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40 años de pasión: el carnaval contado por los propios integrantes de Marí Marí, Ará Yeví y Kamarr

Esta temporada, las comparsas del Club Central Entrerriano, Tiro Federal y Sirio Libanés llegaron al aniversario número 40. En esta nota, la palabra de algunos de sus integrantes más representativos. Pasión, amor por los coloras y toda una vida llena de carnaval.

El himno de mi corazón

Marcelo Ghiglione es uno de los integrantes con más años en la comparsa del Sirio Libanés. Suma 35 de los 40 aniversarios y es el creador del himno de la comparsa. Junto a Laura Silva, modista y responsable de la sala de materiales, dialogaron con ElDía.

“Quiero agradecerle a Dios la suerte, de poder vivir el carnaval / Quiero agradecerle a Dios tenerte / llevo en mí pecho los colores de Kamarr”, comienza el himno de la comparsa del club Sirio Libanés. Su autor es Marcelo Ghiglione, uno de los viejos integrantes de esta gran familia azul y negra, que se quiebra de emoción al hablar del sentimiento que siente por la comparsa.

“Arranqué en el 86, cando mi hermano me invitó a ser parte de un grupo de danza árabes que tenía María Elena Dacal, y después seguimos con la comparsa. A veces, alternando con otra, por los años que no sale Kamarr, pero siempre con la camiseta abajo”, cuenta Marcelo y, orgulloso, se toca la remera que lleva puesta.

Habla lento y pausado, pero no es que le cueste hacerlo, es que hace un gran esfuerzo por no quebrarse de emoción. Marcelo es de esas personas que trasmiten su sentimiento en muy pocas palabras. “Es mucho para mí, qué querés que te diga, Kamarr es la mitad de mi vida”, justifica, con los ojos cristalizados.

Con 35 años en la comparsa, Marcelo desfiló en los viejos circuitos de 25 de Mayo, Urquiza y la avenida Rocamora. Donde la gente se mezclaba con las plumas en una fiesta más popular y menos profesionalizada que la que conocemos actualmente.

marcelo ghiglione

“La primera vez que pisé el Corsódromo fue muy especial, desde ese momento, cada comienzo en esa pasarela fue especial. Ahí te transformás, es algo difícil de explicar para quien no lo ha hecho, los carnavaleros saben a qué me refiero”, dice quien, junto a sus amigos del barrio Villa María, acompañaban las murgas de entonces.

En aquellos tiempos todavía estaba muy lejos esa idea de escribirle un himno a su Kamarr. “Fue una forma de agradecer poder estar acá, por ser parte de eta familia. Hay muchos músicos que escriben las letras para las comparsas cada año, pero no sé si lo hacen con el mismo sentimiento. Cuando la comparsa lo canta es hermoso para mí. No importa, sinceramente, ganar o no. Quienes llevamos la camiseta bien puesta lo disfrutamos igual, el resultado es otra cosa. Los colores se llevan en el corazón, se gane o se pierda”.

“Kamarr es todo”

Laura Silva es modista de la comparsa desde 1997, después que haya sido inaugurado el Corsódromo, obra que hizo dar un gran salto de calidad al espectáculo artístico-turístico más importante de Gualeguaychú.

“Nunca había trabajado con una máquina eléctrica hasta que entré a la comparsa. Pero cuando la agarré no la solté más. Es el día de hoy que sigo cociendo y, desde 2011, soy la encargada de la sala de materiales y compras. Me han solicitado para trabajar en otras comparsas, pero no, yo de acá no me voy. Yanito (José El Kozah) dice ‘este es un mueble viejo, de acá no se mueve’”, cuenta Laura, entre risas.

“Siempre trabajé con un equipo de personas muy hábiles. Y ver el resultado de ese trabajo desfilando en el circuito del Corsódromo es algo que se siente en el pecho”, asegura. Y cuenta que a veces la tratan de “loca”, porque lava la ropa de la comparsa. “No podría dejar que un integrante que viene a suplantar a otro se ponga el traje usado del sábado anterior. Para mí, todo lo que se pueda lavar, se lava”, sin vueltas.

laura silva

Ella es empleada del Sirio Libanés y trabaja todo el año en el taller de costura, salga o no salga la comparsa. Una de las enseñanzas que le dejó tanto tiempo allí es que “se trabaja de día” porque “la noche es para dormir”, a diferencia de los viejos tiempos en que las noches se hacían mañanas y las máquinas seguían cociendo. “Eso no sirve, porque al otro día no servía para nada”, asegura.

