La Caja y una opción indeseada

Utilizar los recursos de la Caja de Jubilaciones Municipales para pagar un aumento de haberes, si bien ayuda a aplacar un rudo conflicto laboral, no es algo en sí mismo meritorio.


La administración Bahillo ha encontrado por esta vía la manera de superar una huelga que paralizó a la municipalidad por varios días, y puso en vilo a la comunidad.

Sólo desde ese contexto se entiende que el Concejo Deliberante haya acompañado por unanimidad la iniciativa oficial de girar menos dinero a la Caja, en concepto de aportes patronales, para que el gobierno pueda hacer “caja” frente a la urgencia salarial.  

Es que todo los actores involucrados en la medida –incluido el directorio de la Caja- percibieron que lo que estaba en juego era un bien superior. Porque el conflicto salarial había pasado de castaño a oscuro y en un punto ponía en peligro la paz social.

Echar mano a los recursos del sistema previsional apareció, así, como un mal menor frente a riesgos mayores. De repente, acorralada por la situación, la autoridad debió dar este paso.

La reducción temporaria (por 18 meses) de 7 puntos sobre los aportes patronales, equivalentes a 210.000 pesos mensuales, le dan un respiro financiero a una administración que debe honrar una suba salarial del 12%, acordado en su momento con el Sindicato Municipal.

Lo notable del acuerdo alcanzado con la Caja, es que no ha habido voces disidentes entre los activos y los pasivos municipales. Ya que, de última, la plata para solucionar el conflicto de algún modo les pertenece.

Quizá tranquilice el hecho de que la medida, aunque le resta fondos al sistema previsional, no lo desfinancia, garantizándole un flujo dinerario suficiente para cubrir sus gastos globales.

Como sea, quisiéramos recordar un concepto que expusiéramos en esta misma columna cuando se conoció la iniciativa de recurrir al sistema previsional para solventar la suba salarial.

“Se trata de una operación delicada que pone al desnudo la fragilidad fiscal del municipio”. Eso dijimos para dar a entender que la medida en cuestión apenas disimula la realidad de un Estado que gasta más de lo que recauda.

El dato es que sin este dinero extra la administración local no puede pagar a su personal. Esto habla de una insolvencia estructural del fisco, que en realidad es algo característico a todas los municipios, el grueso de cuyos presupuestos se destina al pago de personal.

Por otro lado, se está utilizando un ahorro estatal –que hoy se emplea para dar préstamos a los propios municipales, con los cuales mejoran su calidad de vida- para afrontar gastos corrientes.

¿No plantea este cuadro la necesidad de replantear el reparto de impuestos en la Argentina –hoy de fuerte sesgo unitario- con vistas a darle sustentabilidad financiera a las comunas?. ¿No es momento de discutir, en suma, el federalismo fiscal?

En este sentido, la Caja le ha pedido al intendente municipal que reclame ante la Provincia recursos debidos al sistema local. La cosa se remonta a cuando se traspasaron las cajas previsionales deficitarias a la Nación.

Para cubrir ese déficit la Nación le descontaba a todas las jurisdicciones provinciales un porcentual como “pre-coparticipación”. Entre Ríos debió sufrir el descuento pese a no transferir su sistema jubilatorio, y por tanto no generar déficit.
Finalmente, logró que la compensaran por esta asimetría. Ahora por una razón de justicia, debería a su vez la Provincia compensar a las Municipalidades –como la nuestra- que por mantener sus cajas previsionales no le generan déficit.

Insólito: el país importaría carne

El país agropecuario por antonomasia –el mítico granero del mundo- dejó de ser el que fue. No sólo caen sus cosechas. Resulta que en 2010, en un inédito episodio histórico, podría verse obligado a importar carne.


¿Es posible que justo en el año en que se celebran los doscientos años de vida independiente, la Argentina de las vacas, la tradicional exportadora de carne, tenga que salir afuera para aprovisionarse de ese bien para abastecer su mercado interno?

A decir verdad, hace tiempo que los productores de ganado vienen advirtiendo que las erráticas y desfavorables políticas hacia el sector podrían llevar a este increíble cuadro.

La guerra gaucha –un enfrentamiento también insólito y absurdo entre el gobierno K y los productores agropecuarios- enturbió esta advertencia, que quedó teñida de parcialidad en pleno conflicto.

Pero ahora es un informe reservado que circula en el propio gobierno quien da crédito a esta posibilidad, según refiere Matías Longoni, en la edición ayer del diario Clarín.

El escrito fue elaborado por la Dirección de Mercados Agroalimentarios y ya está en manos del secretario de Agricultura Carlos Cheppi. Allí se dice que el stock ganadero, que viene en picada, ya no alcanza para abastecer el consumo argentino.

Según el informe de marras, en 2010 sería necesario comprar unas 1.000 toneladas en el extranjero, para atender la demanda de los argentinos, que siguen consumiendo unos 68 kilos anuales por habitante, el más elevado en el planeta.

El gobierno ha venido negando sistemáticamente que esto pueda pasar. Y acaso salga en las próximas horas a desestimar la existencia de este trabajo, que obviamente se filtró a la prensa.

Para las entidades rurales, en cambio, una posible importación de carne para abastecer el mercado local, así como la desaparición definitiva de saldos exportables, entraba dentro de los cálculos.

Desde hace tiempo han venido culpando a la política oficial, que ha consistido en estos años en “pisar” los precios internos y limitar las exportaciones, en un contexto en que se cebó el consumo interno.

El resultado ha sido el desaliento de la explotación vacuna. No sólo ha venido declinando la producción sino que la faena ha pasado a incrementarse a mayores tasas que dicha producción.

La faena de hembras llegó a niveles notables, lo que técnicamente se conoce como “liquidación de vientres”. En otras palabras, eso significa que los ganaderos han estado vendiendo sus “fábricas de terneros” para reducir su negocio o, directamente, abandonar la actividad.

Toda la cadena de ganado y carnes viene barajando números en rojo. La situación se ha vuelto insostenible con el agregado de la feroz sequía, que comparada con las políticas oficiales ha sido igual de devastadora, ya que por su causa subió la mortandad y el remate forzado de animales.

El informe de la Dirección de Mercados Agroalimentarios, que ha trascendido a la prensa, asegura que el stock ganadero actual, de 55,3 millones de animales, podría retroceder en 2010 hasta 47,9 millones de cabezas, y que por lo tanto la producción de carne también caería drásticamente.

De todos modos, cuesta imaginar que la Argentina, nada menos, pueda llegar a la instancia de tener que importar carne para abastecer su mercado interno. Y que ello ocurra, increíblemente, en el año del bicentenario del país de las vacas.
Por lo pronto, lejos estamos de la Argentina que llegó a ser el primer exportador mundial hace cinco décadas. Si la tendencia, en suma, es que hay menos vacas, habrá que hacer que se produzca más, al menos para no depender de las compras externas.

La vigencia del nepotismo criollo

En la Argentina no es nuevo esto de acomodar parientes y amigos en el poder. El armado de listas con este sesgo, con vistas a las elecciones legislativas del 28 de junio, confirma que perdura entre nosotros la cultura pre-republicana.


El dato es que en lugar de las internas partidarias, del ejercicio efectivo de la democracia para elegir a los candidatos de las distintas fuerzas políticas, ha predominado la llamada “dedocracia”, la voluntad arbitraria de los grandes electores.

Es por aquí por donde se han colado los familiares y amigos en las listas, en un contexto donde el gobierno de turno, despreciando elementales reglas institucionales, promovió propuestas virtuales bajo la forma de candidatos testimoniales.

Ya se sabe: en la Argentina reina el vale todo, y así nos va. Lo dramático es que ya nada nos sorprende. No nos causa indignación que la clase política recurra a la “portación de apellido” para promover esposa/s, hermanos/as y demás lazos.

Así, amigos y familiares caracterizan las listas presentadas por las principales fuerzas, en la disputa por las elecciones de junio. La ciencia política ha calificado esta práctica antiquísima como “nepotismo”.

El término remite al vocablo “nepote”, con el cual se designaba, en el Renacimiento, a los parientes y allegados del Papa, quienes eran introducidos en su círculo íntimo y gozaban de sus favores.

De esa costumbre de los papas renacentistas surge el concepto nepotismo. Es decir, estamos en presencia de una práctica corrupta propia de regímenes feudales o dictatoriales, en donde no existe ninguna forma de control característico de las democracias republicanas.

Sin embargo, algunos cientistas prefieren hacer algunas distinciones al respecto. Para configurar el nepotismo, aseguran, es necesario que concurran otros factores además de la proximidad o parentesco con el político que los designó para un cargo.

La calidad de designable, es decir, el mérito o la capacidad de quienes son nombrados, constituyen un elemento fundamental para desvalorizar la acusación de nepotismo.

Al respecto, se piensa que no sería lógico concebir que un gobernante se inhiba de designar a un pariente o allegado para un cargo determinado por temor de ser acusado de nepotismo

Y esto si se tiene suficientemente probado que la honestidad e idoneidad de la persona en cuestión, puede enaltecer la función que ejercerá y prestar un servicio muy satisfactorio a la comunidad.

Por tanto, sólo habría nepotismo cuando quien detenta el poder político se sirve de él para designar en una función pública o privada a un pariente o amigo sin tener en cuenta sus capacidades y cualidades. Y con el solo objetivo de colocarlo en una posición privilegiada.

Dicho esto, cabe preguntarse: ¿los parientes y amigos de la clase política que llenan las listas de candidatos a legisladores, para la próxima elección de junio, están allí por merecimientos personales? ¿Fueron promovidos por idoneidad?

A decir verdad, estos nombramientos parecen estar más bien asociados a la rosca y a la disputa comiteril, o a razones de estricta conveniencia personal. En un contexto en el cual la dirigencia busca su supervivencia.

¿Cómo es que se llegó a este festival “dedocrático”? ¿Dónde quedaron los proyectos de reforma del sistema político tras el hundimiento del 2002? ¿Cuál fue el avance institucional que experimentó el país en este campo desde entonces?

Pensándolo bien, todos estos experimentos políticos revelan una vez más la democracia de baja intensidad que tenemos, la cultura pre-republicana en la que nos movemos, y nuestro desprecio consuetudinario por la ley.

La nueva conexión física con Santa Fe

A 40 años de la inauguración del Túnel subfluvial, se ha instalado la necesidad de evitar su colapso, mediante la construcción de un nuevo viaducto que una Paraná con Santa Fe.

La cuestión se planteó con ocasión de la visita de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner el jueves pasado a la capital entrerriana. En la oportunidad el gobernador Sergio Urribarri pidió “ayuda financiera” para el emprendimiento.

La provincia se ha comprometido a presentar los estudios de factibilidad de obra antes de fin de año. El nuevo enlace sobre el río Paraná tendría un costo económico de entre 600 y 1.000 millones de pesos.

A decir verdad, la idea de un puente que una las costas entrerrianas y santafesinas data de muchos más años que el propio Túnel. Ya el senador Maciá en 1911 ante el Congreso de la Nación había planteado la necesidad de unir ambas orillas.

La lógica indicaba la construcción de un puente, pero un obstáculo lo impedía: dado que el espejo de agua de los ríos pertenece al Estado Nacional, sin su autorización no se podía desarrollar ninguna obra en ese espacio.

Aunque la Nación mandó a hacer estudio de factibilidad de un puente, sin embargo nunca mostró voluntad real de concretarlo. Siempre se sospechó que los intereses porteños, que temían que la producción entrerriana se desviara hacia el interior del país, hizo lobby para frustrar un puente entre Paraná y Santa Fe.

Santafesinos y entrerrianos, finalmente, se cansaron de esperar. Decidieron cortarse solos y emprender la construcción de una unión física no convencional: ya que no se podía hacer nada sobre el río Paraná, había que hacerlo por debajo.

Así nació la audaz idea de construir un túnel subfluvial, contra la voluntad del gobierno central. En junio de 1960 los gobernadores de Entre Ríos, Raúl Uranga, y de Santa Fe, Carlos Silvestre Begnis, firmaron un Tratado Interprovincial con ese objeto.

