Un mundo donde los subtítulos permiten oír

Un grupo de organizaciones que representa a personas con dificultades auditivas lleva adelante una campaña para que el subtitulado de programas de TV y películas sea obligatorio. Ya reunieron 10.000 firmas e hicieron presentaciones ante diferentes organismos nacionales.

Florencia Carbone

Es un pedido que se grita desde la profundidad del silencio: “Juntos por los subtítulos”. ¿Te imaginás la vida sin música, sin conocer la voz de tu hijo, el sonido del viento entre los árboles, el rumoroso anuncio de una tormenta, el llanto del bebé cuando requiere de tu atención o las carcajadas de tus amigos?

En el mundo son millones las personas que no pueden escuchar –o sufren una pérdida considerable de audición. En la Argentina, un grupo lucha por conseguir que se generalice el uso de una herramienta tan sencilla como importante para quienes tienen dificultades auditivas: los subtítulos.

Tal vez la segunda parte del slogan de la campaña que llevan adelante sirva para entender –si hiciera falta agregar algo- el porqué. “Juntos por los subtítulos. No oigo pero me emociono”.

Rosario García (“69 añitos y más de 40 en el mundo de la sordera”, describe), una de las responsables de la movida, explica que el objetivo es ser la voz de un amplio grupo de personas que tienen dificultades auditivas.

“La campaña trata de hacer visible nuestro problema a la sociedad. Las personas sordas cuando vemos televisión sin subtítulos no podemos entenderla. Nos sentimos aislados, frustrados, marginadas de la sociedad y hasta de nuestra propia familia. Somos muchos los que tenemos alguna dificultad auditiva, pero somos invisibles. En general las personas no saben que nuestra única forma de mirar tele es con subtítulos. Algunos suponen que con aumentar el volumen se soluciona el problema, pero no es así. Las ayudas auditivas permiten a algunas personas oír y escuchar bastante bien pero no los transforma en oyentes”, explica Rosario.

Aunque actualmente vive en Buenos Aires, Rosario se considera sanjuanina. Cuenta que vivió allí durante 30 años y que por ello sabe perfectamente que es en el interior donde se sienten las verdaderas carencias, “Por eso nuestra campaña Juntos por los Subtítulos es una campaña nacional”, agrega.

Contadora Pública, jubilada hace varios años, su pérdida auditiva empezó cuando ya había terminado la carrera universitaria y estaba casada.

“Desde que empezó mi otosclerosis coclear -que fue gradual y progresiva- me puse a investigar cómo encontrar los medios alternativos que pudieran paliar esa falta de audición y también me puse a trabajar en diferentes ONG de personas con el mismo problema auditivo. Lo más importante es entender que el subtitulado nos permite ver la TV sin que nadie nos tenga que contar, es autonomía, independencia, es la posibilidad de formar nuestro propio criterio. Necesitamos sentirnos incluidos, ser parte activa en la sociedad y ejercer nuestros derechos en igualdad de condiciones. Les pedimos ayuda para hacer valer nuestros derechos, ser sensibles a nuestra situación difundiendo nuestra campaña”, relata.

Las palabras de Rosario (la nota se hizo por medio de preguntas que respondió por escrito a través del mail y whatsapp) resumen a la perfección el espíritu de la campaña: “Necesitamos que los oyentes no escuchen”.

Olivia Castro Cranwell, Ceci Auer, María Del Carmen Pilar y Rosario García, en el Inadi, uno de los organismos ante los que Juntos por los Subtítulos hizo la presentación para que los subtítulos sean obligatorios en cine y TV y así las personas con dificultades auditivas puedan integrarse a la sociedad y tener acceso a los contenidos.

La campaña está dirigida principalmente a TV y cine y hasta ahora se hace a través de la página en Facebook (Juntos por los subtítulos), y con varias denuncias que realizaron ante diferentes organismos como la Defensoría del Pueblo, el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) y el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Además, Rosario contó que han reunido más de 10.000 firmas para presentar ante los senadores y diputados, el Enacom “o quien haga falta” para que el subtitulado sea obligatorio, y han sumado el apoyo de otras ONG.

Proyecto Oír

Es el caso de Proyecto Oír, la organización que lidera el médico otorrinolaringólogo Ricardo Aldo Yanco, quien, luego de más de 30 años de actividad profesional decidió reunir a un grupo de personas preocupadas por el cuidado del oído y la audición para trabajar fundamentalmente en los temas de prevención.

