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Concejo Deliberante

Accesibilidad universal, compromiso ciudadano y la respuesta de la política 

Cuando hablamos de accesibilidad se siguen confundiendo muchos conceptos que son de vital importancia. En la próxima sesión del Concejo Deliberante aprobaremos una ordenanza que considero superadora sobre el tema. Es destacable el proceso de construcción de la misma. Compromiso, trabajo conjunto y un futuro más inclusivo.

Susana Villamonte*

La política, a veces, suele ser muy frustrante, aunque, cuando se logran alcanzar ciertos objetivos planteados, la satisfacción es enorme. Ese sentimiento nos genera la próxima aprobación del proyecto de ordenanza de Accesibilidad Universal, no sólo por lo que establece la nueva norma, sino por el proceso que demandó la misma.

Primeramente, hay que destacar el compromiso del grupo de estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) que presentó el proyecto, allá por abril de este año, en la Banca Abierta del Concejo Deliberante, una herramienta de participación directa que hemos mejorado para hacerla aun más democrática y efectiva.

Del proceso de intercambio, presentación y reformulación del proyecto original no sólo participamos, en varias instancias, quienes integramos el Poder Legislativo local, sino que fueron parte del mismo muchas áreas del Poder Ejecutivo que tienen incidencia directa en lo que la futura ordenanza regula, en especial la de Integración y Accesibilidad, y la contribución de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UNER), tanto en este proceso como en el que tendrá lugar una vez aprobada la normativa.

Todas estas instancias, en las que no voy a detenerme por una cuestión de espacio, resultan muy valiosas y destacables, sobre todo en estos momentos en que el discurso de la antipolítica es muy fuerte. Participación ciudadana, compromiso político y trabajo conjunto, una combinación que evidencia, para quienes creemos en la política como herramienta de transformación, que las cosas se pueden hacer bien cuando hay voluntad real de que así sea.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de accesibilidad? En la práctica, es recurrente escuchar a vecinos o vecinas decir que sus edificios ahora son accesibles porque se decidió colocar una rampa en la puerta de entrada, más allá de las condiciones de la misma. De igual manera se habla de espacios públicos adaptados, sin ir un poquito más allá, sin reparar en cuál es la conexión con la calzada y sin preguntarnos si la misma reúne las condiciones exigidas como itinerario accesible.

Estas son apenas algunas de las falsas creencias que están muy interiorizadas en el inconsciente colectivo, pero no son las únicas. Existen otros mitos sobre la accesibilidad que es necesario evidenciar. "La arquitectura accesible es más cara que la convencional (es decir, que la inaccesible)", repiten algunos. Esto no es así. Prever la accesibilidad desde el comienzo de un proyecto permite diferencias mínimas de costos, pero un edificio accesible evita emergencias de difícil o imposible resolución, de alto costo, no siempre tangible: evita, por ejemplo, que una persona mayor deba mudarse, que siempre implica grandes dificultades de adaptarse a un nuevo barrio y casa.

“La arquitectura accesible requiere de mucho más espacio”, sostiene otro mito. El afán de lucro ha llevado a construir con dimensiones mínimas inadmisibles, mientras que la espacialidad necesaria en accesibilidad garantiza un hábitat más vivible, más humano. Esto no significa concebir solamente espacios de gran holgura, es posible generar ámbitos que no excluyen en espacios relativamente pequeños. Para ello se aplican conceptos tales como ajustes razonables, adaptabilidad, visitabilidad y practicabilidad.

“Las rampas son peligrosas”, he escuchado. Y sí, si la rampa tiene una pendiente fuera de norma, con pisos resbaladizos, si, es peligrosa. Como también es peligroso construir un edificio cuya estructura no cumpla con los valores mínimos admisibles de resistencia, y que el techo se venga abajo. No pasa esto cuando las cosas se hacen bien, como se debe.

Otro mito es ese que sostiene que “las personas ciegas necesitan todo en Braille”. En este sentido, hay que saber que sólo una minoría de ellas pueden leer este sistema de signos. Son aquellas personas que, ciegas desde la niñez, han tenido la oportunidad de concurrir a escuelas Braille. Lo sonoro, para personas ciegas, resulta un excelente recurso a tomar en cuenta para la comunicación, la lectura, y muy especialmente los avisos de riesgo en espacios urbanos o edilicios. En calles y veredas necesitan superficies texturadas estandarizadas y difundidas, perceptibles por su bastón.

El proyecto de Accesibilidad Universal nos resultó muy valioso en cuanto a este tipo de información, que, quienes no somos especialistas en el tema, no conocíamos con este grado de especificidad.

La Accesibilidad Universal se fundamenta en los criterios de diseño para todos/as y la autonomía personal e incorpora una perspectiva mucho más plural de la discapacidad y de las condiciones funcionales de la población.

Por una parte, las personas no se pueden agrupar en categorías cerradas, como capacidad/incapacidad, sino que han de ser vistas como sujetas a cambios en sus condiciones funcionales por motivos a menudo circunstanciales, tales como la edad, el estado de salud o las consecuencias temporales de accidentes o lesiones.

Por otra parte, se jerarquiza el papel social de aquellas personas con grandes limitaciones funcionales o discapacidades. Éstas deben desempeñar un rol activo, como cualquier otra persona, y aspirar a un modelo de “vida independiente”, basado en recibir los apoyos personales necesarios y modificar el entorno para hacerlo más accesible.

Por eso creo que, para llenar de contenido y sustancia lo que podemos modificar desde el Poder Legislativo (la letra de la ley), como sociedad debemos tener claras dos cuestiones fundamentales: Por un lado, que la accesibilidad no se limita a la supresión de barreras físicas, puesto que, como ya he referido, la mejora de la accesibilidad afecta a entornos, productos y servicios. Y, por otro lado, que debemos dejar de separar entre capacitados/discapacitados.

Es imprescindible partir del criterio del diseño para todos/as y de la propia autonomía personal. Ese es el espíritu de la norma que aprobaremos, luego de un largo y enriquecedor proceso, la próxima sesión ordinaria del Concejo Deliberante. Esto no hubiese sido posible sin el compromiso ciudadano, el trabajo conjunto y la voluntad política de hacer de Gualeguaychú una ciudad cada día más inclusiva.

*Concejal PJ-Creer

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