Pablo Glagosvky: “ Los primeros lotes de soja arrojan rindes que no alcanzan a cubrir los costos”

agro web 1El profesional de la agronomía, indicó  que los primeros campos con la oleaginosa asiática que  se trillan  en la zona  arrojan rindes de  un 40% menos que el aguardado.

Expresó que en casos puntuales, se han obtenido 1500 kilos ; mientras que otros lotes  están dando entre 600 y 1000 kilos, números que no alcanzan a cubrir los litros de combustible que se utilizan para levantar el cultivo.

Comentó que con 1500 kilos, siendo propietario del campo, el productor no tiene pérdidas, pero tampoco un “mínimo de ganancia”, en tanto que aquel que arrienda necesita 22 quintales para no “perder plata”. Pasando en limpio la cosecha de soja de primera ya es un fracaso, teniendo en cuenta que el 70% de los campos son “alquilados”. Hoy la figura del productor, marca que el mismo, en su gran mayoría, no es propietario de la “tierra que cultiva”.

Dijo que una contingencia climática como la que nos toca vivir, saca del sistema a mucha gente que no “puede volver al mismo”. Y si quiere -agrega- permanecer en el “negocio”, tiene que “endeudarse”, tomar crédito para seguir produciendo, pero queda “jugado a la suerte de una buena cosecha”. Si le va bien “recupera lo perdido”, y si le va “mal”, corre el riesgo de “desaparecer y perder algo de lo que tiene”.

Señaló que trabajar a cielo abierto, genera  riesgos que no se “pueden cubrir”, cuando el clima juega en “contra”.

Sobre el maíz de primera,  indicó que “hubo rindes bajos en algunos lugares, y otros que si bien estuvieron por debajo del promedio histórico, zafaron los costos de producción “.

Acotó que el maíz temprano se implantó con un “suelo muy húmedo”, a  lo que se le debe sumar “alguna lluvia”, que  permitió tener un rinde aceptable. A todo esto, debe sumarse la “suba en el precio”.

En cuanto a lo que pueda pasar con el  de segunda, expresó que se han hecho “sin nada, o muy poca agua”, lo que es un mal indicio “porque necesita agua para producir granos”.

Todo indica que los “rindes van a ser magros”, y en algunos casos “nulos”.

Comentó que en el caso de que se registren lluvias de importancia, las mismas no tendrán incidencia en la “soja de primera”, en tanto que en la de segunda puede tener algún  “efecto en el llenado del grano”, al igual que en lotes puntuales de “maíces tardíos”. En lo que respecta a la ganadería, tenemos que decir que la sequía empezó hace tres meses, pero hoy “comienza la parte crítica”, ya que no hay piso para “sembrar verdeos y recuperar pasturas”.

 

 

Dijo que en el desafío de probar cultivos, especialmente en tiempos de seca, trabaja en un “lote de sorgo granífero”, al que la “sequía le pegó fuerte”, con  rindes que  no serán “los mejores”. Aguarda un promedio de “dos mil kilos”, cuando, para salir hecho se “necesitan unos cuatro mil”, en tanto que un rinde “óptimo sería de seis mil kilos”.

En materia de plagas, en este caso aves, indicó que en las últimas dos campañas ha “disminuido” el número, y en consecuencia el daño que “provocaban las palomas y que hicieron que no se sembrara más girasol en el sur entrerriano”.

La soja sigue en caída en Entre Ríos

El primer efecto de la sequía es la disminución del rendimiento de los cultivos, lo cual trae aparejado indefectiblemente una pérdida en los ingresos del productor. La sequía está afectando no sólo a la agricultura, sino que además a la citricultura, apicultura, ganadería, etcétera.

Desde el momento en que el agricultor toma la decisión de sembrar debe afrontar una serie de gastos, lo cual representa su inversión. La Bolsa de Cereales de Entre Ríos, a través de su sistema de información agrícola (SIBER), informó sobre los kilogramos necesarios a cosechar para pagar labores, insumos, cosecha y comercialización. Quedando sin contemplar los gastos de estructura, retiros del productor e impuestos.

Para el caso de la soja, la inversión puede expresarse en kilogramos/hectárea, lo que se denomina habitualmente el rendimiento de indiferencia. En otras palabras, el rendimiento de indiferencia es la cantidad de kilogramos/hectárea que debe alcanzar el productor para recuperar la inversión realizada.

En este análisis, el rendimiento de indiferencia contempla: Labores (siembra y pulverizaciones), Insumos (semillas, fertilizantes, insecticidas y fungicidas) y gastos de cosecha y comercialización.

Aproximadamente el 70 % del área con soja en Entre Ríos afronta un costo de arrendamiento, mientras que el 30 % restante se efectúa en campo propio.

Se tomó un valor de arrendamiento equivalente a 8 quintales de soja/ha/año para las zonas Sur y Oeste; y de 5 quintales de soja/ha/año para la zona Norte y 4 quintales de soja/ha/año para la zona Este. Dichas zonas agrupan departamentos de características agroecológicas similares en la provincia: Norte (departamentos de La Paz, Federal, Feliciano y Villaguay), Este (departamentos de Colón, Concordia, San Salvador y Federación), Oeste (departamentos de Diamante, Paraná, Nogoyá y Victoria) y Sur (departamentos de Tala, Uruguay, Gualeguay y Gualeguaychú).

El rendimiento esperado para la soja de primera y de segunda, se estimó en base a las consultas efectuadas a la red de colaboradores. En su informe, indica los valores tomados para el análisis: 20,5 dólares al 20 de marzo; la cotización de la soja al 20 de marzo de 5.700 $/t; y los alquileres en qq/ha fijos son de 5 qq/ha para la zona norte, 4 qq/ha zona este y 8 qq/ha para la zona sur y oeste.

Según el SIBER, la diferencia entre el rendimiento esperado y de indiferencia, arroja un balance negativo para las 700.000 ha implantadas con de soja de primera en campo arrendado y para la zona Este 24.000 ha en campo propio. El 72 % de la superficie de soja de primera afronta pérdidas significativas. En las zonas Norte y Sur, el productor tendría un retorno positivo que oscilaría entre 80 y 110 kg/ha, lo cual equivale a un ingreso desde 456 a 627 $/hectárea sembrada.

Para el caso de la soja de segunda, únicamente la zona Sur y sobre campo propio (25.200 ha) arroja un balance positivo, con un valor de 150 kg/ha (855 $/ha sembrada). El balance es negativo para las 196.000 ha de soja de segunda en campo arrendado y en las 58.800 ha de campo propio de las zonas Norte, Este y Oeste. Se generarían pérdidas entre 50 a 710 kg/ha, lo cual significaría entre 285 a 4.047 $/ha sembrada.

Por lo tanto, un 91 % de la superficie de soja de segunda en la provincia no cubriría los gastos y tendía un resultado económico negativo.

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