“Las cosas de la vida te van juntando con gente que comparte esas ideas y se van sumando. Así fue como de a poco se fue armando este grupo que llamamos Proyecto Oír donde todos trabajamos ad honorem. Hay ingenieros, arquitectos, estudiantes de psicología, cada uno aporta dentro de lo que puede su tiempo y expertise en la página, buscando material. El espíritu es hacer todo lo que pueda ayudar a la prevención, tratamiento o rehabilitación de cualquier afección que comprometa al oído y la audición. Hoy nos basamos fundamentalmente en la difusión. En nuestra página en Facebook (Proyecto Oír) hacemos publicaciones, apoyamos a otros grupos que luchan por los subtítulos –por ejemplo-, logramos instalar en instituciones aros magnéticos, que son dispositivos bastantes económicos y que ayudan mucho a quienes necesitan algún tipo de auxilio auditivo como un audífono o un implante coclear”, relata Yanco.

El médico explica que quienes tienen una pérdida considerable de la audición, suelen tener dificultades en su trabajo y en ámbitos sociales y que si esas dificultades no se resuelven de modo adecuado se van aislando de a poco. “Si vas a lugares en donde no vas a poder entender de qué se está hablando, preferís quedarte en tu casa”, dice.

¿Un futuro más complicado?

Más allá de las cuestiones genéticas, hoy se habla mucho del peso de la tecnología en los trastornos auditivos. Se dice que en la actual generación de jóvenes seguramente se incrementen los problemas auditivos por el volumen al que escucha la música, por ejemplo, ¿es así?, preguntó ElDía.

“Sí, es verdad. Por un lado hay algo que existe desde hace mucho como los lugares bailables, los recitales, con volúmenes altísimos. A eso se suma la posibilidad de escuchar música todo el tiempo, con auriculares muy buenos, a altas intensidades. En EE.UU. hay reglamentación que establece que no se puede escuchar a más de determinada intensidad, si querés subir el volumen más allá de eso hay que presionar una tecla especial. Pero lamentablemente los adolescentes y los jóvenes desconocen el potencial daño que causa escuchar en esos niveles. El ruido intenso va generando daño de modo lento y progresivo”, responde Yanco.

“Lamentablemente los adolescentes y los jóvenes desconocen el potencial daño que causa escuchar música
altos niveles. El ruido intenso va generando daño de modo lento y progresivo”, advierte Ricardo Aldo Yanco, médico otorrinolaringólogo y fundador de la ONG Proyecto Oír

¿Cuáles son las mejores maneras para prevenir los problemas auditivos? El especialista dice que lo primero para cuidarse de algo es conocer los riesgos. “Hay que explicarle a los jóvenes que el ruido fuerte puede causar un deterioro en sus oídos del que no se darán cuenta hasta que sea tarde. Los sonidos intensos provocan pérdida auditiva pero también zumbidos. Además es importante saber que hay medicamentos que son tóxicos para el oído. Por otro lado es importante prestar atención a las otitis o procesos inflamatorios en los chicos, a los que muchas veces no se les da importancia. Ante esos cuadros reiterados hay que hacer buenas consultas y asegurarse de que el oído está curado para que no se generen secuelas a largo plazo”.

Respecto de la cuestión de los subtítulos, Yanco fue enfático: “Perderse la música o la posibilidad de socializar naturalmente al compartir contenido de entretenimiento o material de estudio, ver la tele, ir al cine, formarte con los videos por internet, poder usar tutoriales, deja afuera a cualquiera. Los subtítulos garantizan la accesibilidad y eso tiene un costo, pero hay que asumirlo. Cuando obligaron a todos los edificios a poner una rampa de acceso, hubo que gastar plata y hacerlo, pero es una inversión que hay que afrontar. Debiera ser algo normal. En los aeropuertos en el exterior por ejemplo, hay zonas identificadas donde hay aros magnéticos para que los pasajeros hipoacúsicos puedan escuchar bien los anuncios de los vuelos. Los subtítulos ayudan a que las personas con dificultades auditivas tengan una mejor integración y calidad de vida”.

A la hora de sumarse a la campaña por los subtítulos, la invitación de Proyecto Oír dice: “Por favor sé amable, no me dejes afuera”.

“Comprender el dolor y las emociones es una cualidad que se puede ejercitar y potenciar. Algunos la desarrollan mejor porque están más dispuestos a aprender de la vida, ser flexibles, tener una mente abierta, no juzgar y escuchar al otro”, dicen al destacar la necesidad de prestar atención tanto a la comunicación verbal como a la no verbal.

