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"A veces creo que estoy viviendo una pesadilla de la que quiero despertarme"

Luis Bentancourt es el padre de Lucas, el joven de 33 años que fue asesinado de un puntazo en el pecho en el barrio 338. "Somos conscientes de lo que pasó, pero no podemos convencernos de que es la realidad", expresó en una entrevista realizada en ElDía desde Cero.

Es imposible entender el dolor de un padre o una madre que pierde a un hijo para quienes nunca pasaron por una situación similar. Más aún si la muerte se da en las circunstancias que lo asesinaron a Lucas Bentancourt, durante las primeras horas del sábado 8 de junio, en el barrio Francisco Ramírez (338 viviendas).

Según la única línea investigativa, reconstruida gracias al testimonio de testigos de lo sucedido, el joven de 33 años habría discutido con otro, de 19, a quien encontró robando a pocas metros de su casa. Y, luego de un intercambio de palabras, habría recibido un puntazo en el pecho que le provocó la muerte, casi inmediatamente.

Por el hecho fue detenido Genaro Gutiérrez, un vecino del barrio Eva Perón (348 viviendas), con un amplio prontuario policial, a quien la justicia le había dictado una condena condicional, por repetidos delitos. La que cumplía en libertad.

Tras el asesinato, la familia de Lucas encabezó dos marchas a los Tribunales de Gualeguaychú para pedir justicia. La segunda se dio el último miércoles. Dos días después, el viernes, Luis Bentancourt, padre de la víctima, y una de sus hijas, Cecilia, pasaron por ElDía desde Cero.

“¿Por qué a mí?”. Es la pregunta que hace casi un mes da vueltas por la cabeza de Luis. Es lógico, sí. Cualquier padre pensaría lo mismo ante tremenda situación. Pero el caso de Luis no es cualquier otro. Su historia de vida, sus manera de transitar la vida estuvo, siempre, muy ligada a ayudar a quienes más lo necesitan, especialmente a los niños.

“Desde los 16 años que trabajo con chicos, tengo 62. Lo que siempre he hecho y lo que trato de hacer es formarlo como persona, después como jugador. Entonces esa es la pregunta que me hago: ¿por qué a mí?”, repitió una y otra vez, como tratando de encontrar al menos un indicio para explicar lo inexplicable.

“Hoy sigo trabajando en el barrio Toto Irigoyen, que para muchos es un barrio muy difícil, como todos los barrios. Sin embargo yo tengo el cariño y el aprecio de los chicos, que han cambiado un montón, porque uno los respeta, los escucha, los abraza, les brinda cariño. Por qué a mí, me sigo preguntando. Pero no voy a dejar en banda a los chicos del barrio”, aclara, como para que no queden dudas de su compromiso. El mismo compromiso que de manera desinteresada y sin cobrar un peso asumió tiempo atrás junto a Lucas, quien por razones laborales no puedo seguir acompañándolo al barrio de Costa Uruguay.

¿Cómo se sigue? “Es como si te desenchufaran todos los cables de la cabeza. A veces creo que estoy viviendo un sueño, una pesadilla de la que quiero despertarme. Somos conscientes de lo que pasó, pero no nos podemos convencer de que es la realidad”, expresó.

A Lucas y a Luis le pasó lo que a muchos. Recién de adulto el menor de sus dos hijos varones logró tomar dimensión del gran trabajo de su padre y de lo que a él le significaba. Desde el 2015, y hasta el año pasado, trabajaron juntos en las categorías menores de Defensores del Oeste –junto a River Plate, las pasiones de Lucas–. Fue en uno de los entrenamientos que sucedió algo que marcaría a Luis para siempre.

“Hay una cosa que no me voy a olvidar más: un día en la cancha (Lucas) me para y me dice ‘viejo, cuántos años me perdí de andar con vos en esto, con los chicos, es hermoso”, contó con ojos cristalizados y voz quebradiza. Pero sin resentimiento, tratando de aferrarse a Dios y a su familia. “Bronca, dolor y rabia por dentro”, admitió, pero “nada de venganza”, aclaró seguidamente.

“Tiene que haber responsables”

“No fue una pelea callejera. (Genaro Gutiérrez) era alguien con antecedentes, habían dicho ‘es peligroso’, para él y para todos. Tenía una condena condicional, que la estaba cumpliendo en libertad”, relató, por su parte, Cecilia Bentancourt, una de las hermanas de Lucas.

“Cuestionamos a la Justicia la falta de personal que pueda garantizar que esa condena se cumpla. No sólo en el caso de Genaro, en otros tantos casos también pasa. Los dejan en libertad y no hay nadie que pueda garantizar que cumplan con el tratamiento adecuado. Eso es lo que nos enoja, y pedimos que cambie”, expresó, invadida por un “dolor demasiado grande”, pero con una racionalidad ejemplar.

“La responsabilidad no es sólo de Genaro Gutiérrez. También es de aquellos jueces que no tomaron en cuenta los informes profesionales que planteaban que este chico era peligroso. Tiene que responsabilizarse a esa persona que tomó una decisión que hoy arruinó a nuestra familia”, repitió, en línea con el discurso que, desde la primera marcha, viene sosteniendo la familia Betancourt.

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