Albert Camus: cincuenta años de ausencia
Cuando se estrelló Albert Camus en el auto deportivo que conducía, a 150 km de París, el premio Nóbel l957, llevaba al límite "la filosofía del riesgo", se tronchaba una gran obra y nacía el símbolo contemporáneo del peleador de la libertad, la belleza y la compasión.Por Mirta Harispe Especial para El DíaSu vida pobre en Argelia, donde había nacido de padres inmigrantes, en 1913, registrada póstumamente en "El Primer Hombre" (1994), cuyos borradores recuperara su hija del auto incendiado, y en sus "Carnets", habían forjado un carácter inclaudicable y una moral empecinada junto con una enorme pasión por crear, amar y vivir. Descubriría el sol de Grecia y el mito, que reinterpretado con mirada del siglo XX, le daría a su vida y a su obra la "religión de la dicha" y un heroísmo agnóstico y antiteísta y la tarea de mitigar la condición injusta y absurda del hombre.Su obra enorme, forjada en tiempos de crisis, tiene hoy una actualidad sorprendente y nos interpela en lo más hondo de la condición humana en esta etapa histórica de cambio de paradigmas culturales.Camus toma una posición equidistante y más compleja en las luchas por la liberación de Argelia. Llega a París, donde dirigirá "Combat", el periódico que pone la pica central contra el nazismo y después contra el colaboracionismo. (El l946 recibirá la Medalla Nacional de la Resistencia y muchos honores más).Paralelamente a las luchas y los debates con Sartre, quien rechaza la tesis de su ensayo "El hombre rebelde", funda el "Theatre de l' Ëquipe" (37). El partido comunista lo expulsa acusado de troskista por rechazar públicamente los crímenes de Stalin. En el 42 publica "El extranjero", la novela de la extrañeza y el sinsentido, que erróneamente lo harán confundir con el Existencialismo, pertenencia que no tuvo. En "El extranjero" el mundo es visto por una subjetividad concreta en tensión con otras subjetividades concretas. Y esta conciencia "situada" cometerá un crimen gratuito, sin motivo inmediato. En los años 60, Marcelo Mastroiani, en el papel de Marsault, será la máscara más aplaudida en "El extranjero" de Luchino Visconti."El Mito de Sísifo", su ensayo más conocido en el pensamiento de un nuevo humanismo, el de "la universalidad situada", también se publica en l942. "Hay que imaginar a Sísifo dichoso", es la consigna final del desgarramiento metafísico del siglo XX.En 1944 María Casares estrena en París "El Malentendido" (hoy la crítica considera muy relevante el teatro de Albert Camus). En el 45 estrena "Calígula" y participa en los debates por la sublevación de Argelia, a la que recorre durante ese año. Ya había escrito "La peste", que publica en el 47."La peste", novela alegórica, no simbólica ni fantástica, sino alegoría abstracta y contenedora de todas las ciudades sitiadas por la peste (reales, metafísicas, totalitarias, políticas, ambientales) está narrada en Orán, pero sus personajes y situaciones arquetípicas y un narrador que mira desde lo alto, con una subjetividad fuera de situación, tiene una vigencia que sobrecoge. Lectura de los argentinosLa ciudad sometida a la peste traída por las ratas (el nazismo, los totalitarismos, las pestes reales y los cataclismos producidas por el hombre en sus fuerzas dominantes) mostrará en toda su definición la concepción moral de Camus: Roux, el médico, el héroe, no se irá de la ciudad hasta que el último sea salvado. Aceptará que su familia, sus amigos, los combatientes de la peste se vayan, que elijan "ser felices" fuera del orden del horror, porque no es intolerante, sino compasivo. Pero el se quedará."La Peste, con el mismo nombre, será a fines de los 80 la película de Luis Puenzo, filmada en Bs As. con elenco franco-argentino, en coproducción, y que en momentos del neoliberalismo virulento no obtendrá la media de público para competir con las "majors" estadounidenses.La crítica francesa no tolerará que un argentino haya llevado al cine su clásico del siglo XX, menos que le meta mano y la sitúe en una Buenos Aires reconocible por algunas escenas que los memoriosos retienen de los años 70.Los argentinos leyeron rápidamente a Camus, traducido en los 50. Había venido al país invitado por Victoria Ocampo y Sur que, como aliadófilos, habían suspendido como A. Camus, el conflicto de clases para abocarse a combatir la peste del nazismo.En los 60 un sector de las preadolescentes que no querían ser Doris Day y tenían en su escritorio escolar el retrato del artista rebelde James Dean, estrellado en su Porche rojo, en la naciente rebeldía juvenil; comenzaron a pensar en grande y lo cambiaron por la foto de Camus: solapas levantadas del sobretodo o el impermeable a lo Bogard, el cigarrillo siempre en la boca, de una lucidez incontrastable, solitario y a la vez sumergido en los otros, amante de hermosas mujeres, de autos veloces, escritor y periodista que redondeaba las frases perfectas que pegaban como piedras en la conciencia del "occidente" burgués."El Escarabajo de Oro", la revista de Abelardo Castillo publicará en su colección "Tiempo americano", dirigida por Liliana Heker, en mayo del 64, "La polémica Sastre -Camus". La discusión los medios y los fines, entre Sastre, "la irrenunciable urgencia de tomar partido" y el silencioso moralismo idealista de Camus, llegaba y se reproducía en estas costas.A pesar de las polémicas, como la que también tuvo Camus con el filósofo Merleau Ponty, Sastre irá a despedir a Camus para decir en la tumba del amigo oponente que A. Camus: "era un aventura singular de nuestra cultura una interrogación que buscaba respuesta", que "su humanismo terco, estrecho y puro, austero y sensual, libraba un combate dudoso contra los acontecimientos masivos y deformes de este tiempo". Que "reafirmaba en el corazón de nuestra época, contra los maquiavélicos, contra el becerro de oro del realismo, la existencia del hecho moral".Más, en estas costas se comprendía que esa razón moral era el eje del derecho a la libertad de elección y de destino, el derecho a vivir y a morir en la patria, la idea o la situación que cada uno eligiera. La polémica se saldaría a favor de Sastre cuando llegara su prólogo a la obra de Fannon y su pensamiento dominara.Hoy hay que volver leer y a pensar Camus, con el mundo atravesado por otras pestes y otros absurdos.
(Para pensar y leer a Albert Camus estamos preparando en el Taller" El Espinillo" un Seminario breve sobre su obra).
CAMUS Y EL FUTBOLCamus, de familia desestructurada, pobre, a cargo de él, de su madre muy joven y analfabeta y de su hermana, la abuela autoritaria, que le revisaba diariamente el desgaste de la suela de sus zapatos, publicó orgulloso su foto de niño portero, a veces delantero-centro, con frecuencia capitán del equipo, "hábil en los saques cortos y en regate". Perteneció luego, de joven, al equipo junior del Racing Universitario de Argelia. Jugaba bien y con coraje, le cautivaba."Aprendí pronto que una pelota no llega nunca del lado que uno espera. Me sirvió en la existencia y sobre todo en la metrópolis, donde la gente no es sincera" (A.C.)"Tras muchos años en los que el mundo me ha brindado innumerables espectáculos, lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres, se lo debo al deporte, lo aprendí en el R.U.A. (Le Rue se sabe que el equipo universitario de Camus, uno de los finalistas del clásico de los campeonatos de Argel, se entrenaban en el patio del Instituto, de terreno bacheado y lleno de piedras".(Así lo recuerda Camus en "El primer hombre" y su maestro durante diez años, Louis Germani, a quien Camus dedicó el discurso de su Premio Nóbel).
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