Los riesgos de idolatrar modelos como el de Venezuela

La penosa situación que atraviesa el pueblo venezolano debiera hacernos reflexionar sobre el relato de más de una década acerca de las bondades políticas de otros países de América Latina.

Por Jaime Benedetti*

 

Los procesos en Venezuela, Nicaragua y Cuba, han tenido distintos matices, pero todos han mostrado su fracaso, con un ingrediente peligroso: la embestida en contra de los derechos humanos y las libertades individuales.

Podemos coincidir o no respecto de las causas que dieron nacimiento a los movimientos que hoy gobiernan estos países, lo que resulta imposible es avalar la persecución, la cárcel y la muerte como herramientas políticas.

La historia de Cuba ya la conocemos. Tal vez menos sepamos de Nicaragua donde las movilizaciones contra el presidente Daniel Ortega y la violenta respuesta del gobierno se vienen dando hace meses y las organizaciones de derechos humanos cifran entre 300 y 500 los muertos, en medio de una fuerte crisis política y social.

El caso Venezuela, en tanto, lo vemos a diario. Allí, el 87 % de los hogares está en la pobreza. La inflación es la más alta del planeta. La gente huye a otros países acosada por el hambre y la persecución política. Los muertos se cuentan por decenas.

Entre las causas del desastre venezolano todos los analistas coinciden en que es multicausal, pero hacen foco en un tema en particular: el descomunal asistencialismo nacido del germen populista, sin una economía ni un Estado que pudiera sostenerlo en el tiempo. En resumen, se adoptó un modelo asistencialista sin atacar las causas de la pobreza y sin un plan sustentable. El resultado es los que vemos hoy. El populismo de estos tiempos, como siempre, después de un veranillo, pone en jaque a un país y a sus ciudadanos.

Traemos estos casos a colación porque son justamente tres de los gobiernos tomados como ejemplos desde el kirchnerismo. Cuando decíamos que de continuar el modelo anterior íbamos a terminar como Venezuela, no nos equivocábamos. Las matrices son las mismas y tarde o temprano Argentina se vería en una encrucijada.

Hemos escuchado durante más de 10 años sobre el éxito a imitar del gobierno venezolano. Las bondades y la maravillosa conducción política del chavismo han perdido el velo protector y hoy muestran su verdadera cara.

Días pasados veíamos, amargamente, a los referentes del kirchnerismo defendiendo a Maduro, sin hacer una sola alusión a los derechos humanos quebrantados. Sin tomarse un segundo para hablar de la represión que se ha cargado decenas de vidas. Pareciera que otra vez el relato, mira con un solo ojo. Cuenta lo que le conviene. Esconde la verdad. En definitiva, intenta mentirnos otra vez.

En el aspecto local, conocida es la simpatía de nuestro intendente -al igual que sus pares del kichnerismo nacional- con estos procesos latinoamericanos. Pero tal vez sorprende el silencio ante estos hechos, lo mismo que del director de Derechos Humanos de nuestra comuna que ha olvidado pronunciarse.

Estas líneas eran necesarias para tratar de entender, en su real dimensión, los cantos de sirenas que hoy aparecen como salvadores de la patria, cuando fueron los autores intelectuales y fácticos de la crisis que atravesamos. Nos quisieron hacer creer que en Venezuela estaba el camino. Menos mal que el pueblo argentino se dio cuenta de la patraña. De no haber sido así, hoy compartiríamos la tapa de los diarios del mundo con nuestros hermanos bolivarianos.

 

(*) Jaime Benedetti integra el Frente Cambiemos Gualeguaychú.

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