Este tipo de tratados no tenía antecedentes entonces. Correspondió al doctor Jorge Ferreira Bertozzi realizar el estudio jurídico y fundamentar el derecho de las provincias para celebrar este tipo de acuerdos.

El túnel surgió sobre la base de esta convicción: si es cierto que el espejo de las aguas del río pertenece a la Nación, eso no ocurre con la zona ubicada por debajo de los lechos, que es jurisdicción provincial y puede ser administrada por las mismas.

Esta monumental obra de ingeniería, que representó la primera por su naturaleza en América del Sur y fue la primera vía de unión física de Entre Ríos con la región, fue inaugurada el 13 de diciembre de 1969.

Vía de comunicación clave para el despegue del desarrollo regional, y a 40 años de su puesta en marcha, el Túnel muestra hoy signos de agotamiento. Ya en los ‘90, la saturación del tránsito y los daños sobre su estructura ocasionadas por las crecientes de esos años, prendieron luces de alarma.

En un momento se creyó que la apertura del punte Rosario-Victoria, allá por 2003 –la última gran obra de enlace vial interprovincial- descongestionaría el túnel subfluvial.

Pero no: el parque automotor no ha parado de aumentar, en un contexto de crecimiento económico y demográfico regional. La circulación por el Túnel llega a casi 10.000 vehículos diarios.

Como sea, todo parece indicar que se necesita un puente que una Paraná con Santa Fe. Según trascendió por la prensa capitalina, la nueva conexión estaría destinada básicamente al transporte pesado.

De esta manera, su objetivo sería complementarse con el túnel, que se utilizaría en el futuro para los vehículos livianos, despejándose así los peligros ligados a la saturación de tránsito.

 

 

 

El país que oculta el Indec

Desde que fue intervenido a principios de 2007, el organismo estadístico oficial ha venido cumpliendo un fin propagandístico: ocultar la situación de aquellos que han quedado relegados frente a la inflación.


El Indec, así, ha devenido en un instrumento de operación retórica del poder político. “Si hay pobres, que no se noten”, parece ser el cometido del ente manejado por Guillermo Moreno.

Se trata de un flanco sensible de la construcción discursiva del kirchnerismo, que ha hecho de la “distribución de la riqueza” su bandera. Nunca se repartió tanto como ahora, dice el oficialismo.

Sin embargo, salvo el Indec, todos los analistas sociales admiten que desde hace dos años crece la pobreza y que la concentración de la riqueza se ha profundizado.

Por lo pronto, el Indec oculta la existencia de entre 4 y 5 millones de pobres en la Argentina. ¿Cómo es esto? Pues, mientras el organismo oficial asegura que la pobreza alcanza el 17,8% de la población, los encuestadores la sitúan bastante más arriba.

Para Artemio López, el encuestador favorito de Kirchner, la pobreza se ubicaría en el 28%, con lo cual habría 11,2 millones de pobres. En tanto que para Ernesto Kritz, director de la Sociedad de Estudios Laborales, está en el 32%.

El periodista Maximiliano Montenegro, del diario Crítica de la Argentina, en un interesante artículo sobre el patrón distributivo de la era K, habla de otra “apuesta fallida al derrame”.

Se ha vuelto a desmentir, según dice, la teoría del goteo según la cual el puro crecimiento resolvería el drama de la pobreza y la desigualdad. El modelo K produjo una drástica caída de la desocupación desde 2002.

Eso redujo durante cuatro años los índices de pobreza frente a los picos poscrisis. Pero desde el segundo trimestre de 2007 –estando ya intervenido el Indec- la inflación ha venido licuando el poder de compra de las clases populares.

Desde entonces el modelo K produce pobres. Así, “la creación de empleo no bastó para perforar los pisos de miseria y desigualdad cimentados en la década de los ‘90”, explica Montenegro.

Paralelamente se amplió la brecha entre ricos y pobres a niveles morbosos. La distancia entre el 20% más rico y el 20% más pobres hoy es de 14,5 veces, cuando en el peor momento del menemismo, en 1998, la brecha de ingresos fue de 13,5 veces.

Ergo: hoy la desigualdad es mayor que en los ‘90. El kirchnerismo, así, “no revirtió la tendencia a la concentración de la riqueza que se experimenta desde mediados de la década del ‘70. Incluso la profundizó”, sentencia Montenegro.

A propósito, la brecha de ingresos entre el 20% más rico y el 20% más pobre era sólo de 7 veces en 1974. Hoy, por ende, esta distancia se ha duplicado.

Se podría decir, entonces, que en la Argentina todo tiempo pasado fue mejor, dado el franco declive en el que está metida, producto de lo cual se ha configurado una sociedad dual.

Mientras el Indec pinta un país virtual, acorde con el “relato” del poder, según el cual nunca se repartió tanto y tan bien, la revista de humor Barcelona tituló hace poco: “La distribución ya se hizo. Lamentablemente no alcanzó para los pobres”.

El gobierno nunca blanqueará los números del Indec. Eso sería reconocer que al menos desde hace dos años hay cada vez más pobres. Y que no se verifica aquello de la “movilidad social ascendente”, de la que habla la presidenta.
Pero como no “existen los hechos, sino sólo interpretaciones”, según la máxima del poder, lo importante es lo que el público “crea” sobre lo que pasa. A cuyo objetivo retórico el Indec presta un servicio estratégico.

La guerra gaucha y el test electoral

Desde que Martín Lousteau emitió la Resolución 125 sobre retenciones móviles, allá por marzo de 2008, y produjo una revuelta campera inusitada en la Argentina, la relación campo-gobierno quedó herida de muerte.


El conflicto ha impulsado el enfrentamiento a niveles ideológicos y políticos profundos de difícil retorno. A tal punto que los sectores en pugna se consideran enemigos irreconciliables.

No sólo eso: la disputa ha polarizado a la sociedad argentina. Una fractura sociológica se introdujo en el seno de la comunicad nacional a caballo de una discusión que comenzó siendo por plata.

Para algunos analistas, en tanto, cambió radicalmente el mapa político de la Argentina. Y esto desde el momento en que el campo, según esta lectura, habría propinado una derrota estratégica al proyecto hegemónico del kirchnerismo.

Para la concepción binaria del mundo del oficialismo detrás de De Angeli y los suyos hubo y hay un complot destituyente de la derecha. Esta lectura tiene el mérito de reagrupar a la tropa progresista.

La izquierda necesita de la derecha para justificarse (y viceversa). En el fondo una secularización, una monstruosa traslación al mundo político y de los hombres, de la lucha teológica entre el bien y el mal.

Desde esta matriz se comprende el mesianismo militante de los K, que han convertido una elección legislativa de medio mandato en una disyuntiva metafísica para el país.

La llamada guerra gaucha –la disputa entre el gobierno y el campo- es el corazón de esta elección. Cuando el ultra-kirchnherista Luis D’Elía asegura que hay que impedir que la derecha coloque a Julio Cobos en el poder, da una clave.

El vicepresidente fue justamente quien con su célebre “voto no positivo” bajó en el Congreso de la Nación la malhadada Resolución 125. Y consecuentemente asestó una dura derrota política al oficialismo.

Desde entonces las elecciones de junio se han convertido en la continuación de la guerra gaucha por otros medios. A decir verdad, así se vive también el proceso electoral en el campo.

En efecto, la dirigencia rural ha optado por impulsar el conflicto abierto y por asociarse activa e institucionalmente a proyectos políticos opositores a la actual gestión gubernamental.

La disputa ha fortalecido entre los productores una fuerte autoconciencia de su autonomía social. Y ha acentuado entre ellos una tendencia histórica a ver al Estado como un puro recaudador de impuestos.

Pero un recaudador que devuelve servicios de mala calidad y no contribuye a mejorar los aspectos complementarios de “tranqueras afuera” como caminos, ferrocarriles y otros servicios que fortalezcan la actividad agropecuaria y mejoren la calidad de vida de los pueblos del interior.

En este contexto axiológico los impuestos irritan, particularmente aquellos como los derechos de exportación, que actúan como un sistema automático de descuento  en los precios que reciben los productores.

Todo ocurre en el marco de malas cosechas y los menores precios agrícolas. Se entiende entonces por qué el campo ve también el próximo test electoral como una oportunidad para dirimir a su favor la puja con el gobierno.

Un cambio en la correlación de fuerzas en el Congreso Nacional –cuyas bancas se ponen en juego en junio- permitiría al sector instalar su agenda con fuerza en la Argentina que se viene.
Pero la historia aún no está escrita. ¿Qué pasa si el kirchnerismo vence en las urnas? ¿Qué pasa si logra mantener su hegemonía parlamentaria tras las elecciones? Si eso ocurre, ¿el país asistirá a una reedición de la guerra gaucha?.

Entre Ríos ante el fracaso escolar

La cantidad de estudiantes que repiten y terminan desertando del sistema educativo entrerriano desnuda una realidad inquietante, según reconoce el Consejo General de Educación de la provincia (CGE).


El organismo ha hecho trascender un análisis estadístico propio que muestra cómo evolucionó el fracaso escolar en la provincia entre 1999 y 2006. De ese estudio se desprenden altos índices de repitencia y abandono.

En términos globales, los repitentes involucran a 24.879 chicos. Así, todos los años no promueven 12.000 chicos que asisten a la primaria, 9.500 que concurren a la intermedia, y 2.450 del secundario.

Como se ve, la tasa más alta de repitencia se registra en el nivel EGB 3 (que abarca desde séptimo a noveno año), con un porcentual que se sitúa en el 14,12% del total.

Sin embargo, la situación más preocupante se da en la escuela secundaria (hoy Polimodal) donde al 6,09% de repitencia se suma la tasa de abandono, que llega al 15%.

En 2006, el Consejo de Educación registró un total de 40.200 alumnos matriculados en el nivel medio y Polimodal. Pero se trata de una cifra inferior al ingreso que se verificó desde 1999 a 2003.

Según  los datos, desde 2004 la matrícula empezó a caer, siendo más notorio el descenso en 2005. Este fenómeno, a su vez, corre paralelo con el incremento de la repitencia.

Pero hay un dato más grave: la tasa de abandono en el nivel Polimodal, entre 1999/2000 y 2002/2003, prácticamente es el doble: de 7,27% se va a 15,32%, según datos del CGE.

De todos modos, no se trata de una realidad homogénea en el territorio provincial. En efecto, el informe de Educación destaca que en la provincia “hay departamentos recurrentes al momento de referirse a los aspectos indeseados en la educación”.

Y entre éstos ubica a Feliciano, Islas del Ibicuy y La Paz, San Salvador y Gualeguay.

En cuanto a la denominada escuela intermedia, la EGB 3, también se observa un repunte de la matrícula entre 1999 y 2001, para luego mantenerse. Pero paralelamente a ese incremento, se produce un alza en los niveles de fracaso.

Entre 2005 y 2006, la tasa de repitencia en este nivel presenta el valor más alto, del 14,1%. No obstante, según el informe, en algunos departamentos, como el caso de Gualeguaychú, se verifican porcentajes menores al 10%.

En tanto, en lo que hoy se conoce como EGB 1 y 2, y que abarca desde primero a sexto grados de la primaria, sobre una matrícula compuesta por 157.943 alumnos, los repitentes sumaron 12.704 en 2006.

Vale agregar que en base a estos datos, el Consejo General de Educación, encabezado por su presidenta Graciela Bar, ha iniciado una serie de mesas redondas con el propósito de debatir este tópico.

Es que los datos estadísticos de estos últimos años generan una gran preocupación entre las autoridades y en algunos sectores de la sociedad entrerriana.

Ahora bien, más allá de la importancia de socializar y discutir esta estadística sobre deserción y abandono, no debe perderse de vista que el sistema educativo reprueba sobre todo en su resultado intelectual.

No basta con que los alumnos permanezcan en el sistema: hay que lograr que también aprendan. En este sentido, el fracaso escolar es todavía más dramático cuando se analiza la variable calidad.

¿Cuándo el sistema debatirá si apunta a la “excelencia” educativa? La provincia y el país no tendrán futuro sin una educación que estimule lo mejor y deje de nivelar para abajo.
Porque como ha dicho Juan Bautista Alberdi: “La riqueza no reside en el suelo ni en el clima. El territorio de la riqueza es el hombre mismo”.

