Historias de familia

dibujo_floridosEn la memoria colectiva de nuestro pueblo ha quedado arraigado el nombre de “Campos Floridos”. Solemos mencionarlos como referencia de una época de grandes latifundios que caracterizaron la región y al utilizar esos términos establecemos una relación con la familia García de Zúñiga.


Los documentos de archivo nos aportan datos de este núcleo familiar afincado en Buenos Aires alrededor de 1730.

Don Alonso Ginés García de Zúñiga era un hombre muy poderoso en esos tiempos, ostentaba títulos de nobleza como el de Caballero de Sevilla y Regidor Perpetuo; estaba casado con doña Juana de Lizola y Escobar, cuya madre había sido natural de Santa Fe de la Vera Cruz[1]. Las redes familiares los relacionaban con gente muy nombrada de la época.

Uno de los hijos de este matrimonio era Esteban Justo García de Zúñiga, conocido estanciero de nuestra región, quien había comprado tierras entrerrianas a la Real Hacienda del Virreinato del Río de la Plata, según consta en los registros de escribanía de la época a cargo del notario don Pedro de Velazco, archivados en Buenos Aires.

Con los años, el Superior Gobierno de  nuestra provincia renovó los títulos de posesión de acuerdo con las leyes de tierras y dicen los documentos que: “los campos (formaban) parte de la zona conocida con el nombre de Floridos”.

Mateo García de Zúñiga, era uno de los hijos de de Justo Esteban y ocupó el cargo de Gobernador de Entre Ríos en 1827.

Don Mateo, había adquirido tierras por compras hechas en varias fracciones a sus coherederos y a su señora madre doña Agustina Mónica Merlins y Crespo, tal como figura su nombre en escritura realizada ante el  escribano don Narciso Irauzuaga  el 30 de mayo de 1830. Otros registros la identifican como Agustina Mónica Morlius y Crespo o Moxlius y Crespo.

Lo cierto es que la extensión de campos pertenecientes a Mateo García de Zúñiga, por compra o herencia paterna,-además de las posesiones de su señora esposa-, llegó a tener como límites naturales el río Gualeguaychú hacia el este, Gená, Genacito, Cuchilla Divisoria, Gualeyán y Gualeguay al oeste, según dejó constancia el propietario en carta enviada a Juan Oxandaburu el 13 de julio de 1865, desde Montevideo.

 

Desde la Banda Oriental del Uruguay

El terrateniente nacido en Gualeguaychú (1795) fue contemporáneo en su juventud de Francisco Ramírez y, de Justo José de Urquiza hasta el final de sus días. Con ellos estuvo enfrentado por cuestiones políticas y económicas.

A mediados del siglo XIX emigró a la Banda Oriental del Uruguay desde donde emitió órdenes para administrar los campos de su pertenencia o disponer el arrendamiento y venta de los mismos en los veinte años que permaneció en aquel país. Entre los destinatarios de las cartas enviadas desde ese lugar figura el coronel Pedro Dumont, su compadre y apoderado, quien se ocupó de resolver las problemáticas que se plantearon en los “Campos Floridos”, además de realizar los “crokis” solicitados con respecto a las propiedades. No era Pedro Dumont un profesional en el tema de las mediciones, por lo que solía recibir correcciones del dueño de las tierras cuando no figuraba, por ejemplo, “entre los dos gajos del Gato una zanja que va hasta la Cuchilla Divisoria”[2].

Las tierras mencionadas lentamente comenzaron a venderse, negocios estos que ocasionaron una serie de conflictos con motivo de las mediciones “ad-mensuran” o “ad-corpus”; términos que solían utilizarse según fueran mensuras científicas como las realizadas por el agrimensor Dellepiane o “de tanteo” (provisorias) como las practicadas por el señor Dumont, apoderado de García de Zúñiga.

El caso del juicio de los hermanos Juan y Jacobo Spangemberg refleja esta problemática en esos tiempos, y en los diarios de la época se pueden leer textos que aluden a “los pedidos de evicción y saneamiento de lo vendido y arrendado por el señor feudal quien se había reservado el derecho de mensurar los campos  cuando a él le conviniera”[3].

