Los robots, ¿nuestros aliados o enemigos?

La tecnología siempre ha representado una amenaza para el mundo laboral. El temor que existe es que el robot, que ya es una realidad, convertirá muchas habilidades humanas en obsoletas.

El profesor Moshe Vardi, de la Universidad Rice (Houston), asegura que dentro de 30 años el 50% de los trabajos serán realizados por robots.

En realidad no se trata de una predicción nueva, ya que algo parecido advertía  en 1948 el matemático estadounidense Norbert Wiener, en su libro “Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine”.

“Este nuevo desarrollo tiene posibilidades ilimitadas para bien y para mal. (…) Da a la raza humana una nueva y más eficaz colección de esclavos mecánicos para realizar su trabajo”, escribió el científico.

Para muchos expertos hay razones para que la clase trabajadora mundial se preocupe de que un robot desplace a muchos de sus miembros en un futuro cercano, provocando índices de cesantía sin precedentes.

El propio Bill Gates es partidario de que los gobiernos cobren un impuesto a los robots. Se trata de una medida que iría en principio contra sus intereses, ya que su empresa, Micosoft, apuesta con fuerza por la inteligencia artificial (IA).

No es que Gates se oponga a los robots, ni que dude del servicio que pueden prestar a las empresas, pero le preocupa el efecto perturbador que puedan tener en la sociedad, concretamente en el mercado laboral.

En una entrevista con el sitio de información económica Quartz, Gates advirtió que en los próximos 20 años habrá una cantidad importante de actividades en las que los humanos van a ser reemplazados por los robots -como el trabajo de almacén o la conducción de vehículos, entre otros- por lo que considera necesario tener políticas que respondan a estas circunstancias.

Gates advirtió que los gobiernos deberían estar dispuestos a elevar los impuestos e, incluso, a reducir la velocidad de adopción de la automatización, para ser capaz de gestionar el proceso desplazamiento de trabajadores en un amplio rango de empleos.

Así, el impuesto a los robots permitiría financiar el entrenamiento de las personas laboralmente desplazadas por la automatización para que se encarguen de hacer trabajos que son socialmente requeridos y para los cuales los seres humanos son especialmente aptos, como el cuidado de los ancianos o la educación de los niños.

“Con esa mano de obra disponible, hagamos un mejor trabajo para ayudar a los ancianos, tengamos salones de clase más pequeños, ayudemos a los niños con necesidades especiales. Ya sabes, todas esas cosas en las que la empatía y la comprensión humana siguen siendo únicas; y en las que aún tenemos una inmensa carencia de gente disponible para ayudar”, agregó Gates en la entrevista.

Para el académico e investigador español Stefano Visintin, “la tecnología no destruye empleos, sino tareas”, y si bien la introducción de una nueva tecnología genera cesantía en un primer momento, a la larga crea empleos.

Al respecto se suele mencionar el teletrabajo, que ha permitido a muchos empleados desempeñarse laboralmente desde sus domicilios sin necesidad de acudir diariamente a una oficina.

Lo cierto es que los robots y la inteligencia artificial lideran la llamada “cuarta revolución industrial” y han instalado una polémica que dominará la economía laboral del siglo XXI: ¿cuánto empleo humano desplazarán las nuevas máquinas? ¿Son nuestros aliados o enemigos?

 

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