Por un turismo que sea más inclusivo

Que los restaurantes entrerrianos instrumenten cartas en sistema braile y elaboren platos para celíacos, es una excelente iniciativa en favor de un turismo que apuesta a la inclusión.


La medida se inscribe dentro del Programa de Responsabilidad Social en Turismo, que impulsa el gobierno de la Provincia junto a entidades intermedias ligadas a la discapacidad.

Por otro lado, el programa pretende entrenar a los empleados de los centros de informes y a los conserjes y recepcionistas de hoteles en lenguaje de señas.

Según informó el subsecretario de Turismo provincial, Adrián Stur, un plan piloto se pondrá en marcha en Federación, con la idea de extenderlo luego al resto de las localidades.

A decir verdad, el menú en braile es un experimento del cual Gualeguaychú es pionera. En los restaurantes de la Capital del Carnaval ya existe desde hace más de un año este servicio para los no videntes.

El menú en braile local fue confeccionado por docentes de la Escuela Especial Nª2 “Francisco Rizutto” de nuestra ciudad. Trabajaron en él la profesora Alejandra Suilar y Eduardo Bassini, no vidente, auxiliar del servicio de ciegos y disminuidos visuales de esa escuela.

La carta especial cuenta con todos los platos de un menú común, sólo que sin especificaciones y sin precios. Allí el no vidente tiene la oportunidad de saber qué puede elegir y luego consultar al mozo sobre las variedades y precios.

Se trata de ahorrarle a la persona discapacitada, cada vez que quiere ir a comer afuera, la incomodidad de tener que recurrir a alguien para que le diga cuales son llas comidas que se ofrecen.

Esa incomodidad, en realidad, es un sufrimiento adicional para los no videntes. Imaginamos que ese sufrimiento se verifica también en aquellos celíacos que no encuentran platos aptos para ellos en los establecimientos gastronómicos.

Esto directamente los excluye de salir a comer afuera. ¿Pero es que los celíacos no tienen derecho a asistir a los restaurantes? ¿No pueden pedir un menú que se adapte a sus necesidades?

Extendamos la problemática de otras personas con discapacidad –como la imposibilidad de comunicarse con conserjes y recepcionistas de hoteles, porque éstos no dominan, por ejemplo, el lenguaje de señas– y se verá entonces todo el camino que debe recorrer el turismo para ser más inclusivo.

En una sociedad de derechos –como aspira a ser la argentina- es clave que la igualdad de oportunidades y la inclusión social se extienda a todas las personas. Y ello incluye a las que tienen capacidades diferentes.

Es decir, las barreras físicas, sociales y culturales que excluyen a este universo de personas, deben ser levantadas no como un gesto de benevolencia. Sino como una forma de poner en práctica derechos reales.

Por eso es muy importante generar una conciencia de responsabilidad social en torno a este tema en el área turística de Entre Ríos. Lo ideal sería que todos los agentes turísticos se sumen a la idea.

Nadie debe quedar afuera de este nuevo concepto cuyo propósito es colocar al turismo, como sector, en la avanzada del respeto por los derechos de las personas con capacidades diferentes.

Por otro lado, esta provincia tiene un presente y un futuro extraordinario en la llamada industria sin chimeneas. Que incorpore la temática de la discapacidad –sobre la base de la inclusión- le aportará un valor agregado trascendente.
Conciliar el negocio turístico –su rentabilidad- con el respeto de los derechos a los diferentes, es un paso adelante en orden a instalar la responsabilidad social en la economía.

El fantasma del retorno al 2001

El matrimonio presidencial predica que si no lo votan en junio el país volverá al fatídico año en que estalló la convertibilidad. Curiosamente –y acaso como una profecía autocumplida- ese pasado ya parece estar volviendo.


En efecto, este martes los medios de Misiones dieron cuenta de la vuelta del Club del Trueque de Eldorado, que no funcionaba desde el año 2001. Como se sabe el trueque es el intercambio sin mediar la intervención del dinero.

Practica económica antigua (pre-dineraria) con que la humanidad subvino a sus necesidades, los argentinos la actualizaron ocho años atrás ante la escasez de pesos (consecuencia de la fuga de dólares, en un sistema de caja de conversión).

Así, los clubes de trueque pulularon en todo el país, como expresión de la debacle de la economía. Fue una de las imágenes de la desesperación social que recorrió el mundo.

De hecho en Gualeguaychú esta economía popular y alternativa se extendió con fuerza. Pues bien, resulta que ahora los clubes están volviendo lentamente en algunos lugares del país como Misiones.

Eldorado es un barrio y la decisión de reflotar allí el Club del Trueque obedece a las grandes necesidades que se observan cada día en el lugar, según explicó una de sus organizadoras, Elida Wrübel.

“Estamos metidos en una crisis, no todavía como en el 2001, pero sabemos que van a venir momentos muy difíciles”, declaró la dirigente, que es también presidente de la Asociación Hortigranjeros de Eldorado.

Wrübel recordó que “el trueque, en el 2001 y en el 2002, fue el sostén de todos, y para este año ya hay muchísima gente asociada”.

Aunque reconoció que apelar a esta modalidad “no es bueno porque nos demuestra que estamos inmersos en una crisis”, aclaró sin embargo que “hay tanta gente mayor que no consigue trabajo o cierres de fuentes laborales”.

Paralelamente, y siguiendo con el fantasma del retorno al 2001, muchos analistas económicos no descartan que las provincias argentinas, ante el déficit instalado en sus cuentas, se vean obligadas a reeditar las cuasimonedas.

Los entrerrianos tenemos una amarga experiencia al respecto. El llamado “bono federal”, lanzado durante le gestión radical de Sergio Montiel, colocó a Entre Ríos al borde del abismo.

Salarios pulverizados y destrucción del patrimonio de empresas, fue el saldo terrorífico de una medida que socializó la quiebra del Estado entrerriano. La pregunta es: ¿ese Estado sigue quebrado? ¿Es posible, por tanto, que regrese la cuasimoneda?

Mientras tanto, hay otros fenómenos sociales que nos acercan al 2001. Uno de ellos, por ejemplo, es el incremento de la actividad de los que salen a trabajar por cuenta propia.

Los “entrepreneurs” –en inglés- son de dos clases. Están aquellos que, deseosos de progreso, se lanzan a la conquista de empresas creativas, y arriesgan porque visualizan una oportunidad.
Pero también están los motivados por la necesidad. Pues bien, una reciente encuesta que mide la actividad emprendedora global, revela que desde el 2007 vienen creciendo en la Argentina los “emprendimientos por necesidad”.

Ese año midió el 32,2% del total de emprendedores, cuando en el 2006 el porcentaje se había ubicado en el 26%. Resulta que en el 2008 siguió aumentando la tendencia de emprendedores por necesidad: llegó al 38,4%.

Se cree que hoy ese porcentaje es mayor porque la encuesta se realizó meses antes de que estallara la crisis global. El dato histórico es que los emprendedores por necesidad llegaron al 50% en 2002.
Ergo, en la Argentina del Eterno Retorno, anda sobrevolando el fantasma del pasado ominoso.

Continúa la fuga de dólares

Los particulares y las empresas huyen del peso y se refugian en la divisa norteamericana, en el marco una economía en recesión y un gobierno que espanta capitales. De enero a marzo de este año se fugaron del país 5.684 millones de dólares, admite el Banco Central.


Es una cifra que supera en 3.500 millones a la del mismo período del año pasado.

Estos dólares fueron guardados en el colchón o en cajas de seguridad o salieron al exterior. En concreto “no se tradujeron en inversiones y mayores gastos internos, posibilitando mayor empleo y producción”, según reconoce al analista económico Ismael Bermúdez.

¿Cómo se financió esta fuga? Parte con préstamos de organismos internacionales, según reconoce el mismo Central. En este sentido, no es casual que en los últimos meses se hayan explorado distintos mecanismos de endeudamiento, con el propósito de hacer ingresar dólares.

Así, el Banco Central, para disimular la caída de reservas, ha tomado préstamos del Banco de Basilea. A eso se suma el swap de monedas “contingentes” con el Banco Central chino y créditos de organismos internacionales (Banco Mundial y BID).

No sólo eso: como la economía argentina ya no produce tantos dólares como antes –cuando el campo era el motor exportador- y los ahorristas se refugian en esa moneda –ante la incertidumbre que genera este gobierno- se habla de la posibilidad de un retorno al FMI después de las elecciones.

El adelantamiento de los comicios para el 28 de junio, tendría así un alto componente económico, según coinciden los analistas: evita el costo político y social de un ajuste inexorable en plena contienda electoral.

Pedirle plata prestada otra vez al FMI, después de haber despotricado contra él todos estos años, no es políticamente correcto para el planeta progresista. Aunque fue este gobierno quien le pagó en dinero constante y sonante todas las acreencias.

En tanto, el mercado da por descontada una maxidevaluación para después de junio. El encarecimiento del dólar buscaría dos cosas: mejorar los números del comercio exterior y desalentar la compra de divisas.

Como sea, desde mediados de 2007, la Argentina viene fugando capitales en forma constante. Desde esa fecha la salida supera los 37.000 millones de dólares, casi la misma cifra que el Central dice tener de reservas.

El gobierno necesita detener esta sangría si es que quiere evitar una crisis profunda. Históricamente, la Argentina necesitó de devaluaciones para equilibrar su economía.

Como se sabe, la moneda de una nación debe tener un cierto nivel de respaldo real a través de sus reservas de oro y divisas extranjeras. En teoría, por tanto, si esas reservas caen, se contrae el circulante y se profundiza la recesión.

Esa lógica primó durante la convertibilidad. De ahí que en 2002, ante la fenomenal fuga de divisas, desaparecieron en forma proporcional los pesos en circulación. En contrapartida, las provincias debieron emitir cuasimonedas.

El gobierno podría evitar este escenario emitiendo pesos que excedan las reservas que se achican. Pero empapelar el país (creando moneda sin respaldo real) produce inflación y de esta manera se corre riesgo de una hiper, como ocurrió en los ‘80.

Por tanto, no es un buen síntoma que continúe la fuga de dólares. Sobre todo en un contexto donde el sistema no los provee en forma abundante, porque los ingresos del comercio exterior son menores o es inexistente la inversión extranjera.
Para suplir el faltante de ahorro, entonces, el país debe echar mano al endeudamiento. ¿Seguirá la Argentina pidiendo prestados los dólares que fugan sus propios ciudadanos?.

Neonatología es un motivo de orgullo

La sala de Terapia Intensiva Neonatal del Hospital Centenario es una de esas realidades que hablan del espíritu emprendedor y solidario de esta comunidad “madre de sus propias obras”.

El servicio acaba de incorporar un respirador de última generación, un dispositivo computarizado y al que llaman “inteligente”, gracias al aporte de Capullos, una de las ONGs que lo apuntalan.

El dato es que la sala es una de las mejor dotadas en la provincia y es reconocida a nivel nacional. Los chicos que ingresan a ella tienen una sobrevida media de un 98%.

Allí se tratan aproximadamente 300 bebés por año, provenientes de Gualeguaychú y ciudades aledañas. ¿Pero qué hace distinta a esta sala del resto del sistema de salud?

Probablemente la explicación haya que encontrarla en la simbiosis que existe entre el cuerpo profesional del servicio –médicos y enfermeras- y un grupo de organizaciones no gubernamentales, como Capullos, que suplen lo que el Hospital no puede dar.

Es una fórmula mixta de gestión que esta comunidad ha utilizado y utiliza con éxito en otros ámbitos, pero que en este caso resulta emblemática. Se trata de la confluencia de fuerzas –no importa el marco administrativo o institucional- para defender lo “público”.

La sala de Terapia Intensiva Neonatal local es un “enclave” –para decirlo de algún modo- que sobresale de un sistema público de salud con muchos déficits. Se diría que es un servicio de primera en un contexto de menor calidad.

Pero a la vez es “público”, es un servicio gratuito ofrecido a toda la comunidad. Y en este sentido cuestiona el estereotipo según el cual la “calidad” en salud está en el sector privado.

