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¿A qué mujer en tu vida deberían matar para que empieces a preocuparte?

La pregunta plasmada en un cartel eriza la piel de cualquiera que la lea. Es que la indiferencia de muchos alarma y hasta duele. Otros, prefieren intentar adoctrinar a quienes marchamos y hasta decirnos qué reclamar y cómo hacerlo. El patriarcado –aunque acorralado- sigue dando muestras que sigue de pie.

Por Mónica Farabello

¿Somos exageradas? ¿Realmente hay quienes piensan que salir a las calles a pedir que no nos maten más es una postura?

¿No alcanza con la vida de Susana, de Mica, de Úrsula y de cientos de mujeres más para que tomen en serio nuestro reclamo?

Los números y las estadísticas hablan por sí mismas y la necesidad de una Fuerza Policial capacitada y con perspectiva de género se hace cada vez más evidente. No alcanza con inaugurar espacios “de la mujer o de género”, si no hay un respaldo del Estado en serio; comprometido y que realmente tome cartas en el asunto, no sólo protegiendo a las víctimas, sino penando a los agresores.

El patriarcado no es un término de moda. Es un paradigma cruel que nos ha dejado en un costado de la escena social, política y económica; es un territorio que nos disciplina por el sólo hecho de ser mujeres, y aún hoy, hay quienes se atreven a decirnos cómo reclamar, qué pedir y si nuestra lucha “es exagerada” o está bien enfocada.

El patriarcado es ese monstruo que se molesta más con un pañuelo verde que con el cuerpo de una piba destrozado; que le enoja un cartel contra la Policía y ni se inmuta ante una mujer violada, estrangulada y tirada a la basura.

El patriarcado es ese modelo social que nos minimiza como mujeres, pero también trabaja como un modelador de las masculinidades, reproduciendo niños que no pueden ni deben llorar y que además, deben ser fuertes y machos para cuidar a las nenas; un modelo donde la homosexualidad es mala palabra, es vergonzante y es el punto de burla y agresión.

Las cifras que se llevan nuestras vidas

El observatorio MuMaLá (Mujeres de la Matria Latinoamericana) detalló cada uno de los femicidios ocurridos en Argentina durante el 2020 y lo que va del 2021. Ante los horrorosos resultados decidieron pedir por la emergencia nacional.

Pero, veamos algunos de estos números para conocer una realidad que lejos de ser exagerada, es aterradora.

Sólo en lo que va del año, en nuestro país se perpetraron 44 femicidios, lo que promedia una muerte cada 22 horas.

Sólo entre el 1 y el 15 de enero del 2021 se cometieron 23 muertes violentas de mujeres, travestis y trans de las cuales:

16 son femicidios, femicidios vinculados y trans- travesticidios.

4 muertes violentas asociadas al género, el 90% de ellas vinculadas a economías delictivas o colaterales (narcotráfico, venganzas, deudas, etc)

3 muertes violentas de mujeres están en proceso de investigación (esperando autopsia y peritajes.)

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Hubo además 16 intentos de femicidios en todo el país.

21 niños, niñas y adolescentes se quedaron sin madre.

El 76 % de los femicidios fue cometido por parejas, ex parejas o familiares y el 24% de los crímenes fue cometido por hombres conocidos del círculo íntimo de la víctima.

Por estas cifras las mujeres seguimos exigiendo al Estado Nacional que priorice recursos para la atención integral de mujeres e integrantes del colectivo LGTBIQ+.

“Reclamamos la implementación urgente, sin burocracias ni clientelismo, de todas las medidas económicas anunciadas por el gobierno para víctimas de violencia de género y el colectivo travesti trans. (Programa Potenciar Trabajo, Programa Acompañar)”, expresaron desde MuMaLá.

La cuarentena del terror

Los domicilios siguen siendo el lugar más inseguro para las víctimas, por lo que la cuarentena obligatoria fue el caldo de cultivo para muchos violentos, donde la víctima estaba “a disposición” las 24 horas.

Según los datos del observatorio, el 63 % de los femicidios fueron cometidos en la vivienda de la víctima o en la vivienda compartida; el 25 % de fueron perpetrados en la vía pública; el 6 % se cometieron en la vivienda del victimario y el 6% en el trabajo de la víctima.

Al igual que Úrsula Bahillo y tantas otras víctimas, el 19 % de las mujeres había denunciado a su agresor previamente.

Por este motivo, es que desde Mujeres de la Matria Latinoamericana piden de manera urgente “declarar la #EmergenciaNiUnaMenos; la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral y la aplicación efectiva de la Ley Micaela de capacitación obligatoria en género y violencia de género en todos los ámbitos del Estado, desde una perspectiva feminista, diversa y disidente”.

El 2020, un año para el olvido

El año pasado, la violencia machista se llevó 329 vidas de mujeres, travestis y trans, de las cuales: 270 son femicidios, femicidios vinculados y trans- travesticidios

25 muertes violentas fueron asociadas al género; el 90% de ellas vinculadas a economías delictivas o colaterales como narcotráfico, venganzas o deudas.

34 muertes violentas de mujeres están en proceso de investigación (esperando autopsia y peritajes.)

El 40 % de los femicidios fue cometido por la pareja de la víctima y el 19% fue en manos de sus ex parejas.

El 15% de estos asesinatos fue perpetuado por un familiar de la víctima y el 14% por alguien del círculo íntimo.

Sin datos: En el 6 % de los femicidios registrados no se obtuvieron datos sobre el vínculo entre la víctima y el agresor.

Desconocidos: El 6 % de los femicidios fue cometido por un hombre desconocido para la víctima, sin vínculo ni relación.

