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Alberto Fernández

Alberto toca timbres y sólo habla de trabajo...ahhh pero Macri

Todo indicaba que sería la noticia del día. El Presidente, arriba del escenario en Nueva Chicago, arropado por los movimientos sociales y buscando recuperar la épica electoral del 2019. Sus ojeras y su semblante lo desmienten pero igual lo intenta. Empleo por planes es la consigna que busca instalar con la oreja puesta en el mensaje de las PASO.

Jorge Barroetaveña

Todas sus palabras no alcanzaron para la tapa de los diarios. A media tarde, cuando el sol se esfumaba, la noticia estalló: un tribunal oral determinó el sobreseimiento de Cristina Kirchner y todos los acusados por el supuesto encubrimiento devenido del Pacto con Irán. La causa que nació con el Fiscal Alberto Nisman, refrendó otro fallecido, el juez Bonadío, y persiguió como una sombra a Cristina desde que dejó el poder, se terminó. La resolución, sorpresiva, no sólo aborta el juicio oral y público, sino que explicita la inexistencia de delito y deja a salvo el buen nombre y honor de Cristina y todos los involucrados, incluido el ex Canciller Timerman.

Música para los oídos kirchneristas que enarbolaban las investigaciones de Nisman y Bonadío como el súmun del famoso ‘lawfare’, fogoneado y apadrinado por Macri desde que llegó a la Presidencia. Es más, formaba parte de los reproches que desde hace tiempo, le volaban la peluca al Presidente y le terminaron costando la cabeza a Marcela Losardo en el Ministerio de Justicia, la primera gran pieza que la vice le comió al Presi en el juego desparejo de poder que juegan todos los días. Claro que Losardo en su momento fue el fusible. Los reclamos tenían destinatario claro y era el propio Presidente y su poca acción a la hora de empezar a desbaratar todo el andamiaje que Macri y las corporaciones habían montado para dejar cercada a Cristina. El jueves debe haber sido una gran noche para la ex presidenta, aunque todavía quedan varias cuentas pendientes y juicios en ciernes. Especial atención le estará dando a los cambios en la Corte Suprema y la renuncia de Higthon de Nolasco. La conformación del alto tribunal es ciertamente peligrosa para sus deseos, tanto como el resultado de las elecciones del mes que viene. ¿Cuál es el temor? Que una justicia ventosa, recoja el guante del mal humor popular, y algunas causas ralentizadas empiecen a marchar hacia destino incierto. Con lo del Pacto con Irán el mensaje llegó claro, pero todavía falta mucho.

En medio de este vendaval, va Alberto Fernández. Desplazado del centro de la escena, lo mandaron a recorrer los barrios y timbrear al mejor estilo Cambiemos. No parece buena idea para recomponer la golpeada imagen presidencial, pero es lo que hay. El domingo, un rato antes del partido de River-Boca, recibió a L-Gante junto con Fabiola. Es probable que en la búsqueda del voto joven, que perdió en gran proporción en las PASO, le sirva de algo. Gusto a poco igual no? Es cierto si que ha moderado su discurso. Algo más del Alberto de los primeros meses de gestión que se fue perdiendo en la oscuridad de la pandemia. El fragor de la campaña será un riesgo que deberá correr. Tanto como mostrarse con Cristina. El objetivo será enviar un mensaje claro a la propia tropa: hasta el 14 de noviembre todos juntos, después sólo Dios lo sabe.

Increíble pero a la oposición la une un espanto similar. Los esfuerzos por las fotos de unidad son visibles aunque la procesión va por dentro. Todos los cañones apuntan a retener el voto que fue a parar a Manes en Provincia y López Murphy en CABA. Algún intento de seducción con Milei pero está dura la cosa. Extraño fenómeno el del pelilargo liberal que atrae mayormente a jóvenes de barrios populares, socavando insólitamente la base de apoyo del kirchnerismo.

Así como la filosofía oficial habla del ‘control de daños’, es decir acotar lo más posible las afectaciones por la eventual confirmación de una derrota, en Cambiemos juega el “control de egos”. Muchos ganadores podrían disparar las disputas internas, hoy larvadas porque la elección todavía está en juego. Todos se anotan para todo. Desde Patricia Bullrich que sueña y arma para ser candidata a Presidente, hasta Jorge Macri que sueña con lanzarse a La Plata desde sus pagos. A los ya sabidos Larreta y Vidal para la Rosada, Macri tiene sueños ocultos, tanto como los radicales que han resucitado de la mano de un candidato taquillero como Facundo Manes. ¿Porqué no pensar en una interna externa bien competitiva para ungir el próximo candidato presidencial de la oposición? Estas PASO demostraron que no hay que tenerle miedo a la disputa, que potencia y moviliza los aparatos y le da más legitimidad al ganador. Claro que dentro de ciertos límites. La sociedad ya no tolera los gritos ni los patoteros. Deberían saberlo, aunque a veces son un poco olvidadizos.

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