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Alberto, sólo no te vamos a dejar pero que no se te vaya la mano

Ya están en la calle las nuevas restricciones. Con el objetivo de disminuir la circulación en los grandes centros urbanos, el Presidente anunció medidas consensuadas con la mayoría de los gobernadores, aunque estos se reservarán un poder de veto virtual para sus territorios.

Por Jorge Barroetaveña

La realidad de la pandemia fue poniendo en caja esta semana todos los egos. Oficialismo y oposición, más allá de los fuegos artificiales, se dieron cuenta que la situación sanitaria y económica no está para ponerse a discutir cuestiones estériles, que no hacen más que esmerilarlos ante la opinión pública que asiste atónita a peleas superficiales. Ninguno de los dos se caracteriza por un esfuerzo permanente por revertir eso. Fue un poquito mucho escuchar decir al Presidente que viviendas no se entregaron “por odio”. O a la ex ministra Patricia Bullrich que desfila por los canales bromeando con las negociaciones por las vacunas y ofreciendo ‘entregar’ las Malvinas. ¿Es necesario? No, desde ya, pero es lo que hay.

Si bien con una tensión visible, el gobierno nacional y CABA reanudaron el diálogo. En la reunión virtual del miércoles, Rodríguez Larreta aceptó avanzar en más restricciones para disminuir la circulación. Los números de los efectores públicos y privados de la Ciudad Autónoma no resisten el colapso, que también golpea las puertas de la Provincia. Pacientes esperando horas en los pasillos de los hospitales o las ambulancias dando vueltas porque no se consigue una cama es un registro cotidiano de la crisis sanitaria.

Fernández no quiere quedarse solo tomando medidas antipáticas. No quiere repetir lo del último DNU que la mayoría de las provincias lo dejaron solo, al punto de privar a sus ciudadanos del bono de 15.000 por no adherir al decreto. El miércoles las cosas quedaron bastante claras: hay apoyo del interior pero con cierto margen de maniobra para las provincias. No todas están igual ni tienen el mismo nivel de tolerancia en sus sociedades.

Arriando cualquier bandera, el gobierno se dispuso a negociar de vuelta con Pfizer. Nunca se supo qué pasó y porqué se cayeron esas negociaciones. El laboratorio norteamericano sí impone su propia logística para el traslado de las vacunas y el seguimiento posterior. Sería insólito pensar que eso puede constituir una traba para la compra. Al mismo tiempo la Ministra Vizzotti le pidió explicaciones a Astra Zéneca porqué, hasta ahora, no ha llegado una sola vacuna de todas las que se compraron. ‘Seis’ meses dice el contrato, hasta mediados de año. Lo único que queda son las remesas que, por goteo, llegan de Rusia o de China. El Presidente sabe que las restricciones, su magnitud y duración, depende en buena parte de un aceleramiento de la campaña de vacunación. El otoño se va enfriando y con él aparecen las patologías habituales para esta época del año. El sistema de salud además, viene recibiendo desde principios de año, todas las patologías que la pandemia ocultó con la cuarentena. Es un callejón sin salida: o aparecen más vacunas y se apura la campaña o el confinamiento con matices será la única alternativa.

Ahí aparece el fantasma del nivel de acatamiento a las medidas y hasta dónde el estado está dispuesto a hacerlas cumplir. El miércoles, una manifestación en plena 9 de Julio en el Ministerio de Desarrollo Social, agotó la paciencia oficial. Y avisaron que no permitirán más entradas en masa a CABA desde la provincia para protestar. Fue una muestra apenas porque la circulación, sobre todo en el uso del transporte público, bajó pero no lo suficiente.

En el país llamado Argentina, la Corte aún no ha resuelto el entuerto de las clases presenciales. Con exasperante lentitud es probable que lo haga cuando la realidad ya se haya encargado de hacerlo. Tarde, como casi siempre, y a destiempo de las demandas de la sociedad. Y pasto para los que dicen que el Poder Judicial habita un mundo lejano del país llamado Argentina.

La trágica muerte del Ministro Meoni, abrió otro flanco de tironeos en el elenco oficial. El cargo reservado para el Frente Renovador de Sergio Massa todavía fue ‘loteado’ entre los principales socios del poder. Los que conocen la interna afirman que Meoni nunca pudo darle el perfil que quería a su ministerio, entre otras cosas por eso, más allá de la parálisis que implicó la pandemia.

De hecho, ese cargo tenía otro nombre y apellido, que no era Meoni. Pero los vetos de Cristina pudieron más, hasta que aceptó al hombre de Junín. Ahora, con él fallecido, se dio lugar por unos días a otra puja para definir su sucesor. Finalmente, Massa pudo retener ese lugar con un hombre de su confianza, Alexis Guerrera.

En la dinámica de hoy, no es necesario que Cristina hable. Ni siquiera un twit, ahora de moda. Basta que uno de sus hombres de confianza lleve el mensaje. Ni bueno ni malo. Así es hoy la dinámica del poder en la Argentina.

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