Vivimos en la era de la guerra de la atención

En un mundo saturado de estímulos potentes y veloces, la atención humana ha devenido en un recurso escaso. Son muchos los intereses que pretenden controlar esta puerta de entrada a nuestra mente.

La atención es el proceso conductual y cognitivo de concentración selectiva de la información. Prestar atención es fijar la mente en objetos o pensamientos, durante el proceso perceptivo.

“Es la atención lo que determina tu realidad”, le dice el maestro Yoda a  Luke Skywalker, en la película La Guerra de la Galaxias, al sugerir que ahí reside la puerta de entrada al cerebro, que es el órgano que controla nuestra conducta.

Nuestros receptores sensoriales se ven afectados por múltiples estímulos. Sin embargo, en un momento determinado nuestra mente tiene que seleccionar una parte de esa información (y descartar otras) y eso lo hace cuando presta atención.

Estamos hablando de la capacidad cognitiva de enfocarse, de manera exclusiva y durante un tiempo determinado en algo, con el objeto de entenderlo y grabarlo en la memoria.

Lo cierto es que nunca antes en la historia de la humanidad la atención ha sido tan asediada por un entorno sofisticado interesado en captarla, muchas veces con intenciones puramente manipulativa.

Los grandes intereses comerciales y corporativos se sirven de la mercadotecnia, por caso, para tomar por asalto esta plaza, que es la puerta de acceso a la mente de los clientes y consumidores.

Nadie vende nada si no se “atrae” la atención de los compradores, sujetos solicitados por todas partes por propuestas comerciales de todo tipo.

Para aumentar la cuota de mercado y el margen de beneficio, las empresas necesitan vender sus productos a más consumidores. Pero éstos últimos no pueden prestar atención a todo lo que se les ofrece, porque la mente tiene una fijación limitada.

Resulta comprensible, entonces, que hoy se hable de que la atención es un recurso escaso cada vez más cotizado. Y de hecho se ha formulado un nuevo paradigma: la economía de la atención.

La apropiación de esta capacidad a gran escala, por parte de intereses comerciales y de los otros (políticos o ideológicos), sugiere que se está en presencia de una guerra por capturar nuestra mente conquistando su acceso, su llave de entrada.

Se sabe, al respecto, que los profesionales del marketing se ven en la obligación de atraer nuestra atención para que los anuncios publicitarios funcionen. Si no son capaces de interrumpir nuestros pensamientos plantando una semilla en nuestro consciente o en nuestro subconsciente, habrán fracasado. Y eso sería su dinero tirado a la basura.

A todo esto, hay quienes piensan que las nuevas tecnologías están cambiando la capacidad de atención. Eso postula Nicholas Carr, que fue director de la Harvard Bussiness Review, en su libro “Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?”.

Allí sostiene que Internet nos incita a buscar lo breve y lo rápido y nos aleja de la posibilidad de concentrarnos en una sola cosa. Carr postula que las diferentes formas de tecnología incentivan diferentes formas de pensamiento y por distintas razones Internet alienta la multitarea y fomenta muy poco la concentración.

¿Acaso en el mundo de la tecnología –que es un negocio- hay interés por fomentar la dispersión mental? ¿Una humanidad distraída –cuya capacidad de atención ha sido alterada- es más controlable?

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