La presencia croata en nuestra geografía 

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La visita oficial a la Argentina de la presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, reactualiza un viejo vínculo con esta etnia de los Balcanes, cuyos antepasados inmigrantes llegaron a estas pampas en gran número.

Una prueba de que esos lazos humanos y afectivos existen lo revela el hecho de que la mandataria extranjera, que está en el país desde el lunes, se quedará hasta el 15 de marzo.

Kolinda Grabar-Kitarovic arribó a Buenos Aires con una comitiva de empresarios, en el marco de una visita en la que fue recibida por el presidente Mauricio Macri, y cuyo propósito es potenciar las relaciones comerciales entre los dos países.

El diario español “El Mundo” ha calificado a la presidenta croata como “una dama con el puño firme”, que tiene como referentes políticas a Margaret Thatcher y a Angela Merkel.

Por otra parte Kolinda Grabar-Kitarovic respalda el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea (UE), una iniciativa que viene impulsando el presidente Macri, tendiente a reconectar comercialmente a Sudamérica con Europa.

Croacia declaró su independencia el 8 de octubre de 1991, con lo que provocó la desintegración de la vieja Yugoslavia comunista y obtuvo el reconocimiento internacional por parte de la ONU en 1992.

Es una república democrática parlamentaria, miembro de la Unión Europea, ubicada en el noroeste de la península de los Balcanes, en Europa central, cuya capital es Zagreb. Su población, mayormente católica, asciende a más de 4,29 millones de habitantes.

Los croatas forman parte de un grupo étnico mayor y muy antiguo, los eslavos, que a su vez forman parte de la familia indoeuropea, que habitaron el norte y el este de Europa.

En Argentina vive la tercera comunidad croata más grande del mundo, estimada en 250.000 personas. Un hijo de esta corriente inmigratoria en Gualeguaychú, Eduardo Baretic, cuenta que hubo cuatro oleadas migratorias.

La primera fue antes de 1910, y la segunda entre 1910 y el fin de la Primera Guerra Mundial (en que Mateo Knez, abuelo materno de Baretic, arribó a Gualeguaychú); ambos movimientos migratorios fueron causados por razones económicas.

Las otras oleadas fueron por causas políticas: una tuvo lugar entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y la otra después de la Segunda Guerra, desde 1947 hasta la década del ‘60, asociada a persecuciones del régimen comunista.

Baretic refiere que su abuelo Knez llegó a Gualeguaychú en 1910 con 37 años de edad, dejando a su esposa e hija en Europa Central (con quienes se reunió aquí 10 años después). Ingresó al país como empresario de la construcción y desarrollo su profesión en la región.

“En las cartas que enviaba a familiares y amigos, les pedía que vinieran a este nuevo lugar, porque aquí había ‘trabajo’”, cuenta en su escrito ‘Croatas en Gualeguaychú’, que forma parte del libro del Grupo Itén sobre la inmigración local.

En tanto el padre de Baretic, Estanislao, llegó a Gualeguaychú en 1927 con 26 años de edad. Luego vinieron sus primos Miguel, Barthol y Martín, todos dedicados a la rama de la construcción.

Así, llegaron a nuestras tierras los Knez, Baretic, Crnic, Gasparovic, Kristafor, Slavich, Petric, Zivoder, entre otros, quienes se sintieron atraídos por la constitución liberal y progresista de la Argentina, que alentaba la entrada de extranjeros sin distinción de raza o religión.

Los croatas, al igual que lo hicieron otras etnias, contribuyeron a engrandecer nuestro país con su trabajo y su cultura.

 

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