El pionero de la era de la inteligencia artificial

El acelerado avance de la inteligencia artificial (IA), que no sólo tiene implicancias socioeconómicas extraordinarias sino que va camino a cambiar la imagen que tenemos del hombre, se deben en gran medida a las invenciones del genio británico Alan Turing.

La primera Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial, celebrada en Shangai la semana pasada, dejó en claro que la humanidad transita un cambio revolucionario.

En los llamados pabellones de la experiencia, el público quedó boquiabierto ante los nuevos inventos que está produciendo esta rama de la ciencia aplicada.

Como por ejemplo una diadema que permite controlar un brazo biónico con la mente, una cápsula que hace un diagnóstico integral de nuestra salud en cuestión de minutos, algoritmos que previenen el cáncer con un escáner, cámaras que reconocen rostros y vehículos entre miles de millones en cuestión de segundos, coches que determinan si el conductor no presta atención a la conducción y heladeras que saben lo que el usuario quiere comer antes de que tenga hambre.

Los disertantes de la conferencia hablaron sobre el papel del ser humano en la era de la inteligencia artificial. Reflexionaron filosóficamente sobre este conjunto de sistemas destinados no ya a sustituir a las personas en sus ámbitos intelectuales, sino a superarlas.

En la ocasión se recordó al científico Alan Turing (1912-1954), considerado uno de los padres de la ciencia de la computación y precursor de la informática moderna.

Turing fue una figura clave en el descifrado de los códigos de la máquina Enigma de la Alemania Nazi, lo que ayudó a la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial.

El cine le dedicó una película en 2014 llamada “The Imitation Game” (“Descifrando Enigma” en castellano). El film está protagonizado por Benedict Cumberbatch como Turing y dirigido por Morten Tyldum.

Allí se cuenta que trabajando en Bletchley Park, junto con otros colegas, Turing desarrolló “La Bombe”, una máquina electromecánica basada en el trabajo de unos criptógrafos polacos y con la que se consiguió descifrar el código de la Enigma

Esta operación exitosa fue esencial para ganar la Segunda Guerra Mundial y por esta razón Alan Turing fue condecorado con la Orden del Imperio Británico en 1945.

Pero uno de sus legados más perdurables es su aproximación al problema de las máquinas pensantes, dando así el puntapié inicial para el desarrollo de la inteligencia artificial.

Centró su estudio alrededor de este tópico trascendental: ¿hasta qué punto podemos considerar a una máquina “capaz” de pensar? Como resultado de esta investigación, desarrolló un experimento conocido como test de Turing.

El test se basa en comprobar si un ordenador puede convencer de que es humano a un interrogador durante una conversación (suponiendo que el interrogador no sabe si está hablando con una persona o con un ordenador).

En el Test de Turing el hombre es reemplazado por una computadora. La idea es que si la persona que hace las preguntas no puede diferenciar entre el ser humano y la máquina, ésta debe ser considerada un ente pensante.

Hoy se asegura que el científico inglés fue alguien que se adelantó a su época. “Creo que a finales de siglo (XX) –escribió– el uso de las palabras y la opinión general de la gente educada se habrá transformado tanto que seremos capaces de hablar de máquinas pensantes sin que se nos contradiga”.

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