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Alemanes del Volga en Colonia Oficial El Potrero

En las últimas décadas del siglo XIX, muchos inmigrantes alemanes del Volga llegaron al Departamento Gualeguaychú y se hicieron de un lugar propio para vivir y trabajar.

Leandro Hildt*

En 1889, algunas familias adquirieron tierras y fundaron las Aldeas San Antonio, San Juan y Santa Celia. Llegó el siglo XX y a medida que avanzaban los años, era cada vez más difícil conseguir tierras.

La economía agroexportadora de Argentina generaba cada vez más beneficios para los grandes terratenientes y provocaba que la mayoría de los inmigrantes y gran parte de la población no lograran acceder a la propiedad de la tierra, cuyo precio ascendía a niveles inalcanzables.

Algunos intentaron volver a sus países de origen y otros se quedaron a vivir en las ciudades. Luego de intentar inútilmente comprar tierras a bajo costo y con facilidades, como lo habían hecho los anteriores inmigrantes, no tuvieron otra opción que arrendar alguna parcela o trabajar de peones en las grandes estancias.

En las primeras décadas del 1900, nuestro país mostraba una amplia diferencia entre arrendatarios y dueños. En 1940, el porcentaje de los primeros seguía siendo claramente superior.

Estos arrendatarios y los peones vivían sin una clara posibilidad de comprar un lote o herramientas para trabajar. La llegada de inmigrantes había mermado, la política de inmigración se detuvo y comenzaron los conflictos rurales, que eran cada vez peores.

En las estancias se formaron grandes “colonias de arrendatarios” con familias de inmigrantes italianos, españoles y alemanes de Rusia. Los hombres solteros y sin familia no lograban arrendar y tenían que trabajar como peones. Una familia con muchos integrantes significaba más mano de obra y más beneficio para el dueño del campo.

Desde el año 1912, los pequeños productores eran acompañados y asesorados por la Federación Agraria Argentina (FAA) que trataba de cuidar sus intereses organizando asambleas y buscando la mejor solución a muchos problemas.

A pesar del trabajo de la FAA, los desalojos y protestas eran cada vez peores, los latifundistas y grandes estancieros maltrataban a los arrendatarios y los explotaban de manera muy cruel.

Eran utilizados para limpiar campos vírgenes y luego expulsados, teniendo que comenzar nuevamente en otro campo. Los pequeños campos eran comprados por estos grandes terratenientes para ampliar sus propiedades y nuestros inmigrantes veían cada vez más lejos el sueño de tener hogar propio.

Quien haya leído el libro La dignidad no se negocia (René Krüger, 2011) ha visto un claro ejemplo de la vida de estos peones asalariados y de familias arrendatarias maltratadas y estafadas.

En algunos campos, las tranqueras estaban con candado y no se les permitía recibir visitas a los arrendatarios y peones. Cuando llegaba el tiempo en que vencía el arrendamiento, eran desalojados de manera muy violenta y empujados a la calle como si fueran las peores personas.

Vivían en un estado lamentable y sin la ayuda de nadie. No se les permitía hacer una casa decente, tampoco tenían los medios para hacerlas, ya que una vez que terminaba el arrendamiento eran obligados a derribar la vivienda y dejar todo como si nada hubiera habido en el lugar.

En Gualeguaychú muchas familias encontraron lugar para arrendar a orillas del río Uruguay. Miles de hectáreas estaban pobladas por centenares de familias en esta situación.

Como era común en aquellos alemanes acostumbrados a sufrirla, no perdieron la fe y a pesar de la tristeza y la miseria que debían soportar, se aferraron aún más a Dios.

Los católicos recibían atención desde Gualeguaychú; pero los de fe evangélica, en los primeros años del siglo, debían viajar hasta Aldea San Antonio en busca de un pastor.

Iban en carro con sus pequeños recién nacidos para poder bautizarlos, viajes que implicaban estar fuera de casa 5 o 6 días. En sus hogares oraban en familia todos los días con la Biblia y un libro de oraciones.

A partir del año 1913, el pastor itinerante Anton Ohlert, perteneciente al Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata (actualmente IERP), comenzó a visitar la zona, llegó a una colonia de arrendatarios llamada Villa Carlota, Departamento Uruguay en ese momento, y celebró el primer culto el 17 de julio de ese año, fue en un galpón perteneciente al señor Juan Koch.

Cuando no había templo, las personas ofrecían sus casas para escuchar la palabra de Dios. Los dueños del campo donde vivía Koch no permitieron más el ingreso del pastor y la actividad religiosa se trasladó a otra colonia llamada Campo Colorado. El Lugar no contaba con una capilla. La casa de encuentro era la de Balthazar Spomer y su familia. Muchos bautismos y casamientos fueron celebrados en su vivienda.

En 1925 se bendijo un pequeño templo evangélico en la Estancia Centella para las personas de esa zona. Se celebraban tres cultos por año, uno de ellos en la Estancia Selmira, que también estaba en la zona.

En Centella se formó una comisión directiva y el lugar funcionó como filial del Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata. Estas dos estancias también tenían escuelas.

La de Centella estaba a cargo del maestro Anselm y en Selmira el maestro Krayer estaba a cargo de los 11 alumnos que asistían. Campo Colorado dejó de existir en 1927, y surgió El Moro, donde siguió viviendo la familia Spomer. En este lugar se logró construir un pequeño templo muy humilde y se dejó de usar la casa de Balthazar. La capillita se inauguró con un culto celebrado por Ohlert.

De esta manera iban pasando los días, meses y años de los inmigrantes que no habían llegado a tiempo para comprar su tierra y fundar aldeas; trabajando de sol a sol, ganando muy poco dinero como para pretender vivir dignamente, soportando enfermedades, un alto índice de mortalidad infantil y el maltrato y abandono por parte de los dueños de las estancias. Pero a la vez fortaleciendo la fe en Dios, respetando al prójimo, manteniendo la familia unida y soñando con un futuro mejor.

Esta situación injusta para tantas personas hizo pensar al Estado argentino en  la colonización como algo necesario para terminar con los latifundios y los grandes terratenientes. Era necesario lograr la subdivisión de los extensos campos y repartir un poco más la tierra.

Los arrendatarios a su vez creían que era la única manera para convertirse en propietarios y dejar de vivir a la sombra de estos señores. En 1940, se sancionó la ley de Colonización N°12.636 que sirvió para expropiar tierras a los grandes estancieros y venderles lotes con facilidades a las familias arrendatarias. Esto dio origen a la Colonia Oficial El Potrero.

Así se formó la colonia de 24.550 hectáreas con 217 familias que antes vivían en los mismos campos ahora expropiados y en otros cercanos. Luego de un riguroso concurso selectivo de aspirantes se entregaron los lotes a cada nuevo propietario.

Las grandes estancias a las que se les expropiaron algunas hectáreas para formar la Colonia Oficial El Potrero eran todas de familiares descendientes de Don Saturnino Unzué, quien poseía una gran extensión de campo sobre el Río Uruguay.

En 1948 comenzaron a entregarse los títulos de propiedad y en muy poco tiempo los nuevos propietarios progresaron. La colonia se destacó por los buenos rindes de las cosechas y cobró importancia comercial en la zona.

Muchos alemanes del Volga o sus descendientes compraron lotes en la nueva colonia. Uno de los problemas que debieron afrontar los maestros de las escuelas que se inauguraron en la misma colonia fue el idioma, ya que por haber estado siempre juntos y con poca relación con personas de nuestro país, muchos descendientes de inmigrantes no habían podido aprender el castellano. Los alumnos generalmente a los 13 o 14 años abandonaban la escuela para ayudar en las tareas del campo.

El proyecto de la Colonia contemplaba la construcción de una iglesia católica pero no de una evangélica. Pero una flamante familia propietaria de apellido Reichel cedió parte de su lote para construir un edificio tipo galpón de exclusivo uso religioso. Fue inaugurada el 23 de junio de 1953 por el pastor Jakob Riffel.

En esa construcción de celebraban cultos,  bautismos, confirmaciones y bendiciones nupciales. Era a dos aguas construido totalmente con chapa de zinc acanalada.

El galpón/templo en el campo de los Reichel cumplió con su objetivo hasta el 21 de junio de 1967, fecha en la que finalmente se inauguró un hermoso templo evangélico construido en el lote de Juan Spomer.

En 1968 la comunidad de El Potrero celebró un culto bilingüe donde se bendijo la campana. Actualmente el templo sigue en pie y se celebran normalmente cultos.

Quienes fueron esos colonos

Aquí se reproduce el listado de los adjudicatarios y su número de lote en la Colonia Oficial El Potrero, publicada en el periódico La Tierra el martes 18 de noviembre de 1947, página dos. (Material proporcionado por Marcos Henchoz).

Respetamos la grafía de los nombres y apellidos, aunque en algunos casos es incorrecta.

Lote N°1 Jorge Felipe Sack;  N°2 Cristóbal Reichel;  N°3 Juan Schneider;  N°4 Juan Jorge Preiss;  N°5 Felipe Schneider;  N°6 Carmelo Alfredo Ferrari;  N°7 Enrique Reichel;  N°8 Juan Reichel;  N°9 Juana Martínez de Neyra;  N°10 Santiago Spomer;  N°11; Alejandro Krok;  N°12 Jacobo Kroh (h);  N°13 Víctor Kroh;  N°14 David Kroh;  N°15 Jorge Spomer;  N°16 Sixto Cortesi;  N°17 Juan Jorge Vitasse;  N°18 Juan Spomer;  N°19 María M. Lemos Vda. de Herner;  N°20 Juan Pralong;  N°21 Elisa Pohl Vda. de Kooh;  N°22  Jacobo Kooh;  N°23 Jorge Phol;  N°24 Jacobo Huck;  N°25 Juan León Vitasse;  N°26  Feliciano Patricio Sánchez;  N°27 Antonio Isabelino Pralong;  N°28 Pedro Lorenzo Delforge;  N°29 María Catalina Yorg Vda. de Spomer;  N°30 Nicolás Tolentino Giménez;  N°31 Juan Jacobo Kroch;  N°32 Juan Antonio Rinaldi;  N°33 Juan Urbini;  N°34 Alejandro Ross;  N°35 Jorge Felipe Koch;  N°36 Conrado Zitterkopf;  N°37 Estanislao Sosa;  N°38 Marcelo Dominguez;  N°39 Enrique Ross;  N°40 Adam Koch;  N°41 Juan Bautista Ferrari;  N°42 Juan Francisco Sosa;  N°43 Jorge Wilhelm;  N°44 Doroteo Aranguren;  N°45 Rosa Antonia Azario Vda. de Piva;  N°46 Justo Pralong;  N°47 Flora Cristina Cabelier;  N°48 Juan Goch;  N°49 José Verdinelli;  N° 50 Virginio Titton;  N°51 Pedro Schab;  N°52 César Marconi;  N°53 Plácido Geremías Fiorotto;  N°54 Federico Dening;  N°55 Juan Bernardo Nicolás Lavadie;  N°56 Silvano Brun;  N°57 Enrique Ramón Herner;  N°58 Carlos Patricio Montiel;  N°59 Jacobo Richter;  N°60 Clemente Esteban Pralong;  N°61 Abdon Fernandez Colmán;  N°62 José Malvicino;   N°63 Jorge Schneider;  N°64 Miguel Galazzi;  N°65 Enrique Morales;  N°66 Angel Pappes;  N°67 Juan Jorge Hornus;  N°68 Jacobo Zimermann;  N°69 Rosa Cedres;  N°70 Pedro Lorenzo Delforge (h);  N°71 Adam Folmer;  N°72 Esteban José Cedres;   N°73 Cristino Francisco Cedres;   N°74 José Beilman;  N°75 Manuel Verdinelli;  N°76 Juana Pralong Vda. de Azario;  N°77 Pedro Juan Cedres;  N°78 Pedro Valentín Bentancourt;  N°79 Saverio Susco;  N°80 Rafael Susco;  N°81 Cristóbal Giménez;  N°82 Juan Ramón González;  N°83 Carlos Francisco Henchoz;  N°84 Pedro Damián Sotto;  N°85 Pedro Verdinelli;  N°86 Jorge Felipe Mikhel;  N°87 Nicolás Amarillo;  N°88 Santiago Mohr (h);  N°89 Angel Pecin;  N°90 Cirio Laiti;  N°91 Isidoro Paulino Lizzi;  N°92 Enrique Scharton;  N°93 Andrés Marconi;  N°94 Angel Medina;  N°95 Augusto Santiago Fiorotto;  N°96 Francisco Pedro Henchoz;  N°97 José Martinez;  N°98 Justo Barbará;  N°99 Juan Susco;  N°100 Domingo Celedonio Leonardi;  N°101 Juan José Lizzi;  N°102 Ruperto Martín Leuze;  N°103 Antonio Ramón Fiorotto;  N°104  Genaro Ghiraldi;  N°105 Francisco Casimiro Cedres;  N°106 Francisco Cedres;  N°107 Enrique Preiss;  N°108 Mario Pedro Maiztegui;  N°109 Simón Juan Maiztegui;  N°110 Ramón Francisco Caire;  N°111 Isidoro Martín Nuñez;  N°112 Liborio Martínez;  N°113 Diego Asencio Cruz;  N°114 María Matilde Pícoli Vda. de Cortesi;  N°115 Julián Benjamín Perrucnoud;  N°116 Felipe Bohl;  N°117 Valerio Barreto;  N°118 Esteban Díaz;  N°119 Rafael Horacio Magne;  N°120 Alejandro Bechtholdt (h);  N°121 Juan Damer;  N°122 Juan Damer (h);  N°123 Gaspar Khun;  N°124 José Meghi;  N°125 Nicolás Tolentino Basaldúa;  N°126 Cristian Sturtz (h);  N°127 Aniceto Martínez;  N°128 Daniel Wagner Eckerdt;  N°129 Juan Sack Airin;  N°130 Román Reyes Prieto;  N°131 Isabelino Domingo Reyes;  N°132 Isaac Pablo Martínez;  N°133 José María Cedres;  N°134 Alberto Müller;  N°135 Francisco Carasiolo Sotto;  N°136 Jorge Sittner;  N°137 Luis Carlos Vitasse;  N°138 Lorenzo Carricaburu;  N°139 Ignacio Rodolfo Guido;  N°140 Juan Carlos Sosa;  N°141 Francisco Rosario Cedres;  N°142 Pedro Hipólito Suarez;  N°143 Silverio Sérgido López;  N°144 Enrique Raúl Reyes;  N°145 Romeo Román García;  N°146 Héctor García;  N°147 Rosario Apolinario Carrizzo;  N°148 Juan Ipperi;  N°149 Obdulio Chesini;  N°150 Máximo Juan Teubner;  N°151 Reynaldo Damer;  N°152 María Ronconi Vda. de Marchesini;  N°153 Domingo Francisco Garín;  N°154 Gabriel Arcángel Saint Paul;  N°155 Juan  Bautista Sosa;  N°156 Juan Antonio Vanlenker;  N°157 Guillermo Giachello;  N°158 Rosa Fermina Grizzia Vda. de Fiorotto;  N°159 Severino Pérez;  N°160 Bautista Titon;  N°161 Enrique Smitt;  N°162 Francisco Treling;  N°163 José Tomás Diaz;  N°164 Miguel Ernst;  N°165 Agustín Ernst;  N°166 Enrique Folmer;  N°167 Santiago Beilman;  N°168 Juan José Regner;  N°169 Santos Inocencio Lazza;  N°170 Antonio Candelario Giachelio;  N°171 Ramón Giachelio;  N°172 Victorino Ramón López;  N°173 Isaac Masares;  N°174 Eduardo Salvarreguy;  N°175 José Antonio Martiarena;  N°176 Juan Francisco Reyes;  N°177 Jorge Erardo Schultis;  N°178 Marciano Sulplicio Domínguez;  N°179 Domingo Cichero;  N°180 Benito Domingo Fiorotto;  N°181 Emilio Sack;  N°182 Juan Biviano Fiorotto;  N°183 Teodoro Martínez;  N°184 Antonio Luciano Ipperi;  N°185 Enrique Preiss (h);  N°186 Zacarías Domínguez;  N°187 Ramón Martiarena;  N°188 Jacinto Chesini;  N°189 Juan Henscheid;  N°190 Juan Pawluk;  N°191 Alejandro Cap;  N°192 Juan Pedro Parrilla;  N°193 Ramón Rojo;  N°194 Aristóbulo Laurencena;  N°195 Carlos Cipriano Casenave;  N°196 Pedro Ayala;  N°197 Eulogio Amaro Hernández;  N°198 Humberto Marcelino Sola;  N°199 Agustín Vera;  N°200 Isidoro Miguel Acosta;  N°201 Luis Facundo Martínez;  N°202 Felipe Silnik;  N°203 (sin datos);  N°204 Santiago Auer;  N°205 Pedro Manuel Sánchez;  N°206 Manuel Medardo Delgado;  N°207 Juan Schneider (h);  N°208 Jorge Huck (h);  N°209 Ramón Ezequiel Nievas;  N°210 Silvio Chesini;  N°211 Simeón Francisco Colman;  N°212 Timoteo García;  N°213 José María Herling;  N°214 Olegario Sebatián González;  N°215 Celestino Torres;  N°216 Lorenzo Robaldo;  N°217 Miguel Bou y  N°218 para Carlos María  Dargains.

* http://alemaneselpotrero.blogspot.com.ar

 

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