas cerrar. El Estado da planes Trabajar a tus empleados. Vos no podés ingresar por que tenés una vaca. Sos rico. Decidís cambiar de negocio”.
“Vas a matar la vaca para comer. La vaca no está, te la robaron. Ya no te queda ninguna vaca. Ahora buscás otra forma de vivir, vas a ser cartonero. La AFIP pretende registrar en un monotributo a todos los cartoneros. Mitad de los cartones es del Estado y mitad tuyo. Ya no hay solución. No vas a ser cartonero. Preferís ingresar al plan Jefes de Hogar. Vas a tener ingresos y no tenés que trabajar. ¡Esto sí es vida!”.

El ojo incómodo de los escépticos

Es posible detectar, aquí y allá, un dejo de pesimismo a propósito de las próximas elecciones. Es como que éstas, bajo la lógica del simulacro, ocultasen la amarga sensación de que no hay nada que esperar del futuro.


“Las elecciones nos rompen las pelotas. La campaña electoral ya está en el aire; charlo con amigos, pregunto, escucho, y me parece que a casi todos les pesa pensar en votar. A mí sin duda me pesa pensar en votar a estos muchachos”.

¿Cuántos argentinos se identifican con esta confesión del escritor y periodista Martín Caparrós, realizada en el diario Crítica de la Argentina? ¿Hay alguna comunión espiritual con estas palabras cargadas de desazón?

“Las elecciones –continúa- nos molestan porque son una puesta en escena cruel, descarnada, de nuestra mediocridad, nuestras incapacidades: si tenemos estas opciones –si las opciones que tenemos son éstas– la culpa es toda nuestra, somos nosotros los que no supimos conseguir otra cosa, preparar otra cosa, organizar otra cosa, merecernos otra”.

La crueldad de estas elecciones está en su simulación y en el exterminio de un sentido superador, parece decirnos el escritor, para quien la sociedad no es inocente de la vulgaridad en la que está envuelta.

Otro escritor, Santiago Kovadloff, descarga con particular elocuencia su indignación ante la era del vacío político. “Si algún rasgo patético llegara a guardar la memoria colectiva de la marcha hacia las elecciones legislativas que se avecinan, seguramente ése será el de lo grotesco”.

“Una atmósfera circense y burda se ha adueñado del curso, seguido por un proceso político en el que parecen predominar un sentimentalismo pringoso y una elocuencia barata, acomodaticia y divorciada de toda responsabilidad conceptual”.

Ha vuelto la mediatización de la política, un escenario en el cual las entrevistas “sin sustancia cívica” hacen proliferar slogans y frases hechas, dando otra vuelta de tuerca a la banalización de lo público.

“Los postulantes despliegan, casi siempre, un repertorio de ideas anémicas y lugares comunes destinados a operar como sucedáneos de una cultura política tan indispensable como faltante. No aspiran a orientar a la ciudadanía, sino a justificarse ante ella”.

Una política vaciada de sentido, que apenas encubre vulgares proyectos de poder personales y grupales, en medio de un país descoyuntado social y culturalmente, la mayoría de cuyos habitantes sobrevive en el descreimiento.

“Es preciso advertirlo: la apatía ante el discurso político no fue revertida”, advierte Kovadloff. Por eso “lo circense busca esa reversión desesperadamente. Quiere capitalizar como sea la desorientación pública. Para ello, renueva sus recursos sin cesar”.

De ahí la puesta en marcha del marketing político, que trabaja sobre la simulación, sobre las apariencias y las tácticas seductoras. Pero, “¿hasta cuando perdurará esta disociación entre política y conocimiento?”, se pregunta el escritor.

“¿Quiénes los reconciliarán en una sociedad atenazada por la pobreza, el delito, la mala educación, la explotación prostibularia de la ley?”.

La apoteosis de la atmósfera circense de la que habla Kovadloff la configura el hecho de que gran parte de los argentinos se ha involucrado en la política a través de “Gran Cuñado”, símbolo de un país jocoso que se ríe todo el tiempo de todo.

La tinellización de la conciencia cívica es la contracara de la apatía y la indiferencia ante la política y el Estado. Entre nosotros la República (del latín res publica, ‘la cosa publica’, lo público) ha caído bajo sospecha.
El humor acaso sea el atajo con el cual una sociedad sublima su fracaso político. Y a la vez una cura momentánea ante tanto escepticismo.

Trabajar en casa, la nueva modalidad

La noción “empleo remoto” va creciendo en la Argentina. Se trata de un giro radical en la organización laboral de las personas, producto del uso de la computadora y de las modernas tecnologías.


En uno de cada cuatro hogares argentinos ya hay una ciber-oficina. Y en la mitad de los casos más de un integrante de la familia trabaja en casa. A esa conclusión llegó la consultora Carrier y Asociados, tras una investigación.

El fenómeno involucra a independientes y a contratados, quienes utilizan el avance de los dispositivos inalámbricos y la enorme variedad de sistemas de comunicación para hacer trabajos intelectuales.

“Partimos de la base de que la casa tuviera una conexión a Internet. Descubrimos que la gente invierte mayor cantidad de recursos y tiempo en estos proyectos”, explicó Enrique Carrier, miembro de la consultora.

“También crece la alternativa de la notebook como una segunda computadora hogareña, que se emplea, por su movilidad, únicamente con fines profesionales”, agregó.

Los “teletrabajadores” –así se los llama- van creciendo en el país, según datos del Ministerio de Trabajo. En 2004 había 300.000 de ellos, durante 2007 ascendieron a 590.000 y en 2008 esa cifra se disparó a 1.300.000.

Profesionales independientes, docentes, investigadores, administrativos, actividades comerciales y diseño gráfico, son algunos de los oficios asociados al concepto de trabajo a distancia.

Todos tienen algo que ver con un insumo crítico: el conocimiento. En realidad, este cambio en la organización del trabajo es un fenómeno universal que se vincula a la revolución informática iniciada a mediados de la década del ‘70.

Desde entonces, el empleo de las computadoras viene introduciendo un cambio en el paradigma productivo. Por ejemplo, la automatización ha producido un considerable desplazamiento de mano de obra de la actividad industrial y el predominio del sector servicios.

Paralelamente, la actividad laboral de tantos trabajadores que se dedican al conocimiento se ha trasladado al hogar, algo totalmente impensado en otro tiempo. La clave es tener en casa un equipamiento informático adecuado a la tarea que se va a desempeñar.

¿Cuál es la nota distintiva de la experiencia del trabajo a distancia? Pues que se basa más en alcanzar un objetivo que en el cumplimiento de un horario fijo. Esto en sí mismo ya es algo revolucionario.

Los expertos dicen que los trabajadores consiguen ventajas con la modalidad: un mayor tiempo para dedicarle a la familia, evitar largas horas de viaje, gran flexibilidad horaria, posibilidad de combinar con tareas domésticas, nuevas oportunidades laborales, aumento de la productividad.

¿Qué pierde el trabajador con esta modalidad? Algunos estudiosos advierten que hacer de la casa un lugar de trabajo no es lo más indicado. Porque el hogar deja de ser ya el espacio de ocio necesario para las personas. Y eso erosiona los vínculos al interior de la familia.

En este sentido, se habla de una radicalización del mundo laboral, que ahora se mete en el hogar, en detrimento de la realización de otros valores humanos que trascienden el trabajo.

Desde la óptica de la empresa, en tanto, el fenómeno es visto como una mejora global de la productividad. A cambio de equipos informáticos, disminuye notablemente su infraestructura, genera un menor consumo de energía, reduce los conflictos internos y tiene la posibilidad de expandirse sin gastos estructurales.
En otras partes del mundo los gobiernos incentivan el teletrabajo. En Noruega, por ejemplo, se lo impulsa para minimizar los efectos del frío y evitar accidentes de tránsito en la nieve.

La izquierda en en su laberinto

La izquierda en la Argentina solía esgrimir que al país le iba mal porque ella nunca gobernó. Tras la administración K, que revindica el ideario setentista de la revolución, ese argumento ha quedado relativizado.


En el maniqueísmo ideológico progre la historia no tiene grises. Es la derecha –especie de Eje del Mal- la culpable de la infelicidad humana. También de la Argentina, históricamente gobernada bajo este signo.

Pero el 2003 marcó un punto de inflexión. Como creen Horacio Verbitsky y Hebe de Bonafini, el país parió un auténtico gobierno revolucionario. Por fin los ideales de los setenta, según esta lectura, tienen andadura histórica.

Para la izquierda argentina nunca hubo una ocasión más dorada que ésta para reivindicarse. Para probar que los males del país –como ella predica- son producto de la corrupta derecha.

De hecho pocos gobiernos han encontrado un escenario internacional más propicio en materia económica en varias décadas. El crecimiento económico de estos años apuntaló la administración K, que en un momento llegó a tener altísima popularidad. Los progresistas argentinos saludaron y se plegaron en bloque al experimento.

Hubo una luna de miel que hacía prever cien años de gobierno de izquierda en Argentina. Los Kirchner, así, habían hecho realidad el sueño de una tradición ideológica que hasta su llegada subsistía como programa universitario.

Sin embargo, en algún punto el proyecto se estropeó, en un contexto de desgaste de la gestión de gobierno. Se verificó una “implosión” progresista, una especie de desbande de la propia tropa.

Algunos fijan ese episodio cuando los Kirchner, aparentemente debilitados, hacen alianza con Daniel Scioli, que tiene un perfil ideológico cercano a Mauricio Macri, y con los minigobernadores del conurbano bonaerense.

Es decir, el proyecto progresista terminó en las fauces de lo más rancio del peronismo tradicional. Fue deglutido por el “corleonismo”, al decir del ideólogo kirchnerista José Pablo Feinmann.

La llamada “transversalidad”, el intento por generar un bloque de izquierda -sobre la base de la confluencia de los no contaminados por la derecha-, la utopía kirchnerista de sanear el sistema político argentino, quedó en la nada.

La “pejotización” del poder –la vuelta al denostado “aparato” cuasi mafioso del peronismo bonaerense- produjo la diáspora de muchos progresistas que, decepcionados, no saben cómo explicar qué pasó.

Muchos de ellos hoy ven en el cineasta Pino Solanas la encarnación de sus ideales conculcados. El “solanismo”, se sabe, viene ensayando una lectura tranquilizadora para los formados en la dialéctica progre.

“Esto no es izquierda”, dice Pino, que acusa al kirchnerismo de ser la continuidad perfecta del menemismo (nada menos), sobre todo en materia económica. Salvo la política de los derechos humanos, el cineasta no le perdona nada a los Kirchner.

Mientras tanto la ultrakircherista Hebe de Bonafini –ícono de la izquierda en el país-, ha salido a la palestra a defender al gobierno, sobre todo frente a las críticas de los viejos aliados ideológicos.

“Pino es un buen… cineasta”, ha dicho con sarcasmo tras advertir que si el kirchnerismo pierde las elecciones en junio próximo vuelve la “derecha salvaje” a la Argentina.

