Cristina y Massa, la fórmula ideal del ‘panperonismo’ para ganarle a Macri

Salvo que una debacle insostenible le impida llegar al final de su mandato a Macri, no hay chances que María Eugenia Vidal sea candidata a Presidente. Lo siente ella misma y lo repitió hasta el cansancio esta semana en un raid mediático, de los que suele hacer cada tanto.

 

Jorge Barroetaveña

 

“Los bonaerenses siempre han sentido que los políticos vienen a la provincia a buscar votos, para después catapultarse a la Presidencia. Yo no voy a hacer eso”, descerrajó la Gobernadora Vidal en una de las entrevistas.

Es que su imagen, en la debacle generalizada, sigue siendo alta. Esmerilada por la parte más explosiva de la crisis, todavía se mantiene al tope de las encuestas y en eventuales escenarios de segunda vuelta, es casi la única que hoy le puede ganar a Cristina Kirchner. Pero la estrategia de lanzarla a la presidencia tiene un Talón de Aquiles que lo excede al propio Presidente: nadie mide como ella en Buenos Aires y es imposible pensar en ganar la Rosada sin triunfar en ese amplio y cambiante territorio.

Sino habría que preguntarle a Cristina si no está arrepentida de haber elegido a Aníbal Fernández para la gobernación en 2015. En ese dedo fallido se fue buena parte de la posibilidad que Scioli tenía de ser Presidente. Y otro poco de Córdoba claro está, provincia en la que Macri rozó el 70% en la segunda vuelta.

Es historia pasada sí, dirá alguno, pero bien reciente y de la que nuestros políticos deberían aprender. Quizás de aquellos pliegues se vislumbra hoy la alternativa de un peronismo unido, que todavía cruje, aunque dejó de ser la quimera de hace un año. La ancestral ambigüedad de Sergio Massa a la hora de hablar de Cristina, instalan esa sensación. El kirchnerismo ha sido eficaz, como siempre lo fue, en instalar que sólo el peronismo unido (habría que ver cuál de los ‘peronismos’) le pueden ganar a Cambiemos. Los límites de esa entente siguen siendo lábiles, aunque ya no tan intangibles.

Quizás la ruptura del bloque de Pichetto en el Senado (gracias a él salió el presupuesto) sea el indicio más importante del cambio de escenario. Si bien al final la mayoría fue bastante holgada, el tránsito estuvo lleno de pozos que en algún momento pusieron en riesgo la sanción. La muñeca de Rogelio Frigerio y las ganas de recibir fondos y obras de algunos gobernadores, pudieron torcer la ecuación pero la negociación siempre estuvo al borde del estallido.

El senador rionegrino todavía resiste a rendirse ante las mieles edulcoradas de Cristina. Y eso que la tiene cerca y se la cruza cada dos por tres. Ante ella ya sucumbieron Felipe Solá, los movimientos sociales con el emisario del Papa, Juan Grabois a la cabeza, gobernadores críticos como Verna o Rodríguez Saá y tiene contra las cuerdas a Sergio Massa que navega por aguas cuya profundidad ignora.

Hace pocas horas Massa pasó por Entre Ríos y le puso la lápida al Frente Renovador. Elogió a Bordet, casi que formalizó la alianza, y quedó a la expectativa de algún gesto que no se concretó. El tigrense sueña aún con agrupar a los gobernadores anti K y forzar de esa manera a Cristina a apoyarlo. Supone que en una mano a mano podría perder y no quiere verse sometido a lo que le pasó en el 2015 cuando entre Macri y la jefa le chuparon votos por izquierda y derecha. Pero tampoco come vidrio y comparte algo del ideario de Solá que por primerearlo pegó el portazo: buscar que el kirchnerismo sin Cristina los abrace. Suena raro que la ex presidenta no busque otra vez el paraguas de una candidatura, para ella y para los suyos. Es una obviedad pero todos lo saben: los votos son de ella y, como quedó demostrado en Brasil con Haddad hace poco, o con Aníbal en Buenos Aires, no son necesariamente transferibles. Ese núcleo duro, ese capital, es lo que le sirve para negociar e imponerle condiciones a todos sus rivales, Massa incluido, que aún no han dado la medida como para enfrentarla. La impericia para unos, intencionalidad para otros, de Cambiemos para manejar la economía, le devolvió al peronismo el sueño de volver a la Casa Rosada el año que viene. En Argentina como en ningún otro país del mundo, los plazos son eternos y nadie puede arriesgar lo que va a suceder. A las pruebas hay que remitirse: un año antes de las elecciones del 2015 ninguna encuesta lo daba a Macri Presidente.

Algunos lo niegan y el propio Massa lo rechaza, pero los puentes con Cristina ya están tendidos merced al eficiente trabajo del todo terreno Alberto Fernández, aquel al que Néstor y la misma jefa acusaban de ser el ‘representante’ de Clarín en el gobierno. Si levantaron el teléfono y hablaron lo saben sólo ellos. ¿Sería Massa capaz de bajarse y apoyar a Cristina para volver al poder? ¿Sería Cristina capaz de apoyarlo a Massa si ve que es la única chance de ganarle a Macri? Tienen un pasado en común. Él fue titular de Anses y después su Jefe de Gabinete. Se pelearon, se fue, le ganó las elecciones y sepultó los sueños de reelección. Se conocen más de lo que muchos creen. Sólo sería cuestión de blanquear. ¿Y si la fórmula fuera Cristina-Massa?

 

 

 

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