César Chelala: El científico que denunció a la dictadura en los ‘70

 

INICIA JUICIO CONTRA EX DICTADOR BIGNONE Y OTROS EX MILITARESEl médico tucumano que ganó el premio Overseas Press Club of America por el mejor artículo sobre Derechos Humanos por la nota de tapa que publicó en la revista del New York Times “Desaparecidos o muertos en Argentina”, en 1979 es actualmente reconocido columnista de diferentes medios del mundo; dice que los gastos militares superan largamente a los de salud y señala la paradoja de que los países que más hablan de derechos humanos son los que más gastan en armas.

 

 

 

Florencia Carbone

 

 

 

César Chelala comenta el dato con la tranquilidad tucumana que conserva a pesar de los más de 40 años que lleva viviendo en Estados Unidos: “Las cifras de gastos militares en el mundo son abrumadoramente superior a las de salud, y curiosamente, los países que más gastan en eso son los que más hablan de derechos humanos, de los cuales el derecho a la salud es una parte fundamental”.

Chelala es, ante todo, un personaje muy peculiar: un médico que eligió ser investigador y que casi por azar se convirtió en uno de los primeros reporteros para el mundo de la tragedia que vivía la Argentina durante la dictadura. La nota, que fue tapa de la edición del 21 de octubre de 1979 de la revista del New York Times con el título de “Missing or dead in Argentina” (Desaparecidos o muertos en Argentina), ganó el premio Overseas Press Club of America por el mejor artículo sobre Derechos Humanos.

 

Si pidieran resumir la historia de Chelala en una pocas líneas, habría que decir que se trata de un médico que al terminar su carrera se dio cuenta de que la práctica diaria de la medicina no era lo que le interesaba, y que entonces “probó” con la investigación. Lo que comenzó en 1964 en el Instituto de Química Biológica en la Universidad de Tucumán, finalmente lo llevó a la Fundación Campomar, en Buenos Aires, donde durante cinco años trabajó con el doctor Héctor Norberto Torres, y con un vecino de lujo: el premio Nobel Luis Federico Leloir.

 

¿Cómo era Leloir? “Un hombre de genuina sencillez y gran seriedad intelectual. Llegaba a trabajar cada día a las 9 y se iba a las 17. Dirigía el Instituto pero sin interferir”, recuerda.

 

Mientras cursaba su doctorado en química biológica en la UBA, empezó a interesarse en la genética molecular y entonces surgió la posibilidad de marchar a Estados Unidos.

 

Corría 1971 cuando junto con su mujer, Silvia Inés Sallenave, de Gualeguay, aterrizaron en Nueva York.

 

“La idea era quedarnos un par de años y regresar a la Argentina, pero por supuesto que a los dos años ni siquiera podía hablar bien inglés (dice riendo). Decidimos quedarnos. En 1979, cuando se terminó el dinero de una subvención con la que financiaba su investigación, hubo otro replanteo: “Leloir decía que cuando uno hace investigación sabe cada vez más y más de cada vez menos y menos. Pensé que era tiempo de un nuevo cambio. Quería hacer algún tipo de consultoría en salud pública para organismos internacionales. Pero lejos de ayudarme, mi perfil de investigador parecía un escollo. Pasé más de un año sin trabajo formal”.

 

En el “mientras tanto”, cuando ayudaba a una amiga a hacer traducciones para Amnistía Internacional, llegó la propuesta más inesperada. “Un día mi amiga me dice: César, tuvimos una reunión en Amnistía y creemos que hay que publicitar lo que está pasando en la Argentina con los desaparecidos. Sabemos que una editora del New York Times está interesada en el tema. ¿Por qué no preparás una propuesta de dos páginas y se lo presentás? Pensamos que sos la persona indicada. Me quedé helado y la primera reacción fue negarme. En mi vida sólo había escrito temas científicos”.

 

Sólo la tenacidad de su amiga logró convencerlo. En las siguientes tres semanas trabajó en la propuesta que luego revisó y adaptó con las sugerencias del periodista norteamericano Paul Heath Hoeffel, conocedor al detalle la realidad argentina y chilena.

 

Un mes después de entregar el resumen en el diario recibió el llamado de la editora del New York Times confirmando que querían un extenso y detallado artículo que reflejara la situación que vivía el país.

 

-¿Cómo investigaron el tema?

 

-Hablamos por teléfono con mucha gente en la Argentina y recibimos un gran aporte de funcionarios norteamericanos que habían estado en la embajada en Buenos Aires, también muy buena información de exilados argentinos que protagonizaron distintos tipos de penurias y nos contaron sus experiencias. Trabajamos tres meses en el artículo. Lo entregamos y al tiempo la editora nos citó en el diario. Nos hizo pasar a una sala enorme donde alrededor de una mesa estaban todos los editores. Y luego de anunciarnos que pensaban publicar el artículo en un par de semanas, dijeron que queríamos que viéramos las fotos que lo acompañarían. De repente, mientras proyectaban una imagen muy impactante de una mujer con un tapado de lana sosteniendo una foto de su hijo desaparecido, uno de los editores comentó que estaban analizando usar esa foto como tapa de la revista del New York Times. ¡Con mi amigo casi nos desmayamos! Pero más allá de que finalmente fue la tapa de la revista, lo que nos causó más placer fue que pocos días después el senador Edward Kennedy, hermano del presidente, hizo una moción especial al Congreso para que el artículo fuera incluido en el Congressional Record como documento histórico.

 

-¿Por qué firmaste el artículo con un seudónimo?

 

-Como toda mi familia estaba en la Argentina y no quería causarles ningún problema, decidí usar un seudónimo: Juan Montalvo.

 

-¿Cómo eligiste ese nombre?

 

-Estábamos discutiendo con mi mujer qué nombre elegir. Queríamos un nombre que sonara común y en este caso tanto el nombre como el apellido nos sonaron “comunes”, lo que no tuvimos en cuenta fue que Juan Montalvo era un gran escritor ecuatoriano que escribía en contra de los tiranos de su país y que cuando uno de ellos murió, él dijo: “Lo mató mi pluma”. Conocí ese incidente por medio de una carta de lectores que se publicó luego de nuestro artículo.

 

-¿Es cierto que el artículo fue un elemento decisivo para que la secretaria de Derechos Humanos del presidente James Carter visitara la Argentina?

 

-No me consta pero no me sorprendería que hubiera sido así por el impacto que tiene algo publicado por el New York Times y por el interés de Patricia Derian (la funcionaria en cuestión) en el tema. Algunos años más tarde tuve la oportunidad de estar con Carter y Adolfo Pérez Esquivel -que me invitó a acompañarlo- pero no tocamos ese tema porque se estaba discutiendo la situación en Nicaragua.

 

Con el paso del tiempo, Chelala descubrió que su verdadera pasión era el periodismo y en los últimos años ha escrito diferentes artículos para Washington Post, Los Angeles Times, Boston Globe, Miami Herald, Chicago Tribune, San Francisco Chronicle, Japan Times, Asian Wall Street Journal, Asia Times, The Moscow Times y O Globo, entre otros.

 

-¿Cómo conectaste la medicina con el periodismo, los derechos humanos y el análisis de la realidad internacional?

 

-Es que finalmente comencé a hacer, como quería, consultorías en salud pública, y eso me llevó a recorrer muchos países en desarrollo para ver cómo funcionaban algunos proyectos de salud y dar recomendaciones sobre qué hacer para mejorarlos. Trabajé para varias agencias de Naciones Unidas. La OPS en Washington, UNICEF, el Fondo de Población de Naciones Unidas, UNESCO y otras organizaciones internacionales. Hice misiones en más de 50 países y eso me permitió tener una visión particularmente rica de los problemas de cada país porque iba a ver personas donde había problemas de salud, refugiados, inmigrantes. Eso unido a mi curiosidad natural despertó el interés por escribir sobre derechos humanos.

 

-¿Cómo ves la región?

 

-En general está pasando un momento relativamente bueno en cuanto a derechos humanos. Creo que actualmente hay mucho más respeto por las libertades individuales. Considero que América latina está tremendamente descuidada por los gobiernos de Estados Unidos, y que están perdiendo una oportunidad histórica para tener buenas relaciones con un vecino natural.

 

-Más allá de que la Argentina lidera el ranking de sentimiento antinorteamericano en la región, muchos opinan que lo mejor que puede pasar es que Estados Unidos no se fije en la región…

 

-Lo entiendo perfectamente y me parece un temor razonable desde cierto punto de vista, pero Estados Unidos se va a meter tanto como los países lo dejen. Por otro lado me parece paradójico que en un país donde prima el antinorteamericanismo, llamen drugstore a un negocio, utilicen tantas palabras en inglés, copien su música… Es cierto que Estados Unidos es el imperialismo cultural más fuerte de la historia, pero creo que en la Argentina tenemos la tendencia a copiar las peores cosas de Estados Unidos en lugar de las mejores.

 

-¿Es posible hacer una comparación entre el estado de salud en los países emergentes en tiempos en los que hacía consultoría y hoy?

 

-Son mejoras paulatinas y que toman mucho tiempo, pero lo que más me impresiona es la tremenda desproporción que hay que entre lo que se gasta en salud y los gastos militares. Es algo absolutamente horrendo. Los problemas de salud del mundo podrían solucionar usando una porción de los recursos que se dedican a los gastos militares

 

¿Cómo es la relación?

 

-Se calcula que los gastos militares de las principales potencias son centenares de veces más grandes que los gastos que los gobiernos destinan a la salud. De acuerdo a SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) los gastos militares en 2012 fueron de $1.75 trillones de dólares. En comparación, el presupuesto 2012-2013 de la OMS (Organización Mundial de la Salud) fue de $3.95 billones.

 

-¿Es posible hablar de una enfermedad de la globalización?

 

-Es una pregunta difícil de responder. Lo que produce la globalización es que con estos grandes movimientos de personas también hay movimiento de enfermedades por lo que muchas enfermedades que eran predominantes en ciertos países comienzan a verse en otros.

 

-¿Cuáles son los principales problemas de salud a nivel mundial?

 

-Sólo para dar una idea general ya que estos problemas varían mucho entre países y en las distintas regiones y poblaciones consideradas, se puede decir que en los niños, principalmente en países en desarrollo, predominan las infecciones intestinales y respiratorias, la malnutrición y la malaria, que continúa causando estragos en Africa. Entre los adolescentes lo más preocupante es el abuso de las drogas ye l alcohol –situación que pude ver recientemente en la Argentina-. Los planes sociales que existen obviamente no alcanzan a controlar estos problemas que tienden a acentuarse con el tiempo.

 

En las personas mayores predominan cada vez más las enfermedades crónicas no transmisibles como la obesidad y sus consecuencias, la diabetes y la hipertensión arterial. Los distintos tipos de cáncer siguen siendo una causa importante de morbilidad y mortalidad, y el SIDA sigue causando estragos en la mayoría de los países, aunque en varios ya se está controlando más eficazmente. No se pueden ignorar los efectos del medio ambiente contaminado sobre la salud de las personas, particularmente los niños, y las consecuencias de la violencia de género, que se ha convertido no sólo en un problema social, sino de salud pública.

 

 

 

El futuro

 

 

¿Cuáles son las prioridades en la agenda de derechos humanos de EEUU para los próximos años?

 

Desde el punto de vista de los derechos humanos, Estados Unidos confronta desafíos importantes. Por una parte tiene que cerrar el centro de torturas de Guantánamo, que sólo le trajo vergüenza y una condena universal. Relacionado con esto, tiene que levantar el embargo a Cuba, que hasta ahora sólo ha perjudicado al pueblo cubano. Es inexplicable que el gobierno norteamericano persista en una política que ha sido condenada por todo el mundo por 22 años seguidos en las Naciones Unidas -la última votación por 188 votos en favor de condenar el embargo y sólo dos en contra: Estados Unidos e Israel-. Mantener el embargo en esas condiciones es una muestra manifiesta de la “arrogancia del poder”. Por otra parte, tiene que terminar con las escuchas ilegales que hace a nivel mundial con la excusa de proteger al país. La mejor forma de proteger al país es no llevar a cabo acciones como las guerras sin fundamento contra Irak y Afganistán y los ataques ilegales con drones contra otros países que terminan asesinando a centenares de inocentes, entre ellos mujeres, niños y, a veces, hasta familias enteras como ocurrió con ataques mientras se celebraba una boda. Es una agenda bastante complicada pero que no agota los problemas que debe confrontar.

 

 

 

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