La izquierda en su laberinto. ¿Se le acabó la excusa histórica de que nunca gobernó el país y entonces deberá hacerse cargo de sus pecados, esta vez en el poder?
¿O lo que existe es un simulacro y entonces habrá que esperar a que algún día los auténticos izquierdistas tomen el gobierno y hagan por fin la revolución soñada?.

¿A quién le importa la próxima elección?

La mitad de la gente no sabe qué se vota en junio, según una reciente encuesta. Además, el mayor acertamiento ciudadano con la política se da gracias a ‘Gran Cuñado’, el sketch de Marcel Tinelli.


El relevamiento se hizo en Capital Federal, hace pocos días, a cargo del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano (Copub), y sus resultados aparecieron en la edición de ayer del diario La Nación.

De allí se desprende que el 47% de las personas no sabe qué se elegirá el 28 de junio. Además el 45% no le da importancia a los comicios, al punto de que la mitad no iría a votar si no fuera obligatorio.

Por otra parte, sólo un tercio entiende lo que dicen los candidatos en sus discursos de campaña. Los resultados de esta encuesta ya han disparado el debate entre los expertos.

“Hay un desconocimiento de lo que se vota, mayor que en 2005, porque las candidaturas testimoniales generan confusión”, afirmó Orlando D’Adamo, director del Copub.

“Estos resultados me parecen preocupantes por la calidad de nuestra política (…) una sociedad desinteresada por la política es poco exigente con sus políticos”, dijo por su lado Delia Ferreira Rubio, presidente de la ONG Poder Ciudadano.

Fabián Perechodnik, de Poliarquía Consultores, afirmó que, según sus estudios, “entre las principales preocupaciones del país, debajo de la inseguridad, aparece en segundo lugar la clase dirigente, que se percibe como un problema”.

“Y si le sumamos a esto ‘Gran Cuñado’, vemos que mucha gente se informa de la política a través de ese programa”, acotó al explicar el desinterés de la ciudadanía por la política.

Este desinterés es “un tema universal y no sólo argentino, y responde a la desideologización, la similitud de discursos entre contrincantes, la percepción de la gente de que su vida no cambia de acuerdo con quien gane, el desprestigio de los políticos y de los cuerpos legislativos”, aseguró Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

García Beaudoux sostuvo al respecto: “Se vota por la familiaridad, la gente mira la campaña para identificar al candidato y piensa que, por lo menos, lo conoce porque lo vio por TV, pero no sigue el debate”.

Esta apreciación explica por qué las fuerzas políticas convocan a artistas, deportistas y famosos para ganar elecciones. Pero, ¿es nuevo el desinterés de los argentinos por la cosa pública? ¿Nos sorprende que la mitad de los ciudadanos, en vísperas de una elección, no sepa siquiera qué se vota?.

Es factible percibir una doble alienación o extrañamiento en torno a las cosas del país por parte de los sectores sociales. Los pobres y excluidos han perdido ciudadanía y son presa del sistema clientelístico.

En Buenos Aires, donde se da la “madre de todas las batallas”, la clase baja cubre a unos 5.400.000 votantes, sobre algo más de 10 millones de ciudadanos en condiciones de votar.

En tanto, a las clases medias y altas argentinas, tan propensas a la evasión, les cabe aquel diagnóstico de Marcos Denevi, para quien el argentino tiene mentalidad de huésped de hotel:

“El hotel es el país y el argentino es un pasajero que no se mete con los otros. Si los administradores administran mal, si roban y hacen asientos falsos en los libros de contabilidad es asunto del dueño del hotel, no de los pasajeros a quienes en otro sitio los espera su futura casa propia, ahora en construcción”.
“Quizá algún día –dice Denevi- los argentinos nos convenzamos de que este hotel de tránsito es nuestro único hogar y que no hay ninguna Argentina –visible o invisible- esperándonos en ninguna parte”.

Las enfermedades de la crisis ecológica

Nadie duda de las capacidades de adaptación de la especie humana. Sin embargo, nada autoriza a concluir que éstas sean ilimitadas, a la vista de los peligros que entraña el cambio climático.

Tras dos siglos de industrialismo feroz, el optimismo del progreso material cede paso a la convicción angustiosa de que nuestras condiciones de vida moderna en un punto son incompatibles con el hábitat.

Nuestras victorias sobre la naturaleza –a caballo de fulgurantes mutaciones producidas por la ciencia y la técnica- han cebado un estilo de vida humana absolutamente inédito en la historia.

Sin embargo, el hombre contemporáneo ya no está seguro de sus progresos ante la eclosión del ecosistema. Ahora es consciente de que sus hazañas materiales provocaron rupturas de ritmo y de equilibrio desconocidos.

Y que esas rupturas, al sumarse, corren el peligro de desembocar en un plazo más o menos corto en la desnaturalización de la especie humana. A fin de cuentas –cree actualmente el hombre- pude haber capacidades mal-adaptantes.

Los datos sobre los efectos del trastorno ecológico en la vida humana van en ese sentido. Hoy es un hecho que el cambio climático es una cuestión sanitaria que afecta a miles de millones de personas. Nuevas pestes y enfermedades amenazan la condición humana en el globo.

De hecho los efectos ya se están sintiendo, afectando la vida de la actual generación y la de nuestros hijos. Dengue, malaria, cólera, fiebre amarilla y hantavirus, son males que se están esparciendo con virulencia en varias partes del mundo.

Argentina, como no podía ser de otro modo, no escapa al desbarajuste sanitario. El desastre de Tartagal, ocurrido hace poco, se ha ensañado con poblaciones indefensas e indigentes.

Los científicos coinciden en señalar que las abruptas inundaciones en el norte argentino están conectadas con la deforestación abusiva. ¿Y qué decir de la terrible sequía que en la pampa y en la zona del litoral, por caso, ha arruinado cosechas y matado animales?.

Para Pablo Canziani, investigador del Conicet y director del Programa de Estudios de Procesos Atmosféricos en el Cambio Global de la UCA, hay una conexión causal entre calentamiento global y expansión de algunas enfermedades.

En su opinión, Argentina es uno de los países que peor actúa con respecto a la deforestación. “Es la segunda causa de emisión de gases que contribuyen a la formación del agujero de ozono. La fiebre amarilla es una de sus consecuencias. El dengue y la malaria tienen que ver con el mosquito, los roedores traen el hantavirus, el agua el cólera”, explicó.

Como se sabe las altas temperaturas y el aumento de las lluvias favorecen  la reproducción de mosquitos, que son los vectores que transmiten enfermedades infecciosas.

“El bosque regula el sistema de agua, provocando más sequía y más inundaciones, que derivan en gastroenteritis y problemas de nutrición”, asegura Canziani. Y añade: “Ya hay más casos de alergia en zonas urbanas por el cambio de floración de plantas, combinado con mayores temperaturas y la contaminación del aire, que afecta las vías respiratorias”.

En tanto, algunos científicos aseguran que antes del 2090 subirá tres grados la temperatura de la Tierra. En algunas zonas del globo el aumento será de cinco grados. Este cuadro medioambiental hará que el calor se convierta en el asesino silencioso de mucha gente.

Al respecto, se subraya el riesgo del abastecimiento de agua limpia y alimentos, con la consecuente desnutrición y enfermedades diarréicas. Situación que básicamente afectará a los más pobres.

 

Memoria e identidad

Hoy es el Día Internacional de los Museos. Una fecha que nos lleva a reflexionar acerca del deseo humano de conservar cosas, como un modo de vencer la desmemoria y la fragilidad que impone el paso del tiempo.

Los comunicólogos aseguran que el hombre, en su aventura por la tierra, desarrolló distintos modos de codificación. Así, la primera forma de transmitir experiencias fue la fase oral.

Es decir, al comienzo fue el lenguaje hablado y los códigos gestuales. De esta manera, la historia de los pueblos se transmitió de generación en generación de forma oral. Era una civilización del oído.

Pero era una forma que no dejaba huellas más allá del momento de la enunciación. Pronto el hombre vio que el paso del tiempo conspiraba contra la memoria. La distorsión y la pérdida de información eran los riesgos inevitables de la tradición oral.

¿Dónde se originaba esta insatisfacción? Es factible reconocer aquí un deseo humano de perdurar, una vocación por la trascendencia, una resistencia de la especie a no extinguirse bajo la lógica de Cronos.

Fue así que el hombre se vio obligado a conservar las cosas valiosas, y entonces se inició una nueva etapa de la codificación humana: la mnemónica (“mnemo” significa memoria).

La comunidad humana percibió que, a lo largo de las generaciones, los recuerdos se tergiversaban, los relatos se distorsionaban y algunas noticias se perdían. Había, por tanto, que conservar algunos objetos que ayudaran al hombre a recordar los hechos con mayor fidelidad.

Estos objetos han sido siempre un apoyo a la memoria en el momento de reproducir un relato oral. Los objetos materiales ayudaron también a jerarquizar las informaciones importantes de aquellas otras que no merecían destacarse.

En el plano individual, uno conserva cosas porque tienen un valor afectivo y recordatorio, porque representan emociones, situaciones y valoraciones personales.

Más allá del recordatorio individual, existen otros objetos con los que se construye una historia social. Son los objetos de los personajes públicos, o aquellos que han sido usados en alguna situación determinada, y son testigos epocales excepcionales.

Y por eso, justamente, se crearon los museos: para mantener viva la memoria de una colectividad particular. La comunidad es una proyección del individuo. En este sentido, los psicólogos reconocen que sin memoria no hay Yo.

Piénsese, por un momento, qué le ocurre al que cae en amnesia total. El problema es que deja de ser el que fue. Su identidad desaparece. No tiene biografía, no tiene historia, su personalidad se licua. En suma, no sabe quién es.

Lo mismo le pasa a las comunidades: pierden su identidad, su yo, si caen en la desmemoria. Los museos, en este sentido, al recordarnos la huella de los que nos precedieron, son los aliados en el deseo colectivo de mantener la esencia de una cultura, más allá del paso del tiempo.

Gualeguaychú, tan orgulloso de sí mismo, abreva en sus hermosos museos la sabia que mantiene viva la memoria. El Museo Agrícola Regional, por ejemplo, nos recuerda el destino original de un pueblo que vivió de las faenas tradicionales del campo.

Esta entidad y la Dirección de Cultura Municipal han emprendido una iniciativa loable con vistas al Bicentenario de la Revolución de Mayo: que cada museo de la ciudad muestre un período determinado de la historia local.

Este circuito ya se inició con la Casa de Aedo, que mostró los primeros 50 años de la ciudad. Ayer fue el turno del Museo Ferroviario. Por otro lado, el Instituto Magnasco expone juguetes y entretenimientos infantiles de otros tiempos.

Se trata de algunas opciones, a través de los museos y sus piezas, para conservar la memoria colectiva, para comulgar con nosotros mismos. 

 

 

 

Discutir el tema tabú del modelo

El modelo unitario de acumulación cruje ante la situación financiera lacrimógena de las provincias y los municipios. La asimetría entre un gobierno central con cofres llenos y el interior mendicante no ser tolera más.


