Patricio Bolton: “La escuela puede redimir todo lo que se proponga y quiera”

Los hermanos lasallanos se han hecho cargo este año de la gestión educativa del Instituto “Malvina S. de Clavarino”. Patricio Bolton, miembro de esa congregación, explicó a ElDía el sentido de este cambio.

 

Marcelo Lorenzo

 

Los hermanos lasallanos son conocidos en todo el mundo por su labor educativa. Es el carisma que les imprimió su fundador, Juan Bautista de La Salle (1651-1719), sacerdote, teólogo y pedagogo católico francés que consagró su vida a formar a hijos de artesanos y niños pobres de su época.

La congregación ha hecho pie en Gualeguaychú a partir de este año al sumar al Instituto “Malvina Seguí de Clavarino” (Villa Malvina) a la red educativa que tiene en todo el país, constituida por 15 instituciones que congregan a 25.000 alumnos y a unos 3.000 docentes.

Eso le explicó a ElDía Patricio Bolton (47), hermano lasallano oriundo de Santa Fe, maestro y profesor de Ciencias de la Educación, y que ha desarrollado su actividad docente en contextos de pobreza en Córdoba, Jujuy y en el partido bonaerense de La Matanza.

Bolton es sobre todo un intelectual que ha transformado sus experiencias entre los más desfavorecidos en una mirada teórica propia sobre la dura realidad de adolescentes en situación de exclusión, amenazados por la pobreza, el suicidio y las adicciones.

Libros de su autoría como “Educación y Vulnerabilidad” o “Educación y Transformación Social” recogen las marcas de una pedagogía que aspira a rescatar, desde la experiencia de las comunidades de aprendizaje de La Salle, la vida de los más jóvenes.

“La escuela puede redimir todo lo que se proponga y quiera”, le dijo a El Día, convencido de que la educación puede cambiar la sociedad, en sintonía con el sueño de los grandes pedagogos.

-¿Qué significa ser “hermano lasallano”? ¿Hacen votos especiales?

Bolton:- No somos sacerdotes sino religiosos educadores. Es decir somos personas que consagramos nuestra vida a la educación y que vivimos en comunidad. Y tenemos un voto particular que se llama “asociación para el servicio educativo de los pobres”. Después hacemos los otros votos que hacen todas las congregaciones religiosas católicas (jesuitas, maristas, salesianos o franciscanos) que son de castidad, pobreza y obediencia. En la congregación de La Salle no hay sacerdotes, somos todos hermanos. En el mundo seremos cerca de 4.000. Estamos en 80 países, en cinco continentes.

– ¿Qué tipo de reflexión domina en sus estudios y escritos?

– Una de las temáticas es cómo hace la educación para transformar la realidad social. De qué  manera los procesos educativos ayudan a las  personas a salir de su situación social de empobrecimiento. El segundo eje de reflexión gira en torno a la cuestión sobre cómo los procesos educativos, más allá del contexto social, ayudan a las personas a constituir su propia identidad. Y desde allí organizar una institución educativa, un estilo vincular y una cultura institucional para formar las identidades de las personas. El tercer tópico es de qué manera el Evangelio se puede  hacer presente en la enseñanza de matemáticas o lengua, sin explicitarlo todo el tiempo.

 

– ¿Qué cambios se han producido en la conducción del Instituto “Malvina Seguí de Clavarino”, a partir del ingreso de la congregación lasallana?

-La orden de la Compañía de María Nuestra Señora sigue siendo propietaria de esta obra, en los institutos de Gualeguaychú y de Bahía Blanca. Las hermanas nos han pedido colaboración en la animación de esta obra por cinco años. Ellas siguen viniendo y tienen participación activa en el colegio. Nuestro rol es hacernos cargo de toda la gestión educativa de la institución. Lo que básicamente hacemos es sostener esta obra, porque más allá de las particularidades de las congregaciones, todas tienen en el fondo un estilo pedagógico común, asociado a la fraternidad cristiana y a la participación juvenil. Lo cierto es que nosotros nos encontramos aquí con un colegio que está muy bien. Es decir, que hay una comunidad de educadores muy bien consolidada, hay gente muy bien formada, hay una fuerte adherencia de los padres al proyecto. Además, los chicos están muy compenetrados con la vida del colegio.

PROPUESTA PEDAGÓGICA PARA UNA GENERACIÓN

Vivimos en tiempos donde no hay un solo pensamiento, sino muchos. Eso significa que ya no hay un ideal pedagógico único. ¿Cómo se educa entonces en una sociedad plural y diversa?

