A 97 años del descubrimiento de la tumba de Tutankamón: ¿qué encontraron?

El 4 de noviembre de 1922, Howard Carter descubrió la entrada a la tumba de Tutankamón.

Detrás de la simple denominación de catálogo KV62 se esconde uno de los hallazgos arqueológicos más deslumbrantes de la historia: la tumba de Tutankamón, el faraón egipcio muerto cuando tenía sólo 18 años.

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Si bien fue un soberano menor que apenas logró reinar un puñado de años, su tumba fue bendecida por un acontecimiento único. Y es que se salvó milagrosamente del ataque de los saqueadores, siendo hasta ahora la única que se halló con su contenido -y tesoros- casi intactos.

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La razón fue que el sepulcro quedó casualmente debajo de una serie de chozas construidas por obreros en un período posterior del antiguo Egipto, lo cual imposibilitó la entrada a posibles ladrones.

Howard Carter, el egiptólogo británico a cargo de la investigación, trabajaba para el rico Lord George Herbert, Earl de Carnarvon. El interés del noble en el Antiguo Egipto lo había llevado a financiar expediciones arqueológicas y en 1914 había ganado la concesión para excavar en el Valle de los Reyes, el sitio funerario más grande del país africano.

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En este nuevo trabajo, Carter decidió explorar aquellos restos de chozas que ya había investigado muy por encima antes. Luego de demolerlas y quitar los escombros, su equipo halló una losa de piedra que, al ser levantada, reveló una serie de escalones cavados en la roca que conducían a una puerta estampada con cartuchos, sellos ovales con escritura jeroglífica.

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El egiptólogo decidió detener la excavación en ese punto -4 de noviembre de 1922- y envió un telegrama urgente a Carnarvon para que viajara a Egipto. El lord llegó el 23 de noviembre junto a su joven hija, Lady Evelyn.

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La gran sorpresa

Fue así que llegó el turno de abrir la puerta. Decepcionado, Carter notó que había sido claramente rota y vuelta a sellar en al menos dos ocasiones, al igual que la segunda puerta sellada que halló más adelante. Sin embargo, al despejarla la sorpresa fue mayúscula.

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El egiptólogo abrió un hoyo lo suficientemente grande como para introducir una vela. "Al principio no pude ver nada", escribió en sus memorias. "El aire caliente que escapaba de la cámara hacía titilar la llama. Pero a medida que mis ojos se acostumbraron a la luz, detalles de la habitación comenzaron a emerger lentamente de la neblina: animales extraños, estatuas y -en todo el lugar- el brillo del oro". Luego de una breve pausa, el impaciente Carnarvon le preguntó si podía ver algo. "Sí, cosas maravillosas", replicó Carter.

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El trabajo posterior, lento y a conciencia, comenzó en diciembre y recién en febrero se llegó a la cámara funeraria donde descansaba la momia de Tutankamón. La repentina muerte de Carnarvon, afectado por una infección que derivó en una neumonía fatal, golpeó al equipo en abril de 1923.

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Finalmente -y luego de que la excavación estuviera detenida durante 10 meses a causa de desacuerdos entre Carter y el Servicio de Antigüedades egipcio- el trabajo de retiro e inventario de objetos continuó hasta finalizar oficialmente ocho años después del descubrimiento, en noviembre de 1930.

El gran tesoro en la tumba de Tutankamón

La cámara funeraria -cerrada con un sello intacto- estaba ocupada en su totalidad por cuatro altares de madera cubiertos de oro que rodeaban el sarcófago del faraón, construido en cuarcita con una tapa de granito rosa.

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El cuerpo de Tutankamón estaba resguardado por tres ataúdes: los dos externos realizados en madera dorada y el interno compuesto por 110 kilos de oro puro. La momia llevaba como adornos una máscara de oro de 11 kilogramos con lapislázuli, cornalina, cuarzo, obsidiana, turquesa, vidrio y cerámica.

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En la antecámara, mientras tanto, se hallaron unos 700 objetos incluyendo tres camas funerarias, una con la forma de un león, la otra de vaca y la tercera mezclando las formas de un león, un hipopótamo y un cocodrilo).

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Además, descansaban aquí los componentes de cuatro carrozas (una de caza, una de guerra y dos de desfile) y un gran cofre con armas, bastones -se cree que Tutankamón poseía una deformación en un pie que no le permitía caminar correctamente- y una trompeta que resultó ser el instrumento musical de bronce más antiguo hallada en el mundo.

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