La clave de la macroeconomía de estos años, según dicen los defensores del modelo K, ha sido el superávit fiscal. ¿Cómo se ha logrado semejante milagro? Pues en base a una anomalía que repugna el principio federal.

Es el secreto mejor guardado del mentado modelo: el 70% de los impuestos oblados en todo el país se los queda el poder central, mientras los Estados del interior deben resignarse al mísero 30% restante.

Así, por caso, la masiva recaudación lograda mediante los Impuestos a las Exportaciones (retenciones) no es coparticipada a las provincias, como si en el interior no tuviera nada que ver con lo que se exporta.

Idéntica lógica rige para el Impuesto al Cheque (más allá de sus connotaciones confiscatorias), como si los provincianos no utilizasen ese instrumento bancario. Apenas un 15% del Impuesto al Cheque va a las provincias.

Según la consultora Economía & Negocios, si ese impuesto se coparticipase a las provincias recibirían 7.500 millones de pesos este año, en vez de los 3.200 millones que sacarán bajo el actual esquema de reparto.

Se dirá: ¡así cualquiera tiene superávit fiscal!. Pero el esquema –al margen de las consideraciones macroeconómicas- supone un modelo de gestión política. Digámoslo: el poder central ha conseguido un grado de concentración económica, financiera y política pocas veces experimentado en nuestra historia.

No es aventurado afirmar, en este sentido, que la Argentina ha retrocedido a un momento previo a la organización nacional. ¿Qué diría nuestro Olegario Víctor Andrade, aquel copoblano que denunció como nadie la codicia y la prepotencia del “puerto”?

Adviértase la corrupción intrínseca de este modelo unitario. Todo el país cae al pie del omnipotente poder de la chequera de la Casa Rosada. Gobernadores e intendentes deben hocicar, así, para conseguir algún subsidio o aporte.

Este esquema, ¿está al servicio de un proyecto de país o de un proyecto de poder? Leer a Andrade nos ayudaría a entender que el control de los impuestos en Argentina –cómo se fijan, quién los cobra y cómo se reparten-, dibuja un modelo de país.

Ahora se da una situación que pone en tensión este esquema. El gobierno K acaba de anunciar un aumento del 15,5% para la administración pública nacional. Más allá de si la suba guarda relación con las próximas elecciones, se trata de una medida justa frente a la inflación.

Pero la pregunta crucial es esta: ¿no tienen derecho los estatales provinciales a pedir un ajuste similar? Los agentes públicos entrerrianos, ¿no tienen derecho a esa equiparación? ¿Qué hará el gobernador Sergio Urribarri?

El jefe político del peronismo entrerriano, Jorge Busti, la ve venir. Como percibe que el modelo unitario hace agua y en el fondo condena a Entre Ríos, ha abierto el paraguas en las últimas horas.

En declaraciones al diario La Nación (edición del 13 de mayo), declaró: “El Gobierno debe redefinir la coparticipación, la distribución del Tesoro, la Ley de Cheques. Es decir, debe dar un debate por un país federal de verdad. El Gobierno hace obra pública y eso es bueno, pero debe ver que hay un achatamiento en las provincias”.
A confesión de parte, relevo de pruebas. Desde el propio partido del poder, ya se advierte que la sangría del interior tocó su límite. Nos preguntamos, ¿por qué no plantearon esto antes, en épocas de abundancia?.

Trata de personas, la otra esclavitud

Aunque la esclavitud ha desaparecido legalmente –según lo establecen las constituciones y solemnes declaraciones internacionales- en la práctica sigue existiendo, en forma más o menos encubierta.


No otra cosa ha recordado la Dra. María Angélica Pivas, la funcionaria judicial que expuso en la Jornadas Regionales de la Trata de Personas, algunos de cuyos conceptos reflejó este diario.

La disertante, una especialista en derecho penal de nuestro medio, llamó la atención sobre la expansión del negocio de la prostitución en la Argentina y la región.

En realidad, dijo, se trata de un vasto comercio ilegal de personas, manejado desde las sombras por organizaciones mafiosas, en el cual se lucra también con el tráfico de órganos y la venta de bebés. 

Pivas describió la impunidad con la que se manejan los traficantes de personas en Entre Ríos, denunciando la ausencia de control estatal. Lo llamativo es que habló en estos términos ante funcionarios policiales de Jefaturas Departamentales, para los cuales se organizaron las jornadas.

Aunque hay consenso mundial respecto del carácter aberrante de la esclavitud – que, insistimos, legalmente ha desaparecido- subsisten situaciones como la trata de personas, que en la realidad son asimilables a esa práctica.

La esclavitud existe cuando determinados individuos son propiedad de otros. Desde el punto de vista jurídico un esclavo es una cosa, ya que no es sujeto de ningún tipo de derecho.

Es decir, pertenece a un amo, que puede venderlo, regalarlo, alquilarlo o utilizarlo como desee. En épocas más antiguas estas formas estaban legitimadas culturalmente.

Por ejemplo, existieron esclavos públicos, propiedad de ciudades, templos y corporaciones. El tráfico de esclavos fue una actividad muy lucrativa. Esta mano de obra barata sostenía civilizaciones enteras.

La principal fuente de esclavos fue la guerra, aunque también podía llegarse a esta situación por deudas o distintos delitos. Incluso, la esclavitud era hereditaria. Este sistema de explotación humana se practicó en varios lugares en el pasado.

Así en el antiguo Egipto, pasando por la Mesopotamia Asiática, los distintos pueblos del Cercano Oriente, Asia Menor, hasta Grecia. Aunque fue durante el Imperio Romano que cobró una gran difusión mundial.

A la caída del Imperio Romano de Occidente, a fines del siglo V de nuestra era, la esclavitud prácticamente desapareció de Europa. El contacto con América, seguido de su colonización a fines del siglo XV y durante el XVI, produjo la aparición de la esclavitud de origen africano en nuestro continente.

Aquí la esclavitud recién sería suprimida en la segunda mitad del siglo XIX. Pero aunque la humanidad ha dejado de legitimar esta modalidad de explotación aberrante, eso no significa que no exista en la práctica, aun en el siglo XXI.

La existencia de la trata de personas, en este sentido, muestra el lado oscuro de una sociedad que tiene escasos niveles de reacción o virtualmente tolera esta nueva esclavitud mientras dice defender los derechos humanos.

A veces este tipo de problemáticas sociales –más bien su subsistencia en el tiempo- parece darle crédito a esas filosofías pesimistas para las cuales “el hombre es lobo del hombre”.

El filósofo Arthur Schopenhauer, por ejemplo, aseguró que el hombre, movido por un egoísmo incurable, lastima, traiciona y mata a otros hombres para prolongar su existencia miserable.
¿Qué revolución ética se precisa, qué cambio antropológico o cultural debe producirse para que algún día se acabe la rémora de la esclavitud, en cualquiera de sus formas?.

El drama local de la pobreza extrema

Como ha informado este diario, se observa un incremento de asentamientos poblacionales precarios en Gualeguaychú. Se trata de familias pobres expulsadas a la periferia.


Lo que llama la atención son las condiciones de marginalidad en las que viven. Su principal drama es la ausencia de una vivienda digna. Son grupos familiares, con fuerte presencia de niños, que habitan en casuchas miserables.

Las cuales están improvisadas con cartones, maderas, nylon y chapas. Y se apiñan una al lado de la otra, constituyendo verdaderos barrios marginales, adonde no llegan los servicios básicos.

Estos asentamientos, de distinta magnitud, se distribuyen en distintos puntos periféricos de la ciudad, generando una geografía urbana y social caracterizada por la pobreza extrema.

Hay que aclarar que la pobreza en la periferia del casco urbano no es nueva en Gualeguaychú. Siempre hubo sectores sociales deprimidos. Sin embargo, este fenómeno nunca alcanzó la morbidad que existió en otras ciudades.

¿Acaso la presencia de estos nucleamientos poblacionales emergentes configuran una nueva geografía de la pobreza en Gualeguaychú?. No conocemos ningún relevamiento oficial que dé cuenta del fenómeno.

Tenemos la impresión periodística, eso sí, de un crecimiento de asentamientos precarios en distintos lugares. Algo por otra parte corroborado por la titular de Planeamiento Municipal, Amalia Peroni.

La funcionaria, en declaraciones a este diario, reconoció que el problema “va en aumento, ante la falta de terrenos para construir casas”. Y al explicar por qué se crean los asentamientos, declaró:

“Existe gente muy joven que deja de vivir con sus padres y forma pareja, tienen hijos. Además, hay familias anotadas esperando por una vivienda”, explicó.

Por otro lado, en los nuevos asentamientos es posible detectar la presencia de gente de otras provincias. Aunque desconocemos cuál es la magnitud de esta población.

Paralelamente, y acompañando este fenómeno, se ha verificado el último tiempo la usurpación de terrenos privados por parte de familias necesitadas de vivienda. Suceso que motivó, en su momento, la intervención de las autoridades municipales.

A primera vista, está claro que hay un déficit habitacional importante. Si los sectores medios de la Argentina no pueden hacerse sus casas, menos lo pueden hacer los pobres.

Si el Estado no interviene, realizando viviendas de interés social, estas poblaciones quedarían totalmente excluidas de tener un techo propio. Pero el problema de fondo es la pobreza.

Lo ideal sería que la gente se pueda hacer su casa por medios propios. Sin depender de la asistencia estatal. Pero en el país donde hay más de 12 millones de pobres esto suena utópico.

¿Qué se puede hacer desde el gobierno local para paliar el problema? Como se sabe, la municipalidad depende básicamente de los fondos que le gire la Nación.

En los últimos años, mediante esta vía, se concretó el llamado Plan 1.000 Viviendas. Fue la modalidad que se encontró para hacer frente al gravísimo problema del déficit habitacional de los sectores populares.

A propósito, habría que pensar qué hubiera pasado en Gualeguaychú sin la realización de estos barrios sociales, que no obstante son cuestionados por razones urbanísticas.

¿Acaso tendríamos más asentamientos precarios en Gualeguaychú? Una cosa sabemos: algo hay que hacer para evitar que se extienda este fenómeno a nivel local.
Hay múltiples razones políticas, sociológicas, urbanas y sobre todo humanas que impulsan a esta ciudad a no convalidar la extensión de una de las caras de la pobreza extrema.

La Caja y una opción indeseada

Utilizar los recursos de la Caja de Jubilaciones Municipales para pagar un aumento de haberes, si bien ayuda a aplacar un rudo conflicto laboral, no es algo en sí mismo meritorio.


La administración Bahillo ha encontrado por esta vía la manera de superar una huelga que paralizó a la municipalidad por varios días, y puso en vilo a la comunidad.

Sólo desde ese contexto se entiende que el Concejo Deliberante haya acompañado por unanimidad la iniciativa oficial de girar menos dinero a la Caja, en concepto de aportes patronales, para que el gobierno pueda hacer “caja” frente a la urgencia salarial.  