Edad de las víctimas

En este punto, los datos registrados por el observatorio toma relevancia:

- De 0 a 12 años: El 8 % de las víctimas tenía entre 0 a 12 años

- De 13 a 15 años: el 3 % de las víctimas tenía entre 13 a 15 años

- De 16 a 18 años: el 4 % tenía entre 16 a 18 años

- De 19 a 40 años: el 49 % de las víctimas tenía entre 19 a 40 años

- De 41 a 60 años: El 24 % entre 41 a 60 años

- Más de 60 años: el 11 % de las víctimas tenía más de 60 años.

- Sin datos: del 1 % no hay datos.

El 20 % de las mujeres víctimas fueron asesinadas con arma de fuego; el 27% murió por puñaladas y cortes de arma blanca; el 16% fue asfixiada y el 9% fue quemada.

El 21 % de las mujeres víctimas fueron asesinadas a golpes, mientras que el 4 % de las víctimas fueron torturadas, envenenadas, caídas de altura o violadas con falla orgánica.

En el 21 % de los casos se intentó hacer desaparecer el cadáver mediante incineración, enterramiento, descuartizamiento o arrojándolo a baldíos, basurales, arroyos…pero todavía hay quienes piensan que exageramos.

La falla del sistema que es imperdonable

Todas las mujeres víctimas de la violencia patriarcal pide ayuda de alguna manera. A alguna amiga, una hermana o hermano, a algún vecino. Muchas otras se animan a más y denuncian a su agresor en la Policía o en la Justicia. Pero ¿qué pasa con estas denuncias?

En el caso de Úrsula Bahillo fueron reiteradas y nunca se protegió a la víctima de apenas 18 años; y no sólo no la cuidaron; le rechazaron una denuncia “porque era fin de semana”, según contó una de sus amigas más cercanas.

Los datos del 2020 reflejan que el 17 % de las mujeres víctimas de femicidio había denunciado a su agresor previamente.

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El 7% tenía restricción de contacto o perimetral, el 2 % botón antipánico.

En el 40% de los casos víctima y victimario convivían y el 13 % de las víctimas estuvo desaparecida. El 7 % fue abusada sexualmente. El 2% estaba embarazada y 300 niños, niñas y adolescentes se quedaron sin madre.

El 15 % de los agresores se suicidó, y el 4% lo intentó. El 11 % de los femicidas está prófugo.

El 6 % de los violentos asesinó a más de una víctima. El 11% tenía antecedentes penales de violencia de género (Femicidios, lesiones, amenazas)

El 4 % de los femicidas pertenecía a alguna fuerza de seguridad (policía, militar, servicio penitenciario), de los cuales, el 90% era policía activo o retirado.

Del total de femicidios cometidos con armas de fuego, el 10% fueron cometidos con un arma reglamentaria.

La violencia machista en las redes sociales

Un grupo de investigadoras analizó más de 300 mil posteos publicados durante la campaña electoral de 2019; y aunque el contexto es distinto, vale la pena conocer cómo se intenta adoctrinar a la mujer y silenciar sus opiniones.

Según una investigación realizada por Agustina Gradin y Karina Iummato junto al Observatorio Julieta Lanteri de FUNDECO, el Observatorio Electoral de COPPPAL y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), la violencia machista en el ámbito político comprende “cualquier acción u omisión basada en el género que cause daño a una mujer y tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el goce o ejercicio de sus derechos políticos”. Se produce por el simple hecho de ser mujer y por participar del debate político. Puede incluir, entre otras, violencia física, sexual, psicológica, moral, económica o simbólica.

En nuestro país más del 60% de los episodios de violencia política ocurren por medio de Internet, especialmente en las redes sociales.

Las investigadoras analizaron todos los posteos e interacciones de las cuentas de 22 candidatas que compitieron en las elecciones de 2019, tanto a nivel nacional como provincial. Por ejemplo, Cristina Kirchner, María Eugenia Vidal, Victoria Donda, Silvia Lospenatto y Myriam Bregman.

Las cuatro principales dimensiones de la violencia machista en el ámbito político son las expresiones discriminatorias, el acoso, el desprestigio y las amenazas.

Dentro de la primera categoría se destacan los comentarios sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres -gorda, fea, puta-, sobre sus roles y mandatos de género -mala madre, infertil- y el menosprecio de sus capacidades -pendeja, boluda, inútil-.

Un 54% de las agresiones que sufrieron las candidatas fueron expresiones discriminatorias, mientras que el 25% fue encuadrado dentro de la categoría de acoso. Otro 16% fueron amenazas y un 5% campañas de desprestigio.

Dentro de las agresiones que fueron consideradas expresiones discriminatorias, el 39% se vincula con roles y mandatos de género, el 34% con el menosprecio de capacidades y el 27% son alusiones al cuerpo y a la sexualidad.

En general, los comentarios sobre roles y mandatos buscan marcar la distancia entre las candidatas y los estereotipos de género de quien agrede: por ejemplo, señalar que ellas deben volver al “espacio privado” como el hogar o la cocina. De la misma manera operan calificativos como feminazi, que ponen al feminismo en un lugar negativo por no corresponder al ideal conservador/patriarcal de cómo deben comportarse las mujeres.

Como conclusión, la investigación señala que las manifestaciones de violencia machista en redes sociales adquieren una doble intencionalidad: por un lado buscan desgastar y desalentar a las candidatas en su afán de participar de las elecciones; pero al mismo tiempo “tienen el objetivo de disciplinar al colectivo más amplio de mujeres y disidencias, mostrando que la política sigue siendo un espacio de varones, y por lo tanto patriarcal”, publicó Infobae.

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