Hundimiento con penas y olvidos

flota_webSi algo caracterizó a la política económica del peronismo en su etapa inicial fue la nacionalización de los servicios públicos. Discutida y atacada duramente por la oposición, esa política sin embargo fue llevada adelante con  firme decisión.


Por Oscar Blanc Especial para El Día

 

Con el correr de los años, lo que más se le ha criticado al peronismo han sido los resultados concretos de esa nacionalización de servicios públicos, pues éstos incrementaron los gastos del Estado en forma desproporcionada y deterioraron en casi todos los casos la calidad de las prestaciones. Pero en el momento de ponerse en marcha aquella política lo que más se discutía era la forma en que se hacían las negociaciones con las compañías extranjeras (o de empresarios extranjeros), a las que se concedió un tratamiento que irritaba a los opositores, y al sano juicio,  porque se pagaban indemnizaciones consideradas excesivas.

La flota mercante

Así, en ese marco, se incrementó la Flota Mercante del Estado creada bajo el gobierno de Ramón Castillo. Los hermanos Dodero (Compañía Argentina de Navegación Dodero S.A.), que habían montado el negocio naviero sobre la base de los barcos de Nicolás Mihanovich ,  estaban al borde de la quiebra y el gobierno decidió que eran “servicios públicos, esenciales a la independencia económica nacional, los prestados por la Compañía Dodero”. Y a pesar de las denuncias de corrupción que tuvieron resonancia en el Congreso la operación se concretó bajo el argumento de que era necesario garantizar el transporte de pasajeros entre puertos del Río de la Plata y sus afluentes.

La FLOTA ARGENTINA DE NAVEGACION FLUVIAL (FANF) fue la heredera de toda la impresionante flota de unidades menores afectadas al trafico fluvial que integraban el consorcio de Dodero en 1949. Durante algunos años la FANF construyó nuevos buques y radió de servicio los muy antiguos y obsoletos, hasta 1958, cuando se decidió unir las flotas de FANF y Administración General del Transporte Fluvial, para formar  la  Empresa Flota Fluvial del Estado Argentino (EFFEA).

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Hacía dos años que, para buena parte de la población, se había puesto fin a la tiranía que imponía su voluntad mediante el autoritarismo y la corrupción Hacía un año que la Libertadora había dejado sin efecto la Constitución Justicialista, una de las más avanzadas del continente que pregonaba “la irrevocable decisión de constituir una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”. Abrogada por decreto, lo que es una aberración del derecho constitucional, los destinos del país se regían por los bandos militares. Miles de encarcelados  sin causa ni proceso más los fusilados sin juicio previo en los basurales de León Suárez  ponían en duda que la defensa de las libertades individuales fuera el móvil del golpe del 55.

En agosto de 1957 – cuando ocurrió el naufragio que motivó la primera parte de esta nota- la prensa se ocupaba de las agrias discusiones y serias divergencias de la Constituyente de Santa Fe reunida para reestablecer la Constitución liberal de 1853. El liberalismo predicado se detenía a la entrada de los cuarteles. Bajo el poncho de la defensa nacional venía el cuchillo de fabulosos negociados – casi nunca comprobados y mucho menos castigados-  con proveedores beneficiarios.

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Por lo visto se siguió manteniendo la estructura operativa y administrativa de la flota mercante, sea de cabotaje o ultramar, sin diferenciarse demasiado del régimen depuesto. Pero su decadencia  sufriría una puñalada mortal cuando uno de sus mejores vapores –el “Ciudad de Buenos Aires”- era escorado por un barco de ultramar, en las inmediaciones de la Isla Juncal y el remate fue, probablemente,  la colisión del “Ciudad de Asunción”, buque de la carrera a Montevideo en medio de una niebla cerrada, con un carguero griego a la salida de la capital uruguaya; ocurrió el 10 de julio del 63 y dejó 52 víctimas fatales sobre un total de 421 pasajeros y tripulantes. Su gemelo, el “Ciudad de Corrientes”, que hacía Buenos Aires – Asunción y puertos intermedios cumplió su cometido durante casi 50 años, con varios incidentes que hicieron peligrar su continuidad hasta que fue fondeado en el 68 frente al Aeroparque con destino a restaurante y local nocturno. Poco duró en su nueva actividad: al año siguiente se incendió. El “Río Santa Cruz”, carguero,  en los primeros tiempos de la Flota Fluvial explotó navegando entre Puerto Deseado y Comodoro en mayo del 52 cuando hacía su último viaje programado. Al año siguiente se hundió el “Gral Alvear”, de pasajeros, y su gemelo el “Gral Artigas” se dio de baja en 1960.  El “Perito Moreno”, petrolero, se incendió en Dock Sud el 29/06/84 y ardió durante varios días. Un barco a paletas, muy cercano a los afectos de los habitantes del bajo Río Uruguay fue el “Washington” (ver foto) que unía Concepción del Uruguay con Buenos Aires. El “Luna” que salía de Gualeguaychú empalmaba con él en la boya 90. Muy conocido como medio de transporte durante las décadas del 40 y 50, volvió a hacer el periplo después del hundimiento del “Ciudad de Buenos Aires”. Terminó radiado en 1960, incendiado siete años después cuando se lo desguazaba en la Vuelta de Rocha. Un clavo remachado resultó el “Ciudad de Santa Fe” que en la Segunda Guerra era transporte de tanques inglés y se adaptó como “de pasajeros” en astilleros alemanes. Problemas de calado y otros detalles técnicos lo hicieron inoperable.  Se compró en 1957,  a precio de crucero, y como si fuera un buque fantasma, sin destino fijo ni tripulación afectada,  fue radiado prácticamente sin ser utilizado, en fecha incierta entre 1962 y 1963.

Los cambios en los medios de comunicación apuraban la obsolescencia de los barcos. En Entre Ríos resistían los vapores de la carrera a favor del aislamiento geográfico de la Mesopotamia. La falta de puentes y caminos afirmados hacían que un viaje por tierra entre Gualeguaychú y Buenos Aires podría llevar tanto tiempo como por agua. Algo más práctico era el ferrocarril, especialmente luego del abaratamiento de los pasajes –también como consecuencia de la nacionalización- pero el ferry podría ser una barrera que demorara por horas y horas el cruce del Paraná. Así el “vapor de la carrera” se presentaba como la opción de un viaje placentero para los habitantes de la costa del Uruguay: embarcados en Concepción del Uruguay  en las primeras horas de la noche, se podría cenar a bordo, escuchar música en vivo, solazarse con el paisaje de uno de los ríos más hermosos del mundo, dormir un rato y a la mañana siguiente desembarcar en la Gran Capital del Plata. O viceversa: desembarcar en la Histórica.

Mucha de la historia de la navegación argentina (sus debilidades y fortalezas, sus pérdidas y beneficios, sus arribos y despedidas, sus tragedias y alegrías) se perdió para siempre en medio de una de las tantas medidas características del menemato. La Empresa Flota Fluvial del Estado Argentino (EFFEA) languideció hasta los años noventa, cuando se malvendieron sus barcos, instalaciones, edificios, etc.; y miles de empleos calificados quedaron al garete. Lo peor de esta decisión (para historiadores e investigadores) es que sus archivos fueron tirados a la basura y/o vendidos como papel viejo!!!

El desguase, que ni los peores gobiernos autoritarios se animaron a consumar, encontró su triste final cuando se aplicó a rajatabla el axioma: “Nada que tenga que ser estatal debe permanecer en el Estado”.

Bibliografía: histarmar.com.ar

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