Como suele pasar en las familias carnavaleras, la costurera trasmitió su amor por Kamarr a sus hijas, quienes han representado a la comparsa con el mismo amor que ella le pone al armado de los trajes, pero del lado de adentro de la pasarela.

“Siempre me importó trabajar con buenas personas, y acá siempre fueron familias buenísimas. Tanto El Kozah, el papá de Yanito, como Pedro Villanova, Yulán, Don Pablo, Julio, que sigue, Elsa, mucha gente buena. Después formó la subcomisión de comparsa, con gente más joven, que nos hizo muy bien a nosotros”, reconoció y, a la pregunta ¿qué significa la comparsa en su vida?, contestó: “Kamarr es todo. Tengo mucho afecto por la comparsa y por su gente. Hay muchas personas leales, leales en todo sentido. Y así da gusto ser parte”.

“Mi segunda casa, y muchas veces la primera”

Leo Rosviar es el director que ganó cuatro de los cinco títulos que tiene Ará Yeví. Uno detrás del otro. Se muestra muy agradecido del lugar que se ganó en la comparsa del Club Tiro Federal y sueña con “ver un Corsódromo impecable”, a la altura del espectáculo artístico.

“Ará Yeví es mi segunda casa, y muchas veces la primera. La comparsa me dio un lugar, estabilidad económica y me abrió sus puertas para vivir del carnaval. Estos años me ha dado eso, y creo que, tanto yo como todo el equipo, hemos devuelto esa confianza con mucho trabajo”, dice, sentado en el impecable taller de la comparsa.

Trabaja en Ará Yeví desde 2002, y ser parte del proceso le da la templanza suficiente para no creérsela, para no caer en el exitismo que tentaría a cualquiera que gane cuatro competencias al hilo.

“El crecimiento de Ará Yeví comenzó en 2003, cuando se proyectó un objetivo a largo plazo. Sin pensar en los títulos, porque, en ese momento, éramos conscientes que plata no había, pero se siguió una línea de trabajo. Se apostó”, destaca.

“Sinceramente, no pienso en los títulos. Cada vez que se termina una edición, y por la misma vorágine de esto, enseguida me pongo a trabajar en la siguiente comparsa. Obviamente que recibo el cariño y el respeto de la gente, pero trato de no marearme con los éxitos porque ahí es cuando uno se equivoca”, sostiene, siempre serio y de hablar claro.

leo rosviar

Sin dudas, la comparsa del Tiro Federal, hace un buen tiempo, se ha metido no sólo en la disputa por ser la número uno, se ha metido también en los corazones de la gente. “Tratamos mimar mucho al integrante, a la gente que trabaja acá, y eso sale para afuera, hace que los de adentro quieran a la comparsa y los de afuera se contagien”, explica Rosviar, al tiempo que enfatiza en la dedicación y el trabajo puesto en este proyecto.

“Cuando se termina una edición, lo primeo es buscar una idea, que puede mutar muchísimo. Porque, una vez que surge, la vamos transformando, se abre a las distintas áreas de la comparsa, para tener una devolución. Después viene la parte de plasmar lo que queremos hacer en la pasarela. En mayo, arrancamos con la toma de gente, para comenzar con los espaldares, la planimetría de carrozas, las esculturas y, progresivamente, se va tomando cada vez más gente, hasta llegar a un promedio de 50 o 60 personas trabajando”, cuenta. Y, al ser consultado por el futuro, sobre qué espera para el carnaval, no duda, lo tiene bien claro: “Me gustaría ver un Corsódromo impecable, desde todo punto de vista. La infraestructura, la atención, los servicios. Que el que viene a ver el carnaval no solamente se vaya maravillado por lo que ve en pasarela, sino también por donde estuvo sentado o por la calidad de los baños. El nivel artístico del carnaval es muy bueno, tenemos un vestuario impecable, las carrozas nos diferencian de otros carnavales, pero creo que el foco, ahora, hay que ponerlo en el Corsódromo”, sintetizó el galardonado director. Y dejó un mensaje para los suyos: “Más allá que la comparsa siga ganando o no, me parece que, en un montón de aspectos Ará Yeví ya ganó”.

