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A casi siete años del homicidio de Julio Bereciartu, la Justicia no da respuesta

Las muertes violentas siempre originan reacciones en la sociedad, para que los crímenes no queden en el olvido. Lamentablemente, en muchas ocasiones, la desidia judicial le gana la pulseada al fervor social. El caso Bereciartu es uno de ellos.

Carlos Riera

El próximo 10 de octubre se cumplirá un año más del terrible crimen que sucedió en Rosario en la primavera del 2012. La muerte de Julio Bereciartu fue una más de las tantas que ocurrían a diario en la violenta “Chicago” argentina. A pocos le importó su homicidio a manos de un motochorro y la causa cayó en el enorme agujero judicial.

Pero en Gualeguaychú la historia fue muy diferente. “El Ruso” fue una persona muy ligada al club Tiro Federal durante toda su vida y por ende a la familia del carnaval. Su muerte fue un sacudón para la opinión pública y convocó a una marcha de las más multitudinarias y emocionantes que se han realizado hasta los Tribunales.

Pero en esta historia la Justicia de Gualeguaychú es inocente. Todo se desarrolló en Rosario y los 264 kilómetros que nos separan fueron determinantes para que los jueces rosarinos que tuvieron en sus manos la investigación poco hicieran por esclarecer el crimen.

Lamentablemente, la familia se resignó a que nunca obtendrá la respuesta que esperaba y otra vez, los malos ganaron. No hay final feliz para esta triste historia. Se van a cumplir siete años y no se ha identificado al hombre que le disparó a Bereciartu.

Fue asesinado muy cerca de la Terminal de Ómnibus rosarina, mientras esperaba el verde de un semáforo. Dos motochorros se acercaron hasta la ventanilla y lo balearon para robarle algo que en la causa parece no estar muy claro.

Quien era entonces el titular del Juzgado de Instrucción de la 9ª Nominación, Javier Beltramone, estuvo al frente de esta causa durante el primer año, y si bien no fue contundente con sus actuaciones referidas a dar con el paradero de los asesinos, sorprendió a muchos tomando la decisión de procesar al compañero de viaje de Julio Bereciartu por considerar que su relato estaba teñido de mentiras.

Julio tenía 52 años y estaba por jubilarse tras años de trabajar en la empresa Baggio, hasta que Rufino Pino comenzó sus propios negocios y le propuso trabajar con él. El 10 de octubre llegó a Rosario en una Toyota Hilux, junto con el joven Juan Pablo Baggio, de 25 años, que luego frente al juez habló de un viaje para comer algo y hacer compras, ya que el destino principal había sido Victoria.

Sin embargo, a fines de julio del 2013, Beltramone señaló en su decisión judicial que “Juan Pablo Baggio ha mentido y su coartada es francamente inconsistente e insostenible, carente de toda lógica y credibilidad”. Beltramone creía firmemente que el joven acompañante llegó a Rosario con Bereciartu, directamente a la financiera Rosental S.A, donde hicieron una operación no reportada por la firma, y que posteriormente fueron víctimas de una salidera.

También sospechó que Rufino Baggio, padre de Juan Pablo, desvió la investigación a través de comunicaciones telefónicas, “ocultando datos esenciales para encubrir el hecho investigado”. Por esto decidió que sea llamado a indagatoria junto al responsable de la financiera.

La actuación que tuvo Beltramone dividió las aguas de la opinión pública. Por un lado, las personas que creían que haber imputado a los Baggio por encubrimiento desvirtuaba la causa y no se llegaba a dar con los verdaderos responsables. Y por el otro estaban aquellos que sentían que una supuesta falta de la verdad en el relato benefició a los asesinos.

Pero este crimen estuvo teñido de irregularidades desde un principio, y la Policía rosarina tiene mucho que ver por lo realizado en la etapa de instrucción. Esa fue una de las principales objeciones y críticas de Beltramone al calificarla de “paupérrima” por considerar que “en un hecho de homicidio ocurrido a plena luz del día frente a cientos de personas, solo logró – entre otras magras evidencias – recolectar cuatro testigos”.

Beltramone no es considerado un “juez mediático” y no fue de brindar declaraciones deliberadas a todos los medios, y en los casos en que lo hizo no manifestó más de lo que plasmó en su resolución procesal. A pesar de ello, el abogado Víctor Corvalán, que representó a la familia Baggio, solicitó a la Cámara de Apelación que Javier Beltramone fuera apartado de la causa por considerar que sus dichos causaron “temor de parcialidad” en sus defendidos.

Los camaristas penales hicieron lugar a la solicitud y la causa recayó en el Juzgado de Instrucción Nº 10, a cargo de Irma Bilotta, que como primera medida revocó los procesamientos dictados por Beltramone. Poco tiempo después se implementó en Rosario el nuevo Código Procesal Penal y hasta la actualidad es muy poco lo que se ha podido saber en torno a la causa.

Beltramone no tuvo chances de pelear esta decisión de la Cámara Penal porque fue el juez a cargo del caso la explosión de gas en Rosario en la que murieron 22 personas. Y justamente de ese caso también de ese caso fue apartado por decisión de la misma cámara tras una recusación que hizo un abogado al que ya le había salido bien: Víctor Corbalán, que en esta oportunidad representaba a los administradores del consorcio de calle Salta 2141, y Walter Stramazzo, uno de los representantes de la empresa de gas. Otra coincidencia: la investigación pasó a manos del juzgado de Irma Bilotta.

Pero las casualidades no existen y hay un rasgo común entre lo sucedido con Bereciartu, la financiera en calle Córdoba al 1400, de donde se había retirado supuestamente el dinero perteneciente al circuito informal de la economía, y otro crimen que sucedió pocos días después.

Hay dos homicidios ocurridos en octubre de 2012 que pusieron a la firma Rosental en la mira de la justicia. Uno es el de Julio Bereciartu y el otro el de Walter Serra, cuyo cuerpo apareció meses después en la localidad de Andino: la última vez que se lo vio con vida fue tras retirar dinero de esta firma.

El último rastro de este muchacho se perdió el 24 de octubre de 2012 en Jujuy al 1700, donde apareció su moto. Había dejado a su mujer en España y Córdoba y había quedado en encontrarse con ella más tarde. Su celular se activó por última vez en la zona norte y luego no hubo más noticias hasta el 23 de junio de 2013, cuando apareció su cadáver en un descampado de la localidad de Andino.

Según la investigación que fue publicada el diario El Ciudadano, Serra fue a Rosental tras dejar a su mujer y de allí se fue con dinero. Según reveló su hermana Paula, eran 20 mil dólares de su propiedad que había sacado para convertir en pesos, con un hombre que está identificado, y hacer una operación. Pero Paula Serra sospecha que quienes se llevaron y mataron a Walter pudieron haber tenido un dato erróneo: según dijo, el día anterior su hermano había sacado “una suma importante” que no era de su propiedad. Y los captores se lo habrían llevado cuando ya esos billetes no estaban en su poder.

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