La madre, figura mítica celebrada universalmente

Todas las culturas, desde las épocas más remontas, han exaltado al ser que procrea y se dedica a la crianza de los hijos. Aunque también el título de madre es dado a aquella mujer que cumple ese papel sin estar emparentada biológicamente.

Las celebraciones por el Día de la Madre son antiquísimas y tienen en común celebrar la fertilidad y la capacidad de gestar y parir, algo totalmente ligado a las tradiciones ancestrales.

Estas fiestas tenían un alto componente simbólico y mitológico pagano. En Egipto, por ejemplo, se rendía homenaje a la diosa Isis, madre de los faraones y nombrada como la “Gran diosa madre fuerza fecundadora”.

La civilización griega antigua, en tanto, celebraba la fiesta en honor a la diosa Rea, hija de Urano (el cielo) y Gaia (la tierra) conocida como “la madre de todos los dioses”.

Etimológicamente hablando “rea” significa flujo menstrual. De hecho todas las palabras que se refieren a disfunciones de ese ciclo llevan esa palabra como sufijo.

Rea era la madre de todos los dioses, por lo tanto su figura está fuertemente ligada a la fertilidad y a la maternidad, siendo su símbolo la luna.

Los romanos antiguos, en tanto, llamaron a la celebración de la madre Hilaria, cuando la adquirieron como herencia cultural de los griegos. En la mitología romana la diosa Cibeles es la madre universal y a la que se representa sobre un carro tirado por leones.

Más tarde, como ocurrió con muchas fiestas de la antigüedad, los cristianos transformaron el culto pagano de la madre para honrar a la Virgen María, la madre de Jesús.

En muchos lugares, durante la época en que la Iglesia Católica ejerció fuerte influencia el día de la Madre se hacía coincidir con la festividad de la Inmaculada Concepción, que se celebra cada 8 de diciembre.

Este es un dogma decretado por la Iglesia Católica en 1854 que sostiene que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo Jesucristo.

Una de las culturas aborígenes que consideraba la maternidad como algo sagrado eran los aztecas. Ellos rendían tributo a Coyolxauhqui, diosa de la luna y madre de Huitzilopochtli.

El mito cuenta que durante la creación del mundo, Coyolxauhqui murió por las estrellas. Ellas le quitaron la vida para que no diera a luz a su hijo Huitzilopochtli (dios del sol), pero él pudo nacer, venciendo a las tinieblas.

Los indígenas rendían un tributo especial, año con año, a la diosa. Le dedicaron hermosas esculturas en oro donde plasmaron la gran importancia  de su maternidad.

Según el psicólogo suizo Carl Jung, la madre es uno de los arquetipos principales del inconsciente colectivo, es decir constituye uno de esos patrones de imágenes y símbolos recurrentes que aparecen bajo diferentes formas en todas las culturas y que heredamos de nuestros primeros antepasados.

Jung describía el arquetipo de la madre con estas propiedades: “Lo ‘maternal’: por antonomasia, la mágica autoridad de lo femenino; la sabiduría y la altura espiritual más allá del intelecto; lo bondadoso, protector, sustentador, lo que da crecimiento, fertilidad y alimento; el lugar de la transformación mágica, del renacer; el instinto o impulso que ayuda; lo secreto, escondido, lo tenebroso, el abismo, el mundo de los muertos, lo que devora, seduce y envenena, lo angustioso e inevitable”.

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