La sala, de última, es un modelo de gestión que se mantiene equidistante de la administración estatal propiamente dicha –que arrastra los males de la burocracia argentina- y del manejo privado, donde rige la lógica empresaria.

Evidentemente hay un grupo humano inspirado y esforzado que ha hecho de este servicio para los infantes uno de los mejores en su tipo. Y dentro de ese grupo, aportando la logística necesaria, destacan entidades intermedias.

No decimos nada nuevo al respecto: Gualeguaychú es una ciudad cuyo dinamismo reside en su sociedad civil. Esto la distingue de otras localidades –por ejemplo del resto de la provincia- que giran alrededor de la burocracia estatal.

Gualeguaychú tiene “capital social”, como han definido los sociólogos a la energía proveniente de la civilidad. Y la Terapia Intensiva Neonatal –con 12 años de vida- es ejemplo palmario de ello.

El doctor Francisco Duboscq, en diálogo con Radio Cero, ha puesto en primer plano el desempeño del grupo de enfermeras del Hospital, que ha hecho de este servicio el mejor.

En su opinión, son el “alma mater” de esta sala, que al parecer posee una mística especial. En todos estos años, las enfermeras de neonatología han debido capacitarse para hacer su tarea.

Desgraciadamente, estas profesionales de la salud no reciben la remuneración proporcional a su idoneidad técnica, demostrando una vez más el Estado su falta de talento para promover y retener a los mejores.

Duboscq ve aquí un factor limitante para el futuro de la sala. “Es el cuello de botella que vamos a tener en los próximos años”, declaró el pedir un reconocimiento dinerario para las enfermeras.

Por otro lado, el médico llamó la atención sobre el hecho de que Salud Pública no ha “reconocido” aún a la sala –por ejemplo no se han reconocido concursos médicos- pese a los 12 años de existencia.

Pese a todas estas dificultades, este servicio nos llena de orgullo.

 

Entre Clarín y el canal oficial

De un tiempo a esta parte el oficialismo viene cargando contra el grupo Clarín, al que acusa de manipular la información. ¿Pero acaso el canal oficial, que se financia con nuestros impuestos, es un ejemplo de pluralismo?.


Clarín pasó a ser un ominoso multimedios para este gobierno desde época reciente. Porque durante todo el gobierno de Néstor Kirchner los titulares de ese diario eran elogiosos.

Pero un día esa relación se rompió –al parecer porque no se pudieron acordar negocios- y entonces el multimedios pasó a ser el malo de la película.

La misma lógica que con el campo. Hubo alianza con el sector mientras la soja financió el modelo. Pero eso se acabó el día que el negocio ya no les cerraba a los productores.

Desde entonces estos últimos pasaron a ser la “derecha golpista”, y la soja un monocultivo que atenta contra el medio ambiente. A todos los díscolos, en tanto, les llegó su castigo.

Se diría que la Resolución 125 –por la cual el gobierno intentó someter fiscalmente a los revoltosos sojeros- responde a la misma lógica disciplinaria que exhibe el nuevo proyecto de Ley de Radiodifusión –por el cual se quiere debilitar a Clarín-.

No vamos a defender aquí los intereses de este multimedios, verdadero emporio de la información, que si existe es porque la clase política lo permitió y favoreció todos estos años.

Está bien que los sectores progresistas apoyen la cruzada por la “distribución equitativa de la palabra” –como se quiere presentar a la reforma del sistema de medios- pero no se los ve criticando la utilización del canal oficial, el 7, con fines proselitistas y sectarios.

No sólo eso: tampoco dicen nada sobre la discrecionalidad del poder de turno en el manejo de la pauta publicitaria oficial, ni sobre los aprietes a periodistas disidentes.

No se los escucha tampoco ante la compra de medios por amigos del poder. Al parecer, a los progresistas argentinos, tan enemigos de los monopolios privados, les gusta el modelo stalinista de comunicación.

¿Cuál es el modelo anti-Clarín? ¿Es el Canal Siete, convertido hoy en una agencia del Frente para la Victoria? Si algo queda claro de la gestión del canal “público” de televisión, en los 25 años que median entre la recuperación de la democracia en 1983, es su aprovechamiento partidario faccioso.

En la Argentina hay una confusión entre lo gubernamental, lo estatal y lo público. La subordinación de lo público, que por definición excede el interés del gobierno de turno, es un rasgo inalterable de la gestión de los medios estatales en el país.

La Radio del Estado (hoy Radio Nacional) y el Canal 7, han sido siempre instrumentos de propaganda del poder político. Pese a las consignas de ocasión, nunca cuajaron los controles públicos (organizaciones sociales, partidos o parlamento) en la gestión de esos medios.

En otras latitudes los medios públicos –que se financian con los impuestos de todos- tienen un sistema de gestión y control mucho más amplio que el propio Poder Ejecutivo.

Eso ocurre con la BBC en el Reino Unido, con las emisoras federales en Alemania, pero también con el canal estatal de la televisión de Chile. En los países “serios” se garantiza la pluralidad de voces en los medios públicos.

En la Argentina no alcanza con decir que el Estado es la salvaguarda de los derechos mayoritarios que no serían contemplados por los propietarios privados de medios.

Y esto porque en la realidad el gobierno utiliza instrumentalmente a los medios que gestiona el Estado. En suma: si es pernicioso que la información quede en manos de holdings privados, también lo es que quede en manos de un aparato político.

La provincia K ya no es modelo

Todo indica que Santa Cruz dejó de ser el Estado solvente del que se ufanó siempre el matrimonio presidencial. El dato es que hoy se financia con ingresos extraordinarios que le gira el poder central.


Aunque nunca fue un modelo provincial a imitar –toda vez que reproduce las características típicas de un feudo- el ascenso al poder de los Kirchner instaló la imagen de una Santa Cruz superavitaria.

Frente al Estado deficitario que estalló con la convertibilidad, allá por el 2001, el terruño patagónico desentonaba. Gracias a las regalías petroleras –canjeadas para la privatización noventista de YPF- Santa Cruz lucía holgada por entonces.

De hecho los Kirchner construyeron su imagen política alrededor de esta solvencia en un país quebrado. Santa Cruz logró preservar sus ahorros en el exterior –varios miles de millones de dólares- cuando en la Argentina de la Alianza se los incautaba a mansalva.

Mucho se ha venido especulando sobre los “fondos de Santa Cruz”, desde que Néstor Kirchner, siendo ya presidente, continuó demorando su repatriación. Y esto porque hasta hoy los K siguen gobernando la provincia con control remoto.

Un halo de misterio todavía envuelve a estos fondos, y a decir verdad lo que trasciende de Santa Cruz es muy poco, a causa del control feudal sobre las noticias. No obstante lo cual, hay indicios ciertos de que la Caja se evaporó.

La información indica que el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, admitió esta semana que la provincia “está en crisis” y agradeció la asistencia de la Nación para cubrir el déficit local, que arañará los 2 mil millones de pesos según su propio presupuesto.

Desde la Casa Rosada ordenaron enviarle a la provincia 507 millones de pesos en los últimos días, entre adelantos de coparticipación de impuestos y partidas de la ANSES para cubrir su caja jubilatoria.

La situación mereció un comentario de Sergio Acevedo, ex gobernador de Santa Cruz, y en el pasado un hombre muy cercano a los Kirchner. “Es incomprensible lo que sucede”, dijo.

En una nota de su autoría aparecida en el diario Crítica de la Argentina, días atrás, Acevedo consideró inexplicable que la provincia  haya tenido que “endeudarse en casi 2.000 millones de pesos dando en garantía sus regalías petroleras”.

Y comentó: “Además gastó sus ahorros –llamados fondos de Santa Cruz- en apenas un par de años. De los más de 500 millones, al año 2007, había liquidado 200 millones y su saldo está comprometido como garantía de cheques que vencen a mitad de este año  para pagar obras públicas ya construidas”.

Acevedo habló de “ausencia total de transparencia en la administración de los recursos provinciales”, al tiempo que atribuyó la caída de los ingresos públicos a incumplimientos de las concesionarias de gas y petróleo, en complicidad con la autoridad.

El ex gobernador reconoció que el gasto se disparó por un aumento importante de los salarios públicos y por el hecho de que hay “más de diez mil nuevos coprovincianos trabajando en el Estado”.

Mucho se ha hablado, en tanto, del negocio de la obra pública en Santa Cruz, a partir de los sobreprecios que cobran empresas contratistas amigas del poder. “Del aumento de los costos de la obra pública deberían ocuparse los jueces”, dice Acevedo.

Por otro lado, hay que resaltar que Santa Cruz, pese a contar con menor población y mayor ingreso per cápita del país, es la niña mimada de la obra pública nacional.

Ahora el problema es su insolvencia fiscal. Hay que pensar que la provincia K depende del empleo público. Con 220 mil habitantes, más de la mitad de esa población depende de una jubilación pública o de un empleo estatal para sobrevivir.

El valor del trabajo

El hombre se sigue preguntando por el significado del trabajo, cuyo día internacional recordamos este viernes. En principio suele estar asociado a una carga, a algo que hay que soportar para tener con qué vivir.


La Biblia dice que cuando el hombre pecó, Dios lo castigó diciendo: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Desde entonces, el trabajo va acompañado de la penalidad.

Sin embargo, esta fatiga no elimina el hecho de que el trabajo, entendido como toda actividad humana destinada a producir bienes o servicios, hace a la vocación humana de dominar el mundo.

Entre los seres de la naturaleza, sólo el hombre es capaz de trabajar (la actividad de los vegetales y plantas no es propiamente trabajo). Y en este sentido, se trata de una característica distintiva del hombre, como ser libre y responsable. 

Desde este ángulo, el hombre se realiza con el trabajo. Es una de las dimensiones en la que enriquece su personalidad. Es una vía de dignificación en la que, además de procurarse el sustento, presta un servicio a la sociedad en la que vive.

Los sistemas económicos de la modernidad han desfigurado en gran medida el valor del trabajo. El capitalismo primitivo, por ejemplo, explotó el trabajo en

favor de la clase burguesa.

Salarios de miseria, jornadas agotadoras, falta total de seguridad e higiene, utilización de niños y mujeres en trabajos pesados e insalubres, alta desocupación, fueron algunas de las lacras que trajo consigo la revolución industrial.

El marxismo, justificadamente, reaccionó contra esta “explotación del hombre por el hombre”. Y postuló el odio entre las clases contra el Capital. Pero el socialismo real trajo males mayores.

La colectivización de la economía entronizó al Estado explotador –en reemplazo del capitalista- abriendo una brecha ente una clase burocrática enriquecida y un pueblo condenada al trabajo forzoso.

Frente a estos dos modelos de abuso, una economía que se inspire en la dignidad humana debe conciliar los intereses legítimos del capital y del trabajo. Sobre la base de un modelo que aspire a crear riqueza pero que a la vez reparta.

Pero hay un principio filosófico que debe regir toda economía. El hombre es el único fin del proceso económico. Es decir, nada justifica en la producción de bienes la explotación del hombre, tanto de parte de los capitalistas como del Estado.

En este sentido, resulta hoy intolerable todo orden injusto e inhumano organizado con daño para los trabajadores. Como resultado de un modelo económico que se asienta en la apropiación obscena de la riqueza por parte de una minoría.

Dicho esto, conviene a la vez resaltar el hecho de que el trabajo, aunque importante en la vida, no es todo para el hombre. El economicismo dominante –del que participan las ideologías supuestamente antagónicas del capitalismo y el comunismo- nos ha hecho creer que hemos venido al mundo a trabajar.

Pero esta concepción del “homo faber” (el hombre que hace o fabrica) amputa, desfigura la condición humana. Porque nunca el trabajo puede ser un fin en sí mismo.

Además, ¿no es funcional esta mentalidad que exalta el trabajo al círculo de la adquisición y del consumo desenfrenado de bienes? ¿Y a quién le interesa el consumismo radical sino a los intereses de un sistema económico que, otra vez, se auto-erige en fin de la humanidad?
El mundo totalitario del trabajo nos ha hecho perder de vista que el hombre es más que la praxis. Se oculta que el mundo no está ahí sólo para transformarlo sino para contemplarlo. Que hay un sentido de la existencia a descubrir. Que hay una vocación humana a la trascendencia.

¿Aprenden a pensar?

Haber pasado por la primaria o la secundaria no garantiza, al menos en la Argentina, haber adquirido el hábito del pensamiento. Algo que eclosiona luego en la universidad.


El diagnóstico unánime entre los expertos es que buena parte de los alumnos tiene dificultades para razonar. Con lo cual el pasaje por el sistema educativo formal no ha supuesto en ellos la adquisición de lo esencial.

“El problema es que los estudiantes no saben razonar, y eso sucede tanto en lengua como en matemáticas”, refiere Julia Seveso, que dio clases de matemáticas durante 50 años.

En diálogo con Crítica de la Argentina añadió: “Si los estudiantes precisan hacer una división, por ejemplo, no sólo no pueden hacerla mentalmente, tampoco si toman lápiz y papel es posible que la resuelven porque no aprendieron el mecanismo”.

“Las pruebas que se toman, tanto nacionales como locales, señalan que el principal problema de los chicos es que pueden resolver las cuentas, pero no solucionar problemas porque no entienden la lógica de esas cuentas”, asegura por su lado Silvina Gvirt, directora de Educación de la Universidad de San Andrés.

Es decir, aquí la repetición memorística reemplaza el acto de pensar, que básicamente es relación y comprensión. “La verdad es que no pueden pensar y esto es gravísimo: en lengua pasa lo mismo, los chicos decodifican pero no comprenden lo que leen”, advirtió Gvirt.

Es común, en este sentido, que jóvenes recién egresados de la secundaria se sientan abrumados cuando en la universidad le dan textos para estudiar. No sólo no tienen el hábito de la lectura. Muchos de ellos deletrean penosamente y no comprenden el sentido de las palabras.

Se supone que a los 18 años un alumno tiene habilidades lectoras básicas. Pero no: un gran número tiene serias deficiencias para decodificar una cuantas líneas, no importa su contenido.

No tienen siquiera la experiencia de alguna lectura provechosa, porque pese a haber estado varios años en el sistema educativo algunos ni siquiera recuerdan haber leído un libro completo.

La lectura es un hábito que se adquiere durante la infancia y la adolescencia. Y a decir verdad, a la vista de los resultados, ni la primaria ni la secundaria argentinas lo crean (un esfuerzo que de última descansa en la familia).

Leer un libro requiere esfuerzo intelectual. Es una tarea formativa por excelencia porque nos hace reflexivos y racionales, y nos enseña a escribir y a hablar. Se entiende, entonces, el porqué de la pobreza lingüística de tantos jóvenes.

La pregunta, a esta altura, parece obvia: si la escuela no enseña a pensar, ¿para qué sirve? Últimamente, se habla de su importancia como lugar de “contención” de los chicos y adolescentes, en una sociedad en crisis.

¿Cuál es el fin del sistema educativo, entonces? ¿En qué medida su función primaria pedagógica ha sido reemplazada por otro rol de carácter social, más ligado a “guardar” los alumnos?

En tanto, el sistema hoy sufre los embates de la informática. El acceso a la última información y la conexión con el mundo, ha instalado la idea, dentro de los muros del colegio, de que lo importante es estar “actualizado”.

Mientras no se explora lo que está en los libros, la Internet se presenta como la gran proveedora de información. Pero aprender a pensar no es una cuestión de cantidad y novedad de datos.
La clave siempre ha sido en cómo el pensamiento le da sentido y significado a todo eso. El problema no es la falta de datos: lo que falta en el aula son las operaciones básicas para razonar el mundo.

Hay que producir energía renovable

Pocos países como la Argentina están en condiciones de optar por energía alternativa, que es renovable y no contaminante. Sin embargo, el 90% de su matriz energética depende de los hidrocarburos.


El mundo desarrollado viene haciendo adelantos para superar el modelo de los combustibles fósiles –carbón, petróleo y gas-. En su lugar emplea la fuerza de los vientos, el sol y las mareas.

España, por ejemplo, es uno de los líderes mundiales en la generación de energía eólica y solar. En tanto que el presidente Barack Obama pretende que Estados Unidos dependa menos del petróleo.

Mientras esto sucede, Argentina ha acentuado su dependencia con el petróleo y el gas, mientras es poseedora de un enorme recurso energético sin explotar, sobre todo en materia eólica y solar.

Encima de males el país depende de aquello que cada vez tiene menos. En efecto, la producción de petróleo cae sin pausa desde 1998 y hoy está 25% por debajo del registro de ese año.

Además, la producción de gas, que significa el 52% de la ecuación energética, entró en declive a partir de 2004. Proporcionalmente, pocos países dependen del gas como la Argentina.

En los últimos quince años no se han descubierto yacimientos de hidrocarburos de porte. Y mientras las reservas vienen en pendiente, se gastan ingentes recursos para importar combustible desde Bolivia y Venezuela.

En Argentina se favorece la economía del petróleo. Hay muchos intereses alrededor de este negocio que desde hace mucho tiempo tiene injerencia en la vida del Estado y la política.

Se comprende, entonces, por qué razón no se toman decisiones para poner el inmenso potencial de la energía renovable al servicio de la gente y del medio ambiente.

Pese a no contaminar y estar al tope de la agenda mundial, aquí esta en energía sólo representa el 0,12% de la potencia instalada. Según los expertos, la región patagónica presenta condiciones ideales para la producción de energía eólica.

Lo demuestran las instalaciones de los molinos generadores en Santa Cruz, Chubut, Neuquén, La Pampa y el sur de la provincia de Buenos Aires.

La energía solar, en tanto, tiene hoy una aplicación muy relativa, restringida a zonas rurales alejadas de los tendidos de redes de distribución pública. Es utilizada como fuente de calefacción de viviendas individuales, para el calentamiento de agua y electrificación de pequeños establecimientos, como escuelas.

 La oficina local de Greenpeace también instaló paneles fotovoltaicos en sus techos para aprovechar la energía solar. “Es limpia, renovable y tan abundante que la cantidad que recibe la Tierra en 30 minutos equivale a toda la electricidad consumida en el mundo durante un año”, explica la organización.
Hace tres años se anunció el Plan Estratégico Nacional de Energía Eólica, pero los resultados hasta ahora han sido mediocres. Falta planificación y no existe la infraestructura suficiente para conectar estas fuentes con el sistema eléctrico.

“Estamos retrasados, pero la Argentina tiene una proyección importante. Llegaron a existir más de 500 mil molinos en el país, no para generación eléctrica sino para riego y bebida del ganado, pero esa tradición se perdió”, explica Hilda Dubrovsky, especialista de la Fundación Bariloche.

La Argentina es un país donde abundan los recursos naturales pero cuya explotación es irracional. Pudiendo aprovechar el enorme potencial que tiene de energía renovable –que es el futuro y mejora el medio ambiente- insiste con los hidrocarburos, que contaminan, son caros y un día se acabarán.

La patología del poder político

La ciencia política ha descubierto hace tiempo que la ambición de poder absoluto es una cualidad intrínseca de los gobiernos. Por eso las democracias modernas utilizan siempre mecanismos de control.


La división de poderes, la justicia independiente y la libertad de prensa, así, son los contrapesos con los que las sociedades ponen freno al poder ilimitado de los gobiernos de turno.

Es un intento por conjurar la patología propia de los gobiernos totalitarios, que se declaran dueños de la verdad, que dicen identificarse con la voluntad general, y que tienen una exagerada tendencia a coaccionar a los disidentes.

El politicólogo argentino Guillermo O’Donnell –reconocido a nivel internacional y que ha vivido muchos años en el exterior- asimila esa patología a lo que él llama “democracia delegativa”. Y en su opinión, Argentina la sufre desde hace años.

“Aquí, una vez que al presidente lo votaron, tiene todo el derecho del mundo y el deber de hacer lo que mejor le place. Por lo tanto, como la democracia delegativa tiene esa visión, cualquier poder que intente controlarlo es una molestia que tiene que ser eliminada”, explica.

Es decir, la democracia argentina tiene casi cero componente republicano. El circuito del poder no pasa por una serie de instituciones cuya función es poner límites al gobierno de turno, que tiende a llevarse puestas las garantías mínimas de los individuos.

En una entrevista reciente, O’Donnell llamó la atención sobre que esta concepción delegativa, que tiene arraigo en la cultura política del país, hoy está mezclada, para colmo de males, con el maniqueísmo K.

El país, así, ha vuelto a los ‘60 y ‘70. “Por un lado, los Montoneros y sus aliados, y por otro, la Triple A y sus ideólogos: una visión maniquea en la que todo el bien está de un lado y todo el mal del otro”, rememoró.

Una concepción en la que “el otro entiende cualquier cosa que yo haga como un acto de agresión vital”, explicó O ‘Donnell. En el pasado, eso lanzó una “dialéctica de la aniquilación”.

El país quedó polarizado, en medio de un combate en el cual aquellos que no suscribían a ningún bando, fueron acallados. “Esta visión maniquea creí que se había extinguido con la democracia, pero me parece que está reapareciendo” advirtió.

Y quien se cree con poder de dividir las personas en buenas y malas, se considera un iluminado, alguien tocado por el destino, al cual la historia le ha hecho un encargo especial. 

Para el politicólogo, en Argentina “estamos frente a un elenco gobernante muy pequeño que está convencido de que tiene una misión sagrada que cumplir, y que por tanto le conviene resucitar fantasmas y polarizar en un execrable odio todo aquello que se le opone”.

“Es una táctica que implica varias cosas: quien está convencido de que tiene una misión no tiene aliados, sólo tiene seguidores o súbditos que son piezas a usar según la necesidad”, explicó.

“A quien es el portador de esa causa, y para el cual vale todo, no le importa acarrear tras de sí gente despreciable, porque ellos también son elementos favorables a la famosa relación de fuerza”, sostuvo.

En este contexto, acotó, se entiende que “perder una elección es una tragedia insoportable porque no es más el mecanismo normal de una democracia representativa de intercambio de gobierno, sino un síntoma de fracaso de esa causa noble”.

En suma, la democracia delegativa y el mesianismo maniqueo son patologías de un poder político desbocado, que desprecia los controles republicanos. Su vigencia puede producir daños terribles al país. Como ya ocurrió en el pasado.

Mosquito destituyente

En el marco del delirio persecutorio que lo aqueja, el gobierno K suele ver cualquier resistencia, aunque provenga de la misma realidad, como el dengue, una conjura destituyente.


¿Pero puede parangonarse la Mesa de Enlace –que reúne a la
“derecha campestre golpista”, al decir de los ideólogos kirchneristas-, con el mosquito trasmisor del dengue?
En casos graves de paranoia –enseña la psicología- se teme a enemigos reales o imaginarios. Quien sólo ve enemigos por todos lados, y se cree víctima de una conspiración, no distingue mucho.
Su razonamiento sería: lo que está contra mí, y disiente con mi deseo, es parte de la conjura. El gobierno que se rige por esta lógica, puede no discriminar entre discurso y realidad.
En este contexto, se ve un montaje mediático detrás de la inseguridad, la inflación, el parate económico, la pobreza, el paco, y últimamente el dengue. Pero un montaje destituyente. 
El poder político en la Argentina suscribe aquella tesis nietzcheana según la cual
“no existen los hechos, sólo interpretaciones”. Es la disolución de la realidad en el discurso.
Más bien es el discurso quien funda la “ilusión” de la realidad. Si es así, todo pasa por imponer un relato de los hechos y que la mayoría se lo crea. La lucha política, así, es una lucha por el sentido.
¿Pero no existe el Aedes aegypti? Eso no importa, lo importante es su “existencia” en la opinión pública. Eso estuvo detrás de la contraorden que salió de Olivos, días atrás, para frenar en el Senado la declaración de emergencia sanitaria por el dengue.
Pese a que la ministra de Salud de la Nación y el bloque de senadores del FpV estaban de acuerdo con la medida –y de hecho la habían consensuado con la oposición- primó la lógica del relato.
Es decir, importó más su impacto en los medios de comunicación que dotar al país de una ley que lo ayudase a atacar la enfermedad. Convalidar la ley de emergencia hubiera sido convalidad un discurso destituyente.
Hay paralelismo entre este tratamiento del dengue con otros problemas que aquejan a la población. ¿Ocaso la manipulación del Indec no se rige por la misma lógica? ¿No se trata, de última, de instalar la idea de que la inflación y la pobreza no existen?
Con la inseguridad, lo mismo: cuando el gobierno insiste con que es una “sensación” que instalan los medios, disuelve la problemática en una operación semántica.
Pero ¿existe el mosquito maldito, causa las enfermedades que dicen que causa, o hay que optar entre “interpretaciones” al respecto? El poder político, como dijimos, tiene su epistemología: todo lo que resiste a su deseo es parte de un relato destituyente, y por tanto en el fondo es un opositor.
“La responsabilidad es del mosquito”, fue la frase monumental de la ministra de Salud del Chaco, Sandra Mendoza, al atajarse de la critica a su desempeño. Mendoza, así, instaló su relato: la culpa es del Aedes aegypti.
Mientras el gobierno K lucha por el relato –cualquiera diría que en lugar de gobernar discursea- la ONG Médicos Sin Banderas estimó que habría 100.000 infectados por dengue en el país.
Ariel Umpiérrez, de la organización, estimó que el Ministerio de Salud de la Nación -que sólo tiene notificados 23.235 infectados autóctonos e importados en todo el país y 4 muertos-, no exhibe cifras “realistas”.
“Hay casos de infectados que no presentan síntomas fuertes y muchos otros que no concurren al hospital y se automedican. Por lo cual las notificaciones no son realistas”, señaló.
Pero ¿qué es lo real, si sólo existe el relato dominante?, objetaría el poder político.

Pobres, intoxicados y desertores escolares

Las estadísticas sobre la marginación de la niñez y la juventud en la Argentina dan pavor. El peligro es que el país “naturalice” o acepte con resignación esta lacerante realidad, ya que detrás de los números hay vidas humanas.


Más de seis millones de chicos argentinos viven en la pobreza, de los cuales la mitad pasa hambre. Eso denunció el año pasado un documento elaborado por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).

Por día se mueren 25 recién nacidos, 14 por causas evitables. Ese es el otro dato estremecedor del informe, que describe la situación de los menores de 18 años en la Argentina, al año 2008.

El trabajo sostiene que los menores resultan los más castigados, toda vez que la tasa de pobreza de esta población duplica la tasa de pobreza general del país. Y algo similar ocurre con la indigencia.

Según la CTA, en 2008, el 52,2% de los menores vivía en hogares sostenidos por padres con inserción laboral precaria, mientras que el 47,2% no tenía cobertura médica.

En tanto, hace cuatro o cinco años la “pasta base” (paco), que antes era un mero desecho químico de la cocaína, comenzó a masificarse en las zonas marginales, atrapando a los chicos de la calle.

El paco cuesta muy barato y su consumo creció un 200% en la Argentina. Por lo menos 10 chicos deben ser internados por día en los hospitales porteños con graves daños neurológicos y variados niveles de intoxicación a causa del uso del paco.

Eso dice un reciente informe el Observatorio de Drogas del gobierno porteño. “El paco y los inhalantes –asegura el organismo porteño- son las drogas que se consumen a más temprana edad entre los adolescentes escolarizados; resultando la media de edad de inicio en los 12 años para ambas sustancias”.

En la provincia de Buenos Aires el cuadro es más crítico. Según un relevamiento realizado por la Red de Madres contra el Paco y por la Vida en el Conurbano Sur, sólo en la zona de Cuartel Quinto, partido de Lomas de Zamora, hay alrededor de 400 chicos internados en los centros de rehabilitación.

“Se internan a razón de 4 por día”, aseguró Isabel Vásquez, titular de la organización, en diálogo con el diario Crítica de la Argentina. Y agregó: “Entre 8 y 10 pibes se mueren todas las semanas por sobredosis o causas derivadas del consumo de paco como desnutrición, suicidios o enfrentamientos entre bandas o con la policía”.

Según dijo, los niños en situación de calle resultan el grupo de población con mayor vulnerabilidad, por que están privados de todo, desde residencia física hasta la posibilidad del autosustento.

Por otro lado, 1 de cada 5 chicos argentinos deja el colegio secundario. De los 10.697.681 alumnos argentinos, 27% de ellos no estudia, y un 20% empieza pero no termina la escuela media.

Una de las razones de la deserción escolar tiene que ver con lo económico. Entre los chicos lo importante es conseguir algún trabajito que les permita acceder a cierto nivel de consumo.

Otra de las razones es que la escuela no enamora. Hay una extendida opinión entre los jóvenes sobre su inutilidad para el futuro. El sistema escolar perdió prestigio y no es visto como un lugar necesario para defenderse en la vida.

Más allá de los gobiernos y de las élites dirigentes, el drama de los jóvenes argentinos involucra a toda la sociedad, que de última es responsable por la suerte de todos sus miembros.

¿Qué se puede esperar de un país que deja que el 40% de sus chicos y jóvenes viva en la pobreza, muchos de ellos se conviertan en un desecho humano por el paco, y otros tantos no se eduquen?.

Acto de soberanía por el mar argentino

La Argentina acaba de presentar ante la ONU una valiosa documentación científica en la que pide ampliar la plataforma continental. Se trata de una iniciativa de enorme valor estratégico para el país.


La Cancillería argentina presentó este lunes pruebas que avalan pretensiones nacionales sobre 1.400.000 kilómetros cuadrados marítimos. Fue ante la Convención de los Derechos del Mar de las Naciones Unidas, en Nueva York.

La nueva área marítima extiende así notablemente los límites vigentes entre el continente y el mar. De los actuales 2.780.092 kilómetros cuadrados de superficie, se pasa a 4.200.000 kilómetros.

De las actuales 200 millas náuticas, se amplía la soberanía otras 150 millas más sobre los recursos del lecho marítimo. La importancia estratégica de esta acción diplomática va más allá de la reafirmación de soberanía.

Como se sabe, los estados ribereños pueden explotar las riquezas del lecho marítimo, como petróleo y gas. En un contexto mundial de puja por los recursos energéticos, se entiende la relevancia económica de la presentación argentina.

Se trata de “un importante acto de afirmación soberana, un hito en materia de límites y fronteras nacionales, que corona un esfuerzo técnico y diplomático de 11 años”, afirmó el canciller Jorge Taiana, en relación con la documentación científica de marras.

En efecto, Argentina entregó a la ONU la segunda presentación más grande que se hubiera hecho sobre plataformas continentales, que llevó 11 años de relevamiento y análisis de datos.

El ranking lo lidera Australia, que tiene una superficie marítima más amplia que la Argentina. Le siguen los Estados Unidos, Canadá, Brasil, Rusia, Nueva Zelanda y Noruega.

La documentación argentina, la segunda más voluminosa, escrita en castellano y en inglés, consta de 41 volúmenes, más las versiones digitalizadas, y en total pesan 850 kilos.

Allí están puestas todas las razones geológicas, geofísicas y morfológicas que avalan las pretensiones argentinas sobre el mar adyacente. El trabajo sobre la plataforma continental incluye el sector que la Argentina ocupa en la Antártida y las islas Malvinas, Georgia, Orcadas y Sándwich del Sur.

Como se sabe, el país mantiene una disputa de soberanía sobre estas islas australes con Gran Bretaña, quien también deberá presentar sus estudios científicos ante la ONU para avalar sus pretensiones.

El 8 de mayo vence el plazo para las presentaciones impuestas por la Naciones Unidas, y para que alrededor de 25 países entreguen sus respectivas documentaciones.

Quien encabezó la presentación argentina en Nueva York fue el vicecanciller y presidente de la Comisión Exterior del Límite de la Plataforma Continental Argentina (Copla), Victorio Taccetti.

Un entrerriano ha tenido parte en esta acción diplomática clave para el país. En efecto, el geólogo Florencio Gilberto Aceñolaza, nacido en Villa Urquiza (departamento Paraná), integró el equipo de científicos argentinos que armó la documentación.

Aceñolaza vive desde años en Tucumán, donde dirige el Instituto Superior de Correlación Geológica (INSUGEO). Es investigador del Conicet, docente de la cátedra de Geología en la universidad nacional de esa provincia y coordinador de la obra “Temas de la biodiversidad del Litoral Fluvial Argentino”.

Ex diputado nacional (1991-1995), Aceñolaza es autor además de un relato costumbrista de Villa Urquiza, una de las reconocidas colonias agrícolas del país. El entrerriano, así, tuvo el privilegio de participar en una tarea vital para la defensa de la soberanía argentina en los mares.

Inseguridad, táctica política y clasismo

La muerte del camionero Daniel Capristo en Valentín Alsina a manos de un chico de 14 años, ha vuelto a colocar el tema de la inseguridad en el centro de la escena nacional.


Por lo pronto, el episodio ha disparado una voltereta en el corazón del poder político, interesado más en ganar votos que en resolver el problema. También aquí el pragmatismo está desplazando al prejuicio ideológico.

Desde que Daniel Scioli y los barones del conurbano se han convertido en los garantes del progresismo local –a través de ese invento argentino que son las “listas testimoniales”– el viraje en materia de seguridad no debe sorprender.

Hace apenas seis meses el gobernador de la provincia de Buenos Aires –un ex motonauta que llegó a la política de la mano de Carlos Menem- propuso bajar la imputabilidad para delitos graves.

Tres días después, Cristina Kirchner lo retó: “La construcción de la seguridad de los argentinos y los bonaerenses no se hace con leyes más duras y más terribles”.

La amonestación sonaba a disciplinamiento ideológico.

Criminalizar a los pibes y erigir la ley del garrote es un tópico de la derecha, según reza el manual del buen progresista. En este sentido, Scioli se apartaba del planeta K.

Por otro lado, para el poder político la inseguridad era hasta acá un invento de los medios de comunicación. No era una cuestión real sino de “relato”. Y por tanto, una “sensación”. 

El kirchnerismo atribuye todas las dificultades del gobierno a una conspiración. En este esquema paranoico, la inflación, el dengue, la recesión, el desempleo y la inseguridad son “construcciones discursivas” de uno de los poderes del Eje de Mal: los medios.

Sin embargo, como hay que ganar las elecciones en junio, el poder no tiene empaque en “derechizarse” en materia de seguridad. A las 24 horas del asesinato de Capristo, el poder viró histéricamente.

El jueves pasado, durante un acto en San Miguel y junto al propio Scioli, fue Néstor Kirchner quien dijo: “Ha llegado la hora de que el Congreso debata el Código Penal Juvenil”.

Así, el gobierno K se ha lanzado a dar “sensaciones” a un electorado de clase media que pide mano dura. Y en los próximos días, el Congreso debatirá un nuevo régimen penal para los adolescentes.

A priori la táctica tiene racionalidad. Electoralmente, el oficialismo necesita cosechar votos en la clase media bonaerense, siempre conservadora, y para la cual la inseguridad es prioridad. Además Daniel Scioli, el hombre providencial de la izquierda argentina, tiene anclaje cultural y psicológico con ese electorado.

Se diría que hay un corte clasista en términos de experiencia de seguridad. Se sabe que mientras las clases medias y altas –que son el desvelo electoral del kirchnerismo- experimentan el delito con terror, los sectores populares son más condescendientes con el fenómeno, con el cual se han familiarizado.

Es el mismo corte que existe a la hora de vivenciar y evaluar el clientelismo. Mientras para los sectores de buena condición es una práctica aberrante, para la población pobre a la que está dirigida, es un intercambio inevitable a la hora de salvarse de la miseria.

Y acaso ese corte clasista se observe en la manera de interpretar las mentadas “listas testimoniales”. Para millones de argentinos sumergidos en la pobreza, con escasa o nula cultura cívica, esa maniobra antirrepublicana no les diga nada.
En suma, ya lo decía Carlos Marx, en Ideología Alemana: “No es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, sino, por el contrario, es su existencia social la que determina su conciencia”.

Complicado cuadro laboral en Entre Ríos

Mientras el frondoso sector público entrerriano –hay un estatal cada 18 habitantes- se queja por la caída del salario, cae el empleo y son menores las horas trabajadas en la economía privada.


El Estado es el gran dador de empleo en estas tierras. Aquí hay un total de 70.492 empleados públicos provinciales, a los que hay que sumar otros 17.500 que dependen de los municipios.

Eso representa el 26,6% del total de ocupados, según un informe publicado por el Consejo Empresario de Entre Ríos. Eso significa que hay 1 empleado público cada 18 habitantes.

Esta proporción ubica a Entre Ríos entre las provincias más burocratizadas del país. Lo cual es un efecto directo del subdesarrollo crónico de su estructura económica, cuya oferta de trabajo es limitada.

Subdesarrollo vinculado, por otra parte, con el escamoteo de la plusvalía provincial, a través del centralismo fiscal, que impide capitalizar en el territorio la riqueza genuina que produce (por ejemplo las retenciones).

Aquí se ha utilizado el empleo público como un sustituto de los subsidios por desempleo. Esta burocracia, en virtud de la ley de estabilidad laboral, nunca se achica en función del contexto económico.

Al contrario, crece más en épocas de retracción. Es el mecanismo con el cual la clase política ha institucionalizado el clientelismo. Pero este Estado inflado nunca da abasto.

Como siempre gasta más de lo que gana –y el grueso de lo que gasta lo destina al pago de sueldos- sus empleados viven en una eterna insatisfacción salarial. El cuadro se agrava cuando la recaudación cae por el bajón económico.

Es lo que pasa hoy: los agentes públicos y municipales claman por una justa recomposición salarial. Lógico: como el Estado insolvente no puede desprenderse de gente (se lo impide la estabilidad) baja salarios al no actualizarlos por inflación.

Quien está sufriendo el ajuste por el lado de los puestos de trabajo es la economía privada provincial. En el comercio se cierran negocios porque caen las ventas, dado que el salario está deprimido y hay cautela entre los consumidores.

“La economía real muestra que no sólo crece el desempleo, sino que también trepa el subempleo por cuanto en las empresas privadas hay menos horas de ocupación para los trabajadores”, refiere El Diario de Paraná, al hacerse eco de una reciente encuesta de indicadores laborales.

Dicho informe, elaborado por la Dirección de Estadísticas y Censos de Entre Ríos, habla de una retracción del empleo privado a partir sobre todo de la segunda mitad de 2008.

Además, el parate de la actividad agropecuaria, motor de la actividad de tantos pueblos, es notable. Se nota un cuadro recesivo global en el sector más dinámico de la economía provincial. Se siembra menos, y por tanto se verifica una retracción de las actividades conexas al campo.

Por otro lado, al deprimirse el campo, desapareció un motor de inversión en los pueblos. Se ha esfumado el “efecto soja” que palanqueó en los últimos años, por ejemplo, el boom constructivo.

Se comprende, entonces, por qué todos los datos indican que la construcción viene siendo el sector más afectado por la caída de puestos de trabajo en el último año.

Este sector, como se sabe, tiene una fenomenal capacidad para mover al resto de la actividad económica. Cuando se emprende una obra, trabajan no sólo los obreros y albañiles.
La rueda multiplicadora incluye vendedores de materiales (de todo tipo), carpinteros, plomeros, transportistas, profesionales (arquitectos, agrimensores, etc.), entre otras actividades asociadas.

El retorno de la disciplina escolar

En los colegios de Europa están reapareciendo algunos conceptos, como la disciplina, que estuvieron proscriptos durante las pasadas décadas. Es un giro desesperado ante el descontrol.

 

 

Ante lo que se considera un brusco cambio en la política educativa de los secundarios de Gran Bretaña, ese país multará a los padres de los adolescentes que se porten mal en clase.

Al mismo tiempo, se contempla la detención del chico en “aulas de aislamiento”, incluso a contraturno.

Estas medidas del Ministerio de Educación de Gran Bretaña se incluyen dentro de las nuevas pautas de disciplina que abarcan a docentes, alumnos y familias. Es una respuesta ante los problemas de conducta de los estudiantes.

La cuestión disciplinaria en la mayoría de los institutos superiores (lo que aquí sería la secundaria), ha puesto en alerta a la autoridad educativa, que ahora intenta combatir el matonaje en el aula, el vandalismo, la violencia verbal y física y la inasistencia.

Si los alumnos se portan mal o no asisten regularmente a las clases, los padres pueden ser condenados a multas. Cada infracción del menor costará entre 50 y 100 libras. En los casos más graves, puede llegar a 1.000 libras.

Los especialistas dicen que el modelo británico no es aplicable en la Argentina porque la jurisprudencia local postula que el castigo es personal del que cometió la infracción.

En el país la responsabilidad paterna se limita a lo patrimonial, de suerte que si un chico genera algún daño material, entonces el adulto debe afrontar el gasto. Pero nunca se puede multar económicamente a los padres por la conducta de los menores, como sí rige en Gran Bretaña.

Al margen de esta discusión, el dato real es el endurecimiento de la política disciplinaria en la secundaria en una sociedad tan liberal como la inglesa, algo que seguramente repercutirá en el resto de Europa.

Es curioso el giro que se está dando en este sentido en Occidente. Hasta antes de la Segunda Guerra prevalecía la dureza de la época victoriana, cuando los niños y jóvenes eran ignorados y castigados.

Tras la posguerra operó la “liberación”, que permitió que las nuevas generaciones se educaran en cánones más permisivos. Pero al parecer, esta permisividad ha ido demasiado lejos. Y ahora se intenta poner orden en el caos.

Pero la disciplina es apenas un efecto de un problema más grave que afecta al corazón del sistema educativo. El descontrol en el aula es un reflejo del ocaso del concepto de autoridad.

Según Guillermo Jaim Etcheverry, ha caído la relación de obediencia y respeto al interior de la institución escolar, porque cierta pedagogía ha instalado la idea de que ninguno de los miembros de la pareja maestro/alumno es “más importante” que el otro.

Es decir, nada es superior, todo es igual. Pero “la escuela es un sitio singular en medio del mundo democrático, porque es un lugar jerárquico en el que, a pesar de lo que se intenta, los roles no son intercambiables como en la democracia”.

“De allí que ningún vínculo sea menos democrático, y más asimétrico que el que establece el discípulo con la autoridad libremente aceptada del maestro”, sostiene el ex rector de la Universidad de Buenos Aires.  

“Si el maestro fuera igual al alumno, la escuela dejaría de tener sentido, y los niños guiarían en su aprendizaje a los otros niños. Sólo si se conserva la asimetría de un vínculo necesariamente desigual, que se establece en el contrato de aprendizaje, puede esperarse que la escuela no sea un sitio violento”.

De estas palabras se infiere que más que endurecer la disciplina urge restablecer la noción de autoridad en la institución escolar.

 

Tras el acuerdo se impone la autocrítica

El arreglo alcanzado entre el gobierno municipal y el Sindicado, tras 11 días de un paro que puso en vilo a la ciudad, debe servir para que los protagonistas de esta historia revisen ideas y conductas.


Lo que vivió Gualeguaychú estos días –una especie de asonada- no tiene precedentes, según reconocen los memoriosos. No se ha visto nada parecido en el ámbito municipal. Nunca se vio tanta furia y tanto exceso verbal en un reclamo.

Si bien en una ocasión se llegó al colmo de agredir físicamente al intendente y a un secretario –acompañado de destrozos en las instalaciones del palacio comunal-, esta vez la cosa fue masiva.

La comunidad vivió azorada la dinámica de un conflicto que en principio la perjudicaba a ella. Porque el Estado municipal quedó virtualmente paralizado, y sus servicios a punto de colapsar.

Pero sobre todo fue alarmante el clima de crispación que envolvió este diferendo, que aunque era por plata venía también mezclado con condimentos de otra índole, como pujas gremiales y políticas.

¿Cómo es que se llegó a esto? La respuesta a esta pregunta es crucial, porque de ella depende que no se repita lo vivido. Una cosa hay que decir: Gualeguaychú ha retrocedido institucionalmente.

De un tiempo a esta parte, aquí los conflictos se dirimen mediante la fuerza, o tratando de imponer al otro la voluntad propia. La dirigencia social y política de la ciudad debe tomar nota de esta degradación.

Por otro lado, es inocultable la puja de poder de grupos políticos por el control de la ciudad, pese a que hay un gobierno que ha asumido hace apenas 16 meses.

Después de la crisis del campo –y este es un dato de la realidad-, el oficialismo ha sufrido un prematuro desgaste, y a fines de junio enfrenta una elección crucial, que marcará su destino.

Objetivamente, la administración Bahillo está atravesada por esta tensión política. Pero eso no debe ser una excusa: el intendente y su equipo de gobierno deben evaluar, con sinceridad, qué cosas han hecho mal, para que el conflicto laboral se desmadre.

Porque aquí algo falló. De última, no todo es achacable a la conducta del Sindicato. La política es el arte de gestionar el conflicto. Quien gobierna tiene la obligación de preverlo y llegado el caso de resolverlo a tiempo.

El resto de la dirigencia política opositora debiera también rever su conducta. Se percibe un regodeo malsano –casi maquiavélico- ante las dificultades que atraviesa el oficialismo.

De hecho, aquí si pueden le agregan más leña al fuego, con la intención bastarda de sacar alguna ventaja política. Este juego desnuda la hipocresía de alguna gente que se llena la boca con el bien común.

El otro protagonista, el mundo gremial, debe hacer una severa auto-evaluación. Como hemos dicho desde esta columna: el reclamo más justo queda desvirtuado cuando los métodos que se emplean para defenderlo se extralimitan o lesionan derechos comunitarios.

Hay que corregir los usos y costumbres de un sindicalismo que suele apelar al apriete y la violencia para conseguir su propósito. Cierta cultura patotera, de fuerte arraigo, se quiere llevar puesto lo que tiene delante.

Incluso es proclive al escrache, que es un método miserable inventado por al fascismo y que desgraciadamente –otro síntoma de descomposición institucional- ha sido adoptado por algunos grupos en Gualeguaychú.

El gobierno y el Sindicato tienen por delante una ardua tarea. Con espíritu de generosidad y sin revanchismo, deberán reconstruir su relación. Pero antes, cada uno debe hacerse una autocrítica.
Deben auto-examinarse por el bien de la ciudad.

La salud personal jaqueada por la crisis

Por el aumento de las presiones laborales, la crisis económica, y el clima de crispación que vive el país –que recuerda al vivido en 2002- aparecen nuevas dolencias entre los argentinos.


“Se ha observado un aumento de las consultas por contracturas musculares, tanto a nivel hospitalario como a nivel privado; también aumentó el síndrome llamado fibromialgia o reumatismo de partes blandas, relacionado generalmente con cuadros de estrés”,
aseguró Pablo G. Rivas, presidente de la Asociación Argentina de Terapia Física.

Es decir, mucha gente ya empieza a “somatizar” (soma: cuerpo) la presión que ejerce el clima social. Se produce así un importante desgaste físico y también psíquico, asociado al nivel de estrés.

“Cuando hay un estado de tensión permanente a causa de una situación social, familiar o laboral, se generan cuadros de depresión o ansiedad. Una de las manifestaciones de la ansiedad es el estrés, que genera una repercusión global en el cuerpo. Y una de las consecuencias es no lograr relajar el músculo”.

Eso explicó Liliana Geijo, miembro de la Asociación de Kinesiología y docente de la UBA, al explicar por qué razón han aumentado los casos de contracturas en mujeres de entre 35 y 45 años, y en general en mayores de 50.

La contractura es una contracción sostenida e involuntaria de uno o más músculos que puede provocar un dolor intenso. Por efecto del estrés, las zonas más afectadas son el cuello, la espalda y la cintura, según puntualizó el kinesiólogo Sergio Maslo.

El doctor Hans Selye definió al estrés como un síndrome general de adaptación. “Es una respuesta inespecífica del cuerpo a cualquier demanda”, explicó. Es inespecífica porque es similar frente a diferentes tipos de demandas o exigencias.

El cuerpo, así, busca adaptarse a la situación que vive, en procura de un equilibrio que se rompió a causa de la nueva situación. Los seres humanos, ante un cuadro de peligro o una situación estresante, reaccionan defendiéndose.

Según los especialistas, la clave pasa por la forma como el individuo reacciona antes situaciones complicadas. Por cierto que hay situaciones que producen estrés en todas las personas, como por ejemplo estar durmiendo y ser despertado de pronto por un terremoto.

Pero existen diferentes modos de enfrentar el estrés, a partir de que éste es el resultado de una determinada relación que mantenemos con el ambiente que nos rodea. En este sentido la manera de evaluar el ambiente influye en cómo nos sentimos.

Es decir, en muchos casos depende de cómo nos paramos mentalmente frente a los cambios medioambientales. Las situaciones enojosas de la vida cotidiana, así, pueden ser encaradas con sabiduría, y fortalecer al individuo.

Por otro lado, una manera de liberar el estrés es la actividad física. En este sentido, el sedentarismo potencia las enfermedades orgánicas y anímicas. Los trabajos que implican estar sentado durante horas fijando la mirada en la computadora o en un mostrador, concentran los casos más problemáticos.

“Ocurre que el ritmo de vida de  hoy va a contramano de las recomendaciones de nutricionistas, psicólogos, médicos y kinesiólogos. Un gran aumento de demanda, competitividad, competencia económica, atentan contra la vida al aire libre, con la posibilidad de hacer deporte, de llevar una buena dieta y de tener sosiego”, explicó Rivas.
En suma, valorar con provecho los diversos acontecimientos acaecidos en la vida social y familiar, en un contexto de crisis, puede aminorar el estrés. Hacer ejercicios, para huir del sedentarismo, es la otra fórmula recomendada.

Echar mano a las cajas previsionales

La iniciativa de la administración Bahillo de solventar un aumento salarial con recursos de la Caja de Jubilaciones Municipales, se inscribe dentro de otros comportamientos fiscales similares en el país.


Aunque no se conoce aún la naturaleza de la medida local –se habla de un aporte extraordinario al Tesoro municipal- se asemeja, por ejemplo, a la decisión de Daniel Scioli de financiarse con las cajas de retiros profesionales.

En efecto, el gobierno bonaerense, apurado por un déficit crónico en las cuentas públicas (supera los 7.000 millones de pesos), se endeudará con esas cajas por 30 millones de dólares, mediante la emisión de un bono.

El título bonaerense, que vencerá a partir de mayo de 2012, será garantizado con los recursos de la coparticipación federal de impuestos. Una emisión similar se registró en 2001, en medio de la creciente crisis económica que soportaba entonces el país.

“No hay crédito internacional; nos hemos comprometido a buscar fondos y es lo que estamos haciendo”, aclaró el ministro de Economía bonaerense, Rafael Perelmiter, al justificar la medida.

Pero también el gobierno nacional ha echado mano de los recursos previsionales. La estatización de las AFJP –que en muchos sentidos se pareció a una confiscación de ahorros privados- le viene dando respiro fiscal al gobierno K.

La Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), que gestiona los recursos del sistema previsional, se ha convertido en la gran Caja del gobierno, cuya recaudación se desplomó por la caída de la economía real.

Hace poco el gobierno anunció que se endeudará por 1.600 millones de pesos con la Anses, a través de la colocación de letras. Se trata de una operación normal por la cual el Tesoro nacional logra financiarse.

Es decir, a cambio de promesas de pago (pagarés) por parte de la administración K, la Anses se desprende de los ahorros previsionales, acumulados por trabajadores y empresas.

Así, en lugar de dinero la Anses está acumulando títulos de deuda pública. Según datos oficiales, a diciembre del año último el organismo de la seguridad social tenía Letras por 8.450 millones de pesos.

El gobierno, cebado por la plata dulce de los ahorros previsionales, y en parte creyéndose dueño de los mismos (desde que pasaron a la órbita estatal), no paga lo que debe: cuando vence un título lo renueva con otro.

Esta película el país ya la vivió: entre nuevas emisiones y renovaciones de títulos de deuda –algo así como patear para adelante el pasivo- los gobiernos fundieron en el pasado al régimen previsional de reparto.

Volviendo al caso de Gualeguaychú, trascendió que la Caja de Jubilaciones Municipales tiene un excedente de 4 millones de pesos. La intención oficial, aparentemente, es utilizar parte de esos recursos como auxilio al Tesoro municipal.

Según trascendió, no sería un préstamo sino un aporte extraordinario que sería devuelto una vez que mejore la recaudación. Como sea, se trata de una operación delicada que pone al desnudo la fragilidad fiscal del municipio.

Y esto porque de esta manera la comuna revela que entraría en déficit. Al pedir un auxilio a la caja previsional municipal, para pagar un aumento de sueldos, está confesando que los costos superarán los ingresos.

Cuando el Estado gasta más de lo que gana, ocurren estas cosas. Para equilibrar su economía, tiene que salir a financiarse en otros ámbitos. Se empieza, entonces, con los recursos previsionales.

Más allá de que estos recursos están dentro de la órbita estatal, su utilización para gastos corrientes apenas tapa un problema de insolvencia estructural en el fisco. 

La escuela y el atajo tecnológico

Hace tiempo que la escuela, un tanto acomplejada por los cambios que se verifican fuera de sus muros, entró en una carrera frenética para adquirir y usar tecnología.


La movida va en sintonía con la importancia real del manejo de la informática entre las cualidades que se buscan en las personas, sobre todo en el mundo laboral. Instalar computadores en el ámbito educativo, así, se convirtió en una moda.

Internet, la red informática que interconecta computadoras en todo el mundo, y que permite el acceso a textos, imágenes, sonidos y videos, ha generado una fascinación inaudita.

Por alguna razón nuestra cultura ha sacralizado la información, perdiendo de vista que los datos no equivalen a conocimiento. Y la escuela ha caído también en esta confusión.

Las tecnologías son herramientas, y no fines en sí mismas. Se sabe: los chicos adoran estos dispositivos y se pasan horas jugando con ellos. Pero estar sentado enfrente a una pantalla pulsando botones, no implica una actitud de estudio y análisis o un esfuerzo mental sostenido.

El trabajo con las computadoras, en especial cuando se recurre a Internet, puede proporcionar información actualizada, pero de ninguna manera garantiza per se el desarrollo del pensamiento crítico.

David Gelernter, profesor de computación en la Universidad de Yale, es claro al respecto: “El uso de las computadoras no tiene, en sí mismo, nada de malo. Pero debemos advertir que estamos en medio de una catástrofe educativa. A los chicos ya no se les enseña a leer ni a escribir. No aprenden ni la aritmética elemental ni la historia”.

“En este contexto –opina– constituye un desastre introducir en el aula un juguete atractivo que refuerza nuestras peores tendencias. Sostener que los niños están en dificultades porque no tienen acceso a suficiente modernidad y que, en realidad, lo que necesitan es más información, resulta alarmante. Lo que hoy requieren es competencia y práctica en el manejo de los elementos básicos de la educación”.

Por otro lado, pese al uso escolar creciente de la informática, los profesores siguen quejándose de que sus alumnos son incapaces de relacionar ideas, que es el abecé del acto de pensar.

En lugar de elaborar informes que sinteticen información proveniente de distintas fuentes, a menudo copian trozos enteros de textos que obtienen en Internet, mediante la práctica de “cortar y copiar”, sin comprender el sentido de los mismos.

Ignacio Ramonet, editor de Le Monde Diplomatique, ha dicho: “Ser culto hoy, como siempre, es tener conciencia filosófica del sentido de nuestra vida. No hay equivalencia entre mucha tecnología y mejor cultura”.

“En cierta medida, ser culto es ser sabio en el sentido tradicional, distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto. Esta vorágine de información trata de hacerle creer al individuo que sólo hay una manera de ser culto y que es la de digerir el máximo de información posible”.

En el fondo lo que dicen estos especialistas es que la formación del pensamiento puede prescindir de la tecnología. Las computadoras e Internet, por caso, no sustituyen las habilidades intelectuales y el conocimiento que los niños deben aprender, y que ha sido la función principal de la escuela.

Esto no quiere decir –de ninguna manera- que las personas no deban aprender a usar una computadora y a manejarse con solvencia en el ámbito de la informática. El problema está en creer que la tecnología, en tanto herramienta, puede sustituir el proceso de pensar.
El simple hecho de seleccionar y observar en una pantalla suele constituir un pálido sustituto de la actividad mental que conduce a la comprensión.

Un gesto a Cuba que hace historia

La decisión del presidente Barack Obama de levantar las restricciones a los cubano-norteamericanos para viajar y enviar dinero a Cuba no sólo es un gesto de distensión regional. Es un síntoma de que el mundo marcha hacia otro escenario.


El bloqueo norteamericano a la Isla, una rémora de la época de la Guerra Fría, parece haber entrado en proceso de liquidación, con este paso dado por el gobierno norteamericano.

Aunque la medida no implica el levantamiento del bloqueo comercial que desde hace cuatro décadas pesa sobre Cuba, sin embargo supone un giro de 180 grados respecto de lo que fue la política del presidente George W. Bush.

La administración republicana había profundizado la beligerancia con el régimen comunista de los hermanos Fidel y Raúl Castro. Seguía la política de “castigo” históricamente adoptada por la Casa Blanca.

Pero Obama acaba de abrir una brecha en esa política, acaso intuyendo que dicha estrategia resulta obsoleta ante los acelerados cambios históricos que se están produciendo.

El mundo conocido se está derrumbando ante nuestras narices, y con él se vinieron abajo también viejas categorías ideológicas explicativas de la historia. La caída del Muro de Berlín, allá por 1989, supuso la implosión del bloque comunista.

Desde entonces el régimen castrista, que se había plegado a la política soviética, se quedó huérfano, en un contexto en el cual el capitalismo liberal emergía como triunfante frente a su tradicional adversario.

Estados Unidos, así, aparecía como ganador de la contienda con la Unión Soviética, iniciada desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y que polarizó el planeta por 50 años.

Ha quedado lejos en el recuerdo la crisis de los misiles, cuando el presidente demócrata John F. Kennedy emplazó a Rusia el inmediato retiro de esos artefactos de Cuba, convertida en poderosa base militar.

El mundo vivió entonces días dramáticos, porque sobrevoló con fuerza el fantasma de una tercera guerra mundial. El régimen de Fidel Castro, inclinado cada vez más en la línea dura “trotskista”, y en acuerdo con Moscú, había devenido en punta de lanza del comunismo en Latinoamérica.

Fue un centro de exportación de la revolución en la región. Pero caída la Unión Soviética a fines de los ‘80, y con ella todo el bloque comunista, el régimen cubano quedó patinando en el vacío.

Los países alineados con la revolución proletaria –por ejemplo en la Europa del Este, Vietnam y últimamente China- se fueron plegando al capitalismo, que quedó sin rival en el centro de la escena mundial.

No fue el caso de Castro y su gobierno, devenido en el último baluarte del comunismo. Sin embargo el régimen empieza a aggiornarse y la tensión con Estado Unidos empieza a ceder.

Es significativo, en este sentido, que mientras fue un presidente norteamericano demócrata, J.F. Kennedy, quien impuso el embargo comercial a Cuba en febrero de 1962, cuatro décadas después otro mandatario demócrata lo flexibiliza.

Por otra parte, Obama sabe también que ni siquiera el capitalismo es el mismo. Aunque hegemónico, el reciente derrumbe de Wall Streat, le ha asestado un duro revés, en términos de credibilidad pública.

La conciencia histórica contemporánea ha tomado nota de que ya nada es lo que era. Un nuevo concierto internacional se está dibujando, y los antagonismos de antes han perdido vigencia. En todo caso, nuevos retos se plantean.

En este esquema, suena lógico un barajar y dar de vuelta en la relación entre Estados Unidos y Cuba. Permitir los viajes y las remesas de cubano-estadounidenses a la isla, va en línea con los nuevos tiempos históricos.