El dólar sigue siendo la moneda del mundo

La hegemonía del dólar estadounidense como moneda dominante de la economía global sigue inalterable, pese a los pronósticos agoreros respecto de su caída.

“El imperio del dólar está llegando a su fin”, titulaban algunos analistas financieros, tras el estallido de la burbuja de las hipotecas subprime, que provocó la quiebra de Lehman Brothers en 2008.

Esa presunción monetaria se asentaba en otra más vasta respecto a que Estados Unidos caería vertiginosamente como potencia mundial, siendo reemplazado eventualmente por China.

Pero nada de eso ocurrió. Finalmente el sistema bancario norteamericano superó hace una década la peor crisis financiera desde la Gran Depresión, y el dólar sobrevivió.

Resulta que en los últimos años el dólar ha cimentado más su posición como depósito preferido de los ahorristas globales, continúa siendo el refugio supremo en épocas de crisis y es el medio clave para el intercambio de materias primas como el petróleo.

“No existe una alternativa al dólar”, sostuvo Mark Blyth, economista político internacional de la Universidad de Brown. “No podemos vivir sin el dólar y eso le da a Estados Unidos un poder estructural impresionante”, señaló.

Esto se echa de ver en que la Reserva Federal (especie de banco central norteamericano) sigue marcando la cancha a nivel global. El último tiempo, ha aumentando las tasas de interés, atrayendo más dinero del sistema mundial hacia Estados Unidos.

Argentina, un país adicto al dólar, ha venido sufriendo este encarecimiento de la divisa, ya que muchos inversores globales prefieran dejar estas pampas y colocar sus ahorros en papeles norteamericanos.

Otro dato que refleja la fuerza del dólar tiene que ver con que la proporción de reservas en esa moneda de los bancos centrales de todo el mundo se ha mantenido constante en la última década, en el orden del 62%, según el FMI.

El analista Peter S. Goodman, en un reciente artículo aparecido en The New York Times, puntualizó que las monedas contrincantes del dólar no lo han socavado. El euro, que es la moneda perteneciente a la Unión Europea y es considerada la segunda de mayor aceptación en el mundo, sufre el desgaste asociado al problema de gobernanza ese organismo político.

“Una serie de crisis dentro de los diecinueve países que comparten el euro ha provocado más hostilidad que unidad, y ha dejado al descubierto un defecto fundamental: el euro es una moneda común que no cuenta con el respaldo de una estructura política común que pueda garantizar una respuesta firme en caso de que surjan dificultades”, refiere Goodman.

Por otro lado la potencia económica emergente, China, intentó en los últimos años que su moneda, el Renminbi (cuya unidad básica es el yuan), tuviera una presencia mundial más relevante, con la intención de desplazar al dólar.

El gobierno chino ha impulsado medidas orientadas a posicionar su divisa como reserva de valor global. Estas medidas incluyen la presencia de los bancos chinos en las principales plazas financieras del mundo, así como la realización de acuerdos de respaldo monetario mutuo con varios países (swap financieros).

Sin embargo, la desaceleración económica actual de China, su creciente deuda, la percepción de que sus inversiones en el extranjero son una forma de colonialismo, las restricciones impuestas por el gobierno chino a la salida de dinero de su país, y sobre todo la persistencia de un régimen político totalitario (comunista), conspiran contra el Renminbi como moneda global.

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