Tipos de subtitulados en la Argentina

En nuestro país existen dos tipos de subtitulados:

  • Subtitulado abierto (no se puede borrar de la TV). Generalmente viene impreso en las películas, series o novelas grabadas con subtitulado y en su idioma original. Los nuevos títulos argentinos también vienen con subtitulado en español.
  • Close Caption (CC) o Subtitulado Oculto. Es opcional. Se activa una función del televisor (hay una tecla en el control remoto identificada con CC), y aparece en pantalla letras blancas con fondo negro. En Buenos Aires lo emiten todo el día por canales 7, 9, 11 y 13, y en algunos horarios en América. En el interior no siempre es así. Sólo se ve si el canal emite el subtitulado y si el televisor tiene la opción de CC. Hay un operador que va tipeando a medida que escucha. Y se suele usar más en programas en vivo.

¿Cuáles son los obstáculos que encuentran quienes luchan por la incorporación de los subtítulos? El principal pareciera ser económico: el costo para los canales de TV, dicen en “Juntos por los subtítulos”.

Una vez más, según el cristal con el que se lo mire, lo que es catalogado como costo para unos bien podría ser inversión para muchísimos otros, sobre todo si se tiene en cuenta que esas líneas con letras en el fondo de una pantalla pueden significar nada más ni nada menos que millones de personas se diviertan, informen, aprendan, compartan… en definitiva, accedan a una vida integrada.

Los subtítulos son a las personas con dificultades auditivas lo que las rampas a aquellas con problemas de movilidad. Bien vale la pena que el Estado se encargue de que quienes tienen que hacerlo inviertan en estas rampas auditivas.

Rodolfo Compte, 68 años, periodista, hipoacúsico reciente, dictando un curso sobre Ghostwriter (escritor fantasma), en la Universidad del Salvador.

Cuando vivir en el interior es una complicación más

Solemos repetir eso de “es bueno ponerse en el lugar del otro” como recurso para entender las situaciones ajenas. Sin embargo, aunque sea con la mejor intención, muchas veces no tenemos ni la más remota idea de lo que verdaderamente se trata hasta que la vida nos pega un empujón y nos mete casi de prepo en los zapatos del otro.

Movidas por la creciente crisis en el mundo laboral periodístico, un grupo de generosas colegas (Cristina Mahne, Marysol Antón, Alejandra Mourín, Paola Florio y Carla Monteverde) creó la Red Laboral de Periodistas, un grupo de Facebook que hoy reúne a más de 10.000 periodistas, fotógrafos, correctores, diseñadores gráficos, infografistas, ilustradores, traductores y corresponsales. En el espacio se comparten búsquedas laborales y cursos, pero también videos con consejos sobre cómo manejar emprendimientos independientes o cursos de capacitación en diferentes temas.

Los mensajes se agradecimiento se sucedían –casi como de costumbre- cuando en el medio de esa catarata apareció un pedido: “¿Se podrán subtitular los videos?”.

Después de ese posteo, Verónica Sukaczer hizo otro explicando el porqué. “Como muchos saben (lo he contado en los medios) soy hipoacúsica. Si quieren precisión: hipoacusia neurosensorial bilateral severa a profunda, de inicio aproximado a los seis años. Nada de lo que hice significó “superar” la discapacidad (es mucho lo que no puedo hacer) sino adaptarme a ella. Estudié periodismo, lo ejerzo, he escrito una veintena de libros, he ganado premios (2do. Nacional de Literatura, Konex, entre otros). Y todo genial y maravilloso pero NO puedo disfrutar del cine ni la TV si no tienen subtítulos. Pregunto entonces: ¿alguien de la Red tendría el tiempo y los conocimientos para subtitular por lo menos algunos de los videos que se suben aquí? Mil gracias”.

Ese fue el disparador. Sobrevinieron entonces voluntarios para desgrabar los videos y otros para aplicar los subtítulos.

Verónica tiene 49 años, está casada y tiene dos hijos. Es periodista, escritora y editora. Lleva publicados una veintena de libros para chicos y jóvenes, y un libro de cuentos para adultos. Tiene varios premios en su haber, dicta talleres literarios y es diplomada en Logogenia, “un método de desarrollo de la competencia lingüística en niños sordos”, explica.

Verónica Sukaczer, periodista, destaca que es importante entender que la discapacidad auditiva es invisible porque no hay nada físico o externo que muestre que la persona tiene una discapacidad, y que ese es uno de los factores que provoca un mayor desconocimiento de esta discapacidad en relación a otras.

“Algo que hay que entender sobre la discapacidad auditiva es que es invisible, no hay nada físico, externo, que muestre que la persona tiene una discapacidad. Eso provoca un mayor desconocimiento de esta discapacidad en relación a otras. El otro tema importantísimo es que hay que distinguir el momento de la pérdida de la audición: si sucedió al nacer (prelocutiva), si fue durante los primeros años (postlocutiva), o más tarde. Esto dará la pauta de si la persona ha podido adquirir una lengua oral”, agrega.

