12 de octubre: El rostro étnico del país es plural y diverso 

El 12 de octubre, fecha en la que tradicionalmente se conmemoró la llegada de los españoles a América, se promueve como un día de reflexión histórica acerca de la diversidad cultural y étnica.

En nuestro territorio conviven no sólo razas y culturas, sino varios niveles de historia. La realidad humana de los pueblos aborígenes existentes no obstante es desfavorable respecto de otros grupos.

La asimetría obedece al hecho de que Argentina –al igual que otros países latinoamericanos- emergió del difícil encuentro entre los españoles y otros colonos europeos, por un lado, y los indios conquistados y los africanos traídos como mano de obra esclava, por otro.

Es probable que el biotipo blanco europeo haya querido imponer su modelo a las otras partes, sin advertir que la realidad biológica, psíquica y cultural del país era diversa.

Las épocas pretéritas nunca desaparecen completamente y todas las heridas, aun las más antiguas, manan sangre todavía. En este sentido, ¿cómo hacer para que el deseo de justicia étnica no se transforme en revancha, exaltando así la unilateralidad que se critica? Una contra hegemonía amerindia, podría minar el ideal de la coexistencia entre grupos humanos diversos.

Convertir el mapa étnico de Argentina en un campo de batalla es la peor solución imaginada. Azuzar las contradicciones raciales siempre es desanconsejable.

¿Cómo zanjar esta cuestión, entonces? En principio, si hay situaciones de opresión étnica, habría que buscar removerlas, en aras de la justicia, ya que nada justifica la opresión de los seres humanos.

Por otro lado, habrá que convenir que cualquier visión antropológica unilateral –que ensalce un grupo sobre otro- es algo ajeno al rostro real de Argentina.

Un estudio realizado por investigadores de varias nacionalidades, y publicado en la prestigiosa revista científica PloS One Genetics en 2012, determinó que la composición genética argentina era 65% europea, 31% amerindia, y 4% africana.

A su vez, estableció que la ascendencia europea en la provincia de Buenos Aires era del 76%, mientras que para la zona sur (Chubut) bajaba a un 54%, al igual que para la zona noreste (Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa).

En tanto en el noroeste (Salta), se determinó una ascendencia mayoritariamente amerindia, dando por resultado un porcentaje europeo de apenas 33%.

Otro estudio publicado en 2015 en la misma revista, mostró que la composición genética argentina estaba constituida por un 67,3% de aporte europeo, un 27,7% de aporte amerindio, un 3,6% de aporte africano, y un 1,4% de aporte asiático.

El estudio graficó también que el 90% de la población argentina poseía una composición genética notoriamente diferente a la de europeos nativos, evidenciándose un proceso de mestizaje y mixtura.

Algunos sociólogos sostienen que existe una brecha étnica entre los pobladores de las pampas, más relacionados con los descendientes de inmigrantes europeos y la clase media, y los pobladores de las zonas extrapampeanas, más relacionados con los criollos, sector más postergado socialmente.

Como sea, la riqueza étnica de Argentina, en lugar de ser un motivo para el repliegue y la exclusión de los grupos humanos, debería ser una plataforma para el enriquecimiento mutuo.

Los antropólogos utilizan la palabra “otredad” para explicar el descubrimiento del “otro”, que es cualquier persona percibida como diferente y que nos sirve para “interdefinir” nuestra identidad. La otredad, así, es constitutiva de Argentina.

 

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