“¿Querés verme la…?” La denuncia de una menor acosada por el hijo de la fiscal

Rodrigo Eguillor empezó a acosarla en 2014 porque tenían “amigos en común”. Los tremendos mensajes que le escribía y la reflexión de su víctima.

En los últimos días, después de que se diera a conocer la formalización de la denuncia por abuso sexual a Rodrigo Eguillor, decenas de mujeres se animaron a hablar y contar lo que sufrieron en manos del hijo de la fiscal de ejecución penal de Lomas de Zamora, Paula Martínez Castro. Una de ellas habló, aunque pidió resguardar su identidad debido al “poder” de su agresor, quien acumula ya tres denuncias por abuso, amenazas y grooming.

 

La llamaremos Clara a secas. Lo importante no es su identidad, sino el calvario que vivió en manos de Eguillor. Una suerte de catarsis que se permitió experimentar recién en las últimas semanas cuando leyó en Twitter el escrache que realizaron los amigos de la chica de 22 años que denunció haber sido abusada sexualmente en un departamento de San Telmo. “Cuando lo leí me quedé helada, no podía creerlo”.

 

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Clara se acordaba a la perfección del nombre: no necesitó ver el video en el que se lo muestra atacando a la chica para saber que se trataba del hombre que la acosaba desde hacía cuatro años. Nunca se vieron personalmente, pero los constantes mensajes que le mandaba desde distintas redes sociales hicieron que ese apellido se mantuviera en su retina. Todo comenzó en marzo de 2014 cuando con 17 años aceptó la solicitud que le había enviado en Facebook porque tenían “muchos amigos en común del colegio”. Jamás imaginó que ese fue el comienzo de una pesadilla.

“Es algo que ni siquiera le había dicho a mi familia”, advierte de inmediato. “No sé cómo me encontró, ni por qué me agregó”, suma, al tiempo que comparte las capturas de pantalla de los compulsivos e insistentes mensajes que le enviaba Eguillor, quien incluso llegó a ofrecerle mandarle una foto de su miembro para que accediera a una “videollamada hot”. “Al final nunca me la mandó. Capaz que si seguía un segundo más la charla lo hacía. Por suerte no pasó. Pobre las otras chicas, es una situación de mierda. Ojalá algún día se den cuenta de que no es normal mandar fotos si nadie te las pide”.

 

La constante en la conversación, además de la insistencia del estudiante de abogacía, eran las evasivas de Clara. “Lamentablemente, una está ‘acostumbrada’ a que te hablen y no contestar; a que sean insistentes. Siempre lo tomé como que no tenía que darle mucha importancia. Después me buscó por Instagram y ahí empezó a seguirme y dejar de seguir varias veces por día”, recuerda.

Pasaron cuatro años desde el primer mensaje. La sociedad cambió. El empoderamiento femenino se fortaleció. Los ojos con los que hoy miramos este tipo de conducta cambiaron. “Capaz debería haberlo bloqueado o eliminado, pero no supe cómo actuar. Intentaba hacer como que nada pasaba. Y no quería contestarle simplemente”, analiza tiempo después, aunque todavía recuerda la sensación de “vulnerabilidad” que le generaba cada mensaje.

Si bien tenían amigos en común, Clara no los contactó. Eran, una vez más, otros tiempos. “Nunca pensé en hablar con ellos porque eran de mi colegio y no me sentía tan insegura. Nunca nadie me había dicho nada raro de él. Creía que capaz era así conmigo y me daba vergüenza contárselo a alguien. Era bastante amateur con el tema del feminismo, pero ahora me pregunto: tal vez se podría haber evitado la situación del balcón si se lo hubiese escrachado desde el día cero”.

 

Clara no lo dudó. Al ver las denuncias que comenzaron a circular en las redes sociales, ella también se sumó a la ola y compartió los mensajes que le escribió por cuatro años. El último intento de comunicación fue en mayo de este año. “Ahora al mínimo indicio de incomodidad sabemos ‘reaccionar’ en cierto punto, como nos salga: contándole a una amiga sin sentir vergüenza, escrachándolo en redes. Es esto de entender que la culpa no es nuestra, que es lo que antes solía costar un poco más. La carga social siempre es para la mujer, que parece que tendría que saber actuar en todas las situaciones sí o sí”.

Fuente: BigBang

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