“Ará Yeví me rescató”

“En lo personal, Ará Yeví ha sido muy importante, porque llegó a mi vida en un momento en que había perdido las esperanzas en el carnaval. Me habían pasado algunas cosas tristes y Ará Yeví me rescató, y me enseño que el carnaval podía vivirse de otra manera. Me enseño que se podía vivir con felicidad y con alegría”.

Pamela Martínez es una de las referentes de la comparsa, y una parte importante durante la última década, sin dudas, la más valiosa para el Tiro Federal en términos de transformaciones y objetivos alcanzados.

“No podemos dejar de sentirnos orgullosos de todo lo logrado, pero va más allá de los campeonatos, una ve el taller, el galpón, la gente… se ha generado una identidad muy fuerte y eso hace que el público se identifique más con la comparsa. Eso nos llena de orgullo”, asegura, y acompaña cada palabra con la misma gran sonrisa con la que desfila por la pasarela del Corsódromo.

pamela martinez

“Empezamos a notar que el público cantaba las canciones de Ará Yeví, se sabía las coreografías, vestía los colores de la comparsa. Realmente, es muy emocionante porque esa energía nos llega a nosotros también. Y, más allá de la continuidad que nos han dado los títulos, lo que hace que la gente nos pueda seguir todos los años, se ha hecho un gran trabajo con las redes sociales. La imagen de la comparsa hoy le llega a muchísima gente que quizá nunca vino al carnaval”, destaca. Y, en este sentido, agrega: “en la comparsa se ha hecho un trabajo paulatino, lento, con mucha moderación, pero constante. Y en un momento se empezaron a ver los frutos de tantos años de trabajo”.

En 2017, Pamela se dio el placer de desfilar como reina del carnaval. Ese año el espectáculo iba a terminar el fin de semana anterior, antes de la elección de la reina, pero se agregó una noche más. Lo que, para ella, significó “un regalo del cielo”, porque pudo desfilar con la corona y, horas más tarde, festejar también la coronación de Ará Yeví campeona.

“Si hay una noche mágica, para mí fue esa. La disfruté como ninguna”, recordó.

Testimonio de una historia de amor

Margarita López es parte de Marí Marí desde 1987. Como pasa en todos los clubes, o en muchos, ella fue una de las mamás que mandaba a sus hijos a básquet y colaboraba con el club, en este caso con la comparsa. Se llevaba a su casa los trajes usado para rescatar todos los materiales todavía utilizables.

“José Luis (Gestro) trabajaba de noche, él me enseño a bordar. Yo me llevaba las cosas a mi casa y le enseñaba a mi familia, para que todos colaboraran con el club. Siempre fui fanática de Central, amo los colores”, asegura y cuenta que de chiquita se escapaba de su casa para disfrutar de los espectáculos, como la presentación del Club del Clan, que se hacían en Central Entrerriano.

El amor del Margarita por su club es genuino, tanto que emociona. Su pantalón negro y su blusa roja no son para la ocasión. Quienes la conocen sabe bien que siempre está vestida con sus colores. Testimonio de ello son el tapabocas y la mochila del Rojinegro. Pero hay una persona que la puede, que todavía la hace quebrar hasta el llanto sin pausa.

“José Luis era un ser especial, muy humano, nunca se la creyó. No tengo palabras...”, apenas alcanza a decir antes de romper en llanto. “Fue todo para mí, fue el apoyo, la guía, no hay palabras, fue un ser excepcional”, completa, entre lágrimas.

La figura de Gestro marcó un quiebre en el Carnaval del País, pero también marcó la vida de muchas personas. Margarita es una de ellas. “Él no hacía diferencia, defendía a los de abajo y hasta se peleaba con la dirigencia por nosotros. Siempre digo que es mi ángel de la guarda”.

Margarita lopez

Las anécdotas de José Luis Gestro se repiten, una detrás de la otras. Pero una es suficiente para ilustrar quién era el icónico director de Marí Marí. “Yo lavaba ropa, trabajaba de eso, y lo hacía a mano. Un día viene él y me dice ‘Marga déjate de lavar tanto, tenés que comprarte un Lavaurora’, que habían salido en ese entonces. Yo le dije ‘mijo, no puedo, no tengo plata’. Al otro día se apareció con el lavarropas. No sabés lo que fue eso para mí”, relata, emocionada.

Margarita es un fiel testimonio de amor. Trabaja en la comparsa, prácticamente desde siempre, fue parte de la escuela del club y tiene un aura maternal que la hace especial para quienes son parte de la gran familia rojinegra. “Yo los amo a todos por igual”, dice.

