Yo desdoblo, tú desdoblas, ellos desdoblan, nosotros desdoblamos ¿Para qué?

Desdoblar o no, esa es la cuestión. Algo que parecía impensado hace unos meses hoy cobra cuerpo y podría volverse realidad: que la Provincia de Buenos Aires parta sus elecciones y María Eugenia Vidal pelee por su reelección y deje solo a Mauricio Macri en agosto. Los que frecuentan los pasillos del poder afirman que Vidal ya se convenció. Falta el Presidente que sigue mirando de reojo la estrategia.

 

Jorge Barroetaveña

 

 

En un juego de suma cero, sería a todo o nada. Pero la estrategia electoral nunca es tan sencilla ni lineal. No hay encuesta que no diga que Vidal es la candidata más potente que Cambiemos puede presentar. En el modo gobernadora o presidenta, le saca diferencia al máximo referente de su espacio. Si esto le genera recelos en lo más alto del poder, nunca se han notado las consecuencias. Y eso que Vidal ha marcado en más de una ocasión diferencias con la Nación, pero Macri, es justo reconocerlo, nunca le ha pasado facturas por eso. Será porque la considera una creación propia a la que no hay ponerle límites, algo sólo concebible para quien no tiene la formación de un político profesional.

Vidal pues, en sus dos variantes, es la que mayores chances tiene de victoria. Es, hasta quien podría condicionar la estrategia kirchnerista de modificar su armado electoral y presentar a Cristina para la gobernación bonaerense. Sería un mano a mano entre las dos mujeres que terminaría condicionando las PASO de agosto y la general de octubre.

Claro que la idea de desdoblar, originalmente planteada por Sergio Massa y aceptada  a regañadientes por Vidal, esconde el poder de traccionar que históricamente han tenido los intendentes del Conurbano. Massa no es zonzo. Sabe que eliminando ese poder, o sacándolo de las PASO de agosto, sus chances de ganar aumentan. ¿Por qué? La que mejor mide en provincia es Cristina y ninguno de ellos quiere poner en juego su quinta. Si les conviene pegar con Cristina lo harán, no importa si es agosto o antes.

En la general, cuando ninguno de ellos se juegue la ropa propia, otra será la historia y las lealtades bien podrían modificarse. Tampoco es necesario inmolarse por nadie. Con movilizar poco alcanza y sobra. Después de todo, el aparato es costoso y conseguir la plata financiarlo cada vez cuesta más.

Vidal, el ancho de espadas para Cambiemos, escudriña sus cartas. Sabe que es ella la que le lleva votos a Macri y no al revés. Quizás cierta lealtad al jefe es lo que todavía le impide patear el tablero. En lo más alto del poder sólo falta una reunión a solas entre ambos. Aunque algo ha cambiado hace tiempo entre los dos: están más cerca de ser pares que otra cosa.

Si la elección y su fecha en Buenos Aires es clave, los otros distritos electorales grandes también están convulsionados. En Córdoba, bastión que le permitió a Macri ser Presidente en el balotaje, Schiaretti parece conducirse tranquilo hacia su reelección. Cambiemos es una bolsa de gatos entre los radicales y el PRO y nadie asegura qué pasará en el tránsito de la interna a la general. En Santa Fe, otro distrito grande, el peronismo también se relame, aunque de manera distinta.

Desgastado el socialismo encara la renovación de la gobernación con un viejo conocido, Bonfatti. Pero allí están agazapados Omar Perotti y María Eugenia Bielsa, que acaba de confirmar que irá por la gobernación. Esa interna peronista promete ser ultracompetitiva y ser la que más votos traccione. El peronismo tiene la mayor posibilidad, después de dos períodos, de volver a ser gobierno en Santa Fe. Y en Capital Federal, con Rodríguez Larreta a la cabeza el oficialismo amarillo es el que sigue teniendo más chances de imponerse. Pese a los vaivenes poco parece haber cambiado en el electorado porteño, históricamente refractario al peronismo y poco dispuesto en los últimos años a votar propuestas progresistas, salvo la de Martín Lousteau.

En el norte del país el peronismo sigue siendo una fuerza competitiva y confiable, en sus múltiples formas. En la Cordillera Cambiemos quiere conservar Mendoza y aspira a dar el batacazo en Neuquén y otras provincias patagónicas. Aunque a Macri esto tanto no le preocupa. Con algunos gobernadores peronistas o de otros partidos se lleva mejor que con los propios.

Entre Ríos, que también contribuyó a su presidencia, es una incógnita aún, pese a que los próximos días serán decisivos. Los que conocen al gobernador Bordet afirman que ya decidió romper amarras con su gran elector, Sergio Urribarri. No es sólo una cuestión de deseos. Deberá ganar la elección y reafimar su condición de líder indiscutido del peronismo entrerriano.

Del otro lado, en Cambiemos también reina la incertidumbre. Frigerio reunió a los intendentes de Cambiemos y les dijo que él, por ahora, no será candidato. Habría que bucear entre los radicales para buscar otro que no sea él y aparece la eterna figura de Atilio Benedetti. Y no mucho más. Todo un dilema para Cambiemos. Si el PJ se rompe y va dividido en la provincia, una victoria opositora más que una posibilidad sería una obligación. Nunca un escenario electoral podría ser más favorable para eso. Desde que Montiel le ganó a Maya en 1999, alguien que no sea peronista no entra a la Casa Gris. Habrá que ver si los dirigentes están a la altura de las circunstancias y si los entrerrianos hicieron borrón y cuenta nueva.

 

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