Es que todo los actores involucrados en la medida –incluido el directorio de la Caja- percibieron que lo que estaba en juego era un bien superior. Porque el conflicto salarial había pasado de castaño a oscuro y en un punto ponía en peligro la paz social.

Echar mano a los recursos del sistema previsional apareció, así, como un mal menor frente a riesgos mayores. De repente, acorralada por la situación, la autoridad debió dar este paso.

La reducción temporaria (por 18 meses) de 7 puntos sobre los aportes patronales, equivalentes a 210.000 pesos mensuales, le dan un respiro financiero a una administración que debe honrar una suba salarial del 12%, acordado en su momento con el Sindicato Municipal.

Lo notable del acuerdo alcanzado con la Caja, es que no ha habido voces disidentes entre los activos y los pasivos municipales. Ya que, de última, la plata para solucionar el conflicto de algún modo les pertenece.

Quizá tranquilice el hecho de que la medida, aunque le resta fondos al sistema previsional, no lo desfinancia, garantizándole un flujo dinerario suficiente para cubrir sus gastos globales.

Como sea, quisiéramos recordar un concepto que expusiéramos en esta misma columna cuando se conoció la iniciativa de recurrir al sistema previsional para solventar la suba salarial.

“Se trata de una operación delicada que pone al desnudo la fragilidad fiscal del municipio”. Eso dijimos para dar a entender que la medida en cuestión apenas disimula la realidad de un Estado que gasta más de lo que recauda.

El dato es que sin este dinero extra la administración local no puede pagar a su personal. Esto habla de una insolvencia estructural del fisco, que en realidad es algo característico a todas los municipios, el grueso de cuyos presupuestos se destina al pago de personal.

Por otro lado, se está utilizando un ahorro estatal –que hoy se emplea para dar préstamos a los propios municipales, con los cuales mejoran su calidad de vida- para afrontar gastos corrientes.

¿No plantea este cuadro la necesidad de replantear el reparto de impuestos en la Argentina –hoy de fuerte sesgo unitario- con vistas a darle sustentabilidad financiera a las comunas?. ¿No es momento de discutir, en suma, el federalismo fiscal?

En este sentido, la Caja le ha pedido al intendente municipal que reclame ante la Provincia recursos debidos al sistema local. La cosa se remonta a cuando se traspasaron las cajas previsionales deficitarias a la Nación.

Para cubrir ese déficit la Nación le descontaba a todas las jurisdicciones provinciales un porcentual como “pre-coparticipación”. Entre Ríos debió sufrir el descuento pese a no transferir su sistema jubilatorio, y por tanto no generar déficit.
Finalmente, logró que la compensaran por esta asimetría. Ahora por una razón de justicia, debería a su vez la Provincia compensar a las Municipalidades –como la nuestra- que por mantener sus cajas previsionales no le generan déficit.

Insólito: el país importaría carne

El país agropecuario por antonomasia –el mítico granero del mundo- dejó de ser el que fue. No sólo caen sus cosechas. Resulta que en 2010, en un inédito episodio histórico, podría verse obligado a importar carne.


¿Es posible que justo en el año en que se celebran los doscientos años de vida independiente, la Argentina de las vacas, la tradicional exportadora de carne, tenga que salir afuera para aprovisionarse de ese bien para abastecer su mercado interno?

A decir verdad, hace tiempo que los productores de ganado vienen advirtiendo que las erráticas y desfavorables políticas hacia el sector podrían llevar a este increíble cuadro.

La guerra gaucha –un enfrentamiento también insólito y absurdo entre el gobierno K y los productores agropecuarios- enturbió esta advertencia, que quedó teñida de parcialidad en pleno conflicto.

Pero ahora es un informe reservado que circula en el propio gobierno quien da crédito a esta posibilidad, según refiere Matías Longoni, en la edición ayer del diario Clarín.

El escrito fue elaborado por la Dirección de Mercados Agroalimentarios y ya está en manos del secretario de Agricultura Carlos Cheppi. Allí se dice que el stock ganadero, que viene en picada, ya no alcanza para abastecer el consumo argentino.

Según el informe de marras, en 2010 sería necesario comprar unas 1.000 toneladas en el extranjero, para atender la demanda de los argentinos, que siguen consumiendo unos 68 kilos anuales por habitante, el más elevado en el planeta.

El gobierno ha venido negando sistemáticamente que esto pueda pasar. Y acaso salga en las próximas horas a desestimar la existencia de este trabajo, que obviamente se filtró a la prensa.

Para las entidades rurales, en cambio, una posible importación de carne para abastecer el mercado local, así como la desaparición definitiva de saldos exportables, entraba dentro de los cálculos.

Desde hace tiempo han venido culpando a la política oficial, que ha consistido en estos años en “pisar” los precios internos y limitar las exportaciones, en un contexto en que se cebó el consumo interno.

El resultado ha sido el desaliento de la explotación vacuna. No sólo ha venido declinando la producción sino que la faena ha pasado a incrementarse a mayores tasas que dicha producción.

La faena de hembras llegó a niveles notables, lo que técnicamente se conoce como “liquidación de vientres”. En otras palabras, eso significa que los ganaderos han estado vendiendo sus “fábricas de terneros” para reducir su negocio o, directamente, abandonar la actividad.

Toda la cadena de ganado y carnes viene barajando números en rojo. La situación se ha vuelto insostenible con el agregado de la feroz sequía, que comparada con las políticas oficiales ha sido igual de devastadora, ya que por su causa subió la mortandad y el remate forzado de animales.

El informe de la Dirección de Mercados Agroalimentarios, que ha trascendido a la prensa, asegura que el stock ganadero actual, de 55,3 millones de animales, podría retroceder en 2010 hasta 47,9 millones de cabezas, y que por lo tanto la producción de carne también caería drásticamente.

De todos modos, cuesta imaginar que la Argentina, nada menos, pueda llegar a la instancia de tener que importar carne para abastecer su mercado interno. Y que ello ocurra, increíblemente, en el año del bicentenario del país de las vacas.
Por lo pronto, lejos estamos de la Argentina que llegó a ser el primer exportador mundial hace cinco décadas. Si la tendencia, en suma, es que hay menos vacas, habrá que hacer que se produzca más, al menos para no depender de las compras externas.

La vigencia del nepotismo criollo

En la Argentina no es nuevo esto de acomodar parientes y amigos en el poder. El armado de listas con este sesgo, con vistas a las elecciones legislativas del 28 de junio, confirma que perdura entre nosotros la cultura pre-republicana.


El dato es que en lugar de las internas partidarias, del ejercicio efectivo de la democracia para elegir a los candidatos de las distintas fuerzas políticas, ha predominado la llamada “dedocracia”, la voluntad arbitraria de los grandes electores.

Es por aquí por donde se han colado los familiares y amigos en las listas, en un contexto donde el gobierno de turno, despreciando elementales reglas institucionales, promovió propuestas virtuales bajo la forma de candidatos testimoniales.

Ya se sabe: en la Argentina reina el vale todo, y así nos va. Lo dramático es que ya nada nos sorprende. No nos causa indignación que la clase política recurra a la “portación de apellido” para promover esposa/s, hermanos/as y demás lazos.

Así, amigos y familiares caracterizan las listas presentadas por las principales fuerzas, en la disputa por las elecciones de junio. La ciencia política ha calificado esta práctica antiquísima como “nepotismo”.

El término remite al vocablo “nepote”, con el cual se designaba, en el Renacimiento, a los parientes y allegados del Papa, quienes eran introducidos en su círculo íntimo y gozaban de sus favores.

De esa costumbre de los papas renacentistas surge el concepto nepotismo. Es decir, estamos en presencia de una práctica corrupta propia de regímenes feudales o dictatoriales, en donde no existe ninguna forma de control característico de las democracias republicanas.

Sin embargo, algunos cientistas prefieren hacer algunas distinciones al respecto. Para configurar el nepotismo, aseguran, es necesario que concurran otros factores además de la proximidad o parentesco con el político que los designó para un cargo.

La calidad de designable, es decir, el mérito o la capacidad de quienes son nombrados, constituyen un elemento fundamental para desvalorizar la acusación de nepotismo.

Al respecto, se piensa que no sería lógico concebir que un gobernante se inhiba de designar a un pariente o allegado para un cargo determinado por temor de ser acusado de nepotismo

Y esto si se tiene suficientemente probado que la honestidad e idoneidad de la persona en cuestión, puede enaltecer la función que ejercerá y prestar un servicio muy satisfactorio a la comunidad.

Por tanto, sólo habría nepotismo cuando quien detenta el poder político se sirve de él para designar en una función pública o privada a un pariente o amigo sin tener en cuenta sus capacidades y cualidades. Y con el solo objetivo de colocarlo en una posición privilegiada.

Dicho esto, cabe preguntarse: ¿los parientes y amigos de la clase política que llenan las listas de candidatos a legisladores, para la próxima elección de junio, están allí por merecimientos personales? ¿Fueron promovidos por idoneidad?

A decir verdad, estos nombramientos parecen estar más bien asociados a la rosca y a la disputa comiteril, o a razones de estricta conveniencia personal. En un contexto en el cual la dirigencia busca su supervivencia.

¿Cómo es que se llegó a este festival “dedocrático”? ¿Dónde quedaron los proyectos de reforma del sistema político tras el hundimiento del 2002? ¿Cuál fue el avance institucional que experimentó el país en este campo desde entonces?

Pensándolo bien, todos estos experimentos políticos revelan una vez más la democracia de baja intensidad que tenemos, la cultura pre-republicana en la que nos movemos, y nuestro desprecio consuetudinario por la ley.

La nueva conexión física con Santa Fe

A 40 años de la inauguración del Túnel subfluvial, se ha instalado la necesidad de evitar su colapso, mediante la construcción de un nuevo viaducto que una Paraná con Santa Fe.

La cuestión se planteó con ocasión de la visita de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner el jueves pasado a la capital entrerriana. En la oportunidad el gobernador Sergio Urribarri pidió “ayuda financiera” para el emprendimiento.

La provincia se ha comprometido a presentar los estudios de factibilidad de obra antes de fin de año. El nuevo enlace sobre el río Paraná tendría un costo económico de entre 600 y 1.000 millones de pesos.

A decir verdad, la idea de un puente que una las costas entrerrianas y santafesinas data de muchos más años que el propio Túnel. Ya el senador Maciá en 1911 ante el Congreso de la Nación había planteado la necesidad de unir ambas orillas.

La lógica indicaba la construcción de un puente, pero un obstáculo lo impedía: dado que el espejo de agua de los ríos pertenece al Estado Nacional, sin su autorización no se podía desarrollar ninguna obra en ese espacio.

Aunque la Nación mandó a hacer estudio de factibilidad de un puente, sin embargo nunca mostró voluntad real de concretarlo. Siempre se sospechó que los intereses porteños, que temían que la producción entrerriana se desviara hacia el interior del país, hizo lobby para frustrar un puente entre Paraná y Santa Fe.