– Creo que ésa es una pregunta de todos los tiempos, aunque hoy aparezca más acuciante. Y toca la cuestión de qué necesitan estas generaciones para vivir nuestro mundo y hacerlo mejor. De aquí emanan las bases de todo proyecto pedagógico. Y al respecto nos damos cuenta que las nuevas generaciones necesitan fortalecer la capacidad de interioridad, algo que ya las hermanas venían desarrollando aquí como estrategia pedagógica. Éste no es un tema menor. Los adultos vivimos acelerados y hemos llegado a crear una sociedad de tanto ruido que esta cuestión del silencio interior, del pensar, del discernir se ha vuelto crucial. Entonces, la pregunta es ¿cómo me ubico ante tanto vértigo? Me parece que una propuesta pedagógica debe ayudar a las personas a conectarse consigo mismas, para que puedan crecer desde sí mismas. El extremo opuesto es un pibe totalmente alienado por el contexto, dominado por la presión exterior de un mundo consumista, donde cada vez resulta más difícil la constitución de la identidad personal. Otro elemento que valoramos como algo importante en la formación es la conexión con la realidad social. Porque todos los seres humanos nos necesitamos unos a otros. Se trata es de que los chicos desarrollen la capacidad de sensibilidad hacia los demás, en un mundo muy individualista. Nuestros jóvenes deben tener la suficiente formación para ser capaces, desde un criterio evangélico, de hacer algo por el otro, de ser solidarios con los que más sufren. El otro tema es cómo damos una respuesta desde la educación al fenómeno de la variabilidad del empleo, en un contexto económico en constante mutación. Estas generaciones no van a conocer nunca el empleo fijo que conocieron nuestros padres y abuelos. En este sentido necesitamos un sujeto que pueda trabajar en equipo, que entienda el sentido de la cooperación para producir cosas, y al mismo tiempo que sea intelectualmente flexible para adaptarse creativamente a un contexto cambiante, que tenga ganas de aprender todo el tiempo. Creo que estos desafíos -como la interioridad y la necesidad del vincularse solidariamente con los otros- abren las puertas a la experiencia religiosa.

– ¿Cómo incluir a Dios en la educación de nuestro tiempo?

– Creo que pasa mucho por el testimonio que demos los adultos. En la medida en que los adultos nos conectemos con este proyecto pedagógico que mira la interioridad y el sentido vincular y fraterno, y eso se viva desde la fe, eso hará que Dios se contagie a nuestros jóvenes. Hablo de testimonio porque de última la fe no es una cuestión de dogma sino de experiencia vital.

– Salvando las proporciones, se puede trazar un paralelismo con la lectura. Hay padres que se quejan de que sus hijos no leen, pero ellos tampoco lo hacen y en el hogar no hay biblioteca…

– Exacto. Creo que los chicos van a desear lo que nosotros enseñemos a desear. Van a amar aquello que les enseñemos a amar. Por eso en nuestro proyecto pedagógico proponemos recuperar la figura del adulto y del educador, que hoy están demasiado desvalorizadas. Por un lado, hay colegios donde los educadores les tienen miedo a los pibes. En otros, van al enfrentamiento y terminan en prácticas de autoritarismo, instalando relaciones frías. Por otro lado, vivimos en un mundo donde los adultos ya no conectan con los más jóvenes -en una actitud a veces de indiferencia- produciendo una generación de huérfanos. El Papa Francisco ha advertido que los adultos no llegamos a dimensionar la orfandad en la que vive la actual generación.

– En algunos ámbitos se discute si la escuela, como artefacto histórico-cultural, debe seguir existiendo. ¿Usted qué opina?

– Creo que la educación tiene que ser mediada. Que siempre va a haber un adulto que enseña y un menor o adolescente que aprende. Que siempre va a existir este encuentro. No hay posibilidad de que alguien se eduque sin la presencia del otro. No importa el nombre que le pongamos a esto -si escuela u otra cosa-, pero lo cierto es que siempre habrá una institución en donde un adulto ayudará a los más jóvenes a introducirse en la sociedad para poder vivir mejor. Me parece, sí, que quizá venimos de una escuela cerrada sobre sí misma, que se ha desconectado de la sensibilidad de las nuevas generaciones.

– Al respecto, se dice que las nuevas tecnologías le han quitado novedad a la escuela. ¿Qué opina de su uso en el ámbito educativo, en un contexto donde estos nuevos artefactos también pueden ser alienantes? ¿La escuela puede redimir el uso de las tecnologías?

– La escuela  puede redimir  todo lo que se proponga y quiera. Creo que la  escuela puede redimir el individualismo craso, la superficialidad, puede redimir la competitividad a favor de una cultura de la solidaridad, puede redimir la indiferencia hacia el prójimo, y también redimir la alienación que tiene el hombre con respecto a las nuevas tecnologías, aprovechando sus inmensas posibilidades pedagógicas dentro del aula. Pero siempre y cuando una comunidad de aprendizaje se lo proponga y trabaje a conciencia.

 

 

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