Pero no todo fue costura siempre. Marga también se dio el gusto de sentir lo que sólo sienten quienes recorren los 500 metros del Corsódromo. “Sobraba un traje negro y rojo, y Adrián (Butteri) me propuso salir. Pero en el club no me dejaban porque me emociono mucho y tenían miedo que me haga mal. Entonces sólo él y la maquilladora sabían que iba a salir. Cuando llegué al Corsódromo se agarraban la cabeza (risas), tenían miedo, más que nada. Pero yo salí, la pasé re bien”, recordó.

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Atrás habían quedado esos sábados y domingos en los que Margarita compraba las entradas bien temprano y, con la bandera de Central que ella misma había cocido y sus hijos, se sentaba en primera fila para ver y alentar a su querida Marí Marí.

“Si vos me preguntás, dónde soy feliz, yo te digo acá, en Central. Mi felicidad es estar en la casa, en esta casa. Acá me siento bien”.

“Marí Marí nació en mi casa”

Martín Irigoyen es director de Toque de Samba y uno de los referentes ineludibles de Marí Marí. Su madre, Nelita Irigoyen es la creadora, junto a un reducido grupo de amigos, de la comparsa más ganadora del Carnaval del País.

“Cuando tenía 13 o 14 años, de repente, mi casa se convirtió en una revolución de gente. Grandes, chicos, medianos, hombres, mujeres. De todo. De repente, mi casa era un taller y hasta me dejaron sin pieza (se ríe, pero dice la verdad). De la nada, se formó un grupo de personas que disfrutaban, como nadie, juntarse a trabajar, para algo que ni siquiera sabían que iba a ser. Puedo decir, sin faltar a la verdad, que Marí Marí nació en mi casa”, rememora.

“Siempre admiré a ese primer grupo, que sin dudas tiene mucho que ver con lo que somos hoy. En ese momento, los corsos tenían un formato más de murga, de mascaritos. La excepción, por ahí, era Acorad. Pero no se veía este formato de plumas y que tiene que ver más con el carnaval actual”, rescata Martín, quien en esas primeras experiencias salió tocando el redoblante. Aunque recuerda, como si fuera hoy, los primeros instrumentos que Jorge Balerdi había traído de Brasil y que “sorprendían a todos”.

martin irigoyen

Esos años los vivió con mucha alegría. Pero, el paso del tiempo lo alejó de la comparsa cerca de 15 años. “A partir del 96, 97 empecé a ir todos los años al Carnaval de Río, eso me despertó mi costado musical. Y con un pequeño grupo empezamos a hacer nuestras primeras canciones, nacía Toque de Samba. No teníamos el acceso que hoy existe, escuchábamos casetes para entender cómo se tocaban esos nuevos instrumentos”, cuenta, y apunta a su padre como influencia musical. “Él era un gran músico, recuerdo que venía del campo y se sentaba a tocar el piano mientras nosotros disfrutábamos. Y, cuando lo largaba, con mi hermano intentábamos tocar también”.

En unos de esos viajes a Río de Janeiro su madre los acompañó. Y, tras un ensayo de la batería de la famosa escola de samba Portela, Nelita se acercó a un muchacho que tenía un virtuosismo que se destacaba sobre los excelentes músicos que lo rodeaban, y le propuso venir a Gualeguaychú a enseñar.

“Ese fue el quiebre, hace 20 años. Todo el año que Marcio estuvo acá. Él nos contagió muchísimo su pasión y sabiduría, y a partir de ese momento nos dedicamos de lleno a este tipo de música”, relata el líder de Toque de Samba, banda que cuenta siete primeros premios en el carnaval.

“El carnaval de Gualeguaychú ha construido su propia identidad a partir de muchas búsquedas, las musicales, las de vestuario, las carrozas, la puesta en escena. Mucho prueba y error. Eso le da una identidad única y distinta a todas. Y si tengo que destacar algo de Marí Marí es su apuesta, siempre estéticamente muy cuidada y con un mensaje que va en esa sintonía. Además, todos lo que conformamos Marí María nos entregamos realmente de corazón, ese condimento es muchísimo más que una bella sucesión de trajes y una linda música, y eso contagia. Es muy difícil explicar con palabras la pasión, pero yo la sintetizaría en lo que se siente en el Corsódromo cuando desfila Marí Marí”, concluyó.

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