Santafesinos y entrerrianos, finalmente, se cansaron de esperar. Decidieron cortarse solos y emprender la construcción de una unión física no convencional: ya que no se podía hacer nada sobre el río Paraná, había que hacerlo por debajo.

Así nació la audaz idea de construir un túnel subfluvial, contra la voluntad del gobierno central. En junio de 1960 los gobernadores de Entre Ríos, Raúl Uranga, y de Santa Fe, Carlos Silvestre Begnis, firmaron un Tratado Interprovincial con ese objeto.

Este tipo de tratados no tenía antecedentes entonces. Correspondió al doctor Jorge Ferreira Bertozzi realizar el estudio jurídico y fundamentar el derecho de las provincias para celebrar este tipo de acuerdos.

El túnel surgió sobre la base de esta convicción: si es cierto que el espejo de las aguas del río pertenece a la Nación, eso no ocurre con la zona ubicada por debajo de los lechos, que es jurisdicción provincial y puede ser administrada por las mismas.

Esta monumental obra de ingeniería, que representó la primera por su naturaleza en América del Sur y fue la primera vía de unión física de Entre Ríos con la región, fue inaugurada el 13 de diciembre de 1969.

Vía de comunicación clave para el despegue del desarrollo regional, y a 40 años de su puesta en marcha, el Túnel muestra hoy signos de agotamiento. Ya en los ‘90, la saturación del tránsito y los daños sobre su estructura ocasionadas por las crecientes de esos años, prendieron luces de alarma.

En un momento se creyó que la apertura del punte Rosario-Victoria, allá por 2003 –la última gran obra de enlace vial interprovincial- descongestionaría el túnel subfluvial.

Pero no: el parque automotor no ha parado de aumentar, en un contexto de crecimiento económico y demográfico regional. La circulación por el Túnel llega a casi 10.000 vehículos diarios.

Como sea, todo parece indicar que se necesita un puente que una Paraná con Santa Fe. Según trascendió por la prensa capitalina, la nueva conexión estaría destinada básicamente al transporte pesado.

De esta manera, su objetivo sería complementarse con el túnel, que se utilizaría en el futuro para los vehículos livianos, despejándose así los peligros ligados a la saturación de tránsito.

 

 

 

El país que oculta el Indec

Desde que fue intervenido a principios de 2007, el organismo estadístico oficial ha venido cumpliendo un fin propagandístico: ocultar la situación de aquellos que han quedado relegados frente a la inflación.


El Indec, así, ha devenido en un instrumento de operación retórica del poder político. “Si hay pobres, que no se noten”, parece ser el cometido del ente manejado por Guillermo Moreno.

Se trata de un flanco sensible de la construcción discursiva del kirchnerismo, que ha hecho de la “distribución de la riqueza” su bandera. Nunca se repartió tanto como ahora, dice el oficialismo.

Sin embargo, salvo el Indec, todos los analistas sociales admiten que desde hace dos años crece la pobreza y que la concentración de la riqueza se ha profundizado.

Por lo pronto, el Indec oculta la existencia de entre 4 y 5 millones de pobres en la Argentina. ¿Cómo es esto? Pues, mientras el organismo oficial asegura que la pobreza alcanza el 17,8% de la población, los encuestadores la sitúan bastante más arriba.

Para Artemio López, el encuestador favorito de Kirchner, la pobreza se ubicaría en el 28%, con lo cual habría 11,2 millones de pobres. En tanto que para Ernesto Kritz, director de la Sociedad de Estudios Laborales, está en el 32%.

El periodista Maximiliano Montenegro, del diario Crítica de la Argentina, en un interesante artículo sobre el patrón distributivo de la era K, habla de otra “apuesta fallida al derrame”.

Se ha vuelto a desmentir, según dice, la teoría del goteo según la cual el puro crecimiento resolvería el drama de la pobreza y la desigualdad. El modelo K produjo una drástica caída de la desocupación desde 2002.

Eso redujo durante cuatro años los índices de pobreza frente a los picos poscrisis. Pero desde el segundo trimestre de 2007 –estando ya intervenido el Indec- la inflación ha venido licuando el poder de compra de las clases populares.

Desde entonces el modelo K produce pobres. Así, “la creación de empleo no bastó para perforar los pisos de miseria y desigualdad cimentados en la década de los ‘90”, explica Montenegro.

Paralelamente se amplió la brecha entre ricos y pobres a niveles morbosos. La distancia entre el 20% más rico y el 20% más pobres hoy es de 14,5 veces, cuando en el peor momento del menemismo, en 1998, la brecha de ingresos fue de 13,5 veces.

Ergo: hoy la desigualdad es mayor que en los ‘90. El kirchnerismo, así, “no revirtió la tendencia a la concentración de la riqueza que se experimenta desde mediados de la década del ‘70. Incluso la profundizó”, sentencia Montenegro.

A propósito, la brecha de ingresos entre el 20% más rico y el 20% más pobre era sólo de 7 veces en 1974. Hoy, por ende, esta distancia se ha duplicado.

Se podría decir, entonces, que en la Argentina todo tiempo pasado fue mejor, dado el franco declive en el que está metida, producto de lo cual se ha configurado una sociedad dual.

Mientras el Indec pinta un país virtual, acorde con el “relato” del poder, según el cual nunca se repartió tanto y tan bien, la revista de humor Barcelona tituló hace poco: “La distribución ya se hizo. Lamentablemente no alcanzó para los pobres”.

El gobierno nunca blanqueará los números del Indec. Eso sería reconocer que al menos desde hace dos años hay cada vez más pobres. Y que no se verifica aquello de la “movilidad social ascendente”, de la que habla la presidenta.
Pero como no “existen los hechos, sino sólo interpretaciones”, según la máxima del poder, lo importante es lo que el público “crea” sobre lo que pasa. A cuyo objetivo retórico el Indec presta un servicio estratégico.

La guerra gaucha y el test electoral

Desde que Martín Lousteau emitió la Resolución 125 sobre retenciones móviles, allá por marzo de 2008, y produjo una revuelta campera inusitada en la Argentina, la relación campo-gobierno quedó herida de muerte.


El conflicto ha impulsado el enfrentamiento a niveles ideológicos y políticos profundos de difícil retorno. A tal punto que los sectores en pugna se consideran enemigos irreconciliables.

No sólo eso: la disputa ha polarizado a la sociedad argentina. Una fractura sociológica se introdujo en el seno de la comunicad nacional a caballo de una discusión que comenzó siendo por plata.

Para algunos analistas, en tanto, cambió radicalmente el mapa político de la Argentina. Y esto desde el momento en que el campo, según esta lectura, habría propinado una derrota estratégica al proyecto hegemónico del kirchnerismo.

Para la concepción binaria del mundo del oficialismo detrás de De Angeli y los suyos hubo y hay un complot destituyente de la derecha. Esta lectura tiene el mérito de reagrupar a la tropa progresista.

La izquierda necesita de la derecha para justificarse (y viceversa). En el fondo una secularización, una monstruosa traslación al mundo político y de los hombres, de la lucha teológica entre el bien y el mal.

Desde esta matriz se comprende el mesianismo militante de los K, que han convertido una elección legislativa de medio mandato en una disyuntiva metafísica para el país.

La llamada guerra gaucha –la disputa entre el gobierno y el campo- es el corazón de esta elección. Cuando el ultra-kirchnherista Luis D’Elía asegura que hay que impedir que la derecha coloque a Julio Cobos en el poder, da una clave.

El vicepresidente fue justamente quien con su célebre “voto no positivo” bajó en el Congreso de la Nación la malhadada Resolución 125. Y consecuentemente asestó una dura derrota política al oficialismo.

Desde entonces las elecciones de junio se han convertido en la continuación de la guerra gaucha por otros medios. A decir verdad, así se vive también el proceso electoral en el campo.

En efecto, la dirigencia rural ha optado por impulsar el conflicto abierto y por asociarse activa e institucionalmente a proyectos políticos opositores a la actual gestión gubernamental.

La disputa ha fortalecido entre los productores una fuerte autoconciencia de su autonomía social. Y ha acentuado entre ellos una tendencia histórica a ver al Estado como un puro recaudador de impuestos.

Pero un recaudador que devuelve servicios de mala calidad y no contribuye a mejorar los aspectos complementarios de “tranqueras afuera” como caminos, ferrocarriles y otros servicios que fortalezcan la actividad agropecuaria y mejoren la calidad de vida de los pueblos del interior.

En este contexto axiológico los impuestos irritan, particularmente aquellos como los derechos de exportación, que actúan como un sistema automático de descuento  en los precios que reciben los productores.

Todo ocurre en el marco de malas cosechas y los menores precios agrícolas. Se entiende entonces por qué el campo ve también el próximo test electoral como una oportunidad para dirimir a su favor la puja con el gobierno.

Un cambio en la correlación de fuerzas en el Congreso Nacional –cuyas bancas se ponen en juego en junio- permitiría al sector instalar su agenda con fuerza en la Argentina que se viene.
Pero la historia aún no está escrita. ¿Qué pasa si el kirchnerismo vence en las urnas? ¿Qué pasa si logra mantener su hegemonía parlamentaria tras las elecciones? Si eso ocurre, ¿el país asistirá a una reedición de la guerra gaucha?.

Entre Ríos ante el fracaso escolar

La cantidad de estudiantes que repiten y terminan desertando del sistema educativo entrerriano desnuda una realidad inquietante, según reconoce el Consejo General de Educación de la provincia (CGE).


El organismo ha hecho trascender un análisis estadístico propio que muestra cómo evolucionó el fracaso escolar en la provincia entre 1999 y 2006. De ese estudio se desprenden altos índices de repitencia y abandono.

En términos globales, los repitentes involucran a 24.879 chicos. Así, todos los años no promueven 12.000 chicos que asisten a la primaria, 9.500 que concurren a la intermedia, y 2.450 del secundario.

Como se ve, la tasa más alta de repitencia se registra en el nivel EGB 3 (que abarca desde séptimo a noveno año), con un porcentual que se sitúa en el 14,12% del total.

Sin embargo, la situación más preocupante se da en la escuela secundaria (hoy Polimodal) donde al 6,09% de repitencia se suma la tasa de abandono, que llega al 15%.

En 2006, el Consejo de Educación registró un total de 40.200 alumnos matriculados en el nivel medio y Polimodal. Pero se trata de una cifra inferior al ingreso que se verificó desde 1999 a 2003.

Según  los datos, desde 2004 la matrícula empezó a caer, siendo más notorio el descenso en 2005. Este fenómeno, a su vez, corre paralelo con el incremento de la repitencia.

Pero hay un dato más grave: la tasa de abandono en el nivel Polimodal, entre 1999/2000 y 2002/2003, prácticamente es el doble: de 7,27% se va a 15,32%, según datos del CGE.

De todos modos, no se trata de una realidad homogénea en el territorio provincial. En efecto, el informe de Educación destaca que en la provincia “hay departamentos recurrentes al momento de referirse a los aspectos indeseados en la educación”.

