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Aislamiento, día 3: Considerable disminución en el movimiento de la ciudad

La jornada del miércoles se caracterizó por una menor cantidad de gente circulando por las calles de la ciudad. La suspensión de las clases y el asueto municipal y provincial provocaron que las dependencias estatales cerrasen sus puertas y que circulen menos vecinos.

Salvo por los servicios esenciales, la ciudad sufrió por primera vez una virtual bajada de persianas. En la mayoría de las dependencias municipales no hubo actividad, y salvo la actividad bancaria, farmacéutica y el de lugares para proveerse de víveres, el resto quedó en stand by.

Y si bien muchos comercios abrieron sus puertas, la afluencia de clientes fue mínima: algún que otro que concurrió a pagar su cuenta en las grandes cadenas de electrodomésticos y pocos, muy pocos, que ingresaron a adquirir algún producto.

En lo que respecta a venta de ropa, la actividad fue muy escasa. “En la mañana del miércoles no entró ni una sola persona, y es lógico que así sea por las medidas de seguridad sanitaria”, le comentó un comerciante de la zona céntrica a ElDía, antes de agregar que creía que por la tarde no iba a abrir las puertas y que si todo sigue igual las iba a mantener cerradas hasta que todo esto termine.

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Los remiseros son otro de los gremios que miden con bastante certeza el pulso de la ciudad: acostumbrados de andar de un rincón al otro, la percepción que tuvieron el miércoles difirió de la usual: “Trabajé muy poco durante la mañana, y eso que en estos días no se notó tanto, más que nada porque la gente no quería estar mucho en la calle. Pero lo que fue el miércoles, muy pobre a nivel trabajo”, informó un remisero a este medio, contando con la aprobación de sus compañeros que escuchaban su declaración.

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El paisaje céntrico (no sólo micro sino también macro), varió además en el estacionamiento: mientras que cualquier día de semana normal es una odisea encontrar un espacio para dejar el auto (sin importar si la zona es medida o no), durante la mañana del miércoles se vieron varios espacios, casi como si fuera un domingo.

Medidas de seguridad de los comercios

Atentos a que hay que guardar distancia entre las personas, los comercios tomaron precauciones para proteger tanto a los clientes como a ellos mismos. Una casa encargada de la venta de repuestos puso una cinta para delimitar los espacios a ocupar por cada persona, dejando más de un metro de distancia entre empleados y clientes. Además, los compradores entraron por tanda para también mantener distancias entre sí.

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En una despensa también se tomó una medida parecida: una cinta delimitó a las personas que esperaban su turno mientras alguien era atendido en el mostrador.

Por su parte, en un conocido autoservicio y carnicería de la zona norte las medidas de seguridad se extremaron a tal punto que el cajero trabajó protegido por un plástico dotado de un pequeño agujero para que la gente abone su compra.

La actividad farmacéutica, bancaria, institucional y sanitaria

La mayoría de las farmacias continuaron con la modalidad de atender de tres personas por turno dentro del local. Inclusive, una de ellas puso marcas en el piso para que los clientes sepan donde ubicarse para no ser contagiados y contagiar al resto. Otras farmacias, en cambio, atendieron directamente por las ventanas que utilizan cuando se encuentran de turno, generándose las filas de personas en la vereda, varias de ellas usando barbijos.

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Por su parte, las entidades bancarias manejaron la cantidad de gente dentro según la capacidad del lugar. Los privados controlaron el ingreso y el egreso con empresas de seguridad, mientras que el Banco Nación contó con efectivos de la Policía de Entre Ríos para controlar a la gente. A diferencia de otros días, la gente mantuvo la distancia aconsejada.

Por su parte, la Cooperativa Eléctrica, lugar que normalmente está colapsado, el miércoles presentó un panorama diferente: muy pocas personas y una policía controlando el acceso, que se limita a 15 personas por vez.

Finalmente, en el Sanatorio Pronto se extremaron las medidas de seguridad: un enfermero con barbijo preguntaba a las personas que llegaban el motivo de su visita, y evaluaba si el motivo validaba el ingreso porque se dispuso que sólo se atiendan urgencia o casos de imperiosa atención médica.

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