Adelanto que atrasa
Hoy vamos a continuar nuestra prédica republicana, ejemplificando con los hechos de la semana. El cuadro de situación es preocupante: al agotamiento de lo que se sigue llamando modelo, cuyos síntomas datan de mucho tiempo, se agregan los efectos de la depresión general. Pero no es que “el mundo” se desploma y nos afecta un problema externo; no: en el país el declive había empezado antes, por causas propias.o
Nuestro gobierno, que vivía un ensueño y miraba con sorna el lejano efecto jazz, ha despertado con gran susto.
¿Cuál es la actitud frente a ambas crisis? Adelantar las elecciones. Medidas de fondo, ninguna.
¿Cómo hacen en otros países? Adoptan un abanico de resoluciones, pero a ninguno se le ha ocurrido adelantar elecciones. En las Repúblicas presidencialistas, eso no entra en la imaginación; las reglas electorales son estables, porque de ello pende la neutralidad del sistema. En los regímenes parlamentarios suele suceder, pero por crisis políticas, no económicas.
Acá, se lo hace y con frecuencia. Es más, en cada elección se fijan reglas distintas y no sólo en sus fechas, como ya lo hemos recordado. Lo más grave es que los cambios de reglas electorales se hacen siempre en función de las urgencias de los gobernantes. Alteran así, normas básicas de la genuina soberanía popular que se expresa en el voto.
¿Y qué hacen en las repúblicas estables cuando les llega la recesión? Generalmente se entabla un diálogo abierto con todos los partidos, dejando de lado circunstanciales diferencias, para acordar políticas de crisis. Por acá, ni soñar con eso y por el contrario, se dirigen mayores ataques a la oposición, priorizando las referencias al pasado.
MEMORIA SELECTIVA
Pruebas al canto: casi no hay discurso oficial en que no se vapulee al Gobierno de De la Rúa, por haber descontado el 13% a los empleados públicos y jubilados nacionales. Lo presentan como un signo de incompetencia, ampliado a su partido para vedarle el regreso, a la vez que se instituyen ellos como garantía contra tan amargas experiencias. Pues bien, desde esta humilde columna, nos permitimos refrescar un poco la memoria presidencial. En 1991 cuando Néstor Kirchner asumió la gobernación de Santa Cruz, una de sus medidas fue reducir en un 15% el salario de todos los empleados públicos. Lo anunció por cadena, rodeado de sus ministros. Además, les suspendió los convenios colectivos de trabajo, agregó una hora a la jornada laboral, convirtió el sueldo de diciembre de 1991 y aguinaldo, en bonos de la deuda pública, les aumentó los aportes a la caja de jubilaciones y hasta ¡les prohibió tomar mate! Cuando los representantes sindicales concurrieron a la Casa de Gobierno para reclamar, vieron en los pasillos tantos matones con palos y cadenas, que ni siquiera atinaron a responder, cuando el Ministro Carlos Zanini los trató de payasos. Califiquen ustedes.
No se convoca a la oposición. ¿Será que el gobierno se basta por sí para adoptar las medidas adecuadas ante la crisis? No parece demostrarlo: aún cuando son concientes de la grave caída de nuestras exportaciones (a todos nuestros embajadores los instan a promoverlas) se empeñan en dificultar las de origen agropecuario y en trabar las importaciones, que -ya se sabe- ocasionan represalias comerciales y efectos más negativos. Tampoco se habla del gasto público elevado irresponsablemente a límites históricos y que ahora impide cualquier corrección del ciclo declinante. Gasto convertido artificiosamente en inflexible a la baja, por haberlo asociado a un esquema de poder y sustento electoral.
¿GOBERNABILIDAD?
También se ha esgrimido para el adelanto de las elecciones (la horrible palabra adelantamiento no existe en el diccionario) el tema de la gobernabilidad. Ahora bien, supongamos la posibilidad de que en junio, el oficialismo resultare perdidoso en gran parte del país. Y que el ojo de la tormenta se aposentara entre nosotros en el segundo semestre. Ante lo peor de la crisis económica, se le agregaría la no menos grave de orden político, con un Congreso que ya no sería no representativo, en manos de legisladores desplazados por la voluntad popular, mientras los electos deben esperar seis meses para asumir sus bancas. ¿Favorecería eso la proclamada gobernabilidad?
LA ÚNICA VERDAD ES LA REALIDAD
El General –indiscutidamente realista- repetía este concepto aristotélico. Y es precisamente en tiempos de crisis cuando más se necesita esa condición. Sin embargo, no la vemos campear hoy por Olivos. Porque pese a todo lo que se ha dicho, Néstor Kirchner, a quien no le gusta perder, fue a Catamarca a cerrar una campaña apoyando a impresentables, convencido de que ganaban. Ante la menor sospecha, no hubiera ido, como lo demostró con su faltazo a Misiones en Octubre de 2006, ante el inminente triunfo del Obispo Joaquín Piña. No se animó. Por entonces no estaba peleado con la realidad. ¿Qué pasa? ¿Quién se la oculta ahora? Él mismo. Acaba de despedir a un encuestador porque sus números le daban menos del 60% de aceptación, que parece ser la tasa de corte admitida para los consultores oficiales. Horas después, la emprendió contra Clarín, por haber dicho en una tapa lo que todos sabíamos -menos él- sobre ese revés electoral. Fue un discurso más propio de un barrabrava que de un ex Presidente. Pues bien, en ese contexto de crisis, enojos, urgencias electorales, leyes impulsadas por necesidades políticas del poder, enfrentamientos con algunos medios y ostensibles deseos de hacerles tronar el escarmiento, hará su aparición el proyecto de la nueva Ley de Medios que vendrá a reemplazar a la 22.285 dictada en tiempos de la dictadura. Con semejante contexto, no sería de extrañar que salga un peligroso engendro legal no muy acorde a la genuina vida republicana. No sea que se quiera llevar a la realidad, lejos de los medios.
Hasta el domingo. Si Dios quiere.
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