“Yo hablo como cualquier persona, hay entrevistas que me hicieron en YouTube, ahí me podés ver hablando, hablo mucho :-)”, acota risas con emoji (sus respuestas fueron por escrito). El hecho de que fuera perdiendo la audición en forma progresiva desde la infancia -pero no la primerísima infancia- hizo que no tuviera ningún inconveniente lingüístico. Y como además me dediqué a profesiones relacionadas con la lengua y la comunicación…”

Dificultades laborales

Cuenta que estudió en periodismo en el Instituto Grafotécnico y que al poco tiempo de recibirse ya estaba colaborando en La Nación. “Desde entonces he sido colaboradora de diversos medios pero lo que no logré fue un puesto estable, que me hubiera gustado. Por supuesto que la audición jugó en contra, también el no saber inglés, que me resulta muy difícil de aprender justamente por la audición. Cada vez que tuve una entrevista clásica, de charlar con la otra persona, no conseguí el trabajo. Cada vez que para tomarme me pidieron un texto, lo logré”.

¿Cómo es la situación de la Argentina con los subtítulos? “Casi no hay material subtitulado de ningún tipo. Es algo que no se tiene en cuenta. Incluso cuando me hacen entrevistas pregunto si las subtitularán, si yo podré luego ver y oír ese programa, y la respuesta es en general negativa. Así que estamos excluidos de todo lo que es TV, cine, videos, cortos en castellano. En cable hasta hace algunos años la mayoría de los canales de series y películas tenían su programación subtitulada, luego hubo un cambio, en parte salió la Ley del doblaje, en parte las productoras extranjeras, según no sé qué estudios, consideraron que el público latino prefiere ver la TV doblada, y todo eso desapareció. Ahora quedan un par de canales que pasan programas subtitulados y no siempre. Por suerte apareció Netflix que sí tiene todo subtitulado, aún las películas en castellano”, responde.

¿Qué significan los subtítulos en la vida de alguien con problemas de audición? “La posibilidad de ver y oír TV o estar excluido de toda información y entretenimiento y enterarte sólo de lo que sucede a través de medios escritos. Pero como gran parte de las personas sordas tienen graves dificultades para leer y entender lo que leen, para muchos significa la exclusión total de los medios”, concluye.

Rodolfo Compte también integra la Red de Periodistas. Tiene 68 años y comenta que siempre tuvo buena audición hasta que en 2006 sufrió un infarto de corazón. “No sé si fue el infarto o los medicamentos, pero desde entonces fui perdiendo comprensión y audición progresivamente. Actualmente sin audífonos no logro comunicarme con nadie. Soy hipoacúsico reciente. Actualmente me comunico aceptablemente bien gracias a los mejores audífonos suizos del mercado más toda la aparatología asociada. Tengo un aparato que se llama “Compilot” colgado del pecho, como un collar. Gracias a eso puedo escuchar la TV o el celular por bluetooth. En los televisores conecto algo que se llama TvLink. Entonces al empalmarse vía Compilot con los audífonos entiendo todo lo que dicen en los programas. De otra forma me resultaría imposible. Además tengo un Roger Pen (que tiene la forma de una lapicera). Si voy a una conferencia o seminario le pido al expositor que se lo cuelgue del pecho y de esta manera escucho y comprendo todo hasta una distancia de 20 metros”.

De todos modos, Rodolfo dice que es importante destacar que ese tipo de equipos que permiten “una calidad de vida superlativa” son muy costosos -habla de cientos de miles de pesos- y que en su caso los tiene gracias al Certificado Único de Discapacidad y a una excelente prepaga. “PAMI jamás brindará un servicio así”.

Otro tema que destaca son las diferencias con el interior. “Vivo en Capital donde únicamente se consiguen estos aparatos. La empresa que los importa tiene muy pocas sucursales en contadas ciudades del interior. La disparidad de los beneficios que gozamos los habitantes de CABA con los compatriotas del resto del país son abismales. El nuestro es un país muy injusto. Todo se concentra acá. Hace poco fui a calibrar los audífonos y en 20 minutos estaba con los especialistas, sin problemas. La persona que estaba detrás de mí venía desde Puerto Madryn”.

¿Cuán fácil es acceder a material subtitulado en nuestro país? “Todo depende de tu situación económica y del lugar en el que vivís. Para la gran mayoría de los hipoacúsicos los subtitulados son inaccesibles. Estuve internado desde el 22 de Mayo hasta el 11 de junio en una habitación individual de un gran sanatorio porteño pero no podía ver televisión porque sólo había cable básico y ninguno de los canales tenía subtítulos. En mi casa tengo todos los servicios de cable: HD, canales Premium, Internet de alta velocidad, Netflix. Acceso a películas y series de Amazon Prime, etc.

Comentarios

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.