La gente de aquellos años comentaba esta negación como si fuera un “misterio”, algunos lo atribuían a la incorrecta medición de los campos en los tiempos en que fueron escriturados y los inconvenientes que plantearía en las hijuelas de los respectivos herederos y sus descendientes. Otros mencionaban los intereses del fisco en el caso de haber errores en la mensura practicada en tiempos de la dominación española y la revalorización de las tierras. Lo cierto es que los compradores de algunas hectáreas de “Campo Florido” pasaron entre seis y ocho años luchando por sus derechos.

Quizás el negro Manuel que habitaba en el triángulo de campo que luego ocupó Oxandaburu, entre el de Spangember y el de Dumont; o doña Juliana, la mujer que fuera encontrada en las tierras de Joaquín Viera Núñez cuando este llegó de su viaje a Brasil, no pensaran lo mismo del terrateniente; él había dado órdenes de que no los desalojaran hasta que los ubicara en otro campo ya que no tenían adonde ir.

 

De los Zúñiga a los Tommasi

Al fallecer el terrateniente en 1872, su esposa Doña Rosalía Elía de García de Zúñiga tuvo que enfrentar las dificultades planteadas en vida de su cónyuge, por lo que continuó con las ventas y, con los años su hija Doña Clara García de Zúñiga de Zuviría a título de heredera de su finada madre, enajenó otras propiedades.

A raíz de estos negocios se pueden registrar datos interesantes sobre  historias rurales y posesión de tierras; tal como sucede con la documentación que posee el Señor Rubén Tommasi, dueño de un campo que fuera de los García de Zúñiga en Pehuajó Norte, y entusiasta de la historia rural.

Don Rubén está afincado junto a su esposa en Larroque y conserva en su memoria recuerdos de la propiedad rural ubicada en Pehuajó; extensión de tierra que también perteneció a doña Cornelia Villar de Seguí.

Algunas hectáreas habían sido de doña Carmen García de Zúñiga y Lizola casada con su primo o “deudo” Victorio García de Zúñiga  y Warnes.

Siendo viuda, doña Cornelia Villar de Seguí realizó una partición por donación entre vivos en beneficio de sus hijas, y entre sus nietos. Los hermanos Seguí y Aldao vendieron sus tierras a don Salvador Dardán quien a su vez, según consta en la escritura autorizada por el escribano don Asisclo Méndez, las transfirió a la familia Tommasi en 1922.

Los Tommasi eran inmigrantes italianos oriundos de Verona y habían venido a trabajar la tierra. Las palabras inglesas “green go” (ir a la granja) relacionaban de alguna manera el significado del término “gringo” con una nueva forma de tarea rural. Las actividades pecuarias daban lugar al agro y el pastoreo era reemplazado  en muchos casos por el arado y la siembra.

El campo de don Rubén se halla ubicado entre Irazusta y Parera[4]; allí nace un arroyo llamado García que seguramente figuraba registrado en la toponimia de los tiempos de Zúñiga al igual que el arroyo de “Las Tamberas”. Era este uno de esos campos conocidos como los de “de la costa y/ o los del centro” que no estaban a la venta en los tiempos del terrateniente por tener aguada permanente, cosa que no ocurría con los ubicados en la zona que el  hacendado denominaba “de frontera” y ofertaba a 7000 patacones la legua cuadrada.

Como la historia es una ciencia que se ocupa de los cambios y de las permanencias, de las continuidades y de los conflictos, los documentos relacionados con la ruralidad pueden aportar datos muy interesantes en este aspecto, nos brindan la posibilidad de integrar en el mismo discurso histórico temas provenientes de distintas esferas de la realidad social.

Tal como vemos en la imagen, el escudo de armas de la familia García de Zúñiga y la presencia de inmigrantes italianos dos siglos después, permiten concebir una explicación eminentemente histórica de los procesos de cambio social, además de enriquecer, complejizar y replantear la apreciación que hacemos de nuestro pasado.

*Docente

http//historiasdeentrerios.blospot.com

 


[1] Genealogía. Hombres de Mayo. Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Buenos Aires, 1961.

[2] Archivo Instituto “Osvaldo Magnasco”. Sección García de Zúñiga. Carpeta manuscrita nº 1.Copiador Original.

[3] Archivo Instituto “Osvaldo Magnasco”. Sección Hemeroteca. El Republicano. 1872

[4] Tommasi, Rubén. Escritura de campo. Provincia de Entre Ríos. 1922.

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