Juan José Nágera: Primer geólogo argentino, primer ecologista de Gualeguaychú

monumentonageraQuienes paseen por el “parque grande”, en el Parque Unzué, se encontrarán con un monumento, sin placas recordatorias y perdidas las referencias de las especies que lo rodean.


Por Mirta Harispe
Colaboración

Los guías y paseantes le han atribuido distintos significados, consultados varios organismos hace poco sobre el monumento a Nágera, la persona deambuló por lugares y bustos hasta dar con la misteriosa escultura que debía fotografiar para un geólogo. Allí constatamos que el olvido suele ser recurrente.

En 1978 la Asociación Geológica Argentina, llamó a concurso en Gualeguaychú para erigir un monumento al primer geólogo argentino, nativo de la ciudad. Y entonces surgió de un equipo, formado ad hoc, después de una breve investigación en los archivos del Magnasco y en algunas cabezas atentas y memoriosas, para  este proyecto que ganó.

La idea captada por el arquitecto fue representar una síntesis de los planos e intereses del homenajeado científico: el plano de su amor a la tierra chica, Gualeguaychú y su entorno natural; el segundo, su defensa de los intereses nacionales y su prestigio de geopolítico, otro plano más alto de su interés por el futuro de la humanidad y la sustentabilidad de la Tierra y el plano mayor, el de la espiritualidad y religiosidad vivida por el investigador.

Se hicieron homenajes, se nombró una calle, se bautizó una Sala de Ciencias escolar, se volvió al olvido colectivo.

En el 2005, con otros conflictos notorios en auge, volvimos a las Cartas de Nágera a Felisa Obispo Murature para el segundo Encuentro Provincial de Escritores Entrerrianos  UNER- SADE C. del Uruguay, uno de cuyos ejes temáticos eran “Las Cartas”.

El epistolario de Juan José Nágera, primer geólogo argentino, escritor científico, creador de la “Doctrina Nágera”, teoría de la Soberanía de las 200 millas marinas, y residente en Cap. Federal y María Felisa Obispo Murature, maestra, poetisa, se extiende desde octubre de l933 a mayo de l967, casi hasta la muerte de Nágera.

El científico tenía ya cuarenta años cuando reanuda sus contactos con la vida cultural de la ciudad. Un rasgo relevante de estas cartas lo es el estilo, arcaizante y caballeresco, de un hispanófilo consciente, de un nacionalista y federalista exaltado, un católico ferviente y a la vez un hombre desprejuiciado, ingenuo-heroico, inclaudicable  luchador de causas sin recompensa material, científico visionario y seguramente, como muchos han opinado, delirante para el entorno conservador y autoritario de la época.

Hoy, de nuevo, el entonces Presidente de la Asociación G. N., Norberto Malumian,  vuelve sobre Nágera, recopilando desde hace unos años todas las publicaciones de y sobre él.

Juan José Nágera Ezcurra nació en Gualeguaychú, el 22 de mayo de l887, en una familia austera de origen vasco navarro ligada al comercio de nuestra ciudad. Dice Nágera que fue su familia la que le inculcó su amor al terruño, su combativo patriotismo, la veneración por su estirpe hispana y la pasión por la causa de la naturaleza. También reconoce en sus maestras, en especial la Señorita Bugnone, en la actual Escuela G. Rawson su iniciación temprana en las ciencias, y a sus correrías de niño por los montecitos detrás del Saladero y sus exploraciones por el río.

Graduado en la Universidad de Buenos Aires, doctorado en Ciencias  Naturales, su tesis sobre La Sierra Baya constituyó un aporte insuperable para el conocimiento geológico y geográfico-económico de esa zona bonaerense. Por ella le acordaron el premio “Carlos Berg” cuyo monto, a pesar de su escaso patrimonio decidió donar, para crear un parque natural en los alrededores de Bs. As.

