Llegó la hora que los hombres tengan miedo, y eso está muy bien

El caso de la denuncia por violación contra el actor Juan Darthés llevó (una vez más) al movimiento feminista a exponer la violencia en la que viven diaria e históricamente todas las mujeres. El caso obliga a repensarnos como sociedad, y las acciones reprochables expusieron a muchos, dejando en evidencia que el pensamiento machista ahora tiene consecuencias.

Por Amílcar Nani

El rostro de Thelma Fardín, quebrado por las lágrimas y la emoción, contando en primera persona como un galán archiconocido de la televisión argentina la había violado cuando tenía tan sólo 16 años fueron pruebas para muchos de que el actor Juan Darthés no era ese “buen tipo” y ese “padre de familia” como muchos argumentaron para defenderlos cuando la también actriz Calu Rivero, la primera que se animó a denunciar al galán, lo había expuesto públicamente.

Aunque muchos intenten negarla (o ningunearla) la revolución femenina ya está en marcha. Y las mismas militantes aprendieron de su experiencia para no bajar los brazos en la lucha: con Calu se dieron cuenta que de nada sirve apoyar a una cuando decide tirarse a la pileta, el secreto es tirarse a la pileta todas juntas, y en la caída salpicar todo lo más posible.

No es suspicaz el uso del verbo salpicar: una vez más se volvió a esgrimir el argumento que siempre sale como punta de lanza a la hora de sacar un machismo consciente o inconsciente inmerso en la gran mayoría: “¿Y por qué tardó nueve años en denunciar que la violaron?” o “¿Por qué hacer todo este circo y no dejar que la Justicia actúa? Claro… total si es inocente al tipo ya le destruyeron la vida”. El hecho de preocuparse más por el posible culpable que por la hipotética víctima es algo tristemente recurrente en los casos de abuso sexual contra una mujer.

Aunque parezca una obviedad, voy a volver a decirlo: muchas mujeres sienten una vergüenza enorme por haber sido violadas, vergüenza que históricamente implantaron en todos desde mecanismos educativos que pregonaron que ese tipo de sufrimiento deben esconderse bajo la alfombra, basados en esa idea de que es más bochornoso tener una violada en la familia que a un chorro. Y en situaciones en las que el perpetrador tiene mucho poder, las víctimas pueden pensar que su testimonio no será creído. ¿Alguien puede dudar de esto? Levante la mano el que no escuchó a nadie poner en duda el testimonio de una víctima de violación. Levante la mano el que lo puso en duda, el que cuestionó a una posible víctima.

Entonces, si usted aún no entiende por qué alguien tarda años –si es que alguna vez lo hace– en denunciar una violación, pregúntese a usted mismo que tan alienado está a un sistema que debería cambiar para que las mujeres tengan una igualdad que jamás tuvieron.

También he escuchado decir a muchos cosas como “Yo no dudo que Darthés sea culpable, pero ¿dónde queda el principio de inocencia?” o “¿Sabés que va a ocasionar esto? Que cuando una te quiera hacer daño te va a denunciar

Según un estudio realizado por organismos de las Naciones Unidas, de cada 1000 casos de violaciones, 70 son denunciados, 20 van a juicio, 10 violadores son encarcelados y sólo dos denuncias son falsas. Estos son datos, señores, no son opiniones. De cada 1000 violaciones, 898 jamás salen a la luz. ¡Y sólo dos son falsas!

Sin embargo, ahora muchos hombres tienen miedo de que alguna “desquiciada” salga a escracharlos de haberlas violado, abusado y ultrajado. Casualmente, son ahora los que tienen miedo los mismos que han preguntado y siguen preguntando por qué “una mina” tarda tanto en hacer una denuncia, poniendo en duda su testimonio y vulnerándola una vez más al ser cómplices de un sistema que ampara al violador.

Me costó mucho entender el miedo eterno con el que vive una mujer, miedo de salir a la calle sin saber lo que le va a pasar, miedo por saber que siempre está expuestas a las situaciones más nefastas, pordioseras y sexualmente vulnerables. Inclusive aún no lo entiendo en su totalidad a ese miedo, pero lo intento.

Y algo que puede ayudar a muchos a entender el miedo a ser mujer por el simple hecho de ser mujer es el miedo que a partir de ahora sienten y sentirán muchos hombres por el simple hecho de ser hombres; miedo a que si no encuentran la manera de adaptarse a un nuevo sistema que contemple a la mujer en todos sus derechos y facultades (los mismas que históricamente tuvo y gozó el hombre), tarde o temprano van a ser acusados de violadores o de abusadores; o de cómplice de violadores y cómplices de abusadores, algo que es igual de grave.

Creo que por primera vez los hombres comenzaron a sentir miedo, y creo que eso está muy bien, de lo contrario es imposible cambiar lo que sea, mucho menos un sistema perverso.

TE PUEDE INTERESAR

Comentarios

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.