Las PASO, un baño de realidad tras una campaña con diagnósticos antagónicos

Llegó el día. Se acabaron los discursos proselitistas. Esta noche los cinco espacios políticos que compiten para gobernar la ciudad hasta el 2023 podrán contrastar las proyecciones que vienen haciendo hace largos meses con la inapelable voluntad popular. Afortunadamente, son las urnas las que mandan.

 

Luciano Peralta

 

La campaña que terminó el viernes estuvo marcada por características claramente identificables: El oficialismo, que buscará la reelección del intendente Martín Piaggio, eligió no confrontar con las oposiciones y enfocar sus energías en mostrar lo hecho en estos casi tres años y medio de gestión; por su parte, casi todos los espacios opositores –el Socialismo prácticamente no hizo campaña– disparó munición gruesa contra el Ejecutivo y las políticas desarrolladas, y en las últimas semanas de campaña intensificó esta postura.

Como todos los oficialismos de los últimos 25 años en Gualeguaychú, el piaggismo se sabe fuerte de cara a la posible reelección. La imagen del Intendente es buena, pero esto no define nada. Sería irresponsable decir que los datos reflejados en algunas de las encuestas que hay dando vueltas se van a reflejar con fidelidad en términos electorales.

Piaggio cerró su campaña en el salón del club Frigorífico Gualeguaychú

Igual de parcial es la mirada opositora que iguala a Cambiemos con el PJ disidente y el vecinalismo. Tanto Javier Melchiori como Jorge Roko y Domingo Carrazza han expresado en más de una oportunidad que ellos serán los ganadores de las PASO. Y, más allá del indispensable optimismo de quien quiere gobernar una ciudad y de los análisis de la coyuntura electoral que haga cada fuerza, esta postura evidencia, al menos, dos cosas: que los decepcionados serán mayoría, y que los discursos triunfalistas, por sí solos, no son garantía de nada.

Roko dijo pertenecer al “verdadero peronismo” en el cierre de su campaña

2015, otro país

Sin considerar las elecciones del 2017, que fueron de medio término y en las que no se eligió Intendente, el antecedente inmediato es 2015. El avance de Cambiemos a nivel nacional y el desgate de las gestiones justicialistas en la ciudad y los coletazos de un kirchnerismo en retirada a nivel nacional, sumado, lógicamente, a las características propias de los candidatos, le dieron el triunfo al intendente Martín Piaggio. Pero la diferencia que lo separó de Javier Melchiori, el hombre de Cambiemos, fue de apenas 209 votos (20.868 contra 20.659). Lo que, en ese momento, ubicó al ex presidente de la Sociedad Rural en el podio de los opositores.

Pero en estos más de tres años muchas cosas cambiaron. Y la relación de fuerzas lejos está de ser aquella del 2015. A nivel nacional, Cambiemos no despierta la esperanza de entonces y, resultado de una economía recesiva y el crecimiento de la desocupación y la pobreza, la imagen del presidente Mauricio Macri ya no es la que lo llevó a la Casa Rosada.

Melchiori se tomará revancha del 2015, cuando quedó a sólo 209 votos de Piaggio

Así como en la última elección ejecutiva la llamada “ola amarilla” acompañó el posicionamiento de Cambiemos en todo el país, diversos análisis sostienen que es probable que la realidad actual le reste algunos votos a los candidatos que el partido del Presidente tiene en todo el territorio nacional. Será por eso que la decisión de desdoblar los comicios provinciales de los nacionales, dejó conformes tanto a las mayorías oficialistas como a las opositoras.

Será por eso también que, en lo estrictamente local, todos los precandidatos remarcaron el desdoblamiento como la posibilidad de discutir la ciudad, el departamento y la provincia, por sobre las disputas nacionales. En este sentido, Piaggio es el único de los cinco precandidatos que tiene obras, proyectos y políticas para mostrar. Es la fortaleza de cualquier oficialismo, lógicamente. Pero también es, del otro lado de la moneda, el blanco de críticas de quienes entienden erradas o insuficientes esas obras, esos proyectos y esas políticas.

La ventaja, podría ser, que a diferencia del 2015 este domingo las boletas no llevarán candidatos a Presidente, lo que supone una elección de corte local. Claro que esto no implica el desprendimiento de cada partido o frente a los errores y aciertos a nivel nacional, pero sí matiza esta relación, la relativiza.

Los diagnósticos y las lecturas políticas

En los últimos meses los precandidatos tuvieron la posibilidad de hacerle llegar su discurso a buena parte de la sociedad. Para algunos la campaña fue muy larga, para otros no tanto. Y sobre el final de la misma se dio una particularidad: los tres espacios opositores con aspiraciones a gobernar Gualeguaychú –el precandidato socialista, Pablo Leuze, dejó claro que su objetivo es llegar a las generales, para lo que necesita el 1% de los sufragios– fueron encontrando puntos comunes en su crítica a la actual gestión.

Carrazza apuesta fuerte a romper con la polarización entre el PJ y Cambiemos

La relación del Municipio con algunas instituciones de la ciudad –principalmente con la Codegu–; la “otra cara” de Gualeguaychú, en referencia a la realidad de algunos barrios periféricos en contraste con la política de espacios públicos; las prioridades en las obras, y la crítica relacionada con la seguridad, las adicciones y el narcotráfico marcaron, cada uno con su estilo, todos los discursos opositores.

Se habló de “ciudad narco”, de “gestión cosmética”, se denunciaron aprietes en los barrios y hasta trolls en la propia estructura municipal. Más allá de alguna entrevista en particular, el oficialismo no respondió directamente, y en las últimas semanas se dedicó, por un lado, a darle visibilidad a lo desarrollado hasta acá y, por otro, a anunciar nuevas obras. Lo que también fue duramente cuestionado por las oposiciones, desde donde se señaló el espíritu “oportunista” de los mismos.

El diagnóstico oficialista del estado de la ciudad es muy disímil al que expresa la oposición. Cada uno elige qué decir y de qué hablar, se trata nada más ni nada menos que del ejercicio democrático de disputa de ideas de cara a un acto electoral.

Leuze es el único precandidato de modestas intenciones: buscará sumar el 1% que lo deposite en junio

Y si bien, la demagogia discursiva y la falta de discusiones en términos políticos se apropiaron de buena parte del debate, estas posiciones no siempre suman votos, aunque tampoco siempre restan. Habrá que esperar el resultado de las urnas para saber qué pesa más: el discurso oficialista o el de las oposiciones.

Aunque, en definitiva serán los propios ciudadanos, determinados por sus experiencias y sus expectativas, los que definan la primera elección de un año con por lo menos cuatro citas electorales. Y si bien hoy no se define nada, quedará marcado el camino para las Generales del 9 de junio. La campaña ya quedó atrás, y con ella una serie de discursos demasiado antagónicos. Hoy es el momento de la incontrastable voluntad popular. Tras ello, poco quedará por agregar.

 

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