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Alumnos de la Escuela Sarmiento protestaron por el deterioro del edificio

Estudiantes del nivel secundario del establecimiento educativo que se encuentra en la intersección de Del Valle y Montevideo se manifestaron con carteles en el frente de la escuela. Denunciaron que la estructura del edificio en el que concurren a clases presenta muchas falencias.

La Escuela Nº 20 Domingo Sarmiento comenzó dictando clases en el nivel primario. Pero desde hace un tiempo incorporó alumnos del nivel secundario. Fueron precisamente ellos los que, en el marco del paro de AGMER realizado la semana pasada, denunciaron con carteles el estado del edificio al que concurren a clases.

ElDía recorrió las instalaciones y pudo comprobar que mucho de lo denunciado por los alumnos no sólo que era verdad sino que los carteles no llegaban a expresar la magnitud de algunas falencias: una pizarra a punto de colapsar y sin tizas; paredes deterioradas y con el revoque caído, algo que se puede ver en casi todas las aulas; y ventanas con más agujeros que vidrio.

Y en medio de un brote de coronavirus, donde las autoridades insisten hasta el hartazgo con que la mejor prevención de la enfermedad son las condiciones de higiene y el lavarle muy bien las manos, los baños de la Sarmiento no están a la altura de la realidad que nos toca vivir: no hay jabón y algunas canillas no funcionan.

Precisamente, una de las ventanas, la que da al patio interno, se cayó. Por fortuna, no lartimó a nadie. Pero esta no es la única: son varias las que se están disputando el lugar en ser la próxima en caer. No faltan tampoco las ventanas sujetas con apliques caseros, pero que no se pueden abrir o cerrar.

“Los días de alta temperatura es imposible estar en las aulas. El calor te sofoca, además las paredes están impregnadas de humedad y el revoque se cae en forma constante”, relató uno de los alumnos de 4to año a ElDía.

Las altas temperaturas que docentes y estudiantes tienen que soportar es otro de los temas que fácilmente se palpa en la recorrida. A tal punto el calor es un problema que algunas clases se dictan en la parte cubierta del patio, la parte que se encuentra pegada a la cancha de básquet, un lugar donde corre un poco de aire.

Lo atamos con alambre

Pero el hecho de que corra un poco de aire no debe dejar que distraiga del resto de los problemas que se ven en ese sector del establecimiento educativo. El sector donde se desarrollan las clases de educación física es un playón con dos tableros de básquet.

El piso del lugar es de material, pero presenta serias deficiencias, tales como hundimiento del piso, provocando una superficie muy despareja, algo que es extremadamente grave ya que el lugar es proclive a lesiones de cualquier tipo y gravedad. Un tobillo torcido puede llevar un buen tiempo de recuperación y el impedimento de ejercitar el cuerpo durante un mayor tiempo más.

Por su parte, el viejo y arcaico tablero de básquet se sostiene con una atadura de alambre, y el aro sostiene unos pedazos de hilos que en un tiempo muy remoto se supo reconocer como red.

La presión que ejerce el tablero provoca que poco a poco, a medida que pasan los días, el mismo vaya cediendo en la madera, por lo tanto es cuestión de tiempo para que se venga abajo. “Lo único que podemos hacer los alumnos es ponernos a rezar para que no haya nadie debajo el día que este armatoste de madera viejo se venga a pique contra el suelo”, reflexionan los alumnos de la Escuela Sarmiento en la protesta, sin perder las esperanzas de que las autoridades escuchen su reclamo y arreglen todos los problemas del establecimiento.

“Ojalá que venga alguien a arreglar las ventanas, las paredes y el aro de básquet antes de que una ventana, una pared o un aro de básquet caiga en la cabeza de alguien acá”, suplicaron ante ElDía.

RECUADRO

Las escuelas rurales, la misma realidad

Por el éxodo rural y la falta de caminos, cada vez con menos alumnos concurren a los establecimientos educativos del campo. Y si en la ciudad las condiciones edilicias son un problema, en las rurales es histórico que no sean tenidas en cuenta como corresponde.

Subsisten por el esfuerzo de los docentes, en la mayoría de los casos personal único, y de los padres que hacen lo imposible por sostener la escuelita adonde concurren sus hijos.

En los últimos años con la llegada de la escuela secundaria al ámbito rural, los establecimientos que fueron designados para dicho nivel tuvieron que ampliar sus instalaciones. Algunas lo hicieron; mientras que otras sólo aplicaron parches, como es el caso de la Bartolito Mitre, la escuela elegida por AGMER para cerrar la jornada de protesta de martes y jueves, donde realizaron un abrazo simbólico al edificio.

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