La obesidad, un tema serio de salud pública

En Argentina, el 60% de la población adulta tiene sobrepeso o sufre, directamente, cuadros de obesidad, en tanto que entre niños y adolescentes la epidemia llega al 40%.

Se trata de datos alarmantes según reconoce el secretario de Salud de la Nación Adolfo Rubinstein, quien señaló que la temática se ha convertido en una prioridad de la actual administración.

El funcionario explicó que lo que más preocupa es el sobrepeso infantil. Y es que el país lidera desde hace unos años el porcentaje de obesidad en menores de 5 años en América Latina, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Ante el impacto de la epidemia en Argentina, el año pasado se instituyó el tercer domingo de octubre como el Día Nacional de la Lucha contra la Obesidad.

La fecha busca lograr la movilización social y participación comunitaria en todos los niveles y sensibilizar a la población acerca de la importancia de la prevención y control.

La OMS define a la obesidad como la acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. El tejido adiposo que se acumula en la zona del abdomen es un importante factor de riesgo.

Además de riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer, la obesidad genera casos de bullying y dificultades para insertarse socialmente, entre otras problemáticas.

El sobrepeso y la obesidad constituyen el sexto factor principal de riesgo de muerte en el mundo y cada año fallecen cerca de 3,4 millones de adultos como consecuencia de las mismas.

Pero el mal puede prevenirse, a través de la transformación del ambiente obesogénico, promoviendo el consumo de alimentos nutritivos y el aumento de la actividad física.

Uno de los problemas es que el país se ha convertido en uno de los mayores consumidores de refrescos o gaseosas, que tienen una alta carga de endulzantes. “La Argentina es el país que más bebidas azucaradas per cápita consume en el mundo”, reconoció el secretario de Salud de la Nación.

Los nutricionistas sostienen que las calorías aportadas por las bebidas azucaradas tienen poco valor nutricional y pueden no proporcionar la misma sensación de plenitud que ofrece el alimento sólido. Como resultado, puede aumentar el consumo total de energía, lo que a su vez puede llevar a un aumento malsano de peso.

Para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos se utiliza el índice de masa corporal (IMC), mediante el cual se divide el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2).

De acuerdo a la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un IMC igual o superior a 25 determina sobrepeso y un IMC igual o superior a 30 determina obesidad.

Básicamente, el sobrepeso y la obesidad son producto de una alteración en el balance de energía entre las calorías consumidas y gastadas.

En la actualidad, dos factores producen un desbalance en el organismo. Por un lado -un aumento en la ingesta de alimentos hipercalóricos que son ricos en grasa, sal y azúcares simples pero pobres en fibra, vitaminas, minerales y otros micronutrientes.

Y al mismo tiempo un descenso en la actividad física como resultado de la naturaleza cada vez más sedentaria de muchas formas de trabajo, de los nuevos modos de desplazamiento y de una creciente urbanización.

De lo que se trata, en el fondo, es de equilibrar el consumo con el gasto de energía. Con respecto a las campañas de prevención, los especialistas argumentan que hay que hace foco en la educación, empezando en los colegios.

 

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