Fue entonces cofundador de la Asociación Geológica Argentina, y su primer presidente. También  fundó con otros científicos de su generación la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos y de la Sociedad Ornitológica del Plata. Descolló en las especialidades que eligió: Geología y Geografía, pero además era un experto herpetólogo, lo que se mantiene desconocido. Recorrió el país tomando muestras, levantando cartas de la geografía física.

Convencido de la importancia de la distribución de las napas acuíferas, fundó el Museo del Agua Subterránea, que permitiría la consulta gratuita sobre cualquier existencia y profundidad de aguas subterráneas en todo el país. En las “Cartas” A María Felisa Obispo Murature  es visionaria la insistencia de Nágera, que se queja de que desoyeron por su juventud la propuesta de que las provincias tuvieran sus Institutos Geológicos e Hídricos  y es anticipatorio su tesón para que Gualeguaychú explore sus riqueza  en aguas cristalinas subterráneas del precámbrico que le darían una fuente de ingresos al lugar: “Que el trépano toque y se hunda en Gualeguaychulia” es una de las frases inscriptas en su monumento que todavía resuenan.

Hay que destacar su visión del mundo, de gran humanista y científico, preocupado por el futuro de la humanidad, con una prospectiva de hambre para el superpoblado siglo siguiente, que le hará decir a su amiga epistolar y a quien lo escuche: “Hablé sobre el asunto en muchos lugares, pero pareciera que el hombre, no todos, desde luego, piensa en el siglo XX y no para los que vienen …La mitad , más o menos, de los seres humanos actuales, está mal alimentada   y hay muchísimos lugares de la Tierra donde la longevidad y la mortalidad es impresionante…”

Avelino Barrio en PHISIS, dice “que de su íntima convicción de que los límites geográficos naturales deben prevalecer sobre los basados en datos arbitrarios, nació su valiente y patriótica MAR LIBRE. Doctrina publicada en 1926. En ella se postula que el mar territorial, jurisdiccional o litoral se extiende hasta  el borde continental, y se le designa “mar epicontinental”. Se tendrá en cuenta lo visionario y profético de su planteo si se considera que vivimos de espaldas al mar, como se ha dicho.

No sólo ha proclamado en vano, sobre la nacionalización del petróleo con el fuerte argumento de que “los pueblos que no explotan las riquezas de su subsuelo eran inquilinos de sus territorios y no sus dueños”, sino que uno de sus argumentos para que se adoptara formalmente su doctrina es que daría un millón de kilómetros más al país,

ser reservorio futuro y aunar argumentos sobre el estrecho de Hoces (pasaje de Drake), sus reclamos sobre las Islas Sándwich del Sur , derechos sobre la Antártica y las Malvinas. Refiriéndose al Derecho Internacional, que frecuentó, Nágera dice: “Hay gente que todavía no comprenden. No estudian Derecho. Estas cosas deben agradecerle los argentinos a Gualeguaychú, en donde la Patria ocupaba un lugar preferente en el corazón de sus habitantes”.

Y en marzo de l958 advierte a su amiga M.F.O.M.: “Las Naciones que no figuren en la Vanguardia de las Ciencias Exactas, Físicas y naturales, en los siglos inmediatos, según pienso, si son respetadas como es de esperar, no serán estimadas”.

Nágera pasa sus últimos años en el ostracismo que el país ha reservado siempre a sus hijos ilustres. Entregado al estudio de sus temas y del idioma vasco, su carácter se vuelve amargo por la ingratitud de sus contemporáneos. Los pocos que lo visitaban observaron colgado en su escritorio un gran lienzo blanco enmarcado, a cuyo pie se leía:

“El paisaje que el observador admira simboliza la suma de gestos de gratitud espirituales y materiales en obsequio a un hombre patriota, de aquellos conciudadanos que sirvió con éxito durante largos años, con  gran sacrificio personal y del hogar de sus mayores. Pintor: Juan José Nágera, hijo de Juan Nágera y Josefa Escurra y Hualde”.

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