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Alejandro Gahan, sobre la relación que construyó con Luis D' Elía: "Me di cuenta lo prejuicioso que era"

El ruralista de Gualeguaychú fue protagonista de la noche en que estalló el conflicto entre el sector agropecuario y el gobierno de Cristina Fernández, en 2008. La trompada que recibió de parte de Luis D' Elía recorrió todo el país. Luego del episodio construyeron una relación de "afecto y respeto", impensada hace once años.

Quienes fueron testigos del conflicto entre el primer gobierno de Cristina Fernández y el sector agropecuario, allá por el 2008, seguramente recordarán un episodio que marcó, mejor que nada, la división generada por la Resolución 125, firmada por el entonces ministro de Economía Martín Lousteau.

Ese 25 de marzo las columnas de manifestantes llegaban desde todos los puntos cardinales, cacerola en mano, para reunirse en la Plaza de Mayo. La medida anunciada por la Presidenta, que determinaba las retenciones móviles para parte del sector, fue resistida y repudiada no sólo por quienes vieron en ella un atropello a sus intereses sectoriales sino también por una gran parte de la sociedad argentina malhumorada con el gobierno.

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Un gualeguaychuense fue protagonista de aquellas jornadas, en las que se repitieron hechos violentos entre los opositores y grupos militantes afines al oficialismo. A la altura del obelisco, el ruralista Alejandro Gahan se cruzó con Luis D’ Elía, que se dirigía junto a un grupo de militantes a la Plaza de Mayo. Lo increpó, hubo cruces de acusaciones y el dirigente social terminó pegándole una trompada que fue registrada por los medios de comunicación.

Para sorpresa de todos, la semana pasada se conoció la particular relación “de afecto y respeto” que Gahan y D’Elía construyeron luego de aquel lamentable episodio.

“Él siempre dice que estaba convencido, como el gobierno, que eso era parte de un golpe de Estado”, contó a ElDía desde Cero, el gualegaucyhuense, luego de visitar al líder social en el penal de Ezeiza, donde se encuentra preso por la toma de una comisaría de La Boca.

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“Cuando uno plantea las cosas en términos de amigo-enemigo se debilitan muchísimo las instituciones, es muy peligroso. Yo lo charlaba con Luis (D’ Elía) a este tema. Si yo estoy en el poder y vos sos mi enemigo, voy a estar tentado, y de hecho pasó en distintos gobiernos, a ejercer mis poderes para perseguirte, para cercenarte. El caso mío fue típico: el entonces jefe de la SIDE (Héctor) Icazuriaga había hecho un informe de seis páginas con cada cosa que hacía, y estamos hablando de alguien inexistente, un ignoto como yo”, relató Gahan.

Ese 25 de marzo estaba de casualidad en Buenos Aires, cuando en la casa de su suegra vio por televisión el discurso de la expresidenta y, como miles de argentinos, partió hacia Plaza de Mayo. “Cuando me lo crucé a D’ Elía lo increpé, le pregunté si estaba ahí porque Cristina le pagaba y no sé qué otras cosas, pero nunca lo insulté”, recordó.

“Cuando me iba él me dijo que íbamos a provocar, a lo que le respondí ‘ustedes vienen a provocar mercenarios’. En ese momento es que me pega la trompada. Después hice la denuncia en la Comisaría Tercera, que queda ahí cerca”, recordó.

Ya en el juicio, Gahan le dijo a D’ Elía que iba a pedir la pena mínima –una agresión de este tipo es penada de 4 días a 4 meses– y le hizo un interesante planteo. “Si nosotros salimos de acá y nos morimos, qué mensaje le dejamos a los argentinos”, preguntó el gualeguaychuense al referente del partido Miles, lo que “fue tomado muy bien por Luis, y a partir de ahí construimos una relación de respeto y afecto”.

La del gualeguaychuense y el referente kirchnerista es, por excelencia, la historia de cierre de la grieta que divide a los argentinos. Al respecto, Gahan reconoció: “Me di cuenta lo prejuicioso que era. Es grande el daño que uno hace con los prejuicios, y mientras menos diálogo existe el prejuicio se agranda”.

D' Elia

“Aunque estemos en las antípodas ideológicamente no te puedo odiar, al menos que quiera vivir en un sistema totalitario o no democrático. El hecho de que uno sea peronista o de izquierda y el otro sea liberal no nos puede separar”, consideró quien se define defensor del libre mercado. Y, en este sentido, agregó: “Cuando nos ponemos fanáticos con una postura, lo que le estamos diciendo al otro es básicamente: no necesito dialogar con vos porque es mi idea la que sirve”.

En silencio, sin cámaras ni reportajes, durante estos años Alejandro y Luis hablaron por teléfono, comieron juntos en varias oportunidades y debatieron de política, cada uno respetando el punto de vista del otro. En las próximas semanas volverá a visitarlo en Ezeiza, ya que le preocupa la salud del líder opositor. “Luis es un tipo de una sensibilidad extraordinaria”, rescató quien, por lo bajo, se convirtió en un ícono de que la superación de la grieta puede ser más que un deseo de muchos.

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