Abel Albino: El hombre que sueña con la desaparición de su propia obra
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Cómo es y qué piensa Abel Albino, el médico pediatra que fundó CONIN para "quebrar la desnutrición" en la Argentina, ya rescató a 14.000 chicos y exportó su modelo a Paraguay, Perú y Gambia Por Florencia Carbone La siguiente es una historia verdadera, pero bien podría comenzar con el tradicional "Había una vez." El personaje es tan particular y atípico que cuando se le pregunta qué futuro imagina/desea para la enorme obra que él mismo creó, responde que sería feliz si desaparece.El sueño de Abel Albino es que en el futuro los centros de la Cooperadora para la Nutrición Infantil (CONIN) sean reemplazados por bibliotecas.Albino estudió medicina en Tucumán y el lema de la Universidad lo marcó para siempre: "Con los pies en la tierra y mirando las estrellas". Así, hundido en la dura realidad que veía como pediatra pero convencido de que siempre es posible cambiar, el 4 de septiembre de 1993 fundó CONIN con un claro objetivo: quebrar la desnutrición infantil.El proyecto preveía arrancar por Mendoza para extenderlo al resto del país primero y a América latina, luego. Veinte años después, CONIN tiene 58 centros en la Argentina, 2 en Paraguay, 2 en Perú y 2 en Gambia (Africa).Pero ordenemos la historia. Albino nació en Buenos Aires en 1946. En 1972, con su título de médico por la Universidad de Tucumán bajo el brazo, decidió ir a Chile para especializarse en pediatría. Allí conoció a Fernando Mönckeberg quien en aquellos años hablaba de "quebrar la desnutrición" del otro lado de la Cordillera.Albino fue testigo privilegiado de la transformación de ese sueño en realidad: de los 36 Centros CONIN que hubo en Chile sólo quedaron en funcionamiento 12, y para atender a desnutridos secundarios. "No es que los cerraron por falta de presupuesto, sino que fueron tan exitosos que ya no eran necesarios", recuerda con orgullo.Su paso por Europa -a donde fue a estudiar biología molecular- le zamarreó el alma: ¿cómo podía ser que países tan pequeños fueran tan poderosos? Frente a eso, asomaba la dolorosa realidad de nuestra región: países grandes y empobrecidos. "La Patria está enferma y nuestra obligación es cuidarla", repite el hombre que parece tener la sonrisa dibujada.Repite una y otra vez que la llave para el desarrollo de un país es la educación. "Es una semilla maravillosa que para funcionar necesita sustratos: un cerebro bien alimentado y estímulos adecuados. Con educación, el desarrollo es una consecuencia. Ningún desarrollo es posible cuando tenemos ejércitos de niños débiles mentales por desnutrición. Debemos preservar el cerebro y luego educarlo. La riqueza de un país es su capital humano, y si eso está dañado, no tiene futuro", asevera.Según explica a Convivimos, gracias a la acción de CONIN (que tiene más de 1500 empleados y 9000 voluntarios), 14.000 chicos "tendrán un futuro mejor".CONIN trabaja sobre tres ejes principales:*Docencia. El objetivo principal es la prevención de la desnutrición promoviendo el desarrollo integral de la familia teniendo en cuenta que los niños dependen de terceros y que, generalmente, en situación de pobreza, no tienen ni los medios, ni la educación necesaria para revertir el problema. Por ello brindan diferentes programas para capacitar a la familia.*Asistencia. Si bien los diversos programas buscan satisfacer las necesidades, se promueve un "ejercicio de esfuerzos mancomunados entre las familias y la Institución".*Investigación. Se realiza un abordaje científico sobre la problemática de la pobreza y la desnutrición para cuantificar el impacto de las estrategias implementadas en la lucha contra el hambre. -¿Cómo hacer para que la asistencia no se transforme en asistencialismo?-Caer en el asistencialismo genera dependencia, falta de autoestima y, en definitiva, más pobreza. Ya lo dijo Juan Bautista Alberdi hace 150 años: debemos combatir la pobreza y la ignorancia. Si las seguimos manteniendo, seguiremos siendo subdesarrollados. Por eso Sarmiento que tenía muy clara la importancia de la educación, decía que sin educación no hay ciudadanos sino súbditos, esclavos del poder político de turno.Albino sonríe todo el tiempo y a pesar de todo. "Es que soy un optimista nato", responde cuando se le pregunta cómo hace para estar así a pesar de las complejas realidades que ha visto, como los chicos de El Algarrobal (Las Heras), que para no tener frío se tapaban con montículos de basura o los que presentaban desprendimiento de retina a causa de las bacterias que tenían los perros con los que se protegían por las noches. ¿Es posible erradicar la pobreza o se trata de una utopía movilizante?, le preguntamos. "¡Claro que es posible, no es ninguna utopía!", contesta convencido.Alguna vez sintetizó en cinco puntos el plan para concretar esa máxima. El primer paso tiene que ver con la nutrición. "Durante el primer año de vida, de forma prioritaria, ya que es el período de mayor crecimiento del cerebro", explicó. En ese punto incluye el afecto y la contención que serán los alimentos para la autoestima y seguridad del niño. Eso formará buenos cimientos para que la segunda necesidad por satisfacer rinda sus frutos: la educación. Después menciona cuestiones de infraestructura: agua corriente y caliente, cloacas y luz eléctrica. A partir de ahí, dice Albino, habrá generaciones de gran potencial.Sobre el final de la charla recuerda "el lema de mi querida Universidad de Tucumán". Dice que siempre lo ha acompañado. "Vivir no es sólo existir, hay que saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Estamos en esta vida para hacer grandes cosas, somos cristianos metidos en el mundo. Soy un hombre que vive la realidad y que quiere ser parte de la solución, no del problema", comenta.Con su vida demuestra cada día la coherencia entre lo que dice y lo que hace. SorprendidoEn noviembre, Abel Albino se sumó a la lista de "sorprendidos" por las actitudes del Papa Francisco.Había viajado a Roma, invitado para participar del ciclo de conferencias "Pan y Cerebro", organizado por la Academia de Ciencia del Vaticano."El domingo (3 de noviembre) llegué a Roma. Me fueron a buscar al aeropuerto y me llevaron a Santa Marta (la residencia donde vive Jorge Bergoglio). Me bañé, me afeité y bajé a cenar. Cuando estaba en el comedor me di cuenta de que en otra mesa estaba sentado Francisco. Me paré y fui a saludarlo. Me quise arrodillar para besarle la mano pero no me dejó", relató emocionado a su regreso.Albino recuerda -y cita a menudo- frases del Papa. "El hombre no mata con el cuchillo sino con el corazón. Tenemos una enfermedad terrible que es el consumismo, el querer tener cada vez más y más. Pero, ¿para qué? ¿Queremos ser los más ricos del cementerio? Como dijo el Papa Francisco, nunca vi camiones de caudales ahí. La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es un buen ejemplo."
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