Y entre éstos ubica a Feliciano, Islas del Ibicuy y La Paz, San Salvador y Gualeguay.

En cuanto a la denominada escuela intermedia, la EGB 3, también se observa un repunte de la matrícula entre 1999 y 2001, para luego mantenerse. Pero paralelamente a ese incremento, se produce un alza en los niveles de fracaso.

Entre 2005 y 2006, la tasa de repitencia en este nivel presenta el valor más alto, del 14,1%. No obstante, según el informe, en algunos departamentos, como el caso de Gualeguaychú, se verifican porcentajes menores al 10%.

En tanto, en lo que hoy se conoce como EGB 1 y 2, y que abarca desde primero a sexto grados de la primaria, sobre una matrícula compuesta por 157.943 alumnos, los repitentes sumaron 12.704 en 2006.

Vale agregar que en base a estos datos, el Consejo General de Educación, encabezado por su presidenta Graciela Bar, ha iniciado una serie de mesas redondas con el propósito de debatir este tópico.

Es que los datos estadísticos de estos últimos años generan una gran preocupación entre las autoridades y en algunos sectores de la sociedad entrerriana.

Ahora bien, más allá de la importancia de socializar y discutir esta estadística sobre deserción y abandono, no debe perderse de vista que el sistema educativo reprueba sobre todo en su resultado intelectual.

No basta con que los alumnos permanezcan en el sistema: hay que lograr que también aprendan. En este sentido, el fracaso escolar es todavía más dramático cuando se analiza la variable calidad.

¿Cuándo el sistema debatirá si apunta a la “excelencia” educativa? La provincia y el país no tendrán futuro sin una educación que estimule lo mejor y deje de nivelar para abajo.
Porque como ha dicho Juan Bautista Alberdi: “La riqueza no reside en el suelo ni en el clima. El territorio de la riqueza es el hombre mismo”.

Por un turismo que sea más inclusivo

Que los restaurantes entrerrianos instrumenten cartas en sistema braile y elaboren platos para celíacos, es una excelente iniciativa en favor de un turismo que apuesta a la inclusión.


La medida se inscribe dentro del Programa de Responsabilidad Social en Turismo, que impulsa el gobierno de la Provincia junto a entidades intermedias ligadas a la discapacidad.

Por otro lado, el programa pretende entrenar a los empleados de los centros de informes y a los conserjes y recepcionistas de hoteles en lenguaje de señas.

Según informó el subsecretario de Turismo provincial, Adrián Stur, un plan piloto se pondrá en marcha en Federación, con la idea de extenderlo luego al resto de las localidades.

A decir verdad, el menú en braile es un experimento del cual Gualeguaychú es pionera. En los restaurantes de la Capital del Carnaval ya existe desde hace más de un año este servicio para los no videntes.

El menú en braile local fue confeccionado por docentes de la Escuela Especial Nª2 “Francisco Rizutto” de nuestra ciudad. Trabajaron en él la profesora Alejandra Suilar y Eduardo Bassini, no vidente, auxiliar del servicio de ciegos y disminuidos visuales de esa escuela.

La carta especial cuenta con todos los platos de un menú común, sólo que sin especificaciones y sin precios. Allí el no vidente tiene la oportunidad de saber qué puede elegir y luego consultar al mozo sobre las variedades y precios.

Se trata de ahorrarle a la persona discapacitada, cada vez que quiere ir a comer afuera, la incomodidad de tener que recurrir a alguien para que le diga cuales son llas comidas que se ofrecen.

Esa incomodidad, en realidad, es un sufrimiento adicional para los no videntes. Imaginamos que ese sufrimiento se verifica también en aquellos celíacos que no encuentran platos aptos para ellos en los establecimientos gastronómicos.

Esto directamente los excluye de salir a comer afuera. ¿Pero es que los celíacos no tienen derecho a asistir a los restaurantes? ¿No pueden pedir un menú que se adapte a sus necesidades?

Extendamos la problemática de otras personas con discapacidad –como la imposibilidad de comunicarse con conserjes y recepcionistas de hoteles, porque éstos no dominan, por ejemplo, el lenguaje de señas– y se verá entonces todo el camino que debe recorrer el turismo para ser más inclusivo.

En una sociedad de derechos –como aspira a ser la argentina- es clave que la igualdad de oportunidades y la inclusión social se extienda a todas las personas. Y ello incluye a las que tienen capacidades diferentes.

Es decir, las barreras físicas, sociales y culturales que excluyen a este universo de personas, deben ser levantadas no como un gesto de benevolencia. Sino como una forma de poner en práctica derechos reales.

Por eso es muy importante generar una conciencia de responsabilidad social en torno a este tema en el área turística de Entre Ríos. Lo ideal sería que todos los agentes turísticos se sumen a la idea.

Nadie debe quedar afuera de este nuevo concepto cuyo propósito es colocar al turismo, como sector, en la avanzada del respeto por los derechos de las personas con capacidades diferentes.

Por otro lado, esta provincia tiene un presente y un futuro extraordinario en la llamada industria sin chimeneas. Que incorpore la temática de la discapacidad –sobre la base de la inclusión- le aportará un valor agregado trascendente.
Conciliar el negocio turístico –su rentabilidad- con el respeto de los derechos a los diferentes, es un paso adelante en orden a instalar la responsabilidad social en la economía.

El fantasma del retorno al 2001

El matrimonio presidencial predica que si no lo votan en junio el país volverá al fatídico año en que estalló la convertibilidad. Curiosamente –y acaso como una profecía autocumplida- ese pasado ya parece estar volviendo.


En efecto, este martes los medios de Misiones dieron cuenta de la vuelta del Club del Trueque de Eldorado, que no funcionaba desde el año 2001. Como se sabe el trueque es el intercambio sin mediar la intervención del dinero.

Practica económica antigua (pre-dineraria) con que la humanidad subvino a sus necesidades, los argentinos la actualizaron ocho años atrás ante la escasez de pesos (consecuencia de la fuga de dólares, en un sistema de caja de conversión).

Así, los clubes de trueque pulularon en todo el país, como expresión de la debacle de la economía. Fue una de las imágenes de la desesperación social que recorrió el mundo.

De hecho en Gualeguaychú esta economía popular y alternativa se extendió con fuerza. Pues bien, resulta que ahora los clubes están volviendo lentamente en algunos lugares del país como Misiones.

Eldorado es un barrio y la decisión de reflotar allí el Club del Trueque obedece a las grandes necesidades que se observan cada día en el lugar, según explicó una de sus organizadoras, Elida Wrübel.

“Estamos metidos en una crisis, no todavía como en el 2001, pero sabemos que van a venir momentos muy difíciles”, declaró la dirigente, que es también presidente de la Asociación Hortigranjeros de Eldorado.

Wrübel recordó que “el trueque, en el 2001 y en el 2002, fue el sostén de todos, y para este año ya hay muchísima gente asociada”.

Aunque reconoció que apelar a esta modalidad “no es bueno porque nos demuestra que estamos inmersos en una crisis”, aclaró sin embargo que “hay tanta gente mayor que no consigue trabajo o cierres de fuentes laborales”.

Paralelamente, y siguiendo con el fantasma del retorno al 2001, muchos analistas económicos no descartan que las provincias argentinas, ante el déficit instalado en sus cuentas, se vean obligadas a reeditar las cuasimonedas.

Los entrerrianos tenemos una amarga experiencia al respecto. El llamado “bono federal”, lanzado durante le gestión radical de Sergio Montiel, colocó a Entre Ríos al borde del abismo.

Salarios pulverizados y destrucción del patrimonio de empresas, fue el saldo terrorífico de una medida que socializó la quiebra del Estado entrerriano. La pregunta es: ¿ese Estado sigue quebrado? ¿Es posible, por tanto, que regrese la cuasimoneda?

Mientras tanto, hay otros fenómenos sociales que nos acercan al 2001. Uno de ellos, por ejemplo, es el incremento de la actividad de los que salen a trabajar por cuenta propia.

Los “entrepreneurs” –en inglés- son de dos clases. Están aquellos que, deseosos de progreso, se lanzan a la conquista de empresas creativas, y arriesgan porque visualizan una oportunidad.
Pero también están los motivados por la necesidad. Pues bien, una reciente encuesta que mide la actividad emprendedora global, revela que desde el 2007 vienen creciendo en la Argentina los “emprendimientos por necesidad”.

Ese año midió el 32,2% del total de emprendedores, cuando en el 2006 el porcentaje se había ubicado en el 26%. Resulta que en el 2008 siguió aumentando la tendencia de emprendedores por necesidad: llegó al 38,4%.

Se cree que hoy ese porcentaje es mayor porque la encuesta se realizó meses antes de que estallara la crisis global. El dato histórico es que los emprendedores por necesidad llegaron al 50% en 2002.
Ergo, en la Argentina del Eterno Retorno, anda sobrevolando el fantasma del pasado ominoso.

Continúa la fuga de dólares

Los particulares y las empresas huyen del peso y se refugian en la divisa norteamericana, en el marco una economía en recesión y un gobierno que espanta capitales. De enero a marzo de este año se fugaron del país 5.684 millones de dólares, admite el Banco Central.


Es una cifra que supera en 3.500 millones a la del mismo período del año pasado.

Estos dólares fueron guardados en el colchón o en cajas de seguridad o salieron al exterior. En concreto “no se tradujeron en inversiones y mayores gastos internos, posibilitando mayor empleo y producción”, según reconoce al analista económico Ismael Bermúdez.

¿Cómo se financió esta fuga? Parte con préstamos de organismos internacionales, según reconoce el mismo Central. En este sentido, no es casual que en los últimos meses se hayan explorado distintos mecanismos de endeudamiento, con el propósito de hacer ingresar dólares.

Así, el Banco Central, para disimular la caída de reservas, ha tomado préstamos del Banco de Basilea. A eso se suma el swap de monedas “contingentes” con el Banco Central chino y créditos de organismos internacionales (Banco Mundial y BID).

No sólo eso: como la economía argentina ya no produce tantos dólares como antes –cuando el campo era el motor exportador- y los ahorristas se refugian en esa moneda –ante la incertidumbre que genera este gobierno- se habla de la posibilidad de un retorno al FMI después de las elecciones.

El adelantamiento de los comicios para el 28 de junio, tendría así un alto componente económico, según coinciden los analistas: evita el costo político y social de un ajuste inexorable en plena contienda electoral.

Pedirle plata prestada otra vez al FMI, después de haber despotricado contra él todos estos años, no es políticamente correcto para el planeta progresista. Aunque fue este gobierno quien le pagó en dinero constante y sonante todas las acreencias.

En tanto, el mercado da por descontada una maxidevaluación para después de junio. El encarecimiento del dólar buscaría dos cosas: mejorar los números del comercio exterior y desalentar la compra de divisas.

Como sea, desde mediados de 2007, la Argentina viene fugando capitales en forma constante. Desde esa fecha la salida supera los 37.000 millones de dólares, casi la misma cifra que el Central dice tener de reservas.

