La lucha interminable contra las bacterias

A lo largo de la historia, desde la Antigua Grecia hasta nuestros días, la humanidad atravesó varias crisis sanitarias, a causa de enfermedades infecciosas mortales.

El hombre ha debido lidiar, para no sucumbir, contra las bacterias patógenas, en una lucha que en realidad seguirá manteniendo durante toda su existencia en la tierra.

Las grandes epidemias acaecidas a lo largo de la historia atestiguan esta pelea de fondo de la especie humana contra los microorganismos que pueden vencer su sistema inmunológico.

Ahora mismo la resistencia de algunas bacterias a los antibióticos se ha convertido en el mayor problema que enfrentan la medicina y la ciencia.

El descubrimiento de los antibióticos supuso para la medicina uno de los grandes hallazgos de la historia, ya que estas sustancias inhiben el crecimiento o provocan la muerte de bacterias patógenas, capaces de producir enfermedades.

Los compuestos antibióticos para el tratamiento de enfermedades humanas causadas por bacterias, tales como la tuberculosis, la peste bubónica o la lepra, se aislaron a identificaron gracias al desarrollo de la medicina científica.

Algunos autores señalan que la historia de los antibióticos como tal comienza en 1928, cuando el científico británico Alexander Fleming descubrió la penicilina. Aunque a comienzos del siglo XX fue importante también la aportación de Paul Ehrlich para el tratamiento de la sífilis.

Ahora bien, las bacterias, como cualquier ser vivo, se adaptan para sobrevivir. Es decir a medida que se descubren nuevas herramientas para combatir las infecciones, estos microorganismos han logran esquivar los avances de la tecnología médica.

Para ello, las bacterias han adoptado un amplio rango de mecanismos que les permiten resistir y adaptarse a las nuevas condiciones y, así, poder colonizar e invadir los organismos humanos de los que se alimentan.

Algunos científicos alertan sobre la posibilidad cierta de que la selección natural produzca un súper patógeno que sería resistente a los antibióticos y diezme a la población mundial, causando el colapso global de la civilización.

La preocupación radica en la historia: fueron varias las pandemias que azotaron a buena parte de la población mundial a lo largo de los siglos.
Una de las más feroces para la vida humana fue la llamada “peste negra”, que  tuvo lugar entre 1348 y 1350, con epicentro en Europa y se cobró la vida de 25 millones de personas, casi un tercio de la población total en aquella época.

La enfermedad está causada por la bacteria Yersinia pestis, un agente todavía activo en poblaciones pequeñas y zonas rurales y que provoca grandes y desagradables ampollas. Se propaga a través de parásitos como las pulgas y necesita de las ratas como reservorio.

La otra pandemia de extensión escalofriante fue la “gripe española”, que se originó en Kansas, Estados Unidos, pero recibió su nombre porque ocupó especial espacio en la prensa española.

Ocurrió  en 1918 –año en el que la Humanidad ya era diezmada por la Primera Guerra Mundial- y mató a entre 50 y 100 millones de personas, entre las cuales la población infantil fue especialmente atacada, al tiempo que llegó a contagiar a 1.000 millones de personas.

El cólera (causada por la bacteria Vibrio cholerae) ha tenido tres grandes pandemias, ocurridas en el siglo XIX, y epidemias muy extensas en el siglo XX cuya suma total supera los 3 millones de muertos.

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