El odio étnico amenaza al modelo multicultural

El atentado a dos mezquitas en Nueva Zelanda, que dejó varias decenas de muertos y heridos, es un síntoma de la violencia que está dispuesta a ejercer la nueva ultraderecha racista global.

Tres hombres y una mujer fueron arrestados por participar en los ataques a los templos islamitas de la ciudad de Christchurch, a causa de lo cual 49 personas murieron y otras 48 resultaron heridas.

Uno de los arrestados es ciudadano australiano y las autoridades neozelandesas lo describieron como un “terrorista violento de extrema derecha”.

Se trata de Brenton Tarrant, de 28 años, vinculado a grupos de extrema derecha que defienden el supremacismo blanco y que ha hecho público un manifiesto en el que expresa su voluntad de acabar con la vida de todos los inmigrantes.

Allí declara su odio a los inmigrantes musulmanes en Europa e idolatra los movimientos extremistas de Estados Unidos. Tarrant recitó también un popular eslogan del movimiento que dice: “Debemos asegurar la existencia de nuestra gente y un fututo para los niños blancos”.

“Lo que ha ocurrido es un acto de violencia extraordinario y sin precedentes”, dijo la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern. “Es uno de los días más oscuros para nuestro país”, agregó y comunicó que el nivel de alerta en el país había sido elevado a “alto”.

“Hemos pedido a todas las mezquitas a nivel nacional que cierren sus puertas, y aconsejamos que las personas se abstengan de visitar estas instalaciones hasta nuevo aviso”, publicó la policía de Nueva Zelanda en su cuenta de Twitter.

El supremacismo blanco es una ideología montada sobre el odio étnico –como lo es también el islamismo radical-  que cuestiona el orden multicultural de las sociedades contemporáneas.

La globalización, el desarrollo tecnológico y las migraciones contemporáneas, suponían una anulación de las fronteras ideológicas y una heterogeneidad en la población que harían de los prejuicios étnicos un asunto caduco y prehistórico.

Sin embargo, se ha producido un renacer de los populismos de ultraderecha que creen que el actual orden mundial –multicultural y multiétnico- es un complot para acabar con la raza blanca.

Estos movimientos nacionalistas, en boga preferentemente en Estados Unidos y Europa, ya han dejado de ser una minoría radical sin influencia. A caballo del rechazo xenófobo hacia la inmigración, sobre todo musulmana, están poniendo en jaque al sistema.

¿Qué identifica a un grupo nacionalista o radical? El más conocido de ellos en Estados Unidos –y cuyo emblema son las capuchas blancas y las antorchas- es el Ku Klux Klan, formado en 1865 por antiguos líderes sureños de la Guerra de Secesión, quienes reivindicaban el derecho a la esclavitud y la segregación racial.

En Europa, en tanto, los grupos neonazis son colectivos que han retomado la simbología de la esvástica intentando reivindicar los ideales de Adolfo Hitler como el anti-semitismo y la pureza de la sangre.

Estos grupos suelen catalogarse dentro de un colectivo más grande denominado “supremacistas blancos”, pues comparten los ideales del racismo, el anti-semitismo y la intolerancia religiosa contra los musulmanes.

La presencia online de contenidos de esta extrema derecha está aumentando velozmente. Con una audiencia global cada vez más elevada, el fenómeno se ha vuelto sumamente preocupante.

Los hechos sangrientos en Nueva Zelanda demuestran que estos grupos están decididos a usar el crimen y la violencia para alcanzar sus propósitos.

 

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