El gobierno necesita detener esta sangría si es que quiere evitar una crisis profunda. Históricamente, la Argentina necesitó de devaluaciones para equilibrar su economía.

Como se sabe, la moneda de una nación debe tener un cierto nivel de respaldo real a través de sus reservas de oro y divisas extranjeras. En teoría, por tanto, si esas reservas caen, se contrae el circulante y se profundiza la recesión.

Esa lógica primó durante la convertibilidad. De ahí que en 2002, ante la fenomenal fuga de divisas, desaparecieron en forma proporcional los pesos en circulación. En contrapartida, las provincias debieron emitir cuasimonedas.

El gobierno podría evitar este escenario emitiendo pesos que excedan las reservas que se achican. Pero empapelar el país (creando moneda sin respaldo real) produce inflación y de esta manera se corre riesgo de una hiper, como ocurrió en los ‘80.

Por tanto, no es un buen síntoma que continúe la fuga de dólares. Sobre todo en un contexto donde el sistema no los provee en forma abundante, porque los ingresos del comercio exterior son menores o es inexistente la inversión extranjera.
Para suplir el faltante de ahorro, entonces, el país debe echar mano al endeudamiento. ¿Seguirá la Argentina pidiendo prestados los dólares que fugan sus propios ciudadanos?.

Neonatología es un motivo de orgullo

La sala de Terapia Intensiva Neonatal del Hospital Centenario es una de esas realidades que hablan del espíritu emprendedor y solidario de esta comunidad “madre de sus propias obras”.

El servicio acaba de incorporar un respirador de última generación, un dispositivo computarizado y al que llaman “inteligente”, gracias al aporte de Capullos, una de las ONGs que lo apuntalan.

El dato es que la sala es una de las mejor dotadas en la provincia y es reconocida a nivel nacional. Los chicos que ingresan a ella tienen una sobrevida media de un 98%.

Allí se tratan aproximadamente 300 bebés por año, provenientes de Gualeguaychú y ciudades aledañas. ¿Pero qué hace distinta a esta sala del resto del sistema de salud?

Probablemente la explicación haya que encontrarla en la simbiosis que existe entre el cuerpo profesional del servicio –médicos y enfermeras- y un grupo de organizaciones no gubernamentales, como Capullos, que suplen lo que el Hospital no puede dar.

Es una fórmula mixta de gestión que esta comunidad ha utilizado y utiliza con éxito en otros ámbitos, pero que en este caso resulta emblemática. Se trata de la confluencia de fuerzas –no importa el marco administrativo o institucional- para defender lo “público”.

La sala de Terapia Intensiva Neonatal local es un “enclave” –para decirlo de algún modo- que sobresale de un sistema público de salud con muchos déficits. Se diría que es un servicio de primera en un contexto de menor calidad.

Pero a la vez es “público”, es un servicio gratuito ofrecido a toda la comunidad. Y en este sentido cuestiona el estereotipo según el cual la “calidad” en salud está en el sector privado.

La sala, de última, es un modelo de gestión que se mantiene equidistante de la administración estatal propiamente dicha –que arrastra los males de la burocracia argentina- y del manejo privado, donde rige la lógica empresaria.

Evidentemente hay un grupo humano inspirado y esforzado que ha hecho de este servicio para los infantes uno de los mejores en su tipo. Y dentro de ese grupo, aportando la logística necesaria, destacan entidades intermedias.

No decimos nada nuevo al respecto: Gualeguaychú es una ciudad cuyo dinamismo reside en su sociedad civil. Esto la distingue de otras localidades –por ejemplo del resto de la provincia- que giran alrededor de la burocracia estatal.

Gualeguaychú tiene “capital social”, como han definido los sociólogos a la energía proveniente de la civilidad. Y la Terapia Intensiva Neonatal –con 12 años de vida- es ejemplo palmario de ello.

El doctor Francisco Duboscq, en diálogo con Radio Cero, ha puesto en primer plano el desempeño del grupo de enfermeras del Hospital, que ha hecho de este servicio el mejor.

En su opinión, son el “alma mater” de esta sala, que al parecer posee una mística especial. En todos estos años, las enfermeras de neonatología han debido capacitarse para hacer su tarea.

Desgraciadamente, estas profesionales de la salud no reciben la remuneración proporcional a su idoneidad técnica, demostrando una vez más el Estado su falta de talento para promover y retener a los mejores.

Duboscq ve aquí un factor limitante para el futuro de la sala. “Es el cuello de botella que vamos a tener en los próximos años”, declaró el pedir un reconocimiento dinerario para las enfermeras.

Por otro lado, el médico llamó la atención sobre el hecho de que Salud Pública no ha “reconocido” aún a la sala –por ejemplo no se han reconocido concursos médicos- pese a los 12 años de existencia.

Pese a todas estas dificultades, este servicio nos llena de orgullo.

 

Entre Clarín y el canal oficial

De un tiempo a esta parte el oficialismo viene cargando contra el grupo Clarín, al que acusa de manipular la información. ¿Pero acaso el canal oficial, que se financia con nuestros impuestos, es un ejemplo de pluralismo?.


Clarín pasó a ser un ominoso multimedios para este gobierno desde época reciente. Porque durante todo el gobierno de Néstor Kirchner los titulares de ese diario eran elogiosos.

Pero un día esa relación se rompió –al parecer porque no se pudieron acordar negocios- y entonces el multimedios pasó a ser el malo de la película.

La misma lógica que con el campo. Hubo alianza con el sector mientras la soja financió el modelo. Pero eso se acabó el día que el negocio ya no les cerraba a los productores.

Desde entonces estos últimos pasaron a ser la “derecha golpista”, y la soja un monocultivo que atenta contra el medio ambiente. A todos los díscolos, en tanto, les llegó su castigo.

Se diría que la Resolución 125 –por la cual el gobierno intentó someter fiscalmente a los revoltosos sojeros- responde a la misma lógica disciplinaria que exhibe el nuevo proyecto de Ley de Radiodifusión –por el cual se quiere debilitar a Clarín-.

No vamos a defender aquí los intereses de este multimedios, verdadero emporio de la información, que si existe es porque la clase política lo permitió y favoreció todos estos años.

Está bien que los sectores progresistas apoyen la cruzada por la “distribución equitativa de la palabra” –como se quiere presentar a la reforma del sistema de medios- pero no se los ve criticando la utilización del canal oficial, el 7, con fines proselitistas y sectarios.

No sólo eso: tampoco dicen nada sobre la discrecionalidad del poder de turno en el manejo de la pauta publicitaria oficial, ni sobre los aprietes a periodistas disidentes.

No se los escucha tampoco ante la compra de medios por amigos del poder. Al parecer, a los progresistas argentinos, tan enemigos de los monopolios privados, les gusta el modelo stalinista de comunicación.

¿Cuál es el modelo anti-Clarín? ¿Es el Canal Siete, convertido hoy en una agencia del Frente para la Victoria? Si algo queda claro de la gestión del canal “público” de televisión, en los 25 años que median entre la recuperación de la democracia en 1983, es su aprovechamiento partidario faccioso.

En la Argentina hay una confusión entre lo gubernamental, lo estatal y lo público. La subordinación de lo público, que por definición excede el interés del gobierno de turno, es un rasgo inalterable de la gestión de los medios estatales en el país.

La Radio del Estado (hoy Radio Nacional) y el Canal 7, han sido siempre instrumentos de propaganda del poder político. Pese a las consignas de ocasión, nunca cuajaron los controles públicos (organizaciones sociales, partidos o parlamento) en la gestión de esos medios.

En otras latitudes los medios públicos –que se financian con los impuestos de todos- tienen un sistema de gestión y control mucho más amplio que el propio Poder Ejecutivo.

Eso ocurre con la BBC en el Reino Unido, con las emisoras federales en Alemania, pero también con el canal estatal de la televisión de Chile. En los países “serios” se garantiza la pluralidad de voces en los medios públicos.

En la Argentina no alcanza con decir que el Estado es la salvaguarda de los derechos mayoritarios que no serían contemplados por los propietarios privados de medios.

Y esto porque en la realidad el gobierno utiliza instrumentalmente a los medios que gestiona el Estado. En suma: si es pernicioso que la información quede en manos de holdings privados, también lo es que quede en manos de un aparato político.

La provincia K ya no es modelo

Todo indica que Santa Cruz dejó de ser el Estado solvente del que se ufanó siempre el matrimonio presidencial. El dato es que hoy se financia con ingresos extraordinarios que le gira el poder central.


Aunque nunca fue un modelo provincial a imitar –toda vez que reproduce las características típicas de un feudo- el ascenso al poder de los Kirchner instaló la imagen de una Santa Cruz superavitaria.

Frente al Estado deficitario que estalló con la convertibilidad, allá por el 2001, el terruño patagónico desentonaba. Gracias a las regalías petroleras –canjeadas para la privatización noventista de YPF- Santa Cruz lucía holgada por entonces.

De hecho los Kirchner construyeron su imagen política alrededor de esta solvencia en un país quebrado. Santa Cruz logró preservar sus ahorros en el exterior –varios miles de millones de dólares- cuando en la Argentina de la Alianza se los incautaba a mansalva.

Mucho se ha venido especulando sobre los “fondos de Santa Cruz”, desde que Néstor Kirchner, siendo ya presidente, continuó demorando su repatriación. Y esto porque hasta hoy los K siguen gobernando la provincia con control remoto.

Un halo de misterio todavía envuelve a estos fondos, y a decir verdad lo que trasciende de Santa Cruz es muy poco, a causa del control feudal sobre las noticias. No obstante lo cual, hay indicios ciertos de que la Caja se evaporó.

La información indica que el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, admitió esta semana que la provincia “está en crisis” y agradeció la asistencia de la Nación para cubrir el déficit local, que arañará los 2 mil millones de pesos según su propio presupuesto.

Desde la Casa Rosada ordenaron enviarle a la provincia 507 millones de pesos en los últimos días, entre adelantos de coparticipación de impuestos y partidas de la ANSES para cubrir su caja jubilatoria.

La situación mereció un comentario de Sergio Acevedo, ex gobernador de Santa Cruz, y en el pasado un hombre muy cercano a los Kirchner. “Es incomprensible lo que sucede”, dijo.

En una nota de su autoría aparecida en el diario Crítica de la Argentina, días atrás, Acevedo consideró inexplicable que la provincia  haya tenido que “endeudarse en casi 2.000 millones de pesos dando en garantía sus regalías petroleras”.

Y comentó: “Además gastó sus ahorros –llamados fondos de Santa Cruz- en apenas un par de años. De los más de 500 millones, al año 2007, había liquidado 200 millones y su saldo está comprometido como garantía de cheques que vencen a mitad de este año  para pagar obras públicas ya construidas”.

Acevedo habló de “ausencia total de transparencia en la administración de los recursos provinciales”, al tiempo que atribuyó la caída de los ingresos públicos a incumplimientos de las concesionarias de gas y petróleo, en complicidad con la autoridad.

