El proselitismo político ya no es el de otra época

La época electoral se acerca y las fuerzas políticas en pugna deben actualizar sus métodos para sumar prosélitos. Todo indica que las redes sociales se muestran más eficaces que las pintadas en las paredes, los volantes y los pasacalles.

El proselitismo es el conjunto de actividades que una organización o una persona lleva adelante con el objetivo de ganar adeptos para su causa. Hacen uso de este concepto las religiones, con la idea de “convertir” a las personas a su doctrina, y por su puesto en el mundo político.

Todos los candidatos que aspiran a ser elegidos por el pueblo para acceder a un cargo público realizan proselitismo. Las campañas políticas que se desarrollan antes de una elección, de hecho, constituyen actos de proselitismo.

Así al aspirante a un cargo público se lo verá recorrer los barrios para conversar con la gente, grabar publicidades para radio y televisión, posar para afiches que se pegan en la vía pública y participar en debates con otros políticos, por ejemplo.

Como sea, desde hace algunos años asistimos a una transformación radical en el modo en que interactúan las personas, a partir de la irrupción de las nuevas tecnologías de la comunicación.

Esta innovación plantea un nuevo escenario, en el que predominan nuevas formas de hacer, entender y procesar la política, en un contexto de masificación de los nuevos dispositivos electrónicos.

Uno de los campos de la política que más ha experimentado el cambio es, sin duda, la forma como se organizan, se diseñan y se hacen operativas las campañas político-electorales.

A los esfuerzos proselitistas de los candidatos y partidos en la búsqueda del poder público se están incorporando nuevas y avanzadas estrategias, técnicas y conocimientos de frontera que se han conceptualizado con el nombre genérico, y a la vez ambiguo, de mercadotecnia política.

Producto de estas transformaciones, las organizaciones partidistas se encuentran ante un serio dilema: seguir operando con los esquemas y prácticas del pasado, bajo el riesgo de ser rebasadas por la competencia, o insertarse en la nueva modernidad, incorporando los nuevos lenguajes digitales.

Los dispositivos tecnológicos que están disponibles en el mercado, incluyen distintos programas para diseño e imagen, dispositivos electrónicos para levantar encuestas, bases de datos, web-blogs, páginas de Internet, videos interactivos, cámaras, imágenes digitales, redes satelitales y telefonía móvil, entre otros.

Una mayor información y las nuevas tecnologías han generado también una forma diferente de hacer proselitismo, con mayor precisión y conocimiento situacional de los votantes.

Ahora, se conoce con precisión dónde vive el elector, cuál es su filiación política, sus hábitos de votación, a qué sector social pertenece, dónde trabaja, cuánto gana, quiénes son sus patrones o ascendientes y qué beneficios ha obtenido de programas gubernamentales, entre otras cosas.

En tanto la web forma parte de la estrategia de comunicación de todos los candidatos. Cada uno a su modo intenta hacer pie en un terreno dominado por las redes sociales, como Facebook, Twitter e Instagram.

Las redes sociales permiten a los ciudadanos y a los candidatos conversar sobre todo tipo de asuntos. Las personas son más capaces de organizarse, reunirse y comunicarse debido a este ecosistema virtual.

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