Por qué tanta gente se mete en la política

En Entre Ríos, sobre 1 millón de electores habilitados para votar, existen alrededor de 70.000 postulantes que competirán por 1.731 cargos en las PASO del 14 de abril, contenidos dentro de 790 propuestas electorales.

 

Los datos surgen del Tribunal Electoral de la provincia, quien además informa que hay 97 partidos políticos reconocidos, de los cuales 15 son de distrito (nacional), 3 partidos son provinciales y 79 son partidos vecinales.

Estas últimas formaciones vecinales sólo pueden presentar candidatos a intendente y concejales. Su profusión llama la atención, adelantando un nutrido cuarto oscuro para abril de este año cuando se realicen las PASO provinciales.

¿Cuáles son los cargos que están en juego? Pues los de gobernador y vicegobernador, 34 diputados provinciales y 17 senadores provinciales, a razón de uno por Departamento.

También se elegirán 78 presidentes de municipios y sus correspondientes vicepresidentes, 676 concejales y 924 miembros de juntas de gobierno.

No deja de ser sugerente, y a la vez impactante, que alrededor de 70.000 entrerrianos se anoten para competir por un cargo en las próximas elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 14 de abril.

Es prácticamente un 7% del total de electores habilitados para sufragar en Entre Ríos (1.080.298 ciudadanos) según datos del Tribunal Electoral de la provincia.

Los nombres de todos ellos aparecen en un total de 790 listas que fueron presentadas ante ese tribunal, 45 de las cuales poblarán los cuartos oscuros de las escuelas del Departamento Gualeguaychú en las PASO.

¿Por qué tanta gente movilizada por la política? ¿Explosión de vocaciones a favor del interés general? ¿O es la política un gran negocio de reparto de buenos empleos públicos?

El oficio de político, por lo visto, es controversial. Ya el sociólogo Max Weber, por ejemplo, distinguía entre los que “sirven” a la política y los que “se sirven” de ella.

Los primeros lo hacen por vocación, son los que encuentran un sentido a sus vidas en el servicio público, como el enfermero que se desvela por sus enfermos y el docente que sólo aspira a que sus alumnos aprendan.

Los segundos, en cambio, utilizan la actividad como un medio de vida. “Quien vive la política como profesión, ésta es su fuente de ingresos”, aclara Weber sugiriendo que la actividad puede devenir en un negocio redituable.

¿Acaso en nuestra geografía abundan estos últimos?  Si así fuese, entonces estaríamos lejos de aquella imagen idealizada del político que vela por el interés general de los ciudadanos y se mantiene dentro de una ética de servicio público.

El que utiliza la actividad política para vivir de ella porque no sabe hacer otra cosa o como medio de enriquecimiento personal se vincularía a aquellos males asociados a este oficio como son la corrupción, la demagogia y la incompetencia.

Existe una extendida opinión según la cual muchos políticos se aferran a un cargo público porque no podrían ganarse la vida de otro modo. Como verbalizó en 2017 la modelo Amalia Granata, al presentarse como candidata a diputada nacional por el frente UNA Santa Fe.

En un programa de TV, tras aclarar que ella vivía de su trabajo, la modelo señaló que los políticos “lo único que saben hacer es vivir del Estado, hace años viven del Estado y, si pierden, no saben de qué trabajar y de qué van a vivir”.

¿Vivir para la política o vivir de la política? El debate que abrió Max Weber a principios del siglo XX aún está vigente.

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