El ex gobernador reconoció que el gasto se disparó por un aumento importante de los salarios públicos y por el hecho de que hay “más de diez mil nuevos coprovincianos trabajando en el Estado”.

Mucho se ha hablado, en tanto, del negocio de la obra pública en Santa Cruz, a partir de los sobreprecios que cobran empresas contratistas amigas del poder. “Del aumento de los costos de la obra pública deberían ocuparse los jueces”, dice Acevedo.

Por otro lado, hay que resaltar que Santa Cruz, pese a contar con menor población y mayor ingreso per cápita del país, es la niña mimada de la obra pública nacional.

Ahora el problema es su insolvencia fiscal. Hay que pensar que la provincia K depende del empleo público. Con 220 mil habitantes, más de la mitad de esa población depende de una jubilación pública o de un empleo estatal para sobrevivir.

El valor del trabajo

El hombre se sigue preguntando por el significado del trabajo, cuyo día internacional recordamos este viernes. En principio suele estar asociado a una carga, a algo que hay que soportar para tener con qué vivir.


La Biblia dice que cuando el hombre pecó, Dios lo castigó diciendo: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Desde entonces, el trabajo va acompañado de la penalidad.

Sin embargo, esta fatiga no elimina el hecho de que el trabajo, entendido como toda actividad humana destinada a producir bienes o servicios, hace a la vocación humana de dominar el mundo.

Entre los seres de la naturaleza, sólo el hombre es capaz de trabajar (la actividad de los vegetales y plantas no es propiamente trabajo). Y en este sentido, se trata de una característica distintiva del hombre, como ser libre y responsable. 

Desde este ángulo, el hombre se realiza con el trabajo. Es una de las dimensiones en la que enriquece su personalidad. Es una vía de dignificación en la que, además de procurarse el sustento, presta un servicio a la sociedad en la que vive.

Los sistemas económicos de la modernidad han desfigurado en gran medida el valor del trabajo. El capitalismo primitivo, por ejemplo, explotó el trabajo en

favor de la clase burguesa.

Salarios de miseria, jornadas agotadoras, falta total de seguridad e higiene, utilización de niños y mujeres en trabajos pesados e insalubres, alta desocupación, fueron algunas de las lacras que trajo consigo la revolución industrial.

El marxismo, justificadamente, reaccionó contra esta “explotación del hombre por el hombre”. Y postuló el odio entre las clases contra el Capital. Pero el socialismo real trajo males mayores.

La colectivización de la economía entronizó al Estado explotador –en reemplazo del capitalista- abriendo una brecha ente una clase burocrática enriquecida y un pueblo condenada al trabajo forzoso.

Frente a estos dos modelos de abuso, una economía que se inspire en la dignidad humana debe conciliar los intereses legítimos del capital y del trabajo. Sobre la base de un modelo que aspire a crear riqueza pero que a la vez reparta.

Pero hay un principio filosófico que debe regir toda economía. El hombre es el único fin del proceso económico. Es decir, nada justifica en la producción de bienes la explotación del hombre, tanto de parte de los capitalistas como del Estado.

En este sentido, resulta hoy intolerable todo orden injusto e inhumano organizado con daño para los trabajadores. Como resultado de un modelo económico que se asienta en la apropiación obscena de la riqueza por parte de una minoría.

Dicho esto, conviene a la vez resaltar el hecho de que el trabajo, aunque importante en la vida, no es todo para el hombre. El economicismo dominante –del que participan las ideologías supuestamente antagónicas del capitalismo y el comunismo- nos ha hecho creer que hemos venido al mundo a trabajar.

Pero esta concepción del “homo faber” (el hombre que hace o fabrica) amputa, desfigura la condición humana. Porque nunca el trabajo puede ser un fin en sí mismo.

Además, ¿no es funcional esta mentalidad que exalta el trabajo al círculo de la adquisición y del consumo desenfrenado de bienes? ¿Y a quién le interesa el consumismo radical sino a los intereses de un sistema económico que, otra vez, se auto-erige en fin de la humanidad?
El mundo totalitario del trabajo nos ha hecho perder de vista que el hombre es más que la praxis. Se oculta que el mundo no está ahí sólo para transformarlo sino para contemplarlo. Que hay un sentido de la existencia a descubrir. Que hay una vocación humana a la trascendencia.

¿Aprenden a pensar?

Haber pasado por la primaria o la secundaria no garantiza, al menos en la Argentina, haber adquirido el hábito del pensamiento. Algo que eclosiona luego en la universidad.


El diagnóstico unánime entre los expertos es que buena parte de los alumnos tiene dificultades para razonar. Con lo cual el pasaje por el sistema educativo formal no ha supuesto en ellos la adquisición de lo esencial.

“El problema es que los estudiantes no saben razonar, y eso sucede tanto en lengua como en matemáticas”, refiere Julia Seveso, que dio clases de matemáticas durante 50 años.

En diálogo con Crítica de la Argentina añadió: “Si los estudiantes precisan hacer una división, por ejemplo, no sólo no pueden hacerla mentalmente, tampoco si toman lápiz y papel es posible que la resuelven porque no aprendieron el mecanismo”.

“Las pruebas que se toman, tanto nacionales como locales, señalan que el principal problema de los chicos es que pueden resolver las cuentas, pero no solucionar problemas porque no entienden la lógica de esas cuentas”, asegura por su lado Silvina Gvirt, directora de Educación de la Universidad de San Andrés.

Es decir, aquí la repetición memorística reemplaza el acto de pensar, que básicamente es relación y comprensión. “La verdad es que no pueden pensar y esto es gravísimo: en lengua pasa lo mismo, los chicos decodifican pero no comprenden lo que leen”, advirtió Gvirt.

Es común, en este sentido, que jóvenes recién egresados de la secundaria se sientan abrumados cuando en la universidad le dan textos para estudiar. No sólo no tienen el hábito de la lectura. Muchos de ellos deletrean penosamente y no comprenden el sentido de las palabras.

Se supone que a los 18 años un alumno tiene habilidades lectoras básicas. Pero no: un gran número tiene serias deficiencias para decodificar una cuantas líneas, no importa su contenido.

No tienen siquiera la experiencia de alguna lectura provechosa, porque pese a haber estado varios años en el sistema educativo algunos ni siquiera recuerdan haber leído un libro completo.

La lectura es un hábito que se adquiere durante la infancia y la adolescencia. Y a decir verdad, a la vista de los resultados, ni la primaria ni la secundaria argentinas lo crean (un esfuerzo que de última descansa en la familia).

Leer un libro requiere esfuerzo intelectual. Es una tarea formativa por excelencia porque nos hace reflexivos y racionales, y nos enseña a escribir y a hablar. Se entiende, entonces, el porqué de la pobreza lingüística de tantos jóvenes.

La pregunta, a esta altura, parece obvia: si la escuela no enseña a pensar, ¿para qué sirve? Últimamente, se habla de su importancia como lugar de “contención” de los chicos y adolescentes, en una sociedad en crisis.

¿Cuál es el fin del sistema educativo, entonces? ¿En qué medida su función primaria pedagógica ha sido reemplazada por otro rol de carácter social, más ligado a “guardar” los alumnos?

En tanto, el sistema hoy sufre los embates de la informática. El acceso a la última información y la conexión con el mundo, ha instalado la idea, dentro de los muros del colegio, de que lo importante es estar “actualizado”.

Mientras no se explora lo que está en los libros, la Internet se presenta como la gran proveedora de información. Pero aprender a pensar no es una cuestión de cantidad y novedad de datos.
La clave siempre ha sido en cómo el pensamiento le da sentido y significado a todo eso. El problema no es la falta de datos: lo que falta en el aula son las operaciones básicas para razonar el mundo.

Hay que producir energía renovable

Pocos países como la Argentina están en condiciones de optar por energía alternativa, que es renovable y no contaminante. Sin embargo, el 90% de su matriz energética depende de los hidrocarburos.


El mundo desarrollado viene haciendo adelantos para superar el modelo de los combustibles fósiles –carbón, petróleo y gas-. En su lugar emplea la fuerza de los vientos, el sol y las mareas.

España, por ejemplo, es uno de los líderes mundiales en la generación de energía eólica y solar. En tanto que el presidente Barack Obama pretende que Estados Unidos dependa menos del petróleo.

Mientras esto sucede, Argentina ha acentuado su dependencia con el petróleo y el gas, mientras es poseedora de un enorme recurso energético sin explotar, sobre todo en materia eólica y solar.

Encima de males el país depende de aquello que cada vez tiene menos. En efecto, la producción de petróleo cae sin pausa desde 1998 y hoy está 25% por debajo del registro de ese año.

Además, la producción de gas, que significa el 52% de la ecuación energética, entró en declive a partir de 2004. Proporcionalmente, pocos países dependen del gas como la Argentina.

En los últimos quince años no se han descubierto yacimientos de hidrocarburos de porte. Y mientras las reservas vienen en pendiente, se gastan ingentes recursos para importar combustible desde Bolivia y Venezuela.

En Argentina se favorece la economía del petróleo. Hay muchos intereses alrededor de este negocio que desde hace mucho tiempo tiene injerencia en la vida del Estado y la política.

Se comprende, entonces, por qué razón no se toman decisiones para poner el inmenso potencial de la energía renovable al servicio de la gente y del medio ambiente.

Pese a no contaminar y estar al tope de la agenda mundial, aquí esta en energía sólo representa el 0,12% de la potencia instalada. Según los expertos, la región patagónica presenta condiciones ideales para la producción de energía eólica.

Lo demuestran las instalaciones de los molinos generadores en Santa Cruz, Chubut, Neuquén, La Pampa y el sur de la provincia de Buenos Aires.

La energía solar, en tanto, tiene hoy una aplicación muy relativa, restringida a zonas rurales alejadas de los tendidos de redes de distribución pública. Es utilizada como fuente de calefacción de viviendas individuales, para el calentamiento de agua y electrificación de pequeños establecimientos, como escuelas.

 La oficina local de Greenpeace también instaló paneles fotovoltaicos en sus techos para aprovechar la energía solar. “Es limpia, renovable y tan abundante que la cantidad que recibe la Tierra en 30 minutos equivale a toda la electricidad consumida en el mundo durante un año”, explica la organización.
Hace tres años se anunció el Plan Estratégico Nacional de Energía Eólica, pero los resultados hasta ahora han sido mediocres. Falta planificación y no existe la infraestructura suficiente para conectar estas fuentes con el sistema eléctrico.

“Estamos retrasados, pero la Argentina tiene una proyección importante. Llegaron a existir más de 500 mil molinos en el país, no para generación eléctrica sino para riego y bebida del ganado, pero esa tradición se perdió”, explica Hilda Dubrovsky, especialista de la Fundación Bariloche.

La Argentina es un país donde abundan los recursos naturales pero cuya explotación es irracional. Pudiendo aprovechar el enorme potencial que tiene de energía renovable –que es el futuro y mejora el medio ambiente- insiste con los hidrocarburos, que contaminan, son caros y un día se acabarán.