Mala praxis: riesgo de todos los oficios

La expresión “mala praxis” se ha convertido en un dicho común que alude a la práctica médica, pero en todas las profesiones u oficios se puede actuar impropiamente.

El concepto en el mundo del derecho se utiliza para referirse a la responsabilidad profesional por actos realizados con negligencia. Las demandas judiciales hacia profesionales de la salud lo han popularizado, aunque en todos los oficios hay malas prácticas.

Un profesional, habilitado en la materia que se trate, que ejerza ese oficio en forma regular, queda obligado contractualmente con otra persona, en general a cambio de una remuneración, a prestar un servicio de manera diligente.

De ese contrato celebrado entre el profesional y su cliente, nace una responsabilidad civil contractual. En este marco, este último puede accionar judicialmente contra aquel si se siente perjudicado por mala praxis.

Para certificar que se está ente un obrar culposo, debe probarse en los tribunales una relación causal entre el actuar negligente y el daño ocasionado.

El Código Penal argentino tipifica la mala praxis en el ámbito de la salud como delito. Aquí no se engloba al médico que a pesar de sus esfuerzos no pudo salvar a un enfermo terminal, pero sí a aquel que, por ejemplo, operó estando ebrio, muriendo el paciente en la cirugía.

Los médicos, sin embargo, discuten la práctica de las demandas legales contra ellos, argumentando que la mayoría están animadas de un rédito económico.

El cirujano Jorge Güerrissi escribió hace un tiempo un interesante artículo donde señala que no se puede juzgar un acto médico bajo el supuesto de que la medicina es una ciencia exacta.

Ocurre que la reacción biológica de cada enfermo es imprevisible e infinitamente variable, sostiene. “¿Se puede castigar a alguien que aplica un método cuyo resultado no depende exclusivamente de él? Un médico puede equivocarse, pero es un derecho humano que se aplica en todas las actividades donde actúan personas”, razona.

Y añade: “Lo único que se puede exigir al médico es buena fe, buena voluntad, honradez y moralidad; de estas faltas sí es culpable y la sanción no puede ser discutida”.

Conviene resaltar que la mala praxis no es privativa de los médicos sino que se aplica a otras profesiones (abogados, contadores, ingenieros, arquitectos, escribanos, y demás), que también están expuestas a que se juzguen sus actos como negligentes.

No obstante, hay quienes piensan que si se compara el valor que maneja el profesional de la salud –la vida humana es el bien jurídico más preciado- con los valores que manejan otros oficios, podría deducirse que los profesionales más obligados están vinculados a la salud.

Como sea, en los últimos tiempos, por ejemplo, han aumentado las acciones judiciales contra ingenieros y arquitectos, quienes son responsables por los vicios de diseño.

Así, puede ocurrir que la obra o el edificio proyectado por su altura, volumen, dimensión, orientación o emplazamiento geográfico, por caso, no se acomode al encargo profesional, al destino o naturaleza de la obra, a las leyes y disposiciones generales, o a las normas urbanísticas.

El lingüista Pedro Barcia, en tanto, se suele quejar de la incompetencia de los comunicadores. La ignorancia lingüística que exhiben, argumenta, es incomprensible como la impericia de un cirujano en el manejo del bisturí.

“La mala praxis expresiva es mala praxis, aunque no reciba castigo legal o no se pueda hacerle un pleito”, escribió al señalar que quien maneja con ignorancia su